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martes, 20 de mayo de 2014

1.000.000 DE AMIGOS





Casi sin darme cuenta, como en un sueño, fui cosechando cientos de amigos, algunos de carne y hueso, otros de bytes, pero todos compañeros en el camino de desentrañar las mentiras que nos atan a la injusticia. Nos conocimos en la red y en la calle, en las marchas y debates por la Ley de Medios y otras escaramusas. Aprendimos que como en la vida, la batalla cultural es un duro desafío que no se termina nunca. Intentamos combatir las zonceras que nos llueven a diario, aunque es dificil enderezar la torcida espiral opositora, contrera, cipaya, que a cada minuto se retuerce patética, rastrera, hipócrita, llena de cinismo.

Este blog que empezó siendo una bitácora personal para rescatar del olvido hechos felices y dolorosos que me constituyen como argentino, se fue transformando poco a poco, desde el comienzo allá por noviembre 2007. De esos primeros momentos periodísticos rescato está crónica que no termina...

ERA UNA CHICA FLAQUITA

Por ella y por todos los que no están, y por los que sí estamos y por los que vienen, ¡salud! y a seguir peleando y buscando utopías perdidas u olvidadas, y las que algunos quisieron y aún quieren desaparecer...




















Daniel
Mancuso





lunes, 11 de junio de 2012

GUILLE





¿Qué es un amigo?

Un hermano de distinta madre. Una elección. Libertad. Continuidad. Certidumbre. Compartir las mismas preguntas. Conjuntar las mismas dudas. Los mismos silencios. El abrazo del encuentro. La mano el hombro la espalda la oreja los ojos la boca a tiempo. Caminamos sueños parecidos. ¿Quéhacéshijodepúta? La sonrisa, siempre la sonrisa.

La memoria viaja... las noches corriendo por la costanera sur, filosofando al trote, desafiando a los pulmones y el frío, con zapatillas de marca y el corazón a 140... Un par de bicicletas deambulando por la ciudad casi vacía de los sábado a la tarde, o los jueves, o los martes... La aventura cronometrada de la Reserva ecológica, a la carrera, peleando fatigas, calores, y pozos.

Uruguayo raro que casi no tomaba mate. El departamento prolijo, vestido de arte, pequeña exposición para elegidos. Esculturas rescatadas de volquetes y basuras. La geométrica búsqueda de tus cuadros que no creyeron en tu talento. La mujer que no está. La que está y no es. La que pudo ser. Las infinitas películas que viste, las que vimos en un cine de Lavalle. Café con leche, en la cocina, a las 5 de la tarde, pan con manteca y dulce de leche. Debate sobre la soledad, el amor, las mujeres, en cualquier lado. La tranquila certeza de la paciencia, la confianza, el aliento. Treguas, meses sin hablarnos. La patética ausencia urbana. Perdidos en la misma ciudad, tan pequeña, tan distante. Reencuentros y reproches, tan necesarios, tan repetidos, como la receta del café instantáneo batido, con azúcar.

La inexplicable última ausencia, una gripe, un estrés, una neumonía, una incognita. Las preguntas, la policía, la puerta abajo, el perro a tu lado, la tele encendida, la hornalla también, tu inerte horizontalidad. Tu imagen en la memoria, tu tristeza rastreando la felicidad que nunca llega.

Ay, hermano, qué pena, que la última carrera la hayas corrido tan solito...




Daniel Mancuso



sábado, 15 de octubre de 2011

PERFIDIAS








Un nuevo tiempo se avecina, como siempre incierto, como todos los tiempos que hicieron los pueblos forjando su historia. Tensiones. Ruidos molestos. Equilibrios inestables. Dudas y certezas peleando por prevalecer, insidias de cuarta generación que avanzan a paso constante ingnoradas por los millones de consumidores pasivos, inermes. Tiempo esperanzado y preocupante, por las incognitas que plantea, por los posibles que ofrece, por la irredenta calidad vital que nos pertenece y nos exige pelear para poseerla y gozar del paraíso antes de irnos quién sabe adónde.

El mundo está loco, dicen, parece, da la impresión, se siente, se intuye. No es el mundo, son los hombres y mujeres que se autodestruyen, dicen, parece, da la impresión, se siente, se intuye. NO, hay distintos grados de responsabilidad, son los gobiernos y las poderosas corporaciones quienes deciden nuestro destino, dicen, parece, da la impresión, se siente, se intuye.

¿Qué pasaría si Irán, Afganistán, Libia, Irak, cualquiera, tomara represalias con un ataque similar al que ellos (sus pueblos) sufrieron, contra instalaciones estadounidenses?

¿Por qué las acciones, las conceptualizaciones de las mismas, las valoraciones sobre verdugos y destinatarios, son casi siempre unívocas, indefectiblemente favorables a sus mentores?

¿Que invisible designio divino impuso tan perverso curso de acción de la historia presente?

¿Por qué, Hamlet, decime, por qué?

Cuántas preguntas, cuánta impotencia indignada. Vuelvo a la Argentina, que es lo que conozco.
Con el patético incidente en GORILA A DOS VOCES?, con la intolerancia y las crispación develadas, con las trincheras cavadas por el filo Falaz sofo TOMÁS ABRAHAM, y las mediocres categorizaciones del camaleónico Jorge Lanata, podemos inferir que algo se ha roto: la impunidad está desnuda, como el rey.

No es una batalla ideológica inconducente, no es la teoría de los 2 demonios recurrentemente enarbolada por los nostálgicos desahuciados, ¿es quizás la pugna entre el bien y el mal de que habla la Biblia?, o tan sólo el castillo de naipes que se cae por su propia incapacidad tectónica, lo que el viento se llevó, y la historia ya no la escriben más quienes estaban acostumbrados a ganar.

Es cierto que se puede, pero hace falta decisión y coraje. Y de eso tenemos bastante.

Quizás sea cierto que el imperialismo y todos los reaccionarios son tigres de papel...

Es cuestión de tiempo.


Daniel Mancuso

miércoles, 5 de octubre de 2011

SUEÑOS Y PESADILLAS








Quizás no se enteraron, en Grecia lo único que no se vendió es el Partenón. Tiene muchas grietas y cuesta mucho mantenerlo con sus cascotes y rajaduras así como viene aguantando hace siglos, y con el precio de las entradas, aun altas para los visitantes de todo el mundo, no es redituable su privatización. No es negocio, ¿vio? Mejor fueron por las empresas públicas, por el recorte a las jubilaciones, los empleos estatales, la renta, esas cosas, ahí está el lucro. Menem lo hizo, remember?

Volvamos a nosotros. Hay gente que hace y otra que critica. Hay gente que construye y otra que desarma y sangra. Hay pródigos albañiles de la historia y aterradores pregoneros de las inciertas 7 plagas por venir. Hay sueños y pesadillas.

Tormenta de sensaciones. De la bronca a la indignación, de la indignación a la pena. Tal vez lo hagan honestamente, ¿por qué no?, ellos creen en lo que dicen. Pero están confundidos, están equivocados. O no, lo hacen a propósito, saben que defienden a quienes defienden, que atacando al gobierno defienden intereses ajenos al bien común, proclives a la ganancia fácil de los privilegiados gestores de la injusticia social.


1
Falta poco para las elecciones y las cartas están echadas. Sin embargo, en la tele vemos a los agoreros opositores anunciando catástrofes. Ayer, por ejemplo, vi a Marcelo Longobardi y Juan Pablo de Pablo, en C5N. Vi a Javier González Fraga en América 24 con Gustavo Sylvestre. Escuché a Ricardo López Murphy con Víctor Hugo, en radio Continental. Marcelo Bonelli, dale que te dale, en TN, en Clarín... Todos dando consejos sobre qué hacer con la economía, con el dólar, con la inflación, con la crisis que se nos vienen encima y nadie del gobierno se dio cuenta de que se hace de noche en que seremos aplastados por un camión, todo se derrumbará y el sueño kirchnerista nos dejará a todos despiertos y amontonados sobre las ruinas de la república perdida por unos irresponsables.


2
Paren un poco muchachos. Ayer, la Presidenta presentó el Plan Estratégico Industrial 2020. Parece que nadie de esos cráneos la escuchó. Durante un acto en Venado Tuerto, Cristina Fernández presentó el plan que propone crear 1.000.000 de puestos de trabajo, aumentar la inversión al 28% y sustituir el 45% de las importaciones, entre otros puntos destacados. El lanzamiento se realizó en el marco de la inauguración de la fábrica de Corven Motors, junto a gobernadores, empresarios y miembros de su gabinete.

El acuerdo principal es sobre el rol del Estado. Cuando el Estado dejó de defender la industria, no era una ausencia; era un Estado muy presente en defensa de intereses que no eran los de los trabajadores, los de los argentinos”, dijo Cristina.

    «... Yo quiero, como dije que iba a ser la presentadora del Plan, pasar a lo que constituyó el Plan esencialmente y las metas y quiénes participaron. Participaron 11 sectores, 11 foros que constituyen el 80 por ciento del PBI nacional: alimentos, en tres subsectores, como son avícola, lácteo y porcino; cuero; calzado y marroquinería; textil y confecciones; foresto industrial; automotriz; autopartista; maquinaria agrícola; bienes de capital; material de construcción; químicos y petroquímicos; medicamentos de uso humano y software.

    »Estos 11 foros, 11 actividades, constituyen el 80 por ciento del Producto Bruto Industrial argentina. Más de 100 cámaras empresariales, 20 sindicatos de trabajadores; 20 universidades y centros tecnológicos; las 24 jurisdicciones, nuestras provincias; 6 ministerios nacionales y se validaron los objetivos cuantitativos del Plan Estratégico Industrial 2020 muy importantes y que es: pasar de una inversión del 24 por ciento al 28 por ciento.

    »Quiero decir sobre esto porque uno lee muchas veces en letra de molde el tema de la inversión, pero quiero decirles que hoy la Argentina tiene la tasa de inversión más alta del Mercosur y somos en el primer trimestre del 2011, el segundo país de Latinoamérica con mayor crecimiento de la inversión.

    »Esto es bueno para saber, y también tenemos un importante aquí nosotros a través del Banco Nación, también a través de los proyectos de Bicentenario, pero que el nivel de inversión viene muy bien, pero tenemos que lograr mayor nivel de inversión y mayor nivel de innovación tecnológica.

    »El otro objetivo es duplicar el PBI industrial, llegar en el 2020 a 140 mil millones de dólares esa es la meta de PBI industrial; crear empleo porque si hemos creado 5 millones de empleos, tenemos que crear un millón y medio de empleos más para poder llegar a una tasa de desocupación, de acuerdo con el crecimiento vegetativo, del 5 por ciento, que puede considerarse una tasa de pleno empleo porque se lo considera por rotación natural del trabajo, es la que tienen todos los países desarrollados y estamos en un 7,3, las más baja creo de ya hace más de 20 años en cuanto a desocupación y también con una creciente participación de los trabajadores en el Producto Bruto Interno. Sustituir importaciones por el equivalente al 45 por ciento de lo importado hoy; importaciones por 139 mil millones; exportaciones por 167 mil millones de dólares y un superávit de 28 mil millones de dólares. Esto son los objetivos...»


3
Apenas hace unos días, en un acto, la Presidenta presentaba el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial, en el que dijo:

«¿Qué fue lo que pasó? Y bueno, pasó que, creo que tal vez había intereses en que la Argentina no fuera lo que puede ser y lo que debe ser y algunos que colaboraron de adentro y otros que, tal vez, por eso que yo llamo subordinación cultural y que yo espero que termine finalmente en este tercer centenario, creyeron que era mejor lo que venía de afuera que lo que nosotros mismos podíamos producir».


4
Será tiempo de que los señores de las malas noticias, deshonestos intelectuales, de corazón colonizado y billetera caliente, dejen de machucarnos los sueños. Amigos, el inconciente nunca se equivoca, uno sueña lo que vive en la vigilia. Les aseguro que todas las noches tengo sueños hermosos, soles y sendas de caramelo, poblados de canciones y carcajadas. Sueño que sueño un sueño de millones de sueños que me sueñan, y que tanta coincidencia nos despiertan en un país soñado, con sueños realizados.



Daniel Mancuso

miércoles, 3 de agosto de 2011

MUCHAS NOTICIAS






Hay un mundo allá fuera que no existe. ¿Dónde está el sol que no lo veo? Estoy asustado.

La semana pasada me quedé evitando el caos de transito que me atragantó el desayuno. Apagué y seguí durmiendo.

Los crímenes se multiplican cada mañana y la sangre no para de correr hacia las alcantarillas. Ya le conté a mi analista que la escena es recurrente. Dice que me tome vacaciones. Pero también sueño en las vacaciones. Y despierto es lo mismo. Es una angustia acá, en el medio, y luego sube, y me ahogo. No lo ví pero cuentan que sucedió. Un señor preocupado me dice que es un escándalo irrespetuoso. Algo hay que hacer. La chica del noticiero ya no me excita. Es cierto, estamos indefensos, me parece. Aumenta la inseguridad. Lo único bueno es que no la veo. Tengo el cielo enrejado del otro lado de la ventana. La violencia acecha mientras me entreno en fintas y zigzagueos. Me dicen que está cerca, con eso me alcanza para comprar candados y cámara de seguridad. No necesito tener cáncer para saber que existe, ¿no? Gracias a dios, tengo un poco de sentido común, pero otros...

Anteayer tuve frío, no pude mirar la temperatura en la pantalla y salí desabrigado. Me compré ese tecito de la propaganda que el tipo toma y se cura al instante. Creo que no voy a morir.

Quiero llegar a casa rápido, mirando hacia abajo para que no me hablen ni me pidan ni me toquen. Debo cerrarle la puerta a un extraño o un conocido inesperado. La seguridad bien entendida no hace concesiones. Ayer, sin darme cuenta me quedé afuera, yo mismo no me reconocí, hice caso omiso a las súplicas, pensé que querían engañarme imitando mi voz. Mi esposa me abrió, desobedeciendo la consigna. Ahora, estamos en crisis.

El domingo me animé y fui a votar. A la salida me regalaron un globo amarillo.

Cuentan que Europa y Estados Unidos se derrumban. ¿Adónde escaparemos? ¿Se viene la fine del mondo? Y acá dicen que estamos bien. No les creo. Voy a encender la tele, a ver qué puedo hacer. No me van a agarrar desinformado. Conmigo, no. ¿entienden? Conmigo, no.



Daniel Mancuso

viernes, 1 de julio de 2011

UN VIEJO, EL VIEJO, NUESTRO VIEJO






Ese lunes estaba nublado. Esperábamos, en el aula del segundo piso de la escuela nacional de educación técnica nº1 de Lanús, que llegara el profesor de no me acuerdo qué materia. Volaban algunas tizas de adelante hacia el fondo y viceversa, era una batalla muda desatada por los resultados del futbol del fin de semana: a cada burla de un lado, un misil desde el otro, para dirimir rivalidades irreconciliables. Marcelo, el preceptor, llegó y nos dijo que nos fuéramos a casa, que no habría más clases porque había muerto Perón. No hubo festejos por rajar antes, nadie dijo nada, agarramos las cosas y salimos. Era 1 de julio de 1974.

Con mis coloridos 14 años ─mi saco blanco tiza con cuadritos negros, corbata de distintos tonos de verde con arabescos, un pantalón oxford piel de durazno, rosa pálido, y zapatos con plataforma marrones con puntera negra─, mis carpetas y mi regla T, como el resto de mis compañeros del industrial, fuimos bajando las escaleras en silencio, respetuosamente, porque intuíamos que ese nombre que no se podía mencionar delante de algunos profesores, esa palabra prohibida (que despertaba tanto odio en unos, y tanta admiración, amor, respeto, en otros) era algo importante.

El Presidente fallecido no era cualquier presidente. Fue 3 veces elegido por su pueblo. El muerto no era cualquier muerto. Era la mitad de "Perón y Evita", las patas en la fuente, cabecitas negras y descamisados emergiendo del subsuelo de la patria sublevado, dignidad y trabajo para los olvidados, bombardeados en la plaza de Mayo, fusilados en un basural, perseguidos y proscriptos, 18 años de exilio y un retorno anhelado.

Dicen los humildes: "el hacedor de los mejores años de nuestra vida de laburantes".

Maldicen los privilegiados: "es el culpable de todos los males argentinos".

¿Se puede ser tan malo y tan bueno a la vez? ¿Por qué millones lloraron con su regreso? ¿Por qué millones lloraron por su viaje sin regreso?

Todo era silencio. Las calles enmudecieron, los pájaros dejaron de cantar, los colectivos nos dejaron a pata. Fui con algunos compañeros hasta la estación, crucé las vías y llegué a casa treinta y cinco cuadras después.

En el trayecto, pensaba en mi tristeza nueva, en los pobres que lo tenían colgado en un cuadrito, arriba de la cama, en mi profesora de inglés que amenazó con un 1 a quien osara pronunciar la palabra maldita en su clase. Era mi primer muerto fundamental, la primera gran pelea con el destino, el disparador de preguntas sin respuestas definitivas. El peleador de todas las batallas. El Eternauta, de carne y hueso. Un héroe.

Pensé en mi viejo inmigrante pobre devenido en ferroviario honorable en tiempos de Juan Domingo. Silvé la marcha peronista que me ponía la piel de gallina cuando Hugo del carril aparecía en el aire del barrio. Palpé los paredones pintados con su nombre que siempre "vuelve". Vibré en la magia poderosa de 5 letras que millones de compatriotas gritaron con el acento cambiado. Me mezclé con hombres y mujeres simples, que lo quisieron como a un padre, vivieron y laburaron con su voz brújula señalando el porvenir deseado, que murieron con su fidelidad sin fisuras en manos de los "deslibertadores" asesinos y sus intolerantes discípulos posteriores...

Mamá se extrañó al verme. Su mirada preguntó qué hacía yo tan temprano. La italiana de cara buena me escuchó con atención: le conté la noticia, le expliqué la tragedia, le dije que se había apagado una esperanza, un símbolo, una bandera, que muchos argentinos hicieron volar con orgullo y por defenderla de la traición regaron antes y después con su sangre sufrida nuestra querida tierra maltratada.

Me dijo, dulcemente: nene, yo viví esa Argentina, yo sé de qué se trata.

El "viejo" era contradictorio. ¿Quién no? Lo admiramos, lo criticamos, lo amamos, lo queríamos matar, a veces. Como Gardel, como San Martín o Belgrano, fue más que un tipo destacado que hizo cosas para nosotros. Él era todo lo grande: "El general", "El macho", "El lider", "El primer trabajador"... era luz, y sombra. Gobernante, estadista, procer, faro, síntesis de la historia y la política de nuestro pueblo, en el siglo xx. Durante décadas nos atravesó por el medio del alma y nos dejó una huella indeleble, un resumen de la patria hecho mito, o como diría mi amigo Gustavo, "la argentinidad al palo".

Murió el viejo, y dicen que cuando muere el viejo de uno, el querido referente, la estantería se tambalea, se nos mueve el piso, y tenemos que reencontrar el camino.

Hace tiempo que andamos detrás de su huella...




Daniel Mancuso

miércoles, 23 de marzo de 2011

12775 DIAS Y NOCHES



Lloré cuando me fui lejos. Lloré antes, cuando quemé "La Ultima mujer y el próximo combate", "Táctica y estrategia", "Sobre la contradicción", "Las venas abiertas"... cuando enterré los discos de Viglietti. También lloré
porque mi madre lloraba por los allanamientos y los destrozos.

Lloré, con el alambre en las muñecas y los voltios incitando delaciones. Lloré con esa chica flaquita y cuando me abandonaron en el charco cerca de casa esa madrugada. Lloré cuando mataron a Beto, a Antonio, A Yogui, al Tata...

En 1976, civiles y militares se confabularon con la muerte. Un grupo selecto de canallas diseñaron los prolegómenos de la tragedia más bochornosa de nuestra historia, y después dieron rienda suelta a la improvisación y el escarnio.

Colapsaron los buenos valores; ganó la desidia, el escepticismo, el vale todo. Mejor no hablar de ciertas cosas...


¿Sabe usted dónde está su hijo en este momento?


La vida latía azorada ante tanta perversidad colectiva. Hubo indiferencias ubicuas, los autos verdes de Henry Ford cargados de sombras a la caza de herejes, desvelos de angustias prolongadas, disparos en las noches y en los días que nadie oía, exilios mudos, ausencias negadas por el miedo, borbardeos de prisioneros drogados al Río de la Plata, el mundial hipnótico del gauchito, silencios cómplices, resistencias inermes, una guerra embriagadamente descabellada, desesperanza...


Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos...


Una habitación pequeña, una ronda, una víctima en el centro. Las miserias escondidas en el barro infecto del corazón humano explotaron en una nube tóxica. Taparon el mundo. Una liberación brusca de gran cantidad de odio encerrado en un volumen relativamente pequeño de seres abyectos, produjo un incremento violento y rápido de la represión asesina, con desprendimiento de calor, luz y gases de cuerpos mutilados.


Los argentinos somos derechos y humanos...


35 años son 12.775 días, igual cantidad de noches. Ni el tiempo ni la distancia pudieron corroer la infamia, la dictadura genocida sigue con nosotros. Miles de amaneceres no alcanzaron para terminar con la noche larga de la impunidad. Todavía 30.000 patriotas siguen en el no lugar de Videla, 400 nietos flotan en el limbo de la duda, 2 hermanos esconden el ADN de la verdad pisoteada. Miles de juicios se perdieron en los vericuetos de los tribunales.


El diario más vendido manipula las palabras y las ideas. La tele más vista oculta verdades y hace propaganda pérfida. La radio más escuchada repite las palabras, las ideas y las perfidias. Los jefes no quieren obedecer la ley, los editores mienten descaradamente, los escribas colaboran genuflexos; los abogados apelan, prorrogan, aducen, chicanean. Los jueces sobornados fallan a favor de los intereses de la Noble familia.


Cada 24 de marzo, millones de argentinos memoramos las lágrimas y los duelos. Resucitan los ausentes, sonríen en la plaza de las Madres. Cantan con nosotros en la garganta de un pibe, una piba que nació años después de la masacre, que retoman las banderas viejas que son nuevas, en busca de las utopías perdidas u olvidadas, y las que algunos quisieron y aún quieren desaparecer...


Daniel Mancuso

sábado, 4 de septiembre de 2010

¿QUÉ NOS PASÓ?



Querida hija,

Cuando era chico pensaba que era posible un mundo mejor. La señora desconocida me saludaba, al pasar por su puerta. Ese señor me sonríó y me devolvió el buenas tardes que le largué de improviso, volviendo de la escuela.

Mi viejo paraba el auto si alguien tenía un problema en la calle. Una tarde un perro mordió la manito del hermano de Leonardo, que vivía enfrente, y lo llevó al hospital, y eso que no se hablaba con la mamá ni con el papá de Leonardo, porque eran malos bichos, envidiosos, y encima después de todo no le dieron ni las gracias.

Las paredes tenían leyendas sobre un señor que volvía pero no lo dejaban. Las fábricas estaban por todas partes, y siempre había batifondo porque los patrones hechaban obreros. Los generales tenían bigotes de morsa y hablaban como emperadores. Mi viejo decía que si volvía el señor que estaba lejos iba a haber festejos y rajaría a las morsas. Nunca más sentí tanta fuerza en un par de letras negras gritando utopías desde un paredón cualquiera. Mística.

En cada cuadra al atadecer, los vecinos tomaban las calles. Eran islas de 3 o cuatro personas, o más, desparramadas en las veredas. Sentados en unas sillitas de madera y mimbre, tomaban mate, hablaban con otros vecinos que hacían lo mismo en la puerta de cada cual, miraban el ocaso, tomaban aire. Había más gente afuera que adentro. Un día, una caminata aleatoria me llevó lejos de casa. Vi una pareja de abuelos sentados, conversando, y les pedí un vaso de agua. Ella dejó todo en el piso, se fue adentro, las puertas abiertas, y regresó con el líquido fresquito y una manzana de premio. El abuelo me había hecho sentar y me convidó un biscochito. Confianza.

Festejábamos Carnaval cada febrero. Subíamos al Rastrojero de mi tío con baldes llenos agua y bombitas para perseguir a las chicas de otros lares que nos esperaban agazapadas detrás de los árboles para una contraofensiva acuosa y risas vengativas. Alegría.

Flotaba en esos días un espíritu cordial, relajado. Cada tanto, las calles estaban movidas y los jóvenes se hacía oir, y a veces, apedreaban a las gorras azules que se ponían delante del camino. Fervor.

¿Qué pasó entre esa convivencia de almas abiertas y las rejas actuales que nos encierran la vida? ¿Por qué me miran desconfiados cuando coinciden nuestros cuerpos en el espacio, cuando me acerco en un esporádico cruce de destinos ciudadanos, cuando pregunto la hora? Miedo.

Cuántas penas soportamos entre aquellas fábricas humeantes y estas manos revolviendo basuras. Tragedia.

Dicen que pasó un Tsunami en etapas, primero fuerte y demoledor, sangriento; después liviano y burbujeante como las espumas del Champagne en las copas de los ricos. Dicen que el viento del consumo falaz les borró los recuerdos del país familia y cada cual cayó en una especie de amnesia autista. Todos nos contagiamos un poco, y alguna huella nos quedó del vientito ese. Soledad.

Menos mal que algunos le pusieron el pecho a la brisa neoliberal y no se enfermaron tanto, y pudieron resistir los gobiernos autoinmunes que asolaron estas tierras. Sin embargo, cada día compruebo los efectos devastadores del tsunami aquel. Egoismo.

El viaje en el subte suele ser un océano de miradas perdidas. En el colectivo, se sentó alguien a mi lado y 50 minutos después no podría confirmar si era hombre o mujer, si vestía de oscuro o con sombrero. Qué retracción. Como un astronauta que se soltó de la cuerda de seguridad y navega por las infinitas aguas del silencio y se hace chiquito chiquito mientras se aleja hacia mundos vacíos, muertos.

Las anteojeras se multiplicaron invisibles. Algunas son portátiles. Las hay con 2 auriculares con un cable conectado a un aparatito que emite música fuerte y abstrae al dueño de los seres circundantes. Las hay con un teclado con letras y números para enviar y recibir mensajes, y ocasionalmente hablarle a una persona que no se encuentra cerca. Hay anteojeras grandes, con 4 ruedas, que llevan gente adentro. Algunas con vidrios oscuros para atravesar la ciudad sin ser identificado y conservar el anonimato.

Hubo una paulatina pérdida de visión. La ceguera colectiva se hizo incontrolable, como una mancha de petroleo en el mar. Algunas cosas se volvieron difusas. La niebla menefreguista las devoró. Cuerpos hediondos tapados con diarios o cartones respiran amaneceres fríos en zaguanes y plazas, pero nadie se detiene. Debajo de un árbol, hay una familia, una casa con living, comedor, dormitorio y servicios, todo chiquito, mínimalista. La gente pasa al costado de los seres que no son, que no están, que no existen porque nadie repara en lo que no se ve. Se volvieron invisibles.

En muchos lugares, cuando uno va de visita, hay un señor adentro de una casita con vidrios que permiten que no sea visto aunque él puede vernos. Tiene un timbre y un micrófono: con este nos habla aunque podría hacerlo sin él si asomara la cabeza; con aquel abre o no la puerta de entrada si logramos convencerlo de nuestra inocencia, previa entrega de documentos y certificado policial de buenos antecedentes.

Las noches sí, se parecen a las de mi tierna infancia. Pero hay una diferencia, antes sólo los chicos teníamos miedo a la oscuridad, a una sombra. Ahora son los grandes los que ven el cuco por todas partes, pegan un grito quizás, por un gato que sin querer pisó una ramita que parecía denotar la presencia del hombre de la bolsa a punto de secuestrar a la señora que se bajó del auto con el corazón en la mano mientras su marido esgrime una escopeta al costado del portón y el nene mayor cronómetro en mano toma el tiempo de la supuesta proeza.

No entiendo porqué al llegar a casa, mi suegra irritada repite la gastada frase: ya no se puede vivir más. Y me empuja hacia la tele para que vea los crímenes repetidos que yo ya ví a las 7 de la mañana antes de salir a trabajar, y los volveré a ver antes de acostarme y mañana al desayuno. ¿Será que tienen el disco rayado o se les trabó la compactera? Es cierto que el público se renueva pero hace 40 años que hay una vieja almorzando por televisión con los mismos invitados. No se aburren los televidentes de escuchar las mismas preguntas de la señora, cada vez más arrugada y más absurda.

Me encontré los otros días, en la feria del parque, con una compañera de la primaria. Qué lindo. Nos abrazamos al principio, pero reculó enseguida, ya no es la nena de guardapolvo almidonado y no corresponde hacer esas manifestaciones afectuosas, después de 9 lustros, a pesar de que nos habíamos sentado juntos desde primero a sexto grado. Vive a sólo 5 cuadras de casa. Me pidió el feisbuk para que nos contemos nuestras cosas. La invité a casa pero dijo que no tiene tiempo, que mejor un mail y así estamos conectados.

Tengo un montón de amigos queridos que viven en la ciudad a minutos de distancia, pero a siglos de encuentros sin tensiones, por estar no más. Pareciera que los encuentros porque sí han pasado de moda, que no tiene mucho sentido gastar el tiempo para mirar a los ojos a un ser querido, y tener ganas de escucharlo, no importa lo que diga, escucharlo. Y viceversa, claro. Si es amigo pensamos igual en algunas cosas, pero ante todo la reciprocidad. Lástima, viven muy ocupados, ni el correo electrónico contestan.

Empero, el ágora no se perdió. Hay un sitio donde podemos ser cada uno, y ser muchos, y ser uno todos juntos. Y pensar en el otro por un momento. Y sentirnos como en casa, codo a codo, muy apretados.

Gracias a Dios volvieron las marchas. Volvió la calle a cobrar sentido. De tanto en tanto, le ganamos el asfalto a los autos y colectivos. Agitamos banderas, cantamos un poco o mucho según la garganta, y volvemos a casa repletos de esperanzas (después del orador o no, no es lo más importante). Allí encontrar una cara amiga es una fiesta, a los gritos en los oídos para que el otro nos escuche. Estar juntos y perdernos luego, sin darnos cuenta. En ningún otro lugar se goza tanto estar rodeado de desconocidos como en una marcha. Jamás disfruté los ruidos de ese modo, los bombos y las explosiones, como cuando se mezclan mil cantos y consignas todas juntas. Nunca. Es un sentimiento que vuelve desde el pibe que fuí, allá lejos y hace tiempo.

Parece que algunos recuperamos la memoria y las ganas de recuperar lo que perdimos, lo que nos falta...

Daniel Mancuso

viernes, 18 de diciembre de 2009

PA ´TRÁS



Venía pedaleando tranquilo, eran las 9 y pico de la noche, por la calle Olleros. En los auriculares sonaba el sargento pepper. Al cruzar Fraga, siento aproximarse desde atrás un 93 que acelera y pasa a mi derecha a escasos centimetros de mi atribulada humanidad. La sorpresa de la maniobra casi me aplasta contra una camioneta estacionada a la izquierda, contra el cordón. Casi me hago sánguche. El humo negro me tapó la bronca. Ira. Lo sigo...

El ácido láctico se hizo presente, ¿Por qué me pasó tan encima si tenía toda la calle para él? Me agito, ¿No me vio? se aleja, ¿Odia a los ciclistas?

Yo iba con casco y luz de posición roja, intermitente. ¡Entonces, el colectivero lo hizo a propósito! No dude mucho. Lo perseguí 200 metros hasta el semáforo de Córdoba, lo increpé y le pegué al espejo grande del costado, me escupió desde arriba y arrancó. Dobló por Alvarez Thomas, frenó en Lacroze. Volví a golpear su espejo, volvió a escupirme. Yo a los gritos clamaba justicia, indignado.

Un tipo, pelado, 60 años, se erigió en representante de la asamblea móvil, se asomó por una de las ventanillas y me gritó: ¡Tomátelas, que quiero volver a mi casa, dejá de joder, tarado!

Le expliqué que casi me mato contra una camioneta por imprudencia del conductor que quizo esquivar un bache en la cuneta de Fraga, y ni siquiera se disculpó. Siguió maldiciéndome. El colectivo venía lleno. Nadie me defendió, nadie soltó una voz disonante. Todos los silencios me pedían que me fuera, basta ya.

El bondi arrancó, interno 33 de la línea 93. Me quedé en medio de la avenida, vacío, triste, contrariado. Yo tengo razón, soy la víctima, y la sociedad indolente que me rodea mira para otro lado, como cuando se llevaban a un chico durante la dictadura y los vecinos bajaban las persianas.

Miradas atónitas, domesticadas, sudaban desde sus asientos, agarrados del caño, "Yo no me meto"... "No me importa"... "Ya está, sigamos"...

Así, vamos pa´trás.



Daniel Mancuso


miércoles, 1 de julio de 2009

EL VIEJO



El año pasado escribí lo que sigue (hasta que no se me ocurra otra cosa, cada 1 de julio, haré el ejercicio de cambiarle la fecha y re publicarlo) y quiero compartirlo...

Ese lunes, 1 de julio de 1974, estaba nublado. Esperábamos, en nuestra aula del segundo piso de la escuela nacional de educación técnica nº1 de Lanús, que llegara el profesor de no me acuerdo qué materia. Volaban algunas tizas de adelante hacia el fondo y viceversa, era una batalla muda desatada por los resultados del futbol del fin de semana: a cada burla de un lado, un misil desde el otro, para dirimir rivalidades irreconciliables. Marcelo, el preceptor, llegó y nos dijo que nos fuéramos a casa, que no habría más clases porque había muerto Perón. No hubo festejos por rajar antes, nadie dijo nada, agarramos las cosas y salimos.

Con mis coloridos 14 años, mis carpetas y mi regla T ( y mi saco blanco tiza con cuadritos negros, corbata de distintos tonos de verde con arabescos, un pantalón oxford piel de durazno rosa pálido y zapatos con plataforma marrones con puntera negra), como el resto de mis compañeros del industrial, fuimos bajando las escaleras en silencio, respetuosamente, porque intuíamos que ese nombre que no se podía nombrar delante de algunos profesores, esa palabra prohibida (que despertaba tanto odio en unos y tanta admiración, amor, respeto en otros) era algo importante.

El presidente fallecido no era cualquier presidente. Fue 3 veces elegido por su pueblo. El muerto no era cualquier muerto. Era la mitad de "Perón y Evita", las patas en la fuente, cabecitas negras y descamisados emergiendo del subsuelo de la patria sublevado, dignidad y trabajo para los olvidados, bombardeados en la plaza de Mayo, fusilados en un basural, perseguidos y proscriptos, 18 años de exilio y un retorno anhelado. Dicen los privilegiados: "es el culpable de todos los males argentinos". Dicen los humildes: "el responsable de los mejores años de nuestra vida de laburantes".

¿Se puede ser tan malo y tan bueno a la vez? ¿Por qué millones lloraron con su regreso? ¿Por qué millones lloraron por su viaje sin regreso?

Todo era silencio, las calles enmudecieron, los pájaros dejaron de cantar, los colectivos nos dejaron a pata. Fui con algunos compañeros hasta la estación, crucé las vías y llegué a casa veinticinco cuadras después. En el trayecto pensaba en mi tristeza nueva, en los pobres que lo tenían colgado en un cuadrito arriba de la cama, en mi profesora de inglés que amenazó con un uno a quien osara pronunciar la palabra maldita en su clase, en mi viejo inmigrante pobre devenido en ferroviario honorable en tiempos de juan domingo, en la marcha peronista que me ponía la piel de gallina cuando Hugo del carril aparecía en el aire del barrio, en los paredones pintados con su nombre que siempre "vuelve", en la magia poderosa de 5 letras que millones de compatriotas cantaron con el acento cambiado, hombres y mujeres simples, que lo quisieron como a un padre, vivieron y laburaron con su voz brújula señalando el porvenir deseado, murieron con su fidelidad sin fisuras en manos de los "deslibertadores" asesinos y sus intolerantes discípulos posteriores...

Mamá se extrañó al verme y su mirada preguntó qué hacía yo tan temprano. La italiana de cara buena me escuchó con atención: le conté la noticia, le expliqué la tragedia, le dije que se había apagado una esperanza, un símbolo, una bandera, que muchos argentinos hicieron volar con orgullo y por defenderla de la traición regaron antes y después con su sangre sufrida nuestra querida tierra maltratada. Me dijo, nene, yo viví esa Argentina, yo sé de qué se trata.

El "viejo" era contradictorio. Pero como Gardel, Yrigoyen o San Martín fue más que un tipo que hizo cosas para todos nosotros. Él era "el general", "el macho", "el lider", "el primer trabajador". Gobernante, estadista, procer, faro: síntesis de la historia y la política de nuestro pueblo en el siglo xx, que durante décadas nos atravesó por el medio del alma y nos dejó una huella indeleble, un resumen de la patria hecho mito, o como diría mi amigo Gustavo, "la argentinidad al palo".

Murió el viejo, y dicen que cuando muere el viejo de uno, el querido referente, la estanteria se nos tambalea y tenemos que reencontrar el camino. Hace tiempo que andamos detrás de su huella...


jueves, 11 de junio de 2009

LA PRIMERA VEZ



Hay cosas en la vida que dejan marcas indelebles: el día que mi hermano me soltó desde atrás y sentí el vértigo de andar solo en bicicleta, las cumbias de los wawancó en el cumpleaños de una vecinita, un picnic en las playas de Quilmes, mi cara con corcho quemado en el acto del colegio vestido de negro farolero, el casamiento de un amigo, la frenada del falcon verde que me secuestró...

Lo demás pasa rápido por la memoria y algunas cosas hasta se pierden por ahí, en algún rincón del olvido. En definitiva, uno mira para atrás y encuentra cuatro o cinco cosas fuertes que brillan desde el pasado, que nos acompañan en el corazón, y nos iluminan el camino.

En estos días, vino a mi recuerdo la imagen de mi mismo hace unos cuantos años, más delgado, más sonriente y despreocupado. Aunque hoy suene raro, lo hice a los 24, es decir, ya estaba un poco crecidito como para no saber de que se trataba. Pero las circunstancias no siempre pueden elegirse, así que, traté de hacerlo lo mejor posible.

En ese entonces tenía una novia, bueno, una amiguita, compañera de facultad, un año mayor que yo, con quien hablaba estas cosas. Ella no estaba nerviosa, yo sí. En mi casa, me tiraba en el divan del living y leía todo lo que caía en mis manos, buscaba, investigaba, trataba de entender. Con mi viejo mucho no podía hablar de eso, él era de otra generación, no daba, no sé, nunca hablé demasiado con mi viejo.

Nos entendíamos con la mirada. Pero sé que sentía lo mismo que yo. Él había ido de voluntario a la guerra, allá en Calabria, con sólo 17 años. Y su juventud y la mía se parecían. Él padeció a los nazis, yo a los genocidas de la dictadura. Él tenía la cicatriz de una granada enemiga en la espalda, yo la cicatriz de la picana en el alma. Los dos éramos lindos, pero demasiado respetuosos con las compañeras de turno. Las cosas, a veces, no terminaban de concretarse, y un sentimiento de impotencia se apoderaba del cuerpo, y la indignación llenaba los poros hasta sentir un ahogo de muerte.

La indignación frente a la injusticia me hizo peronista. Caminando los barrios del conurbano descubrí que los sufrientes de mi patria tenían una foto de Evita en una pared del rancho, o el General a caballo dando la bienvenida cuando entrabas a una casilla. Tenían el pecho repleto de dignidad y los bolsillos vacíos. La mirada clara y decidida como la de los que saben para qué luchan y lo riesgos que corren. Tenían la sonrisa fresca y el corazón abierto para cualquiera. Y la ve, siempre la V en alto, manos cobrizas y gastadas haciendo la V de la Victoria cuando cantábamos la marcha, mirando para todos lados, a ver si caía la yuta o un camión con soldados. Y en esos gritos, cantando la marcha a voz en cielo, nos sentíamos uno, juramentados en defender a la Patria de sus enemigos históricos: los cipayos vendepatria. Qué linda palabra para describir a los turros hijos de puta que nos cagan la vida: ¡cipayos!

Esa mañana me levanté temprano, mientras me afeitaba me miraba y me sentía responsable, ese del espejo iba a hacer un acto heroico. Aunque sonara chistoso era un acto heroico. Estaba contento, mi decisión podía ser una parte, una millonésima parte de una decisión más grande, enorme, que cambiaría la vida de todos. Estaba contento. El futuro, en una pequeña partecita, estaba en mis manos. Misteriosamente podía cambiar la historia. Iba a votar por primera vez.


Daniel Mancuso


domingo, 10 de mayo de 2009

EL GRAN TRUCO NACIONAL



Los recuerdos no siempre son buenos. La adolescencia es una tormenta pasajera (vista a la distancia) pero tormenta al fin. La mojadura parece grata un rato y luego se transforma en suplicio. Sólo un par de imágenes iluminan el gris de la memoria, un oasis en el desierto árido del país donde los pibes se hacen grandes, y el mundo se muestra tal cual es, complicado y cruel.

Aparecen las tardes de Truco y el beso de Adriana Richeri. Debe haber habido otros lindezas, pero ya no me acuerdo. En esa época empecé a militar y de pronto llegó la dictadura y la tempestad. La memoria colapsa, funde a negro.

Todos los veranos, íbamos a la pileta del club Talleres. Primero un chapuzón y juegos de poliladron acuático en la parte baja, asustando a las chicas que no sabían nadar, tocándolas abajo del agua cual tiburones hambrientos. Después venía la parte seca, en las mesas del parque, al costado de la pileta. Pasábamos las tardes bajo las sombrillas, jugando interminables partidos de Truco, rodeados de chicas amigas de mi prima. A mí me gustaban todas, pero no me animaba con ninguna. Sin embargo, jugando al truco me sentía Tarzán, poderoso e invencible. Sonreía a las pibas con aire triunfal, miraba sus dientes hermosos, gozaba las frescuras rotundas de esas curvas doradas, deseadas, inalcansables y tan próximas.

Un día, en "unocincuenta" (la parte media de la pileta, con un metro y medio de profundidad) me crucé con Adriana Richeri, la piba más linda de la escuela y del verano. Sus ojos celestes hirieron mi corazón desde el primer día que la vi en el recreo (yo iba a sexto y ella estaba en séptimo). En un rapto de valentía, le saqué el gorro de baño y escapé nadando, mostrándole el trofeo, salí de la pileta. Ella salió también, para reclamar su prenda. Yo estaba sentado en la parecita blanca viéndola subir, tomada de los caños de la escalerilla, con su biquini celeste como sus ojos, chorreando agua y burbujas de amor. Era la mujer 10, la prefiguración de Bo Derek, más bella que Ornella Mutti, y yo galopaba con mi corazón a 120 kilómetros por hora. Dale, devolveme el gorro. No, si no me das un beso no te lo doy. Y el milagro se hizo realidad. Me dio un chupón inesperado, indeleble, que llega hasta el presente con la magia de la nostalgia. Un chupón y nada más. Se fue, con su culo mojado y su cabello negro, mi sorpresa la siguió hasta que se perdió tras la puerta del vestuario. Esa tarde perdí todos los partidos que jugué.

Hoy, me acordé de esos partidos de Truco, y del talento desplegado para vencer a mis contrincantes aunque no tuviera cartas, mentía con convicción impecable para sumar puntos en los envidos con tres figuras y un quiero retruco no querido. Tal vez, se parezcan bastante el Truco y las elecciones. Toda la vida nacional está pendiente de este juego. Del resultado del partido dependerá para qué lado van los porotos, y eso no es joda. Se gana con argumentos y picardía. Si ganan los chetos, será un duro golpe para los pibes del barrio. De un lado, los que jugamos con la camiseta K, los de abajo; del otro lado, los chantas de guita, los agrandados con mallas importadas de colores fosforescentes, opositores mentirosos, petiteros farsantes y embusteros, paparulos con billetera cargada. Vamos que ganamos, vamos la barra. ¡Falta envido y Truuuuuuco!


Daniel Mancuso





miércoles, 6 de mayo de 2009

ORSON WELLS y los RELATOS COTIDIANOS



Abro los ojos, miro el reloj, son las 7 de la mañana. Enciendo la radio, quiero saber qué pasa afuera. Pongo la pava para el mate y levanto el diario que me dejó el canillita por debajo de la puerta. A ver qué dice... oooh, me siento mal, una nube tóxica me envuelve, la cabeza me da vueltas, me siento flotando, a la deriva como los tipos del Tunel del tiempo. Caigo en un lugar, una ciudad, oooh, es Buenos Aires...

«... La Argentina está en peligro. Lluvia de meteoritos por la madrugada, con fuerte ascenso de la temperatura. La economía se derrumba, la vida se ha tornado insegura y ya no basta tener una casita en un country. Tengo miedo, no quiero salir a la calle. Ni siquiera es plausible vivir en familia, las suegras son peligrosas, las nueras pierden el sueño. Sólo la tele me alivia las penas. Las mujeres lo pasan muy mal a pesar de tener una congenere en la presidencia: las leyes no se cumplen y es culpa de ella. Todo lo que pasa es su culpa. Para colmo, el ex presidente se hace el bueno, pero dicen que guarda un facón bajo el poncho. Además, todos sus acólitos se están rebelando contra su soberbia irracional de poderoso cacique. Ya nadie lo quiere, está más solo que Carrió en el día del amigo. Por suerte, un colorado millonario dice que nos va a ayudar a salir adelante, tiene algo que levanta ».

Riiiiing. ¿Qué me pasó? ¿Me quedé dormido? No sé. Riiiiing. Suena el portero eléctrico, me pasan a buscar. Estoy angustiado, che, ¿Dónde puse el Revotril?


Daniel Mancuso


miércoles, 29 de abril de 2009

LA GRIPE ESA



La calle es una multitud de cuerpos grises que se pierden en el smog de la mañana. Los lunares azules parecen luciérnagas tristes que marchan a la nada. Dicen que fue por los chanchos que comen soja que fue sembrada con glifosato, que se pusieron tristes y enfermaron, de tanto comer y cagar, amontonados en un galpón cibernético. Dicen que la depresión contagió a unos indios descalzos y sin guantes que cuidaban a los chanchos, que a su vez contagiaron al capataz que estornudó en la gerencia y se lo pasó al patrón que viajó al DF a una reunión con el CEO y se fueron a cenar, y éste viajo de allí a la sede central de la compañia, en la tierra de los gringos, que allí se acostó con la secretaria y ella se lo pasó al marido y así se desparramó por ahí...

Dicen que llegaron unos rubios de la CIA, con trajes de astronauta, para llevarse el virus en frasquitos. Alguien contó que van a hacer experimentos en las montañas de Afganistan.

Menos mal que tenemos la televisón y nos dicen qué hay que hacer.

Daniel Mancuso


viernes, 13 de marzo de 2009

Encuentros cercanos



El colectivo venía lleno. Subí como pude y me fui para atrás. Al llegar a Chacarita, un tumulto me confundió con un molinete, sobreviví como pude y de pronto, la calma, un asiento vacío. Me dejé caer medio machucado, al lado, tenía una señora leyendo La Nación. Semejante mamotreto en esas manos gastadas llamó mi atención, le digo simpático: ¿alguna novedad?. Todo mal, me dice. ¿Qué pasó?, contesto interesado. Los del campo están muy enojados, se va a armar. Retruco: ¡Ah! los del campo... ¿quiénes son los del campo?. ¿Cómo?, me mira.

El bondi no estaba muy lleno, bajo la voz: Sí, ¿quiénes son los del campo? los que plantan y se ensucian con barro no son; los que se mojan y transpiran de sol a sol, no son; son unos proxenetas agroexportadores que se enriquecen llenando nuestros campos y cultivos de Glifosato. Sonríe y me dice: vos sabés mucho. No, no crea, apenas informado. Nooo, contame, me interesa, dale.

Saltábamos como en una carreta vieja sobre el empedrado, se ve que Macri no tiene votantes por esa zona. Empiezo entusiasmado: Bueno, acá hay un enfrentamiento entre 2 modelos. El del gobierno es a favor de un Estado presente que va resolviendo los problemas de todos porque piensa en todos. La política conduce a la economía y no al revés como quiere Biolcatti. Los poderososo, los empresarios y los agrogarcas, los medios y los partidos de la oposición, quieren que Cristina se caiga, se muera, se arrodille, se evapore, porque quieren que el Estado vuelva a ser un títere de las corporaciones transnacionales y el capital especulativo, del FMI y del Banco Mundial, de los que se beneficieraon con las políticas neoliberales de Cavallo en todos los gobiernos en que estuvo... Me corta: Perdoname que te interrumpa, nene, pero me bajo pronto ¿vos pensás que se van a poner de acuerdo los de la mesa de enlace con el gobierno?

Tomo aire, pienso unos segundos: Mire, Todos estos que se arremolinan atrás de la mesa de enlace, representan a quienes siempre tuvieron el poder, a los privilegiados de este orden injusto, y le dicen al gobierno: no te metas con nosotros, con la soja, no te metas con los medios, no te metas con la iglesia, con el aborto, con nuestras ganancias... le quieren marcar la cancha, y le dicen: vos te metés con nosotros y nosotros te hacemos la guerra.

Ansiosa me cambia de tema: Y esto de la violencia, la inseguridad, ¿qué me decís?. Respiro hondo: Mire, Susana Giménez que vive en un bunker y tiene auto blindado dice que no puede salir a la calle. Marcelo Tinelli que se enriqueció ensuciando nuestras conciencias bailando por un culo, dice desde su country lujoso que así no se puede vivir. ¿Cuándo, alguno de estos crápulas se preocupó por los pibes que se mueren de hambre en nuestro país? ¿Por las familias sin trabajo, por los que tiene mal de chagas, por los del impenetrable, por los pobres bañados en pesticidas, por los envenenados por el paco? Se miran el ombligo y están cosechando la sociedad injusta y excluyente que quisieron construír. Violencia es no tener qué darle de comer a tus hijos...

Se levanta, enrolla el diario, ¿me va a pegar? pienso. Muy bueno, nene, se entiende, es muy claro, pero eso no sale en los diarios, ni en los noticieros. Todo lo contrario. Tomá te lo regalo, creo que ya no lo voy a comprar más. Me da un beso y se baja en Plaza Miserere. Me alegraste la artritis, nene, gracias.

Suspiré contento, sentí que había hecho mi acción buena del día...
Daniel Mancuso



lunes, 9 de marzo de 2009

Cosas que pasan




El pibe apareció de la nada y le sacó la cartera. Corrió, corrió cual liebre asustada, corrió esquivando rostros sorprendidos por los gritos destemplados de la señora indignada. Voló como un ventarrón que anticipa catátrofes. Tiró un tacho plástico del quiosco repleto de botellas vacías, chocó con varios transeuntes desprevenidos, un cartel bisagra de la cerrajería. Dos macetas con alegrías del hogar colgadas de un toldo de aluminio se aplastaron sobre los café con leche y las medilunas de una parejita abismada. Pateó sin querer al perro dormido de la gomería que se le metió entre las patas y dobló la esquina para perderse entre los desconocidos de la avenida. Sin embargo, los gritos lo seguían de boca en boca, se acercaban peligrosos. Una zancadilla inesperada lo hizo volar sobre la vereda rota del banco provincia. El dueño del tropiezo guardó el BlackBerry negro en un bolsillo del saco y caminó tranquilo los 4 pasos hasta el caído. Su pie izquierdo dentro de un Hush Puppies marrón claro le pisó la cabeza ensangrentada. El otro Hush Puppies le pateó las costillas. Llegó la policía, los curiosos, la señora, la ambulancia.

El pibe murió en el hospital Pirovano, media hora después. Hemorragias internas múltiples. Hígado destrozado. Politraumatismo de cráneo. 15 años de penas, familia numerosa. La cartera tenía $30, unos Beldent de mentol y una boleta de Edenor abonada en un pago facil de Cabildo.

El dueño de los Hush Puppies llegó a su casa, estacionó el Honda Civic en la explanada de adelante, adivinó al guardia de seguridad tras el vidrio polarizado, subio al ascensor, llegó al piso. Le dio un beso a su mujer, tomó el control remoto mientras masticaba un triple de atún y tomaba coca light. Su hijo jugaba en la PlayStation 2 que le regaló la semana pasada para su cumpleaños, desde hacía 3 horas. En el plasma apareció Susana Giménez haciendo un sketch en su programa. Se sentó en su sillón barcelona predilecto, se sacó los Hush Puppies y se atragantó con un chiste de la tele...
Daniel Mancuso



domingo, 8 de marzo de 2009

Todos los día el DIA...




Las mujeres me han hecho bien, mejor dicho, invariablemente me mancharon con ternuras. He llorado algunas veces, pero fue por no entenderlas y confundir gordura con hinchazón. Aun en esos casos, cuando la lágrima enturbiaba la mollera, su arañazo era un paso a la sabiduría. Los hombres somos elementales, groseros y pesados, nos cuesta levantar vuelo para seguir a una calandria. A la hora de las razones, son mejores sus razones. A la hora de sufrir, se tiran a la pileta. A la hora de la pelea, siempre ganan, son más fuertes, más valientes, más valiosas. Ser hombre es muy fácil, gratis casi siempre, y descuidado, casi impune. Ellas juegan al borde del abismo, en la cuerda floja de la vida, haciendo equilibrio entre el machismo y la injusticia. Y por tratar de no caer en los pozos del desprecio, algunas ilusas se vuelven vanas, nos copian y se pierden en las miserias masculinas. Nena no te confundas, vos valés por 10 de los nuestros, aunque te quieran embarullar y te pongan menos 10.

Yo te admiro, te respeto, te saludo y reverencio. Demasiada carga para una sola: hijos, familia, trabajo, estudio, la casa, vos misma, y los otros y los hijos de los otros y el amor que es tan pesado y doloroso. Son 21 siglos de mentiras, historia trucha, luchando por un escalón que te deje llegar adonde estamos nosotros, para estar de igual a igual, y no allá abajo, subordinada al músculo vil y pretencioso.

A los hombres no nos gusta que nos ganen, el ego macho es grande grande, por eso el vilipendio y el codazo. Un enorme complejo de inferioridad ha procreado monstruos como Torquemada, Cortés, Pizarro, Roca, Hitler, Stalin, Franco, Somoza, Roosevelt, Truman, Churchill, Batista, Aramburu, Stroessner, Videla, Pinochet, Bush, Ehud Ólmert...tanto horror masculinizado.

No todas son mariposas, también hay chicas malas, claro: Margaret Thatcher, Condoleezza Rice, Elisa Carrió... pero son pocas, gracias a la evolución de las especies.

Los testosterónicos quieren que te llenes de siliconas y no pienses más que venalidades. No lo hagas, te quiero intacta, como la vida y los sueños, lúcida e imperfecta, sin tinturas ni maquillaje, te quiero a vos, como tu madre te trajo al mundo y el tiempo te trajo a mí. Te digo gracias. Y te amo.

Daniel Mancuso




domingo, 15 de febrero de 2009

Algo de paz



Estuve lejos un tiempito. Cambié el teclado por la lija y el pincel. La pantalla por la mirada sonriente de mi hijita. El sol de acá por el de allá que es más amigable. Los ladridos destemplados por los trinos. Los escapes cancheros por el silencio. Solo dos risas adolescentes perfumaban el aire, la nena grande con su amiga, a carcajada limpia asustaban a las mariposas del jardín. Tomamos mate mirando las cotorras en la higuera. Dormí cucharita con la flaca. Anduve decalzo por ahí. Armé la carpita cerca del agua. Llevé libros que no leí. Zapatillas que no corrí. Hubo demasiada paz como para apurar los mandados. Fue un recreo corto.



miércoles, 28 de enero de 2009

Una mano...



Dejamos a las nenas en lo de la abuela, para mirar un dvd de Campanita en 28 pulgadas. Le digo a la flaca: aprovechemos y vamos a caminar a Palermo, unas vueltas al lago del Golf, mirar los patos, sentir el sol tierno del domingo colándose entre los arboles, ensuciar las zapatillas con polvo de ladrillo. Hablar un rato de las cosas que no podemos hablar, porque en casa, la pequeña hegemoniza el micrófono.

Ni bien nos bajamos del auto, apenas 200 metros de marcha, alguien me pregunta: ¿El hospital Pirovano es por acá? La pregunta no se correspondía con el lugar. El tipo estaba transpirado y los 3 pibes tristes y cansados (el más chiquito 4 años, la nena de 7 y la mayor, Micaela de 11). Todos brillaban de calor y fastidio mudo, los ojos apenados.

¿De dónde venis?, el Pirovano está muy lejos, tenés que tomarte un colectivo, le digo. NO, vamos caminando, me contesta sereno y resignado. Venimos desde el Hospital Fernández, internaron a mi mujer que está embarazada. Yo estaba trabajando en un lavadero de autos en Avellaneda, me avisó un vecino, el mismo que llamó al 107 (la ambulancia llegó enseguida). Le pedí un adelanto al encargado pero no me dio. Llegué al hospital y la habían trasladado al Pirovano, por suerte, una enfermera me cuidó a los chicos, les dieron leche y pan mientras me esperaban en la guardia.

Vení que te llevo, le digo rápido. Mi mujer asiente y desandamos el camino hasta el auto. El chiquito, Adón, con la flaca, adelante, los demás atrás. Somos de Tandil, me cuenta, Vinimos acá porque allá no hay laburo. Por ahora, estamos cuidando la casa de un conocido que está de vacaciones. Yo gano $20 por día en el lavadero. Lástima los chicos, allá jugaban en la calle, hasta la noche. Acá no, me da miedo.

La Pampa, Húsares, semáforo, Monroe, semáforo, semáforo, semáforo, Hospital Pirovano. El tipo lloraba de felicidad, mostró su pocos dientes amarillos por primera vez. Alguien lo había ayudado, un oasis corto en la desértica soledad urbana. Los pibes nos besaron cariñosos. La flaca lo abraza y le pone 30 pesos, todo lo que tenía, en el bolsillo de la camisa gastada, no quería aceptarlo, ¿No voy a poder devolvértelo? balbucea, No importa, le dice. Tenía unas barritas de cereal en el bolso, se las doy a Adón. Se ván a la guardia, saludan de lejos. Arranco, impotente. Silencio.

NO le pregunté cómo se llamaba, no pude, no supe, la emoción que me produjo tanta necesidad, tanta humildad sola en la ciudad desigual y áspera me atontó. Quisiera hacer más, por tantos flacos transpirados y sufrientes. Ayudar a tantos pibes como Mica a descubrir la felicidad, no se puede ser niño y triste a la vez. No es justo. Y pensar que Macri está en Punta del Este haciendo Buenos Aires, y Buzzi y sus secuaces del campo quieren que les subsidiemos la sequía, manga de turros...
Daniel Mancuso





lunes, 29 de diciembre de 2008

EL ROJO PERENNE






Me duele la sangre, la mía y la ajena,
hierbe en un caldo de impotencia indignada en el río caudaloso que sube.
El torrente rojo y frenético se acrecienta con cientos de afluentes de todos los rincones planetarios. Río que es mar, es océano, y no se sabe dónde termina.
Es ahora y siempre.
No lo detiene ni el tiempo ni el olvido.
Río de hombres matando, de hombres muriendo.
Río de ruinas y talento para la muerte de los que piden,
los que reclaman, los que de todas maneras morirán y es mejor no hacerlos esperar.

Río de sangre ajena que fluye y que fluye y no para.
Río que baña las playas del hombre, tan ancho como la historia.
Río que no quiere morir, solo matar, matar a los que sobran, los que molestan,
los que se oponen al río.

Zig zag visitante de sitios sin fama, que toca y fulmina,
y dibuja en el mapa un puntito de horror.
Llegaron las naves guerreras a las costas de la conquista dondequiera que fuese,
no importa el lugar.
Navíos del norte al oprobio en busca del oro y la plata.
Carabelas españolas, buques franceses, bergantines portugueses, galeones ingleses,
fragatas norteamericanas, surcaron las aguas teñidas de aniquilación.

Cauce multicolor de dolores y pesares gastados de tanto sufrir.
Llantos y lágrimas destiñen su flujo que respira pena vieja,
que suspira nuevas torturas:
rojo explosión, bermellón metralla, granate gangrena, carmesí NN, escarlata picana, colorado secuestro, púrpura basura, rubí mutilación, según el talento de los pintores.
Belleza horrenda de las olas asesinas interminables, furiosas, mezquinas.

Frecuencias bajas de la luz abyecta que hunde la vida a la innoble desaparición del aliento asfixiado. Resplandor maligno de Inquisición, hambre de campaña del desierto, olor a guerra de la triple alianza, polvo radiactivo de Hiroshima y Nagasaki, gases de Auschwitz, bombas del cielo de Plaza de Mayo, balas de Sabra y Chatila, cuchillos de Ruanda, gritos desaparecidos del Proceso.

Hoy es Río de la Franja de Gaza, Río de Bagdad, Río de Kabul, que desembocará en la próxima masacre.



Daniel 
Mancuso




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