El otro
Nosotros, los sobrevivientes,
¿A quiénes debemos la sobrevida?
¿Quién se murió por mí en la ergástula,
Quién recibió la bala mía,
La para mí, en su corazón?
¿Sobre qué muerto estoy yo vivo,
Sus huesos quedando en los míos,
Los ojos que le arrancaron, viendo
Por la mirada de mi cara,
Y la mano que no es su mano,
Que no es ya tampoco la mía,
Escribiendo palabras rotas
Donde él no está, en la sobrevida?
Roberto Fernández Retamar
1 de Enero de 1959

Y la muerte de ese viejito cruel nos conmueve, no por su persona despreciable sino por las imágenes de horror y de espanto que vuelven a nuestros días, vómitos regurgitados, asqueadas incognitas irresueltas, sangrantes dolores, 30.000 ausencias no cicatrizadas, secretos ardientes que perseguimos y que el muy hijo de mierda se llevó a su tumba podrida de soberbia...