Mostrando entradas con la etiqueta Gullo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gullo. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de agosto de 2011

¿NECESITÁS ALGO, NENA? (HOMENAJE)



Hoy, en el cine GAUMONT, se estrena un documental sobre la vida de Angela María Aieta de Gullo, la madre del diputado Juan Carlos Dante Gullo, quien fue detenida desaparecida durante la dictadura militar.

"¿Necesitás algo, nena?" se estrena al cumplirse 35 años de su secuestro y desaparición.

Cuentan que era muy solidaria, y durante su detención, al ver a una detenida embaraada en problemas, se acercó y le preguntó: "¿Necesitás algo, nena?"

La obra homenajea con distintos testimonios la figura de Angela María Aieta de Gullo, secuestrada de su domicilio en la calle Cachimayo, Flores, el 5 de agosto de 1976, por un grupo de tareas de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA).

Juan Carlos Dante se entero mientras estaba detenido en la cárcel de Sierra Chica que su mamá había sido "chupada". Luego, su hermano Jorge Salvador Gullo fue secuestrado el 28 abril de 1979, y también sigue desaparecido.

El documental está patrocinado por Amnesty International y por la Embajada de Argentina en Italia, se estrenará mañana (viernes, 05/08/11) en el cine Gaumont, avenida Rivadavia 1635, ciudad de Buenos Aires, a las 20 horas...


1

Llegaron de Italia con un sueño y conocieron el horror. El diputado estuvo detenido en el “pabellón de la muerte” del penal de Sierra Chica. Su madre y el menor de sus hermanos fueron secuestrados y continúan desaparecidos.

    Cada mañana, cuando las campanas de la iglesia anunciaban el regreso de los pescadores, la niña hacía un esfuerzo para asomarse por la ventana. Aún estaba lejos del metro de altura, pero Ángela María Aieta –todos le decían María– se las ingeniaba para mirar el color del mar. Hasta el horizonte, el Tirreno era una manta infinita, azul y verde. El mar ofrecía aventuras. La promesa de un futuro próspero. María vivía en la zona costera de Fuscaldo, en la provincia calabresa, bien al sur de Italia. La ribera del pueblo era conocida como la Marina. Su hogar era una casona amplia y llena de voces que sus padres compartían con otras cuatro familias: los Franco, los Moliné, los Luca y los Pollola.

    Humberto Victorio Gullo también vivía en Fuscaldo, a unos cuantos metros de la costanera. Cuando le preguntaban su dirección, contestaba con algo de vanidad: “Número 1 de la calle del Castelo.” Humberto solía bajar desde la parte alta de Fuscaldo –el Paese– para ir al muelle a comprar pescado. Para llegar debía pasar por delante de la casa de los Aieta. Ni María ni Humberto podían imaginarse que varios años después se cruzarían en Buenos Aires, capital de ese sueño de la abundancia llamado Argentina. Aquella era una infancia llena de privaciones, anterior a la Segunda Guerra. Aún no había llegado el tiempo de “hacer la América”.

    María y Humberto llegaron por separado. Habían partido del mismo lugar, pero se conocieron en Buenos Aires. Se casaron a mediados de 1936, un año y medio más tarde nacía su primer hijo. Después llegó el segundo. Y en 1947, al año del triunfo de la fórmula Perón-Quijano, tuvieron al tercero. Humberto pensó en hacerle un homenaje al presidente. Quiso llamarlo Juan Domingo. María no estaba muy convencida. Al final lo llamaron Juan Carlos Dante. El primer nombre por Perón, los otros dos en un gesto a las tradiciones familiares y a Italia.

    Eran la típica familia inmigrante, sin estudios pero con una voluntad de progresar a toda prueba. En Fuscaldo, María había hecho hasta tercer grado. Pero era curiosa. Autodidacta, leía todo lo que pasaba por sus manos. Humberto sabía el oficio de sastre. Consiguió trabajo como capataz en la sastrería Spiro y Demetrio. María lo ayudaba cosiendo trajes, zurciendo prendas para adelantar arreglos. Cuando pudieron, levantaron una casa. La hicieron de dos plantas. Se instalaron en Cachimayo al 1900, Bajo Flores, un barrio de casas bajas y fábricas, de fundiciones y repuestos para la industria metalmecánica. Después de la casa, la prioridad sería que los hijos tuvieran una carrera universitaria. En 1950 nació el cuarto hijo. Le pusieron Salvador Jorge, enseguida le quedó Jorge, a secas.

    A mediados de los ’70, cuarenta años después de la llegada a la Argentina, María y Humberto vivían a su modo la efervescencia camporista. La casona de Cachimayo solía ser escenario de reuniones acaloradas. Dos de sus hijos formaban parte de la Juventud Peronista. Hacía tiempo que Juan Carlos Dante Gullo, el tercero, a quien su familia llamaba Dante y sus compañeros Canca, se había convertido en uno de los rostros más conocidos de la agrupación juvenil del peronismo. Era el dirigente de la JP, regional 1. Jorge, el menor de los cuatro, había seguido su camino. Fanático de River, jugaba al fútbol en el club Oeste, de José María Moreno y Alberdi. “Era un muy buen cinco, un buen centrojás. Lo habían venido a buscar de Ferro”, lo recuerda hoy Dante.

    El dirigente de la JP fue arrestado en abril de 1975. La detención de su hijo Dante hizo aflorar el carácter de María, su impulso maternal. Se convirtió en una de las mujeres más activas de la Comisión de Familiares de Presos Políticos. La conocían en Villa Devoto, sabían de ella en el penal de máxima seguridad de Sierra Chica. María organizaba a los familiares de otros detenidos para viajar juntos hasta la cárcel del sur bonaerense.

    La tarde del 5 de agosto de 1976, María conversaba con su marido cuando escuchó ruidos en el fondo de la casa. Pensó que era la hora del cambio de turno en la fábrica de cocinas Volcán. Pero no eran obreros que entraban o salían por el cambio de turno. La calle estaba ocupada por una patrulla militar. Zona liberada. De pronto, sin que Humberto pudiera hacer nada, el patio trasero se había llenado de individuos con armas largas. Venían a secuestrarla.


    Dante estaba detenido en el “pabellón de la muerte” de Sierra Chica. Lo integraban miembros de la JP, Montoneros, el PRT y el ERP. A los dos días del secuestro de su madre, un guardia del Servicio Penitenciario que en secreto simpatizaba con la JP se acercó a su celda. Lo preparó para lo peor. “Me parece que hay problemas con tu vieja.” El penitenciario le mostró un pedido de hábeas corpus firmado por su padre y por uno de sus hermanos. El hábeas corpus había sido publicado en Clarín. Dante escribió una carta dirigida a Albano Harguindeguy: “La cosa es conmigo.” Pidió que dejaran libre a su madre. Que hicieran con él lo que quisieran. La carta salió de la cárcel en secreto. Fue remitida por otro miembro del Servicio Penitenciario; la despacharon desde el correo de la localidad vecina de Hinojo. Nadie se hizo eco del pedido. Tampoco hubo respuesta.

    María no volvió a aparecer con vida. Jorge pudo salir del país después del golpe. Participó en la campaña internacional para denunciar las violaciones a los Derechos Humanos. En abril de 1979 volvió al país con la primera contraofensiva montonera. Lo secuestró un grupo de tareas de la ESMA. “Murió después de varios días de tortura”, dice su hermano.




2





3
VEA TAMBIÉN...

¿NECESITÁS ALGO, NENA?




Daniel Mancuso

jueves, 4 de agosto de 2011

¿NECESITÁS ALGO, NENA?




Ángela María Aieta de Gullo nació en FUSCALDO, Calabria, en el sur de Italia en 1921.

Como tantos otros italianos emigró para la Argentina junto a su esposo Humberto Gullo. Se instalaron en la populosa barriada del Bajo Flores y allí tuvieron y criaron 4 hijos varones. Durante los años felices de los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón, la familia Gullo adhirió al peronismo
.
Una vez derrocado Perón por una dictadura militar ─la REVOLUCIÓN FUSILADORA─, proscripto el peronismo y prohibida la actividad política de las mayorías, dos de los hijos de Angela, Juan Carlos Dante y Jorge Salvador se hacen militantes de la Juventud Peronista.

Era la época en que en los bares del Bajo Flores, los obreros de la Fabrica Volcán, planeaban el retorno de Perón junto a los jóvenes de la JP del barrio.



1



En los 70, Dante llega a ser Secretario General de la Gloriosa Juventud Peronista, y en 1973 asesor del presidente Héctor Cámpora en temas relacionados a la juventud. Jorge era un referente de la JP del Bajo Flores.

En abril de 1975, Dante Gullo es apresado por su actividad política, entre otros, junto a Dardo Cabo. Ángela María realiza tareas de solidaridad con los presos políticos peronistas junto a otras madres, algunas de las cuales serán después del núcleo fundador de Madres de Plaza de Mayo.

Luego del golpe militar, las tareas solidarias continuaron, y el 5 de Agosto de 1976, un grupo de tareas de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) secuestró a Ángela María de su domicilio de la calle Cachimayo. Presuntamente, fue trasladada y arrojada al mar en uno de los “vuelos de la muerte”.



2



Jorge Salvador Gullo fue secuestrado el 28 abril de 1979, y continúa desaparecido. Dante Gullo recuperó la libertad en 1983, luego de 8 años y 8 meses de prisión, y continuó su militancia en el peronismo. Actualmente es diputado nacional por el Frente Para la Victoria-PJ.

Gracias a la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, impulsadas por el ex presidente Néstor Kirchner, los verdugos de Angela y Jorge están siendo juzgados y muchos cumplen condenas en cárceles comunes.

Angela y Jorge, junto a los 30.000 detenidos-desaparecidos son bandera de lucha.

En el Bajo Flores funciona la Unidad Básica Jorge Salvador Gullo, y en la La Boca el Centro Cultural Angela María Aieta de Gullo; ambos pertenecientes a la JP-La Cámpora. Además sus hijos y nietos llevan adelante la Fundación Angela María Aieta de Gullo.

Carlos, uno de los nietos de Angela, fue elegido por los vecinos del Bajo Flores como representante en la Junta Comunal de la Comuna 7.


3
Esta es una historia más de las miles que tiene nuestro amado pueblo. Es la historia de una familia de inmigrantes de un barrio obrero y peronista del sur de la ciudad de Buenos Aires. Es la historia de la larga lucha por los derechos económicos, sociales y culturales. De la lucha por la democracia, la inclusión, la pluralidad de voces y la justicia social. Simplemente una historia de solidaridad y amor. Simple como el pueblo.


4


Un documental sobre la vida de la madre del diputado Juan Carlos Dante Gullo (FPV), detenida desaparecida durante la dictadura militar, se estrenará mañana al cumplirse 35 años de su secuestro y desaparición.

El documental "¿Necesitás algo, nena?", patrocinado por Amnesty International y por la Embajada de Argentina en Italia, se estrenará mañana (viernes, 05/08/11) en el cine Gaumont, avenida Rivadavia 1635, ciudad de Buenos Aires.

La obra homenajea con distintos testimonios la figura de Angela María Aieta de Gullo, secuestrada de su domicilio el 5 de agosto de 1976 por un grupo de tareas de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), permaneciendo aún hoy desparecida.





Daniel Mancuso

martes, 7 de septiembre de 2010

FUSCALDO




Mis padres, mis abuelos, y todos hacia atrás eran calabreses.

Mi viejo,
BENITO, nos contaba sus viajes y aventuras juveniles a lomo de burro, al otro lado de la montaña para ver el mar.

Mis ojos infantiles siempre quisieron conocer la tierra de mis orígenes, y soñaba algún día poder volar sobre el gran charco celeste del mapa de mi Atlas gastado, y aterrizar en la bota pequeña, abajo de Europa. Esa que le saca la lengua al Mediterráneo.

El exilio me dio tristezas y milagros. El amanecer en el Tirreno fue una pequeña caricia que la vida me regaló para paliar tanto sufrimiento.


Esta mañana, leyendo la historia de la familia Gullo, encontré muchas imágenes que volvían a mi memoria...



    Cada mañana, cuando las campanas de la iglesia anunciaban el regreso de los pescadores, la niña hacía un esfuerzo para asomarse por la ventana. Aún estaba lejos del metro de altura, pero Ángela María Aieta –todos le decían María– se las ingeniaba para mirar el color del mar. Hasta el horizonte, el Tirreno era una manta infinita, azul y verde. El mar ofrecía aventuras. La promesa de un futuro próspero. María vivía en la zona costera de Fuscaldo, en la provincia calabresa, bien al sur de Italia. La ribera del pueblo era conocida como la Marina. Su hogar era una casona amplia y llena de voces que sus padres compartían con otras cuatro familias: los Franco, los Moliné, los Luca y los Pollola.

    Humberto Victorio GULLO también vivía en Fuscaldo, a unos cuantos metros de la costanera. Cuando le preguntaban su dirección, contestaba con algo de vanidad: “Número 1 de la calle del Castelo.” Humberto solía bajar desde la parte alta de Fuscaldo –el Paese– para ir al muelle a comprar pescado. Para llegar debía pasar por delante de la casa de los Aieta. Ni María ni Humberto podían imaginarse que varios años después se cruzarían en Buenos Aires, capital de ese sueño de la abundancia llamado Argentina.

    Aquella era una infancia llena de privaciones, anterior a la Segunda Guerra. Aún no había llegado el tiempo de “hacer la América”.

    María y Humberto llegaron por separado. Habían partido del mismo lugar, pero se conocieron en Buenos Aires. Se casaron a mediados de 1936, un año y medio más tarde nacía su primer hijo. Después llegó el segundo. Y en 1947, al año del triunfo de la fórmula Perón-Quijano, tuvieron al tercero. Humberto pensó en hacerle un homenaje al presidente. Quiso llamarlo Juan Domingo. María no estaba muy convencida. Al final lo llamaron Juan Carlos Dante. El primer nombre por Perón, los otros dos en un gesto a las tradiciones familiares y a Italia.

    Eran la típica familia inmigrante, sin estudios pero con una voluntad de progresar a toda prueba. En Fuscaldo, María había hecho hasta tercer grado. Pero era curiosa. Autodidacta, leía todo lo que pasaba por sus manos. Humberto sabía el oficio de sastre. Consiguió trabajo como capataz en la sastrería Spiro y Demetrio. María lo ayudaba cosiendo trajes, zurciendo prendas para adelantar arreglos. Cuando pudieron, levantaron una casa. La hicieron de dos plantas. Se instalaron en Cachimayo al 1900, Bajo Flores, un barrio de casas bajas y fábricas, de fundiciones y repuestos para la industria metalmecánica. Después de la casa, la prioridad sería que los hijos tuvieran una carrera universitaria. En 1950 nació el cuarto hijo. Le pusieron Salvador Jorge, enseguida le quedó Jorge, a secas.

    A mediados de los ’70, cuarenta años después de la llegada a la Argentina, María y Humberto vivían a su modo la efervescencia camporista. La casona de Cachimayo solía ser escenario de reuniones acaloradas. Dos de sus hijos formaban parte de la Juventud Peronista. Hacía tiempo que Juan Carlos Dante Gullo, el tercero, a quien su familia llamaba Dante y sus compañeros Canca, se había convertido en uno de los rostros más conocidos de la agrupación juvenil del peronismo. Era el dirigente de la JP, regional 1. Jorge, el menor de los cuatro, había seguido su camino. Fanático de River, jugaba al fútbol en el club Oeste, de José María Moreno y Alberdi. “Era un muy buen cinco, un buen centrojás. Lo habían venido a buscar de Ferro”, lo recuerda hoy Dante.

    El dirigente de la JP fue arrestado en abril de 1975. La detención de su hijo Dante hizo aflorar el carácter de María, su impulso maternal. Se convirtió en una de las mujeres más activas de la Comisión de Familiares de Presos Políticos. La conocían en Villa Devoto, sabían de ella en el penal de máxima seguridad de Sierra Chica. María organizaba a los familiares de otros detenidos para viajar juntos hasta la cárcel del sur bonaerense.

    La tarde del 5 de agosto de 1976, María conversaba con su marido cuando escuchó ruidos en el fondo de la casa. Pensó que era la hora del cambio de turno en la fábrica de cocinas Volcán. Pero no eran obreros que entraban o salían por el cambio de turno. La calle estaba ocupada por una patrulla militar. Zona liberada. De pronto, sin que Humberto pudiera hacer nada, el patio trasero se había llenado de individuos con armas largas. Venían a secuestrarla.

    Dante estaba detenido en el “pabellón de la muerte” de Sierra Chica. Lo integraban miembros de la JP, Montoneros, el PRT y el ERP. A los dos días del secuestro de su madre, un guardia del Servicio Penitenciario que en secreto simpatizaba con la JP se acercó a su celda. Lo preparó para lo peor. “Me parece que hay problemas con tu vieja.” El penitenciario le mostró un pedido de hábeas corpus firmado por su padre y por uno de sus hermanos. El hábeas corpus había sido publicado en Clarín. Dante escribió una carta dirigida a Albano Harguindeguy: “La cosa es conmigo.” Pidió que dejaran libre a su madre. Que hicieran con él lo que quisieran. La carta salió de la cárcel en secreto. Fue remitida por otro miembro del Servicio Penitenciario; la despacharon desde el correo de la localidad vecina de Hinojo. Nadie se hizo eco del pedido. Tampoco hubo respuesta.

    María no volvió a aparecer con vida. Jorge pudo salir del país después del golpe. Participó en la campaña internacional para denunciar las violaciones a los Derechos Humanos. En abril de 1979 volvió al país con la primera contraofensiva montonera. Lo secuestró un grupo de tareas de la ESMA. “Murió después de varios días de tortura”, dice su hermano.




Historia repetida en miles de hogares. La dictadura sembró muerte a mansalva, a cambio del silencio y la complicidad de los sectores civiles que se enriquecieron con la implementación de las políticas neoliberales en nuestro país. Clarín y La Nación, sus directivos y accionistas tienen mucho que explicar al respecto...



Daniel Mancuso

buscador

Búsqueda personalizada

aguantan

Gaza nos duele

Gaza nos duele

blogs

hermanos

hermanos

blogs N - Z

blogs F - M

blogs CH - E

blogs A - C

incorregibles

incorregibles

en vivo

en vivo
clic en la imagen

medios y democracia

ilumina

ilumina
clic en la imagen

hijos de mierda mal nacidos

hijos de mierda mal nacidos