EN BUSCA DE LAS UTOPIAS PERDIDAS U OLVIDADAS, Y LAS QUE ALGUNOS QUISIERON Y AÚN QUIEREN DESAPARECER...
ESTOS PIBES SON ARGENTINOS, NACIDOS en la PROVINCIA DE FORMOSA. SON de la COMUNIDAD PILAGÁ. Y como MUCHOS COMPATRIOTAS, LLEVAN DÉCADAS de MARGINACIÓN y OLVIDO. MIENTRAS UNO SOLO de ELLOS NO TENGA TODOS SUS DERECHOS, NO PODREMOS DESCANSAR NI DETENERNOS. SEGUIREMOS LUCHANDO desde el PROYECTO NACIONAL por una PATRIA JUSTA, LIBRE y SOBERANA. (Foto Ramiro Sisco)
En el reino del revés, reina la confusión y el desánimo. Inundados de dispositivos electrónicos que nos dicen cómo pensar, qué sentir, a quiénes odiar,
distraídos por la inundación de noticias falsas, vivimos recluídos en nuestro individualismo consumista, vigilados por la big data, perdidos en el placer onanista de la pantallita y las redes sociales alusinógenas.
En Argentina, en 2019 habíamos creído que al vencer a Macri y sus secuaces, volvería la paz, pero nos equivocamos. Llegó la pandemia y los neoliberales devinieron en derecha rabiosa, golpista, genocida. Siempro fueron eso y más, pero a veces unx se olvida. En 1955, Bombardearon la Plaza de Mayo sobre la población civil. En 1976, institucionalizaron la tortura, secuestro, desaparición y exterminio de cualquiera. Pero la irrupción de la democracia en 1983 nos hizo creer que algo cambiaba. Otra desilusión...
¿Cuándo empezó la violencia? ¿Con las Invasiones Inglesas? ¿Con el envenenamiento de Mariano Moreno? ¿El fusilamiento de Manuel Dorrego? ¿Con el emprestito Baring Brothers que nos enchastró Bernardino Rivadavia? ¿O con la deuda con el Club de París que nos asesinó la Revolución Fusiladora?
Siempre perdimos los mismos.
Recordemos que el período peronista: 1947-1951 muestra una tendencia a la baja en las tasas de interés en consonancia con la estabilidad económica, y una marcada disminución de la deuda externa que se salda completamente en 1952, con el pago de m$n 12.649.471 perteneciente a las 2 últimas cuotas semestrales del empréstito argentino-británico contenido en el Convenio Roca-Runciman (1933). Se gesta entonces una situación inédita en la historia argentina desde el préstamo Baring Brothers de 1824. No había relación alguna con el FMI.
¿Cuándo empezó la violencia? Sería difícil precisar la fecha exacta, pero podemos decir que 1955 marcó un quiebre en la vida política, social y cultural de la Argentina. El golpe de Estado de la Revolución Fusiladora parió decadas de muertes, miseria y destrucción de la patria.
Pasaron los años 50 y 60. Hubo cárcel, tortura, exilio, proscripción, censura, muerte, dolor sin límite.
Siempre perdimos los mismos.
Trabajadores y estudiantes resistieron con la sangre y el corazón la entrega y la represión.
Dos hechos fundacionales parieron los años 70: el Cordobazo y el secuestro de Aramburu...
29 de MAYO de 1969: Comienza a gestarse la caída del dictador Juan Carlos Onganía con la enorme movilización popular bautizada como el CORDOBAZO: miles de trabajadores y estudiantes protestaron en las calles contra las políticas de represión y ajuste económico impuestas por la dictadura cívico militar de Onganía y susu secuaces.
La Dictadura cívico militar autodenominada "Revolución Argentina" desactivó la Comisión del Salario mínimo, vital y móvil, se congelaron los salarios, se intervinieron sindicatos suspendiéndose sus personerías gremiales. Se buscó suspender el "sábado inglés", único día en que la jornada laboral se reducía a la mitad. Se impuso el arbitraje obligatorio en los conflictos laborales y una ley de represión automática para huelgas y conflictos sindicales. La dictadura modificó la Ley de Indemnizaciones por Despidos, aumentó la edad para jubilarse, dictó la llamada "Ley de Represión del Comunismo", y con la DIPA (Dirección de Investigación de Políticas Antidemocráticas) persiguió y encarceló a los militantes políticos y sindicales "sospechosos". Disolvió los partidos políticos e intervino las universidades, que fueron consideradas “centros de subversión y comunismo” por la propaganda oficial. En este contexto, estudiantes y profesores fueron desalojados violentamente de las universidades por la policía, en lo que se conoció como "la Noche de los Bastones Largos".
"Era la una y media de la tarde. Esquivando puestos policiales y evitando caminos transitados, una pick up Gladiator avanzaba desde hacia cuatro horas rumbo a Timote. Uno de los jóvenes peronistas tenía a mano un cuchillo de combate, ante cualquier eventualidad, ante la posibilidad de una trampa policial, ante la certeza de no poder escapar de un cerco o una pinza, iba a eliminar al jefe de la Libertadora. Aunque después cayeran todos. Así se había decidido desde el principio". El "fusilador" tenía que pagar sus culpas a la justicia del pueblo.
"Era el 29 de mayo de 1970. El día en que el Onganiato festejaba por última vez el Día del Ejército. El día en que el pueblo festejaba el primer aniversario del Cordobazo. Habían nacido los Montoneros. El "Aramburazo", como lo bautizó el pueblo, que jamás tuvo dudas respecto de los autores del operativo, fue el lanzamiento público de una organización político militar que habría de transformarse, en poco tiempo en ejemplo y bandera del peronismo, en la máxima expresión de la lucha del pueblo contra el imperialismo y todos sus aliados y sirvientes nativos".
COMUNICADO Nº 3 31 de Mayo de 1970 Al PUEBLO DE LA NACIÓN: "En el día de la fecha, domingo 31 de mayo de 1970, la conducción de nuestra organización, constituida en Tribunal Revolucionario, luego de interrogar detenidamente a Pedro Eugenio Aramburu, declara: I- Por cuanto Pedro Eugenio Aramburu se ha reconocido responsable: 1º) De los decretos 10.362 y 10.363 de fecha 9 de junio de 1956 por los que se "legaliza" la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni causa justificada. 2º) Del decreto 10.364 por el que son condenados a muerte 8 militares, por expresa resolución del Poder Ejecutivo Nacional, burlando la autoridad del Consejo da Guerra reunido en Campo de Mayo y presidido por el General Lorio, que había fallado la inocencia de los acusados. 3º) De haber encabezado la represión del movimiento político mayoritario representativo del pueblo argentino, proscribiendo sus organizaciones, interviniendo sus sindicatos encarcelando a sus dirigentes y fomentando la represión en los lugares de trabajo. 4º) De la profanación del lugar donde reposaban los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos, para quitarle al Pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada. II -Por cuanto el Tribunal lo ha encontrado culpable de los siguientes cargos, que no han sido reconocidos por el acusado: 1º) La pública difamación del nombre de los legítimos dirigentes populares en general y especialmente de nuestro líder Juan Domingo Perón y nuestros compañeros Eva Perón y Juan José Valle. 2º) Haber anulado las legitimas conquistas sociales Instauradas por la Revolución Justicialista. 3º) Haber Iniciado la entrega del patrimonio nacional a los intereses foráneos. 4º) Ser actualmente una carta del régimen que pretende reponerlo en el poder para tratar de burlar una vez más al pueblo con una falsa democracia y legalizar la entrega de nuestra patria. 5º) Haber sido vehículo de la revancha de la oligarquía contra lo que significaba el cambio del orden social hacia un sentido de estricta justicia cristiana. El Tribunal Revolucionario, Resuelve: 1º) Condenar a Pedro Eugenio Aramburu a ser pasado por las armas en lugar y fecha a determinar. 2º) Hacer conocer oportunamente la documentación que fundamenta la resolución de este Tribunal. 3º) Dar cristiana sepultura a los restos del acusado, que sólo serán restituidos a sus familiares cuando al Pueblo Argentino le sean devueltos los restos de su querida compañera Evita. ¡PERÓN O MUERTE! ¡ VIVA LA PATRIA! M O N T O N E R O S
«...Muchos se preguntarán ¿qué es el Club de París? Y podíamos decir que el Club de París es casi un invento argentino. El Club de París se crea, en 1956, después del derrocamiento de Perón. Perón dejó el país desendeuda y dejó el país sin haber ingresado al Fondo Monetario Internacional, porque él consideraba absolutamente inconveniente comprometer los intereses del país, atar las políticas monetarias del país a alguien que no representara a los propios intereses del país. Y tenía razón el hombre, como en tantas otras cosas. Y en 1956, luego de derrocado, y bajo las banderas del libre comercio se contrae una deuda con varios países europeos, por 700 millones de dólares para importar productos, creados, fabricados en Europa a nuestro país.
»Fíjense, eh, en 1956, comienza la historia del Club de París, que era un grupo de países que se constituyen en acreedores de la Argentina por estos originalmente 700 millones de dólares a los cuales después se fueron agregando nuevos préstamos y nuevas deudas.
»Un año después, la dictadura de facto decide ingresar al Tratado de Bretton Woods con el Fondo Monetario Internacional y ahí empieza la historia, la larga y tenebrosa historia del endeudamiento argentino que constituyó no una de las claves, sino la clave más importante para el atraso que durante décadas tuvo este país y que no le permitía industrializarse.
»Esta deuda del Club de París, fue consolidada con el advenimiento de la democracia en 1983...»
Aramburu murió hace 44 años, fue ajusticiado en 1970, y aunque llevamos más de 30 años de democracia, todavía seguimos pagando sus canalladas. Siempre perdimos los mismos. Es hora de dar vuelta la taba...
A menudo vuelven. Hoy más que nunca, en plena batalla, vuelven. Los enemigos de ayer, travestidos y cínicos, ametrallan mentiras, bombardean angustias, ensucian el cielo y la tierra con sus inmundas patrañas golpistas para detener la marcha hacia la justicia social. Pero los compañeros vuelven, con los ojos abiertos empujan, sostienen. pelean con su ejemplo junto a nosotros los sobrevivientes.
La Turca y Beto fecundan nuestro presente con fuerza infinita. A mi casa llegaron ellos, pero hay 30.000 expoliados que vuelven. Nos interpelan con los ojos frescos del hombre nuevo que no supo de los 90 y el sálvase quien pueda. Nos comprometen a dejar las miserias que nos igualan a dinosaurios y caceroleros.
La muerte de ese viejo de mierda detonó un big ban de recuerdos, nos trae los pedazos siderales de los 70, y resucita compañeros incandescentes para iluminarnos el viaje.
Hasta hace unos años hubieran sido sólo las primeras víctimas de la derrota continua de esta parte del mundo colonizado. Y sin embargo, desde 2003, emergen como bandera para flamearnos el camino a la victoria. El milagro se engendró en las entrañas del peronismo, con una mujer y un hombre unidos por el amor y la política, militantes de las causas perdidas que a veces ganan a fuerza de coraje y convicciones. Evita y Perón, la Turca y Beto, Cristina y Néstor, siempre el amor y el peronismo pariendo un proyecto de liberación. Así somos.
Ante cada estrella perdida en la vorágine devastadora de la muerte, una supernova recrea un nuevo mundo en cada sonrisa que se recupera, en cada pibe que estudia y trabaja y sueña.
Esa mirada inclaudicable... no están pero vuelven. Como miles de nuestros hermanos, no llegaban a los 20 cuando fueron chupados por aquel remolino dictatorial que secuestró nuestros ideales. Ahora tienen más de 200 años de revoluciones, montoneras, resistencias, avances, retrocesos, grandes cicatrices, aunque más grandes los ojos para evitar zancadillas y avanzar al futuro feliz que nos pertenece.
Los lectores de Clarín están de parabienes, Beatriz Sarlo les cuenta la verdadera historia de los 70, bien fácil para que la entiendan todos, para que dejen de creer en la visión romántica de los tiempos en que todos éramos violentos y estábamos equivocados...
“Me llamaba la atención de que la mayoría de los libros sobre los setenta no mencionara los textos partidarios duros. No se mencionaba lo duro de la política, se daba una imagen romántica del militante”, dice ahora Sarlo, que había empezado a cansarse de leer la versión romántica de la militancia. Y lo dice sin vueltas, como acostumbra: “Una versión romántica de la militancia, es una versión bobalicona de la militancia”, dispara. Para ella hay que discutir sobre la coyuntura ideológica. “Ahí estábamos equivocados, en las ideas, no en el voluntarismo de querer una sociedad mejor”. Habla sobre Tiempo pasado, un tiempo en el que “todos éramos violentos, pero alguno partidos, como el que yo militaba, esperaba la insurrección popular”.
¿Se podía pensar paz en 1976, 1977, 1978 (¡6,7,8, Beatriz!)?
¿Por qué analiza la historia sin contar a los militares golpistas desde 1930, los policías torturadores, los grupos de tareas, los empresarios vendepatria, los civiles socios del genocidio, las clases dominantes colonizadas, la iglesia cómplice de la tragedia?
¿Por qué mira la historia desde el ojo de la cerradura de la puerta que da a la ventana que abre hacia el pulmón de manzana de su departamento en Barrio Norte?
Beatriz lee documentos, lee y lee profusamente, pero se olvida de los protagonista. Se olvidó de los Bombardeados de 1955, se olvidó de los fusilados de 1956, se olvidó de los encarcelados y torturados durante 18 años, de los 30.000, de los que resistieron heróicamente el genocidio, de los masacrados, de los pibes de Malvinas...
La violencia institucional, la de arriba, la de los poderes fácticos, los borró, de la tierra y de los libros...
No están, al igual que muchos otros compatriotas, porque algunos diseñaron un país para pocos durante todo el siglo XX, pero ella no se dio cuenta, estaba ocupada leyendo "los textos partidarios duros". ¡Qué fácil se hace la plata vendiendo libros para bobalicones!
Había una vez un país hermoso, al sur del planisferio, que fue arrojado a una pesadilla larga, de muertes interminables...
En esos días, los discursos altisonantes prohibían las voces y los llantos, y amenazaban fatalidades. Un mediodía de sangre fue bombardeado. El humo impune tapó los cadáveres, aunque la memoria los desentierra a cada rato. Fueron años difíciles, en que volvieron a matarlo, una y otra vez. Lo persiguieron en las fábricas, lo encarcelaron sin motivo, lo fusilaron en los basurales.
Resistió como pudo las botas, las patrañas; engendró corajes, parió epopeyas, a pesar de las balas y los silencios. Se organizó en puebladas, floreció en guerrilla buscando el horizonte oculto detrás de la canalla. Supo de dolores insondables que se multiplicaron sin parar. Cómo pudo sonreír en medio de tanta injusticia, nadie lo sabe, pero lo hizo, estoico entre desgracias y delaciones. Cantó marchas, zambas y milongas a toda voz, en los recreos breves de la batalla.
Un 7 de septiembre mataron a 2 de sus hijos más valientes, Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus. Corría 1970, entre barricadas y gritos libertarios. En ese entonces, juventud, elecciones, peronismo... eran malas palabras.
Cerca de la primavera, siempre es bueno recordar a los seres queridos, los imprescindibles...
Diego Muniz Barreto tenía 43 años cuando murió. Estaba casado y tenía 3 hijos. Venía de una familia de la "alta sociedad" argentina, y era heredero de una gran fortuna. En 1955, a los 21 años, era un furioso antiperonista. Fue asesor de pesca del general Juan Carlos Onganía (en la Junta Militar que quiso quedarse 100 años en el poder); en el vértigo de los 70 se sumó a la Juventud Peronista. Le pusieron una bomba que no estalló, en febrero del 73. Ese mismo año, el 11 de marzo, entró como diputado al Congreso Nacional.
La Triple A lo tuvo en la mira por mucho tiempo, y Diego sabía que lo iban a matar.
1
Juana, la hija de Diego Muniz Barreto, asesinado en 1977, recuerda: “El 6 de marzo de 1977, cuando mataron a mi papá, yo tenía 15 años, Diego 13 y Antonio 11”.
Su padre pudo enviar mensajes desde la cárcel de Escobar y entonces, reveló que quien lo había secuestrado era Luís Abelardo Patti.
Diego denunciaba a los grupos económicos con su nombre y su dirección (el departamento de la calle Posadas al 1200). Esto lo convertía en un blanco muy identificable. A fines de 1972 cayó preso y lo mandaron a Devoto. “Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña lo sacaron, pero él, lejos de quedarse callado, denunció el maltrato a los presos políticos.”.
2
Diego fue detenido junto a su amigo Juan José Fernández, el 16 de febrero de 1977, en una carnicería de Escobar, por un oficial de calle de la policía bonaerense que después sería identificado como Luis Abelardo Patti. Desde allí fueron llevados a la comisaría de Tigre y más tarde, en una serie de idas y venidas, al centro de tortura y exterminio de Campo de Mayo, a cargo del general Santiago Omar Riveros. Allí Diego fue brutalmente torturado con picana eléctrica.
El 6 de marzo de 1977, fue llevado en el baúl de un auto a algún campo en la provincia de Entre Ríos. Su amigo Juan José Fernández también fue llevado allí y presenció el asesinato de Diego. Este fue drogado con una inyección y puesto en su auto, previamente robado, que luego hundieron en el agua. Diego murió ahogado. Juan José también fue drogado, pero no totalmente, por lo que pudo escaparse y contar la historia.
En 2007, Patti quiso ser gobernador de la provincia de Buenos aires. Armó un acto en el Club Unión de Mercedes. Estuvieron presentes él (candidato a Gobernador); quien encabezaba la lista de diputados provinciales: Pablo Bonapelch; y Daniel Ríssola como intendente de Merecedes, para el periodo 2007-2011, en la lista del Partido Unidad Federalista (PAUFE).
Por fin, Luis Abelardo Patti fue procesado por haber participado en el secuestro de Diego Muniz Barreto, y ahora finalmente, recibió prisión perpetua.
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Los represores les dijeron que los iban a entregar a la Penitenciaría y lo metieron en el baúl del auto en el que pasarían 8 horas...
«Entonces todo lo que sucedió fue muy rápido. Los dos que iban en el Falcon bajaron, dejaron el auto parado en la banquina; el que conducía mi auto (el Fiat 128, patente C 675676) puso la trompa apuntando hacia la banquina pero uno de los otros le dijo ‘no, ponelo así’ y le habrá hecho una seña (yo seguía simulando estar dormido pero con los ojos entreabiertos), entonces dio marcha atrás y lo puso con la trompa apuntando a la banquina pero en dirección opuesta a la que veníamos, detuvo el auto, se bajó y cerró la puerta, mientras uno de los otros se acercó por delante y en el momento que escuché una voz que decía ‘empujalo’ éste arrojó una gran piedra sobre el parabrisas rompiéndolo y el auto se desbarrancó. Presumo que dio un tumbo hacia adelante y cuando quedó detenido, en posición invertida, ya estaba entrando agua rápidamente y en gran cantidad, y antes que ésta me cubra alcancé a tomar una gran cantidad de aire y comencé a buscar por donde salir, y como no podía abrir la puerta de mi lado, pensé en que el parabrisas estaba roto y mientras el agua me tapaba, me sumergí buscando el lugar para salir y con las manos logré ubicar el agujero y entonces comencé a salir por él, pero me atranqué a la mitad del cuerpo y haciendo un esfuerzo muy grande finalmente logré mi propósito; entonces nadé por debajo del agua hasta un lugar donde ésta era menos profunda y por otra parte se me acababa el aire. En ese lugar el fondo era de material ya que estaba debajo del puente. Me quedé acostado en el agua sacando apenas la cabeza para respirar y entonces escuché las voces de dos de ellos que decían ‘¿están los dos adentro?’ ‘sí, ¿adonde querés que se vayan?’ ‘¿y aquello qué es?’, ‘nada, debe ser una piedra’», cuenta Juan José Fernández.
Cuando escuchó que los autos arrancaban, se zambulló nuevamente para intentar auxiliar a Muniz Barreto. Pero su amigo ya estaba muerto...
Tenía 6 meses cuando mataron a sus padres. Eran 2 militantes montoneros que luchaban contra la dictadura. Fueron bombardeados desde las 10 de la noche del viernes hasta la madrugada del sábado (en la casa estaban ella, su papá, su mamá, y sus dos hermanitos). Murieron casi todos.
Ella se salvó y fue apropiada.
El 3 septiembre de 1976, el Comando Zona IV Campo de Mayo juntamente con refuerzos del Batallón 601 de Boulogne y Policía de la Provincia de Buenos Aires, atacó la casa de la familia Lanuscou, en la localidad de Acassuso. La historia oficial dijo:
... Finalizada la acción, se comprobó que en el interior del edificio existían 5 delincuentes muertos que aún no han sido identificados, gran cantidad de armas cortas y largas, y ganadas de mano, especialmente de origen extrangero, y material quirúrgico de todo tipo. Los efectivos militares intervinientes no sufrieron bajas.
Cientos de balas, una ametralladora antiaerea, un mortero, y la salvaje patota de el Campito (el chupadero de Campo de Mayo) derribaron la casa de la esquina de Asunción y Catamarca.
Dijeron que habían muerto 5 subversivos.
Luego se supo la verdad: Hubo más de 5 horas de intenso bombardeo. Allí, fueron asesinados: Roberto Francisco Lanuscou, su esposa Amelia Bárbara Miranda, y sus hijos Robertito de 6, y Barbarita de 4 años.
La hija menor del matrimonio, de 5 meses, Matildita, aún sigue siendo buscada.
Hace años que se viene discutiendo el tema.
La historia de la familia Lanuscou se conoció en 1984. En principio, se dijo que los 5 miembros de la familia habían muerto. Pero cuando en 1984 empezaron a exhumarse los cadáveres de las víctimas de la represión ilegal, se descubrió que en la tumba donde fueron enterrados los Lanuscou faltaba el cuerpo de la beba Matilde, de sólo 5 meses en el momento de su desaparición.
La historia es extremadamente compleja. Hace algunos años, Abuelas de Plaza de Mayo, la familia Lanuscou-Miranda y la familia García Gualdero reclamaron judicialmente conocer el origen de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble, la dueña del diario Clarín. La querellante María Amelia Herrera de Miranda sospechaba que Marcela podría ser su nieta. Y otra querellante, Estela Gualdero, reclamaba a Felipe como posible miembro de la familia García-Gualdero.
Existen presunciones de que Marcela Noble sea Matilde Lanuscou.
«Si Matildita no es Marcela Noble, en algún lado está Matilde. Si no hay huesos hay apropiación...» (pag. 108 de EL CASO LANUSCOU)
Además, la búsqueda de Matilde Lanuscou junto al caso de Floreal Avellaneda, reactivaron la Megacausa Riveros ─que es Campo de Mayo, el peor pozo de la dictadura─ que estuvo paralizada durante 30 años...
...Sin embargo, aquel falso enfrentamiento formaba parte de una historia mucho más macabra. En enero de 1984, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) encontró las tumbas de los cinco miembros de la familia Lanuscou-Miranda, los supuestos extremistas que habían sido enterrados como NN en el cementerio de Boulogne.
Tras la exhumación de los cadáveres, el EAAF, “comprobó que todos los cráneos encontrados tenían perforaciones de bala”, lo que indicaba que habían sido rematados, pero además, el jefe del equipo, el estadounidense Clyde Snow, denunció que “en el ataúd de Matilde, la beba de 6 meses supuestamente abatida, no había restos óseos; sólo un chupete, un osito de peluche y unas ropitas”.
El certificado de defunción lo firmó el doctor Roberto Bettale, pero hay razones para sospechar que la muerte de Matilde fue simulada, y desde ese momento los familiares del matrimonio Lanuscou-Miranda sospechan que la beba puede haber sido apropiada y que podría tratarse de Marcela Noble Herrera.
En su casa de Villa Devoto, el ingeniero Carlos Miranda revuelve en las cajas de fotos familiares buscando un buen retrato de su hermana Bárbara, a quien encuentra singularmente parecida a Marcela Noble. “La forma de la cara, los ojos y las cejas. El parecido es impresionante... pero resulta absurdo que nos tengamos que guiar por las fotos de las revistas cuando esto se debe resolver de manera tajante con un simple pinchazo en el dedo”, dice Miranda, que es uno de los querellantes en la causa contra Ernestina Herrera de Noble.
“Mi cuñado y los dos chicos murieron al instante, pero a mi hermana que protegió a Matilde con su cuerpo, la remataron y se llevaron a la bebita”, rememora Carlos Miranda, mientras espera el cotejo de las muestras de ADN ordenados por la jueza Sandra Arroyo Salgado.
En el libro EL CASO LANUSCOU se investiga pacientemente la compleja trama de silencio, miedo y muerte que envuelve los años de la dictadura genocida (1976-1983).
Y a su vez, se devela la macabra operatoria de apropiación de bienes y vidas de los militantes populares detenidos desaparecidos. El robo de bebes muestra crudamente, en su punto máximo, la perversa impunidad de los represores.
Los medios de confusión como Clarín y La Nación fueron un gran aporte civil en la ocultación de las matanzas, y además fueron socios en los negociados de la rapiña más canalla jamás conocida por estas tierras.
Tengo 25 años. El mundo acaba de caerse sobre mi cabeza.
Tu viejo no es tu viejo... me dicen.
¿Cómo? No puede ser.
Tu mamá no es tu mamá... me dicen.
No entiendo nada.
Una pareja, en blanco y negro, una carpeta, cientos de jóvenes, doy vueltas y vueltas, las hojas, las fotos, las caras, vuelvo a la pareja.
Parece que me miran. Sonríen. Son tus padres... me dicen.
Todo da vueltas, y el corazón se estrangula de angustia.
No soy yo, soy otro y no sé quién soy...
Pienso. Sufro. No sé qué es lo primero. Quiero saber. No quiero saber. Sí. No. No sé. Qué sé yo. Quiero volver al auto, los amigos, el estudio, las vacaciones, las chicas, los recuerdos.
Entonces... los recuerdos no son míos, es decir, son pero no son míos, son del que no soy, del otro, del inventado, del apropiado...
No tengo pasado, se acaba de esfumar con la noticia.
Se mezclan las imágenes. Mi infancia, las fotos que pasan como una calesita enloquecida. Estoy mareado. El cumpleaños, las velitas, esa navidad, los regalos. Papá Noel no es los padres. Quién carajo es Papá Noel. Tengo ganas de vomitar. ¿Estoy soñando?
¿Soy hijo de desaparecidos?
Los reyes magos me van a traer unos papás. Y una historia personal que nadie me cambie cuando sea grande. Eso. Quiero eso...
Ya amaneció. Evidentemente no estaba soñando. Necesito huevos. Hay que tener huevos (u ovarios, nena) para seguir adelante. Seguir adelante quiere decir: saber la verdad. Y saber la verdad quiere decir poner todo patas para arriba. O seguir viviendo sumergido en la mentira. Pero si ya viví demasiado tiempo engañado, ahora voy a cambiar la historia, la mía por lo menos.
Era linda mi vieja. Che, me parezco a él. Mira, me parezco bastante. Tengo la sangre de ellos. La sangre está fresca. Me reclama. Me habla la sangre y me dice que estoy vivo y ellos viven en mí.
Carajo, con la sangre. Qué maravilla. No los mataron, no voy a dejar que los sigan matando. Yo los rescato y los resucito, mierda. La memoria de ellos me tira para adelante, eso, para adelante. Soy nuevo como ese brote del árbol que parecía que ya nomás... y sin embargo...
Papá... Mamá... ¡PRESENTES!
Qué maravilla.
Un pequeño homenaje a la valentía en medio del dolor insondable. Un abrazo en el corazón de Alejandro Pedro (y en el de todos los nietos que no conozco)
La aparicion del Nieto 102 encontrado por la incansable lucha de las abuelas, trae a la superficie, nuevamente, el tema de la dictadura y su lamentable vigencia en este presente democrático.
Faltan 400 nietos, todavía, por recuperar. El ADN de los pibes clama silencioso, busca la luz de la justicia postergada en la impunidad. La herida abierta en el 76 no cierra, a pesar de que algunos periodistas progres y políticos reaccionarios (vaya coincidencia) dicen que hay que dejar el pasado atrás.
Releyendo el libro de Marisa Sadi, El Caso Lanuscou, volvemos a encontrar la incognita del paradero de Matilde, la beba que no aparece luego del bombardeo a la casa de San Isidro, donde murieron sus padres y hermanitos. El cadáver no existe, y se presume sea Marcela Noble herrera, hija adoptiva de la dueña de Clarín.
¿Por qué todavía tenemos la incertidumbre? ¿Por qué no se resuelve el caso?
La poderosa influencia de Ernestina Herrera viuda de Noble, sumada a la subordinación y complicidad judicial durante años, tienen a toda la sociedad en ascuas. Por eso es que el pasado vuelve, los 70 están aquí con la dictadura vivita y coleando.
La batalla cultural en marcha, con la política en la vanguardia y la memoria haciendo el aguante son el reaseguro para que esta Primavera democrática termine con el invierno de 34 años de Impunidad.
El país puja hacia adelante, el Estado se encuentra de pie y con buena salud, el trabajo vuelve a ser protagonista, los pibes movilizados por sus derechos, la marcha inclaudicable hacia la justicia social, las esperanzas a flor de piel... preanuncian que los mejores días están por llegar.
De todos los libros que pude leer sobre los años 70 en Argentina, « El caso Lanuscou, Columna Norte. La otra historia » , de Marisa Sadi, es el que más me conmocionó.
Desde la prímera página se siente el amor y la constancia que le pone a la ardua tarea de reconstruír la historia de la familia Lanuscou, y a través de ella, encontrar a los compañeros olvidados de la Columna Norte de Montoneros, para sacarlos de ese sitial edulcorado de víctimas inocentes y ponerlos en su justa dimensión de luchadores populares en contra de la dictadura genocida.
... Si de honestidad se trata, también se textualizan las decepciones y las críticas a la última CN de Montoneros en el exilio, que no supo o no quiso estar a la altura de las circunstancias y abandonó a sus militantes y sus combatientes en las manos de sus verdugos.
Pero en esta historia, no todo es defección, y Marisa Sadi lo sabe, por eso hace algo más constructivo: va al encuentro de aquellas identidades que se destacaron por su lucha, su heroísmo (palabra despreciada por los escribas de la historia oficial y sus pupilos, tal vez porque pulveriza sus postulados o descubren su propia pequeñez). Estas identidades tienen un lugar de importancia en el relato de Marisa Sadi. (pag. 9)
El 3 septiembre de 1976, el Comando Zona IV Campo de Mayo juntamente con refuerzos del Batallón 601 de Boulogne y Policía de la Provincia de Buenos Aires, atacó la casa de la familia Lanuscou, en la localidad de Acassuso.
Desde las 10 de la noche hasta la madrugada del sábado 4, cientos de balas, una ametralladora antiaérea, un mortero, y la salvaje patota de el Campito (el chupadero de Campo de Mayo) derribaron la casa de la esquina de Asunción y Catamarca.
La historia oficial dijo: ... Finalizada la acción, se comprobó que en el interior del edificio existían 5 delincuentes muertos que aún no han sido identificados, gran cantidad de armas cortas y largas, y granadas de mano, especialmente de origen extranjero, y material quirúrgico de todo tipo. Los efectivos militares intervinientes no sufrieron bajas.
Luego se supo la verdad: Hubo más de 5 horas de intenso bombardeo. Fueron asesinados: Roberto Francisco Lanuscou, su esposa Amelia Bárbara Miranda, y sus hijos Robertito de 6, y Barbarita de 4 años.
La hija menor del matrimonio, de 5 meses, Matildita, aún sigue siendo buscada.
El caso fue famoso en su época. Los vecinos no lo pueden olvidar. Vuelve una y otra vez, a cobrar notoriedad a lo largo de estos 34 años, y sigue siendo el crimen paradigmático de la dictadura en todo el gran Buenos Aires.
La historia de la familia Lanuscou se conoció en 1984. En principio, se dijo que los 5 miembros de la familia habían muerto. Pero cuando en 1984 empezaron a exhumarse los cadáveres de las víctimas de la represión ilegal, se descubrió que en la tumba donde fueron enterrados los Lanuscou faltaba el cuerpo de la beba Matilde, de sólo 5 meses en el momento de su desaparición.
La historia es extremadamente compleja. Hace algunos años, Abuelas de Plaza de Mayo, la familia Lanuscou-Miranda y la familia García Gualdero reclamaron judicialmente conocer el origen de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble, la dueña del diario Clarín. La querellante María Amelia Herrera de Miranda sospechaba que Marcela podría ser su nieta. Y otra querellante, Estela Gualdero, reclamaba a Felipe como posible miembro de la familia García-Gualdero.
Existen presunciones de que Marcela Noble sea Matilde Lanuscou.
Si Matildita no es Marcela Noble, en algún lado está Matilde. Si no hay huesos hay apropiación... (pag. 108)
Además, la búsqueda de Matilde Lanuscou junto al caso de Floreal Avellaneda, reactivaron la Megacausa Riveros -que es Campo de Mayo, el peor pozo de la dictadura- que estuvo paralizada durante 30 años.
Acierta Pablo Llonto cuando dice: "Es un libro o un diario que ha ido tras las huellas de los militantes, pero también tras las felonías de los asesinos".
Aquí están: la historia de un crimen, la historia de una investigación, y una aproximación a la militancia revolucionaria durante los años 70.
Es un libro necesario, fatigado por una compañera militante. Es un libro de lectura obligatoria para todo aquel que quiera acercarse a la verdad de aquella época...
Todavía estaba fresca en la memoria la imagen de los bombarderos lloviendo muerte sobre Plaza de Mayo en 1955. Todavía corrían lagrimas que gritaban impotencia frente al golpe militar que derrocó a Perón, que fusiló al general Valle y proscribió a millones de obreros argentinos.
En la Argentina del siglo XX, donde la política fue tradicionalmente practicada por las Fuerzas Armadas y la economía conducida por gerentes de las compañías extranjeras, los jóvenes de la década del 70, identificados con los procesos de liberación en el mundo, (Argelia, Vietnam, la Revolución Cubana , Mayo 68 en Francia) encarnaron la necesidad de una profunda reparación social para con los excluidos del sistema. La necesidad de transformación social y el debate de las vías para hacerla posible atravesó a toda la sociedad.
En 1972, durante la dictadura militar del General Alejandro Agustín Lanusse, las cárceles de la República Argentina estaban repletas de presos políticos. El penal de máxima seguridad de Rawson, a 1.500 km. de la Capital Federal en la Patagonia Argentina, se había convertido en centro de confinamiento para un grupo numeroso de dirigentes de las organizaciones guerrilleras.
La población del lugar, esquiva en un primer momento al contacto con la cárcel, posteriormente se solidariza con los presos y familiares, formando Comisiones de Solidaridad de apoyo que incluyen el trato personal con los encarcelados.
El 15 de agosto de 1972, los miembros de las organizaciones guerrilleras, comienzan un intento de fuga masiva de más de 100 prisioneros. Ese 15 de agosto, veinticinco presos políticos, peronistas y de la izquierda revolucionaria, se fugaron del Campo de Concentración de Rawson.
Seis de ellos lograron llegar a Chile. Los diecinueve restantes se entregaron luego de acordar garantías para su integridad física. Los objetivos de la fuga eran muy claros: devolver los militantes a la lucha armada, y dar un golpe a la dictadura que permitiera romper los condicionamientos del llamado a elecciones para marzo de 1973. Los presos políticos entendían que la democracia no debía agotarse en este único acto –las elecciones- , sino que debía ser llevada a todos los aspectos de la vida social.
Los guerrilleros consiguen tomar el Penal, pero el apoyo externo fracasa, y sólo alcanzan a llegar al Aeropuerto de Trelew próximo al penal, los seis líderes políticos quienes secuestran un avión comercial y parten a Chile. Un segundo grupo de 19 prisioneros llega cuando el avión ya ha partido, y decide tomar el aeropuerto.
Son rodeados por el Ejército y la Marina. Tras largas y tensas negociaciones, se rinden, con la promesa de su retorno al Penal y la garantía de sus vidas. Pero, a pesar de lo pactado, son llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar, bajo control de la Marina.
Una semana después, el 22 de agosto, son ametrallados en las puertas de sus celdas. Tres sobreviven, 16 mueren.
A partir de este hecho, el gobierno socialista del presidente de Chile, Salvador Allende, decide otorgar a los seis evadidos que habían llegado a su país, el salvoconducto para viajar a Cuba.
Capitán de Corbeta Luis Emilio Sosa Luego de la rendición de los muchachos, el capitán de corbeta Luís Emilio Sosa se comprometió en el aeropuerto -en presencia de un juez y frente a testigos- a trasladar a los evadidos nuevamente al penal de Rawson.
Sin embargo, Sosa no cumplió su palabra: les garantizó que no los recluiría en la Base Aeronaval Almirante Zar, y se mostró ofendidísimo cuando los presos políticos le manifestaron que su negativa a quedar detenidos en una base de la Marina obedecía a experiencias personales de torturas y vejámenes por parte de personal de esa fuerza.
Ese 22 de agosto, a las 3.30 de la madrugada, se les impartió la orden de salir de sus celdas con la vista fija en el piso y detenerse ante la puerta en dos hileras de uno en fondo. Fue entonces cuando los carceleros comenzaron a disparar sus ametralladoras. Sosa había tramado la matanza.
Ese día fueron asesinados a mansalva, sin juicio previo y a traición, 16 patriotas revolucionarios. Luego siguieron al asesinato de obreros, los secuestros, los tribunales especiales, la pena de muerte aplicada en las calles durante la Dictadura.
El dictador militar Alejandro Agustín Lanusse fue el responsable de una masacre que sería el nacimiento del Terrorismo de Estado y que encontraría luego su expresión más acabada en la desaparición de 30 mil personas entre 1976 y 1983.
A tal punto llegó el ensañamiento que la policía, días después, irrumpió con tanquetas en la Sede Nacional del Partido Justicialista donde se velaban los cadáveres de tres de los compañeros asesinados.
Y en la campaña del "Luche y vuelve" por el retorno de Perón y las elecciones de 1973, los mártires de Trelew constituyeron una de las banderas centrales del PJ.
El fusilamiento se incorporó al inconsciente colectivo como "la matanza de Trelew" y en ella, los detenidos políticos indefensos fueron las primeras víctimas de la violencia institucionalizada que se instalaría en la Argentina desde 1976.
El régimen oligárquico decidió perfeccionar su metodología represiva instaurando el terrorismo sistematizado como herramienta para acallar las voces de la disidencia.
Una de las consignas de los 70 era: "la sangre derramada no será negociada", y se hizo justicia: 35 años depués de los fusilamientos se produjo la detención del capitan Sosa responsable directo de los asesinatos de los 16 militantes presos.
Los mártires de Trelew fueron: Mariano Pujadas, Alfredo Kohon, Susana Lesgart, María Angélica Sebrelli, Carlos Astudillo, Clarisa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Pedro Bonnet, Eduardo Capello, Alberto del Rey, Mario Emilio Delfino, José Ricardo Mena, Miguel Angel Polti, Humberto Suárez, Humberto Toschi y Alejandro Ulla.Tres sobrevivieron:Ricardo René Haidar, María Antonia Berger y Alberto Miguel Camps
Los testimonios de los hechos que brindaron los sobrevivientes desmintieron la versión oficial del intento de fuga.
En 1976, María Antonia Berger y el "Turco" Haidar desaparecieron para siempre y Alberto Camps fue abatido en su casa, combatiendo a los que venían a secuestrarlo.
La masacre de Trelew fue, sin duda, el hito inicial del luctuoso camino que conduciría a uno de los mayores genocidios en la historia de América Latina...
Trelew, la película por Mariana Arruti, Directora.
¿Por qué trabajar sobre un tema difícil, silenciado por años? ¿Por qué meterse en cuestiones que el tiempo convirtió en un tema maldito? Estas eran preguntas que nos formulaban una y otra vez, cuando el equipo que hizo Trelew, se obstinó en saber más y más. ¿Por qué Trelew? Porque sí.
O en todo caso otra pregunta: ¿Por qué, no? Y ahí la respuesta es fácil: Trelew nos explica el presente, Trelew nos cuenta de una generación que tomó la decisión de enfrentar un proyecto de país y construir otro. Y no pudo, o mejor dicho, no la dejaron. Los resultados son hoy la miseria, los miles de jóvenes sin trabajo y sin futuro. Trelew nos explica. Si leemos entre líneas, Trelew nos aclara lo que vino después. Pero Trelew porque sí, esencialmente, porque no pude correrme cuando supe un poco, y después fue tarde, me enamoré.
Sí, me enamoré de Trelew, de esa historia no de héroes intocables, sino de cuento pequeñito, de cuento de la solidaridad de aquellos habitantes de la extensa patagonia, que decidieron entrar a un penal de máxima seguridad a llevarle cigarrillos, queso y pan, a esos jóvenes presos que además de enfrentar a una dictadura militar y hacer la revolución, también reían y jugaban al fútbol y cantaban chacareras y zambas de pabellón a pabellón...
Trelew porque no podía entender y quería explicarme, la fortaleza de aquellos que lo perdieron todo -sus hijos-, y que sin embargo se pararon firmes en sus dos piernas, para pelear contra aquella dictadura del Gral. Lanusse, y gritarle en la cara que aquéllo, a pesar de las versiones oficiales, había sido un asesinato, un fusilamiento cobarde.
Trelew porque me conmovía el gesto de la mamá de Eduardo Capello, que perdió a sus dos hijos... y la mirada de Tito, un poblador que se obstinó en ser solidario con aquellos jóvenes y terminó preso en el mismo penal.
Y Trelew también, porque, cuando leí en una vieja publicación los recuerdos del padre de María Angélica Sabelli (una de las jóvenes acribilladas que solo tenía 23 años) que no recordaba dónde había besado a su hija por última vez, si en la frente o en la mejilla, ya no pude dejar de contar la historia.
El corto audiovisual que acá presentamos recupera imágenes relacionadas con la denominada Masacre de Trelew y forma parte de la muestra "imágenes para la memoria"...
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