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miércoles, 30 de noviembre de 2011

USTED PREGUNTARÁ POR QUÉ CANTAMOS





Algunos lectores se preguntan a menudo por qué seguimos analizando el discurso mediático, deconstruyendo las notas de los "prestigiosos" periodistas de los medios concentrados, desentrañando las mentiras y falacias cotidianas que repiten insistentemente los dirigentes opositores, los acólitos de la Intelligentzia, las voces del establishment.

Los comentarios aducen que ya sabemos cómo piensan, que no van a cambiar, que es inútil perder el tiempo, que no hay que darles entidad o importancia, etcétera. No creemos que sean buenas razones para dejarles el camino libre, y que sigan mintiendo. Tienen el poder de permanecer y ser visibles a través del tiempo, y de la cadena nacional desinformativa que se desparrama por todo el extenso territorio argentino (y mundial). No es poca cosa. Es una batalla desigual. Sus voces son amplificadas por todos los medios (institucionales, gráficos, radiales, televisivos, internet), mientras las nuestras son invisibilizadas, ninguneadas.

Por ejemplo, la película Juan y Eva ha tenido, tiene, enormes dificultades para permanecer en cartel, porque todavía, la dictadura del mercado deja sin salas a las películas que no cuentan con grandes apoyos económicos y publicitarios como los tanques de Hollywood. Todo es así, Elefantes corporativos contra laboriosas hormigas que persisten contra viento y marea envenenados. El poder efectivo, real, perenne, aún esta del lado de los que defienden el mercado, el mundo neoliberal, el Statu quo. El Estado, a pesar de contar con enormes recursos, se ve imposibilitado de hacer muchísimos cambios debido a la resistencia de potentes intereses empresariales, financieros, transnacionales, inescrupulosos y colonizados.

Y en esa epopeya por la que atravesamos el presente, nos embarcamos rumbo a un futuro diferente. Algunos "pensadores" anquilosados patalean enojados, temerosos, porque esta democracia discute, cuestiona, analiza, critica, pelea, descubre, imagina, interpela, a todo lo establecido por la "historia oficial", que no sólo es revisión del pasado sino nueva luz sobre el hoy y enormes posibilidades de un mañana venturoso.


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El caso de Luis Alberto Romero es preocupante. Como "historiador profesional" no ve con buenos ojos que voces nuevas investiguen la historia, es un territorio sagrado sólo abierto a plumas con carnet de la impoluta academía. por eso dice en la Nación...

    «Un reciente decreto creó el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. De sus fundamentos se deduce que el Estado argentino se propone reemplazar la ciencia histórica por la epopeya y el mito.

    »El mito y la epopeya están en la prehistoria del saber histórico. Los mitos explicaban el misterio y el papel de lo divino; los relatos épicos exaltaban la acción de los héroes, entre divinos y humanos. La historia se ocupó, simplemente, de los hombres, y trató de entenderlos basándose en el razonamiento y la comprobación. En la Antigua Grecia, Herodoto y Tucídides fundaron la historia como ciencia y dejaron en el camino mitos y héroes. A mediados del siglo XIX, Wagner recurrió al mito y a la épica, pero sus óperas se representaban en los teatros; en las universidades estaban los historiadores tan notables como Mommsen.

    »Más o menos así estamos hoy en la Argentina. No tenemos ópera, pero hay abundantes cantantes, poetas y escritores de mitos y epopeyas, que conquistan la fantasía de su público. Los historiadores, por su parte, trabajan en las universidades y en el Conicet...»


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Romero es a la historia, como los represores encarcelados son a los juicios de lesa humanidad: custodios del pasado. Mejor no hablar de ciertas cosas. No contarles a las nuevas generaciones, por ejemplo, que , no hizo la Campaña del Desierto a caballo, jamás cabalgo ninguno, la hizo en carroza junto a un representante de la iglesia que lo acompañaba en sus genocidios. Entonces ¿por qué hay una monumento ecuestre de Roca a escasos metros de la Casa Rosada?

Osvaldo Bayer tiene la respuesta: Romero y sus amigos defienden a capa y espada, a fuego y metralla, La larga paz argentina...

    «... Defender la estatua de Roca es no tener el más mínimo de conciencia democrática. Más todavía que ese monumento fue levantado en la Década Infame, la del “fraude patriótico”, término argentino que el mundo entero es incapaz de comprender. Los hombres de la Década Infame “hicieron la tarea”. Picana eléctrica, fusilamientos, los famosos negociados. Y el monumento a Roca, inspirado por su hijo, Julio Argentino Roca, el del pacto Roca-Runciman que fue vicepresidente de la Década Infame. En la inauguración del Roca en bronce estuvieron todos, entre ellos Patrón Costas –el famoso terrateniente salteño–, el almirante Domec García –fundador nada menos que de la ultraderechista Liga Patriótica Argentina, la del primer pogrom en la Argentina, en la Semana Trágica–. Así nació la estatua más grande de Buenos Aires.

    »Es un insulto para los patriotas de Mayo y de la Asamblea del año XIII que ese monumento esté allí. Hay que quitarla en homenaje a la Etica y a los miles de argentinos que lucharon contra las dictaduras militares. Hemos pedido a la Legislatura porteña que en vez del genocida uniformado se levante un monumento a quienes verdaderamente lo merecen: a la mujer de los pueblos originarios, quien en su vientre dio vida a la estirpe criolla, y enfrente, mirándose, a la mujer inmigrante, la que también en su cuerpo dio vida a los que poblarían estas distancias. Ellas fueron las verdaderas heroínas de la vida argentina. Trajeron vida y no muerte...»



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Es evidente que somos más democráticos que ellos, más plurales que Romero, y tenemos argumentos de sobra para deconstruír sus paralogimos perversos. No los negamos, los ponemos sobre la mesa, a ellos y a sus ideas, sus escritos, sus libros, sus editoriales y sus historias, y las discutimos, las criticamos, develamos la poca hondura de sus patas de barro.

Ellos, en cambio, nos niegan, nos ocultan, evitan la confrontación de ideas porque se saben perdedores, débiles defensores de sus escasos recursos de opinión, prolongadores e inventores de zonceras, como esa que dice: "dejemos las cosas como están, que el pasado pisado y no tiene arreglo..."

Como los chicos, seguiremos poniendo todo patas arriba, mientras Romero berrinchea...


Daniel Mancuso

martes, 15 de noviembre de 2011

EXPLICANDO EL PERONISMO





Otra vez, Luís Alberto Romero, "historiador profesional" e investigador principal del Conicet/UBA (un sueldo que pagamos todos los argentinos), nos regala en La Nación, una breve síntesis de la historia argentina. Para leer bajo una sombrilla de Playa Brava, en Punta Del Este; para disfrutar con un mate en la pileta del country; para discutir con los amigos, cenando en Puerto Madero.

LAR nos habla de "La democracia peronista", con una sencillez que abruma, como si hablara de las características de la mazamorra en el período colonial. Así, bien clarito, para que entienda el broker, el economista extranjero, el egresado de Cardenal Newman, o el nuncio apostólico de turno, bien democrático.

Pero LAR se queda corto, sus buenas intenciones se dan de bruces con uno de los más acalorados y beligerantes períodos de la historia argentina, los últimos 66 años que llevan impregnada la sangre de miles de compatriotas que lucharon por la justicia social, contra las dictaduras y los gobiernos vendepatria.

En 13 párrafos, 96 líneas, 8.732 caracteres con espacios, LAR intenta explicarnos el peronismo sin tener en cuenta a la "Unión Democrática", la Intelligentzia, el Bombardeo a Plaza de Mayo, la Revolución Fusiladora, el , la SIP, la Escuela de las Américas, la relación entre , la , las diversas y tantos otros temas que tanto influyeron en el devenir de nuestra sociedad.


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Flaco favor le hace a la historia el "historiador profesional" en cuotas que nos regala La Nación, en esas notas tan escuetas, sesgadas, falaces, irrespetuosas.

Pero vamos a la nota de Luis Alberto Romero para entender qué nos quiere decir. Empieza tranquilo, con una frase de antología:


    «Nadie puede negar que el peronismo es un movimiento profundamente democrático...»

Algunas líneas después, devela sus intenciones:

    «El problema es determinar a qué tipo de democracia corresponde exactamente el peronismo...»

LAR nos cuenta cómo era ese primer peronismo, que fue el causante de la prolongación de "la marca" a través del tiempo, el Leitmotiv que alimentó el mito durante más de medio siglo...

    «el peronismo se propuso organizar la sociedad, regular sus conflictos y a la vez construir en ella una segunda base de sustento político. Desde el Estado, promovió la constitución de diversas confederaciones que, al modo de la sindical, integraran los distintos intereses sectoriales. Cada individuo debía incorporarse, voluntariamente o no, a una corporación: trabajadores, empresarios, estudiantes, profesionales. El Estado pudo administrar sus conflictos en el marco de la llamada "comunidad organizada", fundada en una doctrina compartida y en un liderazgo político. Resultó así un tipo singular de democracia, en parte corporativa y en parte plebiscitaria, fuertemente autoritaria y hasta dictatorial, pero que corresponde -es bueno recordarlo- a una de las variantes conocidas de la familia democrática...»

Y dice que hoy, el peronismo en el poder, es decir, el kirchnerismo, es decir el gobierno encabezado por CFK, es igual a aquella «democracia, en parte corporativa y en parte plebiscitaria, fuertemente autoritaria y hasta dictatorial»...

    «La democracia peronista tiene desde su origen algunos rasgos constantes. El movimiento se presenta como la expresión única de un pueblo homogéneo en intereses y doctrina e identificado con la nación. Es un movimiento de jefatura, investida por el pueblo de una autoridad tal que la coloca por encima de las normativas institucionales. Pocas veces el peronismo se apartó de esta versión, que suele denominarse democracia plebiscitaria o de líder. Pero su singularidad reside en su capacidad para adaptarse a realidades tan diferentes como la Argentina de 1945 y el país de 2011».


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Para no aburrirlos, vamos al final: la última parte del informe del "historiador profesional" es un Bocatto di Cardinale para los amantes de la independencia de criterios, la honestidad intelectual y la buena leche...

    «La Argentina de 1983 ya era muy distinta de la vieja Argentina potente y vital en la que el peronismo había nacido y crecido. Poseía un extenso e irreductible mundo de la pobreza, que explotó en 1989 y se instaló en el espacio público en 2001. Qué hacer con los pobres y cómo reducir la pobreza es uno de los grandes temas del debate actual. El peronismo aportó sus propias soluciones, que combinaron los tradicionales criterios de la justicia social con los más modernos de un Estado que abandona su pretensión universal y actúa en lugares y circunstancias específicas.

    »Para el peronismo significó una complicada adecuación. Pudo hacerla porque, simultáneamente, encontró la forma eficaz de adecuar su estructura política al mundo de la pobreza y convertirlo en un ámbito privilegiado para la producción del sufragio. En esto, los peronistas demostraron más talento, flexibilidad y creatividad que cualquier otra fuerza política. Sobre todo, supieron combinar y entrelazar las redes sociales surgidas en el mundo de la pobreza con las redes políticas territoriales del movimiento y hacer circular por ambas los recursos provenientes del Estado. Requiere una cuidadosa artesanía, que articule relaciones personales y simbólicas, y lo hacen muy bien. La respuesta peronista al problema de la pobreza fue, a la vez, su respuesta al problema del sufragio. Como otras veces antes, sin perder sus caracteres básicos, los peronistas han encontrado la clave de la política democrática de la hora».



Con una pluma magistral, Luis Alberto Romero da un montón de volteretas, usa dos párrafos, y nos entretiene a todos con bellas palabras, para decir que todo Peronismo es un constante fluir de talento, flexibilidad y creatividad para generar «clientelismo»

¡Maestro! Nadie lo haría mejor.




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Lea tambien otra deconstrucción de los escritos del "historiador profesional" en...

¡Hay otra Historia!, Luís Alberto





Daniel Mancuso

martes, 25 de octubre de 2011

¡HAY OTRA HISTORIA!, LUÍS ALBERTO








Es demasiado presuntuoso, casi suicida (intelectualmente hablando) escribir una nota en La Nación que se titule El secreto del éxito electoral, 2 días después del aplastante 54 % de Cristina, intentando describir, analizar, deconstruir al Peronismo, sin caer en el absurdo, sin hacer papelones, máxime cuando quien escribe se llama Luis Alberto Romero, es hijo del otro Romero, y es más gorila que historiador “profesional”.

El mamarracho resultante cae en lugares comunes, frase manoseadas hasta el hartazgo, y muy poco serias...

    «El peronismo siempre ha tenido poco aprecio por las instituciones y las formas. Las contrapuso con lo "real", lo sustantivo, a lo que las reglas deben amoldarse. "Salvo la ley de la gravedad, todo se arregla", suele decirse».

Es verdad, el peronismo nunca respetó la institución del "golpe militar", ni la institución "ser funcionario de una dictadura", por ejemplo, como sí lo hizo el radicalismo, del que Romero se siente parte.

    «Quien ingresa en la vida política a través del peronismo aspira legítimamente a combinar el servicio público con el beneficio personal. Ciertamente, no es el único movimiento político en que esto ocurre, pero lo que en otros se practica en un contexto de censura o limitación moral, en el peronismo puede hacerse dignamente. "Hacer una diferencia" no sólo es un derecho, sino una prueba de la eficacia del jefe y una condición para sobrevivir en un contexto que, pese a la proclamación de la lealtad, está dominado por el principio de la lucha por la vida».

Romero insiste con la "Teoría Lanata": todo lo que ronde el peronismo tiene como principio rector el interés pecuniario. "Todo lo hacen por la guita", "son todos chorros", y cosas por el estilo.


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«El periodismo es el primer relato de la historia. Es la primera fuente que utilizan muchos investigadores del pasado. A la luz del texto de Romero sobre el presente, los argentinos deberíamos sentir pavura al descubrir quiénes son los encargados de construir el relato histórico colectivo».

Así analizaba Hernán Brienza la nota del historiador “profesional” Luis Alberto Romero, publicada en Clarín, donde denostaba a las Madres de Plaza de Mayo, en “La Corrupción está rondando a las Madres”.

«Romero escribió una columna en el diario Clarín de una miserabilidad política y personal muy pocas veces vista en el mundo intelectual argentino», decía Brienza en su nota Luis Alberto Romero, Clarín y un acto de profunda torpeza intelectual.

«Reduccionista, con rasgos de simplismo “corruptista”, malintencionado, de moralina fácil, falto de visión política y estratégica, grotesco, reproductor de la teoría de los dos demonios pero con la corrupción suplantando a la violencia y el ciudadano como víctima inocente, repleto de guiños histéricos de señora gorda que toma el té de las cinco, entre otras, son algunas de las características sobresalientes de ese discurso fácil y demagógico dirigido a ciertos sectores de la clase media».


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«Leo y releo la penosa -es decir poco- reseña con que Luis Alberto Romero nos convida para reflexionar sobre el día de la Soberanía, y comprendo con cierto enfado que la hora de la renovación generacional viene golpeando las puertas de nuestras aulas.

»Tras una breve reseña de los balances historiográficos existentes ─que le convendría haber leído mejor antes de escribir lo que sigue─ Romero se vale del clásico recurso de contruir un adversario fantasmal para luego dedicarse a su destrucción retórica. Lo hace tan mal, que termina atrapado en su propia red, pidiendo socorro».

Así empezaba Ezequiel Meler su nota de análisis sobre el historiador profesional, titulada Luis Alberto Romero frente a la cuestión nacional.





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Evidentemente, el historiador “profesional” Luis Alberto Romero seguirá escribiendo, en La Nación o en Clarín, esas historias sesgadas que mutilan subjetividades, y generan conciencias domesticadas en el pensamiento dominante liberal colonizado.

Y nosotros seguiremos deconstruyendo sus falacias, sus esperpentos historiográficos.

Los peronistas somos así, persistentes batalladores por la verdad y la justicia, incorregibles...




Daniel Mancuso

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