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lunes, 27 de agosto de 2012

LA TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN















Desde que tengo memoria, la política fue mala palabra: en la mesa familiar, más de una Navidad, cumpleaños, o Pascua, se vieron enturbiados por reyertas filosóficas, con insultos y todo, que tenían a la actividad y el pensamiento políticos como ejes de la disputa. Siempre fue el Peronismo el que andaba dando vueltas, entre comentarios reaccionarios y efusivas defensas, ante los ojos azorados de primos y tías, mientras el nonno golpeaba la mesa para detener el desacato generalizado. Lo mismo sucedía en la escuela secundaria, en plena primavera camporista, y siguió en la universidad con los milicos desapareciendo a jóvenes y viejos revolucionarios que alteraban el orden occidental y cristiano. A fuerza de insistir y amedrentar, lo político se incorporó a nuestros tabúes de cabecera, como el incesto o la masturbación.

Hace tiempo que subyace en un sector importante de nuestra sociedad un miedo tácito al debate, a la discusión de ideas. Pero no fue el kirchnerismo el que produjo tales temores, a raiz de haber generado temibles confrontaciones, como intentan atribuírselo los medios hegemónicos. En realidad, el miedo al debate es una tara histórica, inducida, que viene atravezando las diferentes etapas de la vida social y política argentina.

¿De dónde viene el conflicto? ¿desde los orígenes de la patria: el puerto o las provincias, unitarios o federales, civilización o barbarie, peronismo o antiperonismo, dictadura o democracia?

La joven democracia del 83 no cambió demasiado las cosas, la discusión política estaba de nuevo a la luz del sol, pero se daba de patadas con las medidas oficiales que iban a contramano de las necesidades populares. La hiperinflación y el cambio de moneda, los carapintadas, la obediencia debida y el punto final, fueron fuertes palazos en las conciencias militantes. La llegada del menemismo trajo la mochila neoliberal con todas las recetas para destruír a la política. No había debate posible, todo era acción arrasadora preparando el terreno para el remate privatizador. Y la Alianza fue un patético catalizador que asesino las esperanzas de cambio. ¿Quién imaginaba el sangrante 2001? Nadie. Tampoco sabíamos cómo sería el futuro con tantos Presidentes en una semana. Hasta se llegó a pensar en la solución final: "Que se vayan todos". Nadie se preguntó quién tenía los diplomas para quedarse.


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Pero todo cambió a partir del 2003. La política fue recuperando el trono que le habían arrebatado las fuerzas del dios Mercado, y el pueblo fue tomando en sus manos las herramientas para cambiar la realidad democrática: el debate, la participación, la militancia. Las redes sociales iban reparando la trama descuartizada por la década infame de los 90, y poco a poco, la política comenzó a conducir los destinos de la patria, desplazando a los factores económicos, aunque estos siguan pujando para torcer el rumbo.

Ahora, luego del aplastante triunfo de Cristina, de octubre 2011 con el 54 %, Las fuerzas de la oposición, han recrudecido su acitud antipolítica, sumandose al coro catastrófico de los poderes fácticos conducidos por el tándem Clarín - La Nación, sin darse cuenta que la derrota sufrida, el vergonzoso ejemplo del Grupo A en el Congreso, la sumisa repetición de frases y consignas prefabricadas en las redacciones multimediáticas, entre otros malos ejemplos, los perjudica también a ellos, y a la sociedad en su conjunto.

Entonces, medios y politicos subordinados van sembrando la teoría de la conspiración, según la cual, todo lo que haga el gobierno nacional, lleva implícito un deterioro de las instituciones de la república, porque cada acción implica una trampa para perjudicarnos a todos, porque el gobierno es autoritario, chavista, estatizante, montonero, fascista, hitleriano, antidemocrático y viene por todo.




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Entrevista a Ricardo Forster...



-Hace pocos días usted se refirió a la impugnación hecha por la oposición mediática y política a discutir una eventual reforma constitucional, como si fuera parte de una maniobra antidemocrática…

–Hay una suerte de teoría de la conspiración. Cada acción supone una suerte de ajedrez maquiavélico para que el gran jugador siempre vaya orientando, en función de su estrategia, cada situación. El secreto, la lógica conspirativa, la conjura, son parte de una Argentina que, siempre, solapadamente, va acumulando poder, poder y poder. Y de esa manera lo que se hace es, primero, reducir lo interesante y lo enriquecedor de un debate público. La Argentina contemporánea hace tiempo que viene discutiendo prácticamente todo. No hubo tema fundamental de la vida cotidiana, de la política, de la economía, de la cultura, de los derechos que no se haya discutido. Desde el matrimonio civil igualitario hasta la cuestión jubilatoria, pasando por la deuda externa, el rol del FMI, hasta el de los medios de comunicación. El ciudadano de a pie pudo discutir cuestiones que antes ni siquiera aparecían entre los especialistas. ¿Por qué tenerle miedo a un debate público? ¿Por qué tenerle miedo a abordar un tema fascinante como puede ser la cuestión de la constitución, que hace a la convivencialidad, que hace a problemas centrales, que es la columna vertebral de la ley de nuestra sociedad?

–Debatir la Constitución de 1994 evitando el tema de la re-reelección, ¿no es una conducta funcional a la impugnación de los medios?

–Por supuesto. Sobre todo teniendo en cuenta que la Argentina contemporánea no es la de la década del ’90, hegemónicamente dominada por la matriz neoliberal. Si bien aquella constitución del ’94 puede tener, por supuesto, artículos reivindicables y que tienen que ser parte de una nueva constitución, hay una matriz, hay una concepción de país que la atraviesa y ya no se corresponde con las transformaciones que se dieron en la Argentina contemporánea. Es saludable que imaginemos que para este contexto histórico es imprescindible que la propia constitución pueda adaptarse a las demandas de este tiempo, y no quede adherida a un modelo neoliberal, que de alguna manera atrapa legalmente a las transformaciones y les pone un cierto condicionamiento.

–Usted mencionó el caso de las democracias más respetadas por gran parte de la europeizada tilinguería local, como el caso de François Mitterrand, que gobernó Francia por 14 años. Ahí no aparece ninguna crítica, no son autoritarios ni populistas…

–Es la lectura de Europa como el súmmum de las virtudes democráticas y América latina como territorio de la barbarie. Si entre nosotros se construyen liderazgos ligados a procesos de transformación social popular, se dice que esos liderazgos son construcciones autoritarias. Estamos cansados de leer y escuchar expresiones brutales que hablan de fascismo, de dictadura. Si la Argentina actual fuese algo equivalente al fascismo quiere decir que el fascismo fue un juego de niños, donde no hubo un genocidio, donde no hubo nada. Discutir la Constitución Nacional puede implicar discutir qué régimen político, si presidencial o parlamentario, si la Argentina necesita o no una cláusula de reelección, si la constitución es un texto intocable o un texto amasado en el movimiento de la historia. Por otra parte, no existe ninguna posibilidad de ir a una asamblea constituyente si no hay un acuerdo político amplio que implique, entre otras cosas, que dos tercios de ambas cámaras tienen que aprobar el llamado de Asamblea Constituyente. Entonces, ¿cuál es el temor? Si fuese cierto que Cristina con sólo poner su nombre ya tiene garantizada de acá a la eternidad la presidencia, ¿qué quiere decir esto? ¿Existe eso o existe una sociedad compleja que, cada dos años, vota y va construyendo el mapa político de la sociedad?



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No cabe duda de que vivimos un tiempo maravilloso. Todo está en discusión, y no hay lugares prohibidos adónde no llegue la palabra en nuestra vida cotidiana. Eso los atemoriza, les mueve la estantería, les quita el sueño. No hay nada peor para un conservador o un reaccionario que les propongas un cambio, una revisión, una nueva perspectiva acorde a los tiempos presentes.

Los que no quieren debatir, los que dicen con vos no discuto, no hablo, te bajo la persiana, son víctimas de la tilinguería, zonzos consuetudinarios, están confundidos, tienen miedo, y/o intereses pecuniarios, y/o carecen de argumentos.

Están enfermos de desidia y son fácilmente manipulables, irritables, autoritarios, contradictorios, violentos, egoístas, soberbios, intemperantes, pusilánimes, y mal educados. Pero no perdamos las esperanzas, tarde o temprano la boludez tiene cura: algunos la superan dándose cuenta y haciendo el tratamiento de pensar y sentir, mirando alrededor, abriendo el corazón; y otros simplemente se liberan cruzando el Aqueronte hacia el Hades.



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Daniel
Mancuso




martes, 14 de junio de 2011

ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO





Cafetín de Buenos Aires
(1948 - Letra: Enrique Santos Discépolo; Música: Mariano Mores)


De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan,
la ñata contra el vidrio,
en un azul de frío
que sólo fue después viviendo
igual que el mío.
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros
el cigarrillo...
la fe de mis sueños
y una esperanza de amor.

¿Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires?
Si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja.
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas
yo aprendí filosofía... dados... timba
y la poesía cruel
de no pensar más en mi...

Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas;
José el de la quimera,
Marcial que aún cree y espera
y el flaco Abel... que se nos fue,
pero aún me guía.
Sobre tus mesas que nunca preguntan
Lloré una tarde el primer desengaño.
Nací a las penas,
bebí mis años,
y me entregué sin luchar.



El choclo
(1947 - Letra: Enrique Santos Discépolo y
Juan Carlos Marambio Catán; Música: Angel Villoldo)

Con este tango que es burlón y compadrito
se ató dos alas la ambición de mi suburbio;
con este tango nació el tango y como un grito
salió del sórdido barrial buscando el cielo;
conjuro extraño de un amor hecho cadencia
que abrió caminos sin más luz que la esperanza,
mezcla de rabia de dolor, de fe, de ausencia
llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.

Por tu milagro de notas agoreras,
nacieron sin pensarlo, las paicas y las grelas,
luna en los charcos, canyengue en las caderas,
y un ansia fiera en la manera de querer...

Al evocarte...
tango querido.
siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado...

Hoy que no tengo...
más a mi madre...
siento que llega en punta'e pie para besarme
cuando tu canto nace al son de un bandoneón.

Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera
y en un «perno» mezclo a París con Puente Alsina.
Fuiste compadre del gavion y de la mina
y hasta comadre del bacán y la pebeta.
Por vos shusheta, cana, reo y mishiadura

se hicieron voces al nacer con tu destino,
misa de faldas, querosen, tajo y cuchillo,
que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón

Por tu milagro de notas agoreras,
nacieron sin pensarlo, las paicas y las grelas,
luna en los charcos, canyengue en las caderas,
y un ansia fiera en la manera de querer...

Al evocarte...
tango querido.
siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado ...





Uno
(1943 - Letra: Enrique Santos Discepolo
Música: Mariano Mores)

Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias...

Sabe que la lucha es cruel
y es mucha pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina.

Uno va arrastrándose entre espinas
y en su afán de dar su amor
sufre y se destroza hasta entender,
que uno se ha quedao sin corazón...

Precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
o un amor que lo engaño.
Vacío ya de amar y de llorar
tanta traición.

Si yo tuviera el corazón,
el corazón que di.
Si yo pudiera como ayer
querer sin presentir.
Es posible que a tus ojos que me gritan su cariño
los cerrara con mis besos.

Sin pensar que eran como esos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir.

Si yo tuviera el corazón,
el mismo que perdí...
Si olvidara a la que ayer
lo destrozo, y pudiera amarte,
me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor.

Pero Dios te puso en mi camino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré como quererte...

Déjame que llore
como aquel que sufre en vida
la tortura de llorar su propia muerte.

Pura como sos habrías salvado
mi esperanza con tu amor.
Uno esta tan solo en su dolor,
Uno esta tan ciego en su penar.

Pero un frío cruel
que es peor que el odio,
punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor,
maldijo para siempre y me robo
toda ilusión...











(1901-1951) Enrique Santos Discépolo se acercó al arte por su hermano mayor Armando, luego de la muerte de sus padres. Armando ayudó a Enrique y siempre lo orientó hacia la cultura, esto permitió descubrir su vocación por el teatro. En 1917 se inició en la actuación. Al año siguiente escribió sus primeras obras de teatro: "Día feriado", "El hombre solo", "El señor cura".

En 1920, actuó en la obra "Mateo", escrita por su hermano Armando. Dedicado al mundo del teatro, Enrique continuó escribiendo. En 1925 compuso la música para el tango
Bizcochito. Luego sorprendió con la letra y la música del famosísimo tango "Que vachaché". Dos años más tarde compuso el tango "Esta noche me emborracho", cantado por Azucena Maizani. También actuó en teatros de Montevideo (Uruguay) y Buenos Aires con gran aceptación del público. Los tangos más destacados son de éste período fueron: "Alguna vez", "Chorra", "Malevaje", "Soy un arlequín", "Victoria", Yira-yira" y otros.

A comienzos de la década del 1930 Discépolo continuó escribiendo obras musicales, como: Wunderbar y Tres esperanzas. En 1935 finalmente Discépolo viajó a Europa. De vuelta en Argentina, Enrique se conectó con el ambiente del cine. Experimentó cuanto pudo. Fue tanto actor como guionista y director. Paralelamente compuso los tangos más inolvidables: Cambalache en 1935, Alma de bandoneón en 1935, Desencanto en 1937, Tormenta en 1939, Uno en 1943 y Canción desesperada en 1944.

En 1947 estuvo de gira por México y Cuba. Escribe Sin palabras, con música de Mariano Mores. Pero la obra cumbre ha sido quizás Cafetín de Buenos Aires. Enrique la compuso en 1948. En la puerta de la década de 1950, se dedicó a producir películas y obras teatrales, además de diversos tangos. Algunos tangos se hicieron públicos tras su muerte en 1951, a la edad de 50 años. Discépolo triunfó como autor, pero fue también cineasta, compositor, dramaturgo y músico.





MORDISQUITO


Una de las facetas fundamentales del universo de Enrique Santos Discépolo fue su comprometida militancia peronista. Y uno de los factores que provocaron su depresión y un final divorciado de la élite intelectual fue, justamente, este aspecto esencial, además de su propuesta poética vinculada al conflicto social.

Discepolín murió distanciado de varios viejos amigos y criticado por sus pares, que le hicieron un vacío a raíz de su ideología. Defendió con convicción, ironía y vehemencia lo que él entendía un enorme avance en el desarrollo político y social del pueblo argentino, el gobierno del General Perón.

La radio iba a ser el vehículo para difundir su ideario, en su famoso y fulminante micro-programa: "¿A mí me la vas a contar?".

El último texto leído por Discepolo el 10 de noviembre de 1951, un día antes de las elecciones que concluyeron con el triunfo arrollador de Perón dijo:

Mordisquito ¿A mí me la vas a contar?

Bueno, mirá, lo digo de una vez. Yo no lo inventé a Perón. Te lo digo de una vez, así termino con esta pulseada de buena voluntad que estoy llevando a cabo en un afán mío de liberarte un poco de tanto macaneo. La verdad: yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón, la milagrosa. Ellos nacieron como una reacción a los malos gobiernos. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón ni a su doctrina. Los trajo, en su defensa, un pueblo a quien vos y los tuyos habían enterrado de un largo camino de miseria.

Nacieron de vos, por vos y para vos. Esa es la verdad. Porque yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón. Los trajo esta lucha salvaje de gobernar creando miseria, los trajo la ausencia total de leyes sociales que estuvieran en consonancia con la época. Los trajo tu tremendo desprecio por la clases pobres a las que masacraste, desde Santa Cruz hasta lo de Vasena, (se refiere a la Patagonia Rebelde y a la Semana Trágica) porque pedían un mínimo respeto a su dignidad de hombres y un salario que les permitiera salvar a los suyos del hambre. Sí, el hambre y de la terrible promiscuidad de sus viviendas en las que tenían que hacinar lo mismo sus ansias que su asco.

No. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. ¡Vos los creaste! Con tu intolerancia. Con tu crueldad. Con la misma crueldad aquella del candidato a presidente que mataba peones en su ingenio porque le pisaban un poco fuerte las piedritas del camino a la hora de la siesta (se refiere a Robustiano Patrón Costas, cuya postulación en la fórmula con Ramón Castillo se malogró con el golpe del 4 de junio de 1943).

Sí, yo sé que te fastidia que te lo recuerde. Es claro, pero vamos a terminarla de una vez. Porque yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que presidía el país. Porque a fuerza de hacer un estilo de tanto desmán, terminó por parecerte correcto lo más infame. Claro, a vos no te alcanzaba esa injusticia. Tendrías, como un señor que yo conocía y que iba todos los meses a cobrarlo, un puesto de ama de cría para cubrir sus gastos, que se lo pagaban oficialmente, y un sueldo para salir con el clan.

Yo me acuerdo del clan. Y vos también. Aquella mafia siniestra que salía sólo para aterrorizar gente y mataba una vez a gomazos, otra vez a tiros y a veces con el camión para hacerlo más divertido. No, si la memoria fastidia. Pero yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que manejaba el país. Mirá, si vos hubieras estado en la Semana Trágica como yo y como tantos, en Cochabamba y Barcala, y hubieras visto morir primero a aquellos cinco, luego a cientos, y hubieras visto masacrar judíos por una gloriosa institución que nos llenó de vergüenza, no hubieras formado nunca más parte de ese partido que integrás por amor propio y quizá por ignorancia de tantos hechos delictuosos que son los que empezaron a preparar la llegada de Perón y Eva Perón.

En un país milagroso de rico, arriba y abajo del suelo, la gente muerta de hambre. Los maestros sirviendo de burla en lugar de hacer llorar porque estaban sin cobrar un año entero. ¡No! ¡Y todo vendido! ¡Y todo entregado! Yo sé que te da rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece también pensar que no lo querés oír. El otro día, en un discurso oí que decías refiriéndote a un gobierno de 1918: Ya por ese entonces los obreros gozaban.... ¿De qué gozaban? ¡Los gozaban!, que no es lo mismo. Y, sí, Mordisquito, ¡los gozaban!

La nuestra es una historia de civismo llena de desilusiones. Cualquiera fuese el color político que nos gobernó, siempre la vimos negra. Aspiramos a gozar y al final nos gozaron. ¡Todos! ¡Siempre! Una curiosa adoración, la que vos sentís por los pajarones, hizo que el país retrocediese cien años. Porque vos tenés la mística de los pajarones y practicás su culto como una religión. Cuanto más pajarón él, más torpe y más crédulo vos. Te gusta oír hablar a la gente que no le entendés nada; la que te habla claro te parece vulgar.

Yo también entré como vos y, ¿por qué no confesarlo?, me sentía más conmovido frente a un pajarón que frente a un hombre de talento. El pajarón tiene presencia, tiene historia larga, la que casi siempre empieza con un tatarabuelo que era pirata. Yo también me sentía dominado por los pajarones cuando era chico. Ahora, ¡no! Cuando era chico, sí. ¡Pero no ahora, Mordisquito! Salvate de los pajarones. El fracaso - por no decir la infamia - de los pajarones fue lo que trajo como una defensa a Perón y Eva Perón. Pero no fui yo quien los inventó.

A Perón lo trajo el fraude, la injusticia y el dolor de un pueblo que se ahogaba de harina blanca y una vez tuvo que inventar un pan radical de harina negra para no morirse de hambre. Tampoco te lo acordabas. ¡Ay, Mordisquito, qué desmemoriado te vuelve el amor propio!.

Te dejo. Con tu conciencia. ¡Perón es tuyo! ¡Vos lo trajiste! ¡Y a Eva Perón también! Por tu inconducta. A mí lo único que me resta es agradecerte el bien enorme que sin querer le hiciste al país. Gracias te doy por él y por ella, por la patria que los esperaba para iniciar su verdadera marcha hacia el porvenir que se merece.

¡A mí ya no me la podés contar, Mordisquito! Hasta otra vez, sí. Hasta otra vez.







La calumnia, la mentira...









miércoles, 1 de septiembre de 2010

MORDISQUITO JOAQUÍN



Si como dijo un barbudo: “La historia se repite primero como tragedia y después como comedia”, ahora deberíamos cagarnos de risa, no por lo gracioso de la situación política actual sino por la patética sobreactuación de algunos voceros monopólicos y su exagerado maquillaje de "demócratas institucionalistas".

Son tan ridículos que a veces pienso que quieren competir con los persnajes de Capusotto...



Joaquín Morales Solá habla de La obsesión por la venganza, en una nota que escribió para La Nación.

La obsesión por la venganza, raro, ¿No? Justo él que supo rodearse de militares y civiles derechos y humanos.


Ese decreto, que instruyó a los funcionarios para hacerles juicios diversos a los diarios, es una simple continuidad escrita de la arenga verbal de la Presidenta de hace una semana. Si aquello mostró una devaluación de la palabra presidencial, el decreto de ahora es una prueba cabal del atropello del Estado a la prensa libre. El juicio político está terminado para los que gobiernan y los diarios deben ser, por lo tanto, condenados.

(...)

La obsesión por la venganza es ciertamente cegadora. Hay en el decreto menciones de "los diarios apropiadores", que es una denominación arbitraria que le quita al Poder Ejecutivo cualquier sentido del necesario equilibrio. El desorden intelectual y moral que refleja la escritura de ese documento oficial (el más importante que puede firmar un presidente de la Nación) muestra como prueba de la supuesta "connivencia" entre el gobierno militar y los diarios un acto formal y público de inauguración de la planta de Papel Prensa, en 1978, con la asistencia de Jorge Rafael Videla.

(...)

Los prejuicios no se quedan en la historia. El decreto menciona también el rol "monopólico" de Papel Prensa en la producción de papel para diarios y, cómo no, en el control del periodismo. Pura ideología. Demasiado prejuzgamiento. La industria nacional del papel para diarios es una de las pocas que compiten sin protección con la importación, que tiene arancel cero. El papel para diarios sobra en el mundo en un tiempo en que los lectores se fugan hacia la versión de los periódicos en Internet. ¿Dónde está el monopolio? ¿Dónde, sino en los preconceptos tan rígidos como antiguos de los gobernantes argentinos?

Nuevos testigos podrían aparecer desautorizando gravemente la falsa historia que el oficialismo enhebró sobre Papel Prensa. Algunos de ellos habrían tomado contacto ya con la dirigente opositora Elisa CARRIÓ y se manifestaron dispuestos a declarar ante los jueces. Consultada Carrió, sólo respondió que antes de su pública posición en defensa de la libertad de prensa chequeó todos los datos que existían. "He hablado con testigos presenciales de todo y sólo hubo un enorme apriete de los Montoneros a los Graiver", se limitó a responder.

El otro sendero que intenta abrir el oficialismo, en el Congreso, mediante un inexplicable Proyecto de ley declarando de interés público la producción de papel, está condenado a no terminar en ninguna parte.

LA OPOSICIÓN se unió en la decisión de no tratar ese tema. "Pero el oficialismo insistirá en eso cada vez que pueda", aseguró un líder opositor. El cajoneo de ese proyecto no es malo, pero es insuficiente. La prensa tendrá siempre la amenaza latente de la intromisión oficial mientras ese proyecto tenga vida, aunque sea vegetativa, en la Cámara de Diputados. Un gobierno controlando la producción nacional de papel y la importación de ese insumo básico, al mismo tiempo, podría desembocar sí en el control del periodismo. Cuando no pueden concretar sus castigos, los Kirchner optan por sembrar el temor. La existencia por sí sola de ese proyecto es ciertamente atemorizante.

(...)

En la última semana el país sufrió también la peor golpiza internacional desde la gran crisis de 2001 y 2002. Ni siquiera la crisis con el campo, en 2008, llevó a la Argentina a los niveles actuales de crítica y descrédito en los países centrales del mundo. Desde el progresista diario español El País hasta el liberal diario norteamericano The Wall Street Journal han denunciado el autoritarismo de la pareja gobernante argentina y la eventual regresión del país hacia una "dictadura".

¿El motivo? La ciega agresión oficial contra LA NACION y Clarín . ¿Se equivocan? Francisco Franco también amenazaba a los diarios con la provisión de papel, que entonces España importaba. El propio Franco manipulaba el pasado de sus adversarios de acuerdo con sus intereses políticos. Hugo Chávez metió presos a dueños de medios audiovisuales, les quitó ilegalmente las concesiones y sometió recientemente a la prensa escrita a la más ramplona censura. Uno pertenecía a la más rancia derecha y el otro se hace llamar socialista.

No hay que dar tantas vueltas: las prácticas del autoritarismo tienen un molde común desde que el hombre y su historia existen.



Nosotros NO le vamos a contestar a Joaquín, porque somos sus coetáneos. Lo va a hacer Enrique Santos Discepolo, Discepolín para los amigos, que tiene un poco más de criterio y sabiduría, adelante maestro...







¿Me escuchás, Mordisquito?

Hoy necesito hablar con vos; y con vos, ya sabés cómo hablo. Sin malquererte. Sin perseguirte. Tratando de quebrar la cáscara de tu terquedad y llegar hasta la pulpa misma de tus sentimientos, ¡que los tenés y de sobra! ¿Cómo no vas a tenerlos si sos otro argentino como yo? No, Mordisquito; hoy vamos a hablar juntos, vos y yo contra otros.


Hoy tu dolor entrará en el mío y le pondrás el hombro a mi tristeza para que los dos suframos frente a la aberración de otros. ¿Oíste qué palabra te alcanzo para que hagamos con ella un dúo de incredulidad y de pena? Aberración.

Porque hubo un crimen. El de las tinieblas, que es el más despreciable de todos. El de la cobardía y la infamia. Una máquina para la muerte, deslizada allí, en una vía cualquiera, a la espera de cualquier vagón, ¡no la venganza contra alguien, sino el estúpido atentado contra cualquiera! Vení, Mordisquito, esta noche seremos amigos, aunque vos no lo quieras. ¿Sabés por qué amigos? Porque vos y yo no queremos creer en eso, en lo que pudo pasar.

Porque los dos estamos todavía estremecidos por el presentimiento de los que pudieron morir.

¿Indignación? No, no. Pena. Inmensa pena. ¿A quién podemos dirigirnos vos y yo? ¿En el centro de qué sombra se esconde el horror de los culpables? Es distinto hablar de vos que hablar de ellos. Sé adónde ir a buscarte, qué vas a decirme y qué te voy a contestar. Pero a ellos, los criminales de ese atentado sin heroísmo, los cómplices de esa aventura que no tiene perdón, ¿dónde encontrarlos? ¿A qué cara asomarnos, a quiénes pedirles cuenta por esta felonía sin comparación? Yo no entiendo que alguien mate a alguien. La guerra es una miserable costumbre de los déspotas y la muerte no merece resolver ningún problema. Pero al que mata de frente, aunque sea un asesino, a ése también lo juzgamos de frente. ¿Y cómo podemos juzgar a los inspiradores o a los subalternos de este crimen absurdo?

No, Mordisquito, no. Yo podría llegar fácilmente a la emoción llorosa de los que me escuchan diciendo que en ese tren que pudo volar hecho pedazos había madres. No, no; seria un recurso barato y profesional, indigno de este dolor, este sincero dolor con que te hablo. Digamos que allí viajaban… amores.

De todos los tamaños. De todas las clases. Cada uno de aquellos que pudieron ser víctimas de un rencor inhumano era el amor de alguien. Cada uno de nosotros, por pequeño y triste que sea, es el amor de alguien, de alguien que nos quiere, y nuestro drama es su drama o, por lo menos, su melancolía. Pero los resentidos que quisieron vengarse, no de vos o de mí sino de una tremenda idea que no cabe en ellos, por eso mismo, porque es tremenda; esos resentidos no pensaron en la absurda matanza de los inocentes, sino en el desquite de sus pasiones oscuras.

¿Pero desquite contra qué, contra quién? No, no, yo no entiendo, no quiero entenderlo, y vos, que a veces no entendiste otras cosas, hermosas y evidentes, tampoco querrás entender todo esto, tan tenebroso y tan infame. Mañana, mi amigo, mi terco y querido enemigo, quizás vos y yo volvamos a lo de antes. Pero esta noche, en este dúo de tu pena y la mía, sé que nos hemos comprendido por primera vez.

Porque vos… vos no vas a contarme que ahora no estás junto a mí, hombro con hombro, dolor a dolor. No, no. ¡A mí no me la vas a contar!

Discepolín



Qué grande Enrique Santos, como si lo hubiera pensado para vos, Joaquin, o para tus amigos de la represión genocida de la dictadura militar. A tu vieja sí podríamos hacerle la pregunta: ¿Sabe usted señora dónde estuvo su hijo en el 76?


Daniel Mancuso

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