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sábado, 21 de diciembre de 2013

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE LA CULPA







A veces, una reflexión que se origina para una cosa, se extiende, se derrama, es tan sabia que sirve para otras, se pluraliza y se hace casi universal. Horacio González manifiesta la disconformidad de muchos con el nombramiento del nuevo jefe del Ejército, y rizomáticamente, su pensamiento ilumina otras culpas que se hacen evidentes en estos días. Vemos, sorprendidos, que la treintañera democracia se está devaluando, que la década ganada no llegó a todos los argentinos, que siguen sufriendo los mismos de hace rato...

Conviven en el mismo lodo todos manoseaos: los silencios burocráticos, la obsecuencia acrítica, el consenso para los negocios, la obediencia partidocrática, las manos levantadas para votar leyes oprobiosas (ver SOLOS EN LA MADRUGADA, y ARRIBA LAS MANOS, y NEGOCIOS SON NEGOCIOS EN LA CABA), la necesidad de Estado, los militantes rentados, los pseudo nacionales y populares, neoliberales irredentos, cínicos e inescrupulosos, con los luchadores de siempre que reman contracorriente...



«... Cuando cometo un acto vergonzoso pero inmerso en las ambiguas madejas internas de una institución, la culpa parece divisible, es mía y de muchos. Se hace abstracta y por lo tanto ocurren dos cosas; ya no es de nadie y pertenece tan sólo a la Institución que, como toda institución, se funda en una culpa abstracta. Es la misma cosa si la Institución se siente fundada por la gloria. En cualquiera de los dos casos alcanza a sus miembros superficialmente y los exime de responsabilidades. Como en cierto modo toda institución se origina en el doble juego de la culpa y la gloria, la forma de eximirme del peso ruin o insigne de los actos es permanecer en un ritual que se llama obediencia debida. Me eximo pero puedo hablar por la parte infinitesimal de ellos que me corresponde...»






Daniel
Mancuso



martes, 16 de agosto de 2011

VOCES GORILAS




Para muestra basta un botón, dicen por ahí. Y para sintetizar el disgusto que el triunfo de Cristina ocasionó en la Intelligentzia vernácula, con leer a Beatriz Sarlo opinando sobre la Presidenta alcanza y sobra.

Pero, ¿Quién es esta señora bien, con cara de pocos amigos y evidente sexualidad escasa?

Horacio González ha dado las definiciónes más claras y contundentes, después de preguntarse: "¿Qué son los gorilas? ¿Es posible definirlos? ¿Se puede seguir usando ese concepto en la política nacional?".

El director de la Biblioteca nacional hizo un gran esfuerzo para que la luz del pensamiento devele algunas trampas de la historia argentina, y lo logra airadamente...


    1
    Decir gorilas y gorilismo era una crítica dirigida a quienes renunciaban a la reflexión aun pensando. Lo hacían en nombre de una obstinación oscura, de un arranque de furia que les impedía comprender. Paradójicamente, la acusación de gorilas era un llamado a la razón. Sólo que quien reclamaba comprensión pedía también que se plegara a múltiples exigencias que los perezosos o los egoístas no estaban en condiciones de practicar.



    Palabra compleja de la teoría política del denuesto, gorila es un vocablo altamente especializado, de gran jerarquía epistemológica pero con fuerte capacidad de entrevero. Era una acusación surgida de los débiles, que reclamaban esfuerzos especiales para que se entienda qué hacían ellos en la historia y qué deseaban decir.

    Si los débiles y desaventajados subían por una vez a un carro brioso de la historia, podía suponerse que lo hacían en medio del apresuramiento, la vehemencia y las dignas equivocaciones. Las críticas que recibían debían considerarse entonces como desmesuras ociosas de los que descartaban un orden conceptual más depurado para interpretar los defectos o desvíos creativos de la historia. Podían ser intelectuales o sutiles caballeros munidos de literaturas y ensalmos, pero al no saber ubicarse frente al “aluvión”, también debían ser objeto de un llamado de alerta.

    Eran gorilas a pesar de sus sapiencias, o quizá gravemente por ellas, en el caso en que no llevaran a echar luz sobre la imperfecta pero batalladora vida, popular. ¿Qué sapiencias eran entonces? Difícil, casi irresoluble dilema, porque también podía ser esa imputación de gorila la forma de no oír una crítica justa. Se proclamaba que el gorilismo era una captación disminuida de la realidad por obra de una ceguera emotiva y moral...


Y si todas estas prolíficas oraciones no alcanzan para entender la gravedad de la situación, Horacio González hace una síntesis perfecta:

    Así, los que rechazaban la reflexión –aunque fueran hombres ilustrados, doctos y refinados– se excluían del esfuerzo cultural profundo que era el de entender al pueblo, mereciendo el mote de gorilas. Ese destino albergaba por un lado a los que infligían un daño al propio pensamiento, aun siendo hombres cultos, y por otro lado, a los que imitaban estilos de clases elegidas y poseedoras, aun siendo progresistas en muchos aspectos literales de su vida.


2
Estas reflexiones de González son necesarias para entender por qué los intelectuales y periodistas independientes no entienden el triunfo de Cristina por más del 50 % de los votos.

Leer a Beatriz Sarlo es encontrarse atrapado en la jaula de los gorilas, y allí, sentirse adentro de la boca del gorila mayor, respirando su aliento gorila.

Empieza su nota con una anécdota de Evita votando ─por primera vez, antes de morir─ y concluye el párrafo: Eva y todas las mujeres argentinas votaban por primera vez. También Victoria Ocampo, gran opositora, votó por primera vez, y fue éste el único reconocimiento que le hizo al peronismo. Como ahora con los derechos humanos, siempre hay algo que reconocer.

¿Sólo eso, señora? ¿Sólo los derechos humanos, nada más? ¿Desde 2003 hasta hoy el kirchnerismo no hizo nada por el pueblo argentino?

Como ven, es una gorila contumaz la señora Sarlo, pero sigamos que esto recién empieza...

    ... Cristina Kirchner se rodeó de un escudo protector juvenil (los "pibes" que el domingo cantaban por "la liberación"); se apoyó en una burocracia de Estado que administra dinero y militancia, y cerró Olivos a casi todo el mundo excepto a la mesa más pequeña, a la que se sientan hombres de su extrema confianza personal.

    La muerte de Kirchner contribuyó a esta victoria de una manera paradójica. Pero, antes, dejó su obra. Son suyas las bases económicas sobre las que Cristina Kirchner acaba de lograr su gran triunfo. Aunque se le fueron unos cuantos, por el momento contuvo las tendencias centrípetas. Sobre esto último es claro testimonio el discurso con el que Scioli celebró el domingo a la noche su victoria: agradeció primero a Néstor Kirchner, luego a Alberto Balestrini; saludó a sus competidores internos (como Ishii); reafirmó que su mano está tendida para sumar. Y sólo al final dijo: "Tenemos que encontrarnos con Cristina Kirchner y darle un abrazo y decirle que se merece este respaldo"...

Para Sarlo, la victoria de Cristina, el 14 de agosto de 2011 (con 10.363.319 votos que significan el 50.07 por ciento de los sufragios), se debe a la muerte de Néstor y al luto. ¡Mirá vos! La Presidenta es una tarada que recibió el paquetito del muerto (antes de que se muriera, claro) y se junta con sus íntimos adláteres en Olivos a pergeñar el despilfarro de la caja. Punto.

    ... Se ha repetido que los oficialismos ganaron en las elecciones provinciales previas. En estas primarias lo que ganó es el oficialismo nacional, votado por aquellos a los cuales les va muy bien o pasablemente bien y que, por lo tanto, no ven razones para un cambio sobre el que no tengan la seguridad de que les conviene. Y también votaron al oficialismo los pobres, que no están convidados al consumo sino apenas a la supervivencia; que dependen del sistema de subsidios y creen que mover un gobierno podría afectarlos. Cuando se es pobre, se teme con motivos fundados, ya que la vida es precaria y perder un poco es perder todo. Si ese temor se une a una identidad difusa de origen cultural peronista, allí están los votos.

    Y como la victoria dulcifica, ayer a mediodía Cristina Kirchner dio una conferencia de prensa y no les indicó a los periodistas cómo debían portarse.

Para Sarlo, los más afectados por el neoliberalismo ─representado por todos los opositores al gobierno nacional (Duhalde, Alfonsín, Binner, Carrió...)─ sólo votan al kirchnerismo por estar atrapados en las redes de los subsidios. No existe la creación de miles de puestos de trabajo, la jubilación de millones de viejos abandonados, el presupuesto en Educación e investigación, la salud pública, las viviendas, las netbooks, las rutas y caminos...


3
Hace un tiempo, casi un año atrás, notábamos que BEATRIZ SARLO SE OLVIDÓ de mirar a su alrededor, para poder entender la realidad. El peronismo en acción del siglo XXI (que hoy se llama kirchnerismo) le da asco, lo rechaza, y eso la distancia del fenómeno, y no puede comprenderlo.

De ese modo, estos comunicadores, periodistas, escritores, intelectuales, inventan una realidad paralela, un mundo ficcional que responda a sus intereses de clase, obviando los hechos, o malinterpretándolos. Por eso, la derrota de la oposición se la atribuyen a las desinteligencias que tuvieron para no lograr un consenso y llegar con un solo candidato para enfrentar a la Presidenta. "Cristina ganó por los errores de la oposición". Una locura. Un mamarracho histórico. Pero no se les ocurre pensar e inferir que algo bueno habrá hecho el gobierno para ganar 10 millones de abrazos.

Hoy, Beatriz sigue igual, confundida, perdida, sin brújula...




Daniel Mancuso

sábado, 28 de mayo de 2011

MI GORILA FAVORITO




Hoy es sábado, repasemos la prensa canalla del día de la fecha.

¿A ver qué dice La Nación, el diario de la oligarquía, a través de sus editorialistas estrellas de la vernácula?

A ver... a ver... acá hay algo bueno... un tal Carlos M. Reymundo Roberts escribe una nota de análisis político titulada: "La conmovedora semblanza de Néstor"...







1
Comienza diciendo:

Entrañable y conmovedora: así fue la semblanza que Alberto Fernández trazó esta semana en La Nacion sobre Néstor Kirchner, al cumplirse ocho años de su llegada al poder...


2
Y finaliza así:

... Como vimos, AF destacó en su cálido homenaje que en 2007 Néstor, pudiendo ser reelegido, declinó el privilegio para evitar "una disputa por su sucesión" y dejarle el lugar a su esposa. Todo indica que en las elecciones de octubre el candidato iba a ser él, en detrimento de un segundo mandato de Cristina. Pero no hay que juzgar este hecho en forma ligera: seguramente la veía muy cansada, o quizá consideraba que la etapa de consolidación institucional que ella empezó ahora iba a requerir de otro pulso, de nuevos bríos. Y en cuatro años podía volver Cristina, para aliviar el cansancio de él. Y al final del ciclo, con las reservas (físicas) ya agotadas, se podía intentar con Máximo o con Florencia, o con los dos, en un alegre comenzar y recomenzar.

¿Los opositores? Tranquilos: no hay monarquía que dure cien Kirchner.


3
Pero esto no es nada, es sólo una muestra de conceptos repetidos constantemente para instalarlos en las cabecitas de sus lectores ─con el formato del "SENTIDO COMÚN"─ subordinados a la ideología colonizada dominante que difunde La Nación desde su fundación, a cargo del general genocida Bartolomé Mitre. Hay en el centro de la nota un corazón en pleno paroxismo militante, que explota de ignorancia...

    ... Como toda semblanza, la de AF es necesariamente incompleta. Kirchner hizo todo lo que él le atribuye, pero hizo mucho más. La Argentina, efectivamente, estaba dada vuelta, y Néstor nos enseñó que la primera receta es la caja. Con la caja se convence de un rumbo y de un modelo a intendentes, gobernadores, legisladores, jueces, empresarios, periodistas, medios enteros, consultores, diplomáticos, opositores, encuestadores.

    La cajita feliz del kirchnerismo es mágica: de allí salen subsidios para todo lo que uno pueda imaginar, de allí surgen súbitas e insospechadas conversiones ideológicas, de allí surgen adhesiones y combatientes, de allí nacen miles de blogueros, de allí brotan multitudes para los actos...

Pobre Carlitos, no puede entender que un bloguero como yo ─como tantos─, que escribe hace 4 años todos los días, una, dos, hasta 3 notas por día, no recibe un mango, ni tiene subsidio de ningún tipo, y se la rebusca como puede para vivir, como cualquier hijo de vecino, sin concesiones ni prebendas, sólo motivado por el amor a su pueblo y la firme convicción de participar en la construcción de un destino común de justicia y libertad. No hay peor ciego que el que no quiere ver.


4
Antes de tildar de gorila con justa razón a Carlos M. Reymundo Roberts, es lógico y necesario contraponer a su libelo una nota maravillosa de Horacio González, donde dice...


    Es momento de preguntarnos por la vieja encrucijada de la historia argentina. ¿Qué son los gorilas? ¿Es posible definirlos? ¿Se puede seguir usando ese concepto en la política nacional?

    Decir gorilas y gorilismo era una crítica dirigida a quienes renunciaban a la reflexión aun pensando. Lo hacían en nombre de una obstinación oscura, de un arranque de furia que les impedía comprender. Paradójicamente, la acusación de gorilas era un llamado a la razón. Sólo que quien reclamaba comprensión pedía también que se plegara a múltiples exigencias que los perezosos o los egoístas no estaban en condiciones de practicar.

    Palabra compleja de la teoría política del denuesto, gorila es un vocablo altamente especializado, de gran jerarquía epistemológica pero con fuerte capacidad de entrevero. Era una acusación surgida de los débiles, que reclamaban esfuerzos especiales para que se entienda qué hacían ellos en la historia y qué deseaban decir.

    Si los débiles y desaventajados subían por una vez a un carro brioso de la historia, podía suponerse que lo hacían en medio del apresuramiento, la vehemencia y las dignas equivocaciones. Las críticas que recibían debían considerarse entonces como desmesuras ociosas de los que descartaban un orden conceptual más depurado para interpretar los defectos o desvíos creativos de la historia. Podían ser intelectuales o sutiles caballeros munidos de literaturas y ensalmos, pero al no saber ubicarse frente al “aluvión”, también debían ser objeto de un llamado de alerta. Eran gorilas a pesar de sus sapiencias, o quizá gravemente por ellas, en el caso en que no llevaran a echar luz sobre la imperfecta pero batalladora vida, popular
    ...

5
Carlos M. Reymundo Roberts con su prosa no inventa nada nuevo, es un escriba subsidiario y básico de la gran corriente reaccionaria que se anquilosó en los medios de comunicación a mediados del siglo pasado, que sostuvo Golpes de Estado, que tapó crímenes de Lesa humanidad, y fue cómplice y partícipe necesario del más escandaloso remate de la riqueza nacional de que se tenga memoria...


Daniel Mancuso

viernes, 6 de mayo de 2011

SARLO Y GONZÁLEZ, DUELO DE NEURONAS




Beatriz Sarlo, una señora bien de izquierda, y Horacio González, el director de la Biblioteca Nacional, se encontraron en TN, en el programa Código Político que conducen los periodistas del diario Clarín, Eduardo Van der Kooy y el sonriente Julio Blanck.

Beatriz quiere que "el peronismo se transforme en un partido laborista, normalizándose a la inglesa", parafraseando a Torcuato Di Tella.

Mirá que hubo y hay intelectuales que pensaron el peronismo de forma intensa: el mismo Perón, John William Cooke, Rodolfo Puiggrós, Norberto Galasso, Jorge Abelardo Ramos... pero la señora de siniestra pluma intenta analizar el movimiento nacional desde Torcuato Di Tella...

















Horacio González estuvo demasiado medido, quizás todavía golpeado por el acontecimiento "Vargas Llosa" que lo tuvo como protagonista y que sin duda lo dejo mal parado ante la prensa hegemónica, su tono fue muy condescendiente con las críticas de Sarlo y muy poco entusiasta a la hora de responder o plantear su posición. González no estuvo bien, poco beligerante en el debate, soso, tibio. Muchos "quizás", "tal vez", muchas vueltas en el plato, mucho garabato verbal. Sarlo estuvo punzante y provocativa... Los "Coincido con Beatriz..." no aportaron nada a esclarecer lo que se discutía.


Daniel Mancuso

martes, 21 de abril de 2009

POLITICA LAVADA, POLITICA COOL

¡Muchachos! ¡Muchachos! Entendí una nota de Horacio González. ¡Sí, lo hice! En la nota publicada en Página 12, titulada Política facial, Horacio González (sociólogo, ensayista y director de la Biblioteca Nacional) analiza excelentemente el discurso de campaña de Francisco De Narváez. Y hasta la entendió mi tía Eva. Dale, probá vos también, fijate como el Horacio desmenuza el discurso aguachento del colorado cool...


« El habla del candidato de Unión-PRO como emergente de una sustitución: el carácter complejo y conflictivo de lo biográfico y lo social reemplazado por las expresiones prefabricadas del saber técnico publicitario ».


¿Vieron la publicidad de De Narváez en la televisión? Sí, una más de un político que vende un sedativo, tranquilidad asegurada, no-crispación. Pero no. No es solo eso. Lo que dice y el modo en que lo dice es muy grave. Si me permiten exponerlo así: atenta contra la seguridad. No cualquier seguridad –no le escapo a esa discusión–, sino a una que nos interesa sobremanera. La seguridad de encontrarnos, en medio de las divergencias propias de la historia nacional, en el terreno del reconocimiento de un lenguaje socialmente vivo. Forjamos nuestra propia lengua inmersos en ese lenguaje. En cambio, la del señor De Narváez implica el fin de un ciclo histórico. La cancelación del idioma social de la política que formó generaciones enteras de ciudadanos.

Su cara higienizada, sus palabras balsámicas, su toque sosegado de pastor sermoneando robóticamente al fin de la noche, hunden el modo distintivo de la multívoca lengua nacional. No la lengua que represente alguna identidad específica, sino la que con sus implícitos, residuos y rezongos permite conocernos y disentir. La lengua que faculta el trasiego y la agitación de las singularidades. La que sostiene el modo de hablar real y lo que por ventura se escribe en nuestros panfletos, poemas o novelas. Como indagación subjetiva o como tañido legendario. Es esa lengua la que queda anulada cada vez que De Narváez suelta sus frases torneadas en recámaras especializadas.

No es de ahora, pero algo terrible ha sucedido y quizá no lo percibimos. Pareciera que atravesamos el capítulo final de una forma del habla política argentina. Escuchen la publicidad de De Narváez. Un currículum etéreo: el padre, los hijos, la fortuna hecha trabajando. Una receta de querubín: sumar y no confrontar, fórmulas fáciles de los redactores de laboratorio. Y una paradoja patriarcal. “Vengo a ayudar” dicho en primer lugar. Pero agrega: “ayúdenme”. Nunca nadie que haya decidido “venir” dijo que lo hacía apenas para ayudar y encima burlándose, pidiendo en seguida que lo ayuden. Lavativas verbales que aparecen en el lugar de lo que sabemos que es lo político, en su verdad profunda. Una convocatoria asumida en tanto riesgo liminar. En cambio, el círculo ayudador-ayudado es superficial, ficticio. Esta estructura cierra las intenciones colectivas. Destruye de por sí lo político y todas las demás significaciones activas de la vida.

Este despojamiento autobiográfico sustituye a lo siempre problemático de una existencia. ¿No tuvo la política argentina ejemplos de “vidas problemáticas”? A ellas siempre nos atuvimos: la de Yrigoyen, Lisandro de la Torre, Deodoro Roca, Perón, Cooke, Alfredo Palacios, Scalabrini Ortiz, Alfonsín, vidas rugosas, repletas de alternativas y dilemas. Pero ahora se nos anuncia el reinado de una homilía publicitaria probada en los precintos de la construcción artificial de vidas. Con ella se desea suplir la fuente misma de la política. ¡Otra que una marca de cartera, un inocente perfume caro o una cosmética acentuada!

La fuente del vivir problemático quiere ser suplantada por el vivir sin vibraciones. Algo turbio se cierne sobre el país. La biografía televisiva de De Narváez es una efigie “aproblemática” pero paradójica. Dice mucho pero no sabemos quién es. ¿Puede ayudar alguien del que no sabemos cuáles fueron sus pliegues y vaivenes? Pero no, no es un olvido. Es una omisión que implica toda una elección teórica, casi una epistemología. Es que un fetiche ahora vacío, desvitalizado, reemplazó el intercambio social por una red de ayuda: “vengo a ayudar”, “ayúdenme”.

Sí, escúchenlo bien y avergoncémonos. Esta deshonra nosotros la permitimos, aceptando pasivamente que sea normal que alguien hable de ese modo en las luchas políticas. Se trata de un acto final de la lengua política recibida, con la que hablábamos de trayectorias, programas y memorias. A este triste capítulo póstumo de la política historizada, la sociedad argentina lo viene construyendo paso a paso, a cada fracaso de la democracia efectiva, a cada avance irresponsable de un conservatismo de sociedad cansada, con el miedo tatuado en su pescuezo.

Cuando en una nación fracasa la lengua articulada con la que se fundó la política, aparecen las pobres magias de alambique, tomadas de discursos seudoevangélicos, pero pasados por siglos de venta ambulante, metrajes copiosos de prédica publicitaria y deshistorización brutal de los enunciados. Así operan los nuevos monjes de trastienda que ayudan a los neo-políticos sin historia. “Ayudar.” ¿No nos da vergüenza atrofiar en nombre del mero “ayudar” las fuentes de la política, que descansan en el compromiso, la pasión y la capacidad de afrontar la adversidad? A mí me gusta ayudar a un amigo o a un peatón anónimo que tropieza en la vereda. Pero ese gentil sentimiento se transforma en grajea innoble cuanto intenta sustituir las inflexiones de la historia.

Nos insulta, señor De Narváez, cuando con su rostro seráfico nos propone la ayudocracia en vez de la política de ideas. Su aire angelical para anunciar el desmantelamiento nos evoca un aciago fracaso colectivo. Nos propone el socorro mutuo en vez de la discrepancia lúcida. Reinaría por doquier su acertijo vil –“vengo a ayudar” para que me “ayuden”– en vez de la difícil interacción de los pensamientos sociales en un mundo social quebrantado. La mentira –escúcheme– no es una forma de conciencia ni una incoherencia buscada. Es lo que puede mostrar la totalidad lisa de un rostro que nada sabe de su potencial intimidatorio. Su política del rostro ni siquiera puede verse como mala fe, pues tiene la fuerza de una candorosa maniobra para clausurar legados y compromisos.

No tengo nada contra los tatuajes. Son narraciones de nuestra piel, muchas veces profundas alegorías de nuestro tiempo que traemos a los pobres territorios de nuestro cuerpo. Pero el alisamiento facial absoluto, el hablar maquinal sin inflexiones, presupone que es peligroso decir algo sustantivo y con marca de identidad social reconocible. Con usted se palpa ese peligro, De Narváez. Lo único que sorprende es el asomo de un tatuaje en su cuello, marca enigmática y escénica de carácter conjetural. No es descifrable a simple vista televisiva. Pero se avizora como la punta insinuante de un pañuelo perfumado. Eso es lo amenazador, con buen perfume de tendero afortunado, sobrador. Allí se muestra el peligro que su lengua ascética de la ayudología se niega a revelar.

Esos ideogramas que asoman por el cuello de la camisa quizá sean los nuevos jeroglíficos que anuncien cómo se organizará el Estado que surgirá cuando los “no-crispados” triunfen, si triunfan. Bajo las túnicas almidonadas y la fisonomía sin poros, emergen lateralmente los místicos sellos epidérmicos. Advierten un nuevo cilicio social, en nombre de la razón sin convulsiones. Una nueva intolerancia en nombre de los alfileres de acero en el mapa de seguridad. Si no reaccionamos, todo un país puede ser envuelto en su impotencia e incuria, marchando alegremente hacia el fin de su propia historia.

Numerosísimos políticos peronistas, radicales o socialistas, con todos sus achaques conocidos, habían conservado sin embargo ciertas huellas de propiedad lingüística. En el corazón último de su charla todavía se exhibía el guiño deshilvanado de sus convicciones. Ahora están dispuestos a aceptar que las cosas están así, inodoras e insípidas. Narvaizadas. Salidas de los púlpitos lúgubres de la televisión profunda. No de la que hay que respetar, mejorar y en muchos casos refundar. ¿Quieren el poder? ¿Dar por terminada la crispación? Entonces, deberá ser válido para muchos políticos profesionales dejar de ser ellos mismos, ya que toda una sociedad ha dado pasos agigantados para saldar toda su historia en un espejo esterilizado. Disipada, sin que nuevas denominaciones surgiesen.

Así, una asombrosa corriente de ideas ha sustituido el juego político heredado, ese mismo que hay que transformar para que a su vez transforme. Como en la tragedia griega, parecería que todo crimen civil fuese manifestación de un destino inducido desde el vientre del Estado. Su repercusión sin mediaciones debería arrasar al propio Estado culposo. Quedaría, al fin, la policía. Con ello se liquida la política, la legislación, la vida pública autónoma y la justicia en nombre de un nuevo totalitarismo semántico. Veremos desfilar falanges populares rezando por el credo reaccionario que destila un rostro sin vestigios de ninguna historia. En el mejor de los casos, puede ser que allí también reconozcamos el naufragio de la historia de todos nosotros cada vez que estuvimos distraídos. Carentes de ideas. Recelosos ante el compromiso y aceptando el monograma desabrido de los mercaderes. Ese tatuaje con que se desea borrar todos los rastros populares. Precisamente lo que hay que reconstruir.


¡ME DEJÓ SIN PALABRAS!,¡¡¡GRACIAS HORACIO GONZÁLEZ!!!




Daniel Mancuso


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