


Hoy puede ser un gran día, como aquel del año pasado, o mejor...
Un tipo que se precie de salidor y canchero, tiene varios amontonamientos en su haber...
Recuerdo que una vez fui a ver a los Redonditos de Ricota a Racing, con mi hermano y mi sobrino, y que la policía montada nos acorraló contra un alambrado porque sí, bien apretaditos y asustados, para cagarnos la vida antes de entrar al cilindro...
Recuerdo que una madrugada en Cemento, tocaban los Ratones Paranoicos, y había tanta gente que para ir al baño que estaba a 20 metros, tardé más de media hora y llegué cual si me hubiera duchado...
Recuerdo que unos carnavales en Talleres, tocaba Roberto Carlos, o Sergio Denis, y había tanta gente que le apunté a una mina entre la multitud, y de pronto se me perdió, la busqué, la busqué, toda la noche la busqué, durante 5 horas yirando hasta los lentos del final, y la ví a la salida cuando se iba con su mamá, cruzando la calle...
Pero no todo es joda en la vida de un cincuentón, también hubo piedrazos contra la yuta y gases lacrimógenos cerca del Congreso, cuando la cana venía de a dos en motoneta, disparando con la Itaca, allá en el 2001... O en septiembre de 1988, después de la marcha de la CGT en Plaza de Mayo que fue duramente reprimida, cuando rompieron los vidrios de la sastrería Modart, en la esquina de Avenida de Mayo y Perú... O la de la multipartidaria, en el 82, cuando asesinaron a Dalmiro Flores frente al Cabildo...
El sábado fue maravilloso. No fue una marcha cualquiera, ni un rejunte, ni la típica movilización reclamando algo. Fuimos a pasear la democracia, como en el Bicentenario. De todos los rincones del país, como abejas a la Plaza de Miel, íbamos a festejar la historia que estamos escribiendo. Felices, todos teníamos ganas de participar del evento, caminar, apretujarnos, sentir al otro bien cerquita, sacar fotos, mirar para arriba, para los costados, para siempre, con el aire fresco de la memoria iluminante que hacía rato no memoraba tanta alegría junta. Cantamos, aplaudimos, lloramos, todos los verbos en primera del plural. ¿Si esa no fue una fiesta, la fiesta dónde está? ¿Habrá sido así el ágora de Atenas? Seguramente que no, porque no había cochecitos con bebes haciendo la V en esos tiempos, o pibes y pibas a babucha llenándose de pueblo con la boca abierta y los ojos sorprendidos de tamaña humanidad aglomerada. Y la militancia juvenil con todas las hormonas politizadas. Si hasta los empujones fueron afectuosos, carajo. Cuánta concordia multiplicada, convencida, contagiosa.
¿Qué le pasó a la canalla contrera? ¿Qué habrán sentido Lanata, Morales Solá, Majul, Leuco, Eliaschev, Kovadloff, Asís, Novaro, Kirchsbaum, Roa, Pepe, Sarlo, Fidanza, Pagni, Fontevecchia, Gargarella, Grondona, González Fraga, Massot, Katz, Borestein, Sebreli, Blanck, TN baum, Van deer Kooy, los dos Wiñazki, Abraham, Ernestina, Magnetto y toda la caterva de ponzoñosos escribas... viendo que todo el veneno inoculado en todos estos meses, años, no surtió efecto, que nadie les dio bola?
¿Les jodió que disfrutemos de la música, las canciones, los globos, los fuegos artificiales, las calles, el olor a choripán, la familia, los amigos, los compañeros, la historia, la memoria, el presente, el futuro, los sueños por venir, los frutos por inventar, los deseos nunca satisfechos de justicia social, la impertinente voluntad de querer ser felices a pesar de sus denodados esfuerzos por hundirnos en la desesperanza?
Nosotros no queremos que cambien. Que sigan así, como quieran sentir y pensar. Eso es la democracia. Cada cual elige su propio infierno... Nosotros estamos construyendo el camino al paraiso. Esa es nuestra utopía.
Un tipo que se precie de salidor y canchero, tiene varios amontonamientos en su haber...
Recuerdo que una vez fui a ver a los Redonditos de Ricota a Racing, con mi hermano y mi sobrino, y que la policía montada nos acorraló contra un alambrado porque sí, bien apretaditos y asustados, para cagarnos la vida antes de entrar al cilindro...
Recuerdo que una madrugada en Cemento, tocaban los Ratones Paranoicos, y había tanta gente que para ir al baño que estaba a 20 metros, tardé más de media hora y llegué cual si me hubiera duchado...
Recuerdo que unos carnavales en Talleres, tocaba Roberto Carlos, o Sergio Denis, y había tanta gente que le apunté a una mina entre la multitud, y de pronto se me perdió, la busqué, la busqué, toda la noche la busqué, durante 5 horas yirando hasta los lentos del final, y la ví a la salida cuando se iba con su mamá, cruzando la calle...
Pero no todo es joda en la vida de un cincuentón, también hubo piedrazos contra la yuta y gases lacrimógenos cerca del Congreso, cuando la cana venía de a dos en motoneta, disparando con la Itaca, allá en el 2001... O en septiembre de 1988, después de la marcha de la CGT en Plaza de Mayo que fue duramente reprimida, cuando rompieron los vidrios de la sastrería Modart, en la esquina de Avenida de Mayo y Perú... O la de la multipartidaria, en el 82, cuando asesinaron a Dalmiro Flores frente al Cabildo...
El sábado fue maravilloso. No fue una marcha cualquiera, ni un rejunte, ni la típica movilización reclamando algo. Fuimos a pasear la democracia, como en el Bicentenario. De todos los rincones del país, como abejas a la Plaza de Miel, íbamos a festejar la historia que estamos escribiendo. Felices, todos teníamos ganas de participar del evento, caminar, apretujarnos, sentir al otro bien cerquita, sacar fotos, mirar para arriba, para los costados, para siempre, con el aire fresco de la memoria iluminante que hacía rato no memoraba tanta alegría junta. Cantamos, aplaudimos, lloramos, todos los verbos en primera del plural. ¿Si esa no fue una fiesta, la fiesta dónde está? ¿Habrá sido así el ágora de Atenas? Seguramente que no, porque no había cochecitos con bebes haciendo la V en esos tiempos, o pibes y pibas a babucha llenándose de pueblo con la boca abierta y los ojos sorprendidos de tamaña humanidad aglomerada. Y la militancia juvenil con todas las hormonas politizadas. Si hasta los empujones fueron afectuosos, carajo. Cuánta concordia multiplicada, convencida, contagiosa.
¿Qué le pasó a la canalla contrera? ¿Qué habrán sentido Lanata, Morales Solá, Majul, Leuco, Eliaschev, Kovadloff, Asís, Novaro, Kirchsbaum, Roa, Pepe, Sarlo, Fidanza, Pagni, Fontevecchia, Gargarella, Grondona, González Fraga, Massot, Katz, Borestein, Sebreli, Blanck, TN baum, Van deer Kooy, los dos Wiñazki, Abraham, Ernestina, Magnetto y toda la caterva de ponzoñosos escribas... viendo que todo el veneno inoculado en todos estos meses, años, no surtió efecto, que nadie les dio bola?
¿Les jodió que disfrutemos de la música, las canciones, los globos, los fuegos artificiales, las calles, el olor a choripán, la familia, los amigos, los compañeros, la historia, la memoria, el presente, el futuro, los sueños por venir, los frutos por inventar, los deseos nunca satisfechos de justicia social, la impertinente voluntad de querer ser felices a pesar de sus denodados esfuerzos por hundirnos en la desesperanza?
Nosotros no queremos que cambien. Que sigan así, como quieran sentir y pensar. Eso es la democracia. Cada cual elige su propio infierno... Nosotros estamos construyendo el camino al paraiso. Esa es nuestra utopía.