
¿Cuántos pibes y pibas nacieron desde que partió hasta hoy? ¿Cuánta vida nueva se encontró con un país de pie que viene de la masacre, que camina con firmeza hacia el futuro, que luminoso proyecta y respira sueños? ¿Cuánto padecimiento y frustraciones han quedado atrás?
A propósito de la muerte de NK, vuela una poesía para exorcizar la tristeza inevitable, y apostar a la vida, al amor, insuflando anhelos de justicia que crece...
Inmortalidad
Ocurre simplemente que me he vuelto inmortal.
Los colectivos me respetan,
Se inclinan ante mí,
Me lamen los zapatos como perros falderos.
Ocurre simplemente que no me muero más.
No hay angina que valga,
No hay tifus, ni cornisa, ni guerra, ni espingarda,
Ni cáncer, ni cuchillo, ni diluvio,
Ni fiebre de Junín, ni vigilantes.
Estoy del otro lado.
Simplemente, estoy del otro lado,
De este lado,
Totalmente inmortal.
Ando entre olimpos, dioses, ambrosías,
Me río, o estornudo, o digo un chiste
Y el tiempo crece, crece como una espuma loca.
Qué bárbaro este asunto
De ser así, inmortal,
Festejar nacimiento cada cinco minutos,
Ser un millón de pájaros,
Una atroz levadura.
Qué escándalo caramba
Este enjambre de vida,
Esta plaga llamada con mi nombre,
Desmedida, creciente,
Totalmente inmortal.
Yo tuve, es claro, gripes, miedos,
Presupuestos,
Jefes idiotas, pesadez de estómago,
Nostalgias, soledades,
Mala suerte…
Pero eso fue hace un siglo,
veinte siglos,
cuando yo era mortal.
Cuando era
Tan mortal,
Tan boludo y mortal,
Que ni siquiera te quería,
Date cuenta.
¡Qué bueno volver a escucharte, y sentir que no nos mentiste, que fuiste loco verdadero valiente honesto maestro fundador compañero militante memorioso justiciero!