
Dicen que en la cancha se ven los pingos. Error. Los pingos verdaderos se ven en todos lados. En el barro y en la alfombra. En las marchas y detrás del escritorio. En la batalla y en la gestión. Sólo los buenos se reciben de compañeros. La vida está llena de pelafustanes, zorros y zorritos, burócratas menores que transitan la avenida, mediocres que desfallecen, otros babean, serruchan, llegan de rodillas, medran incansablemente. Pero los pingos nobles reman y reman para llegar a la meta con la vista en alto y la dignidad reluciente.
A estos pingos, los enemigos del pueblo los odian sin pausa. Molestan. El talento y la coherencia son como una piedra insoportable en el zapato.
Martín García es un pura sangre. Al galope abrió la comunicación y la parte del Estado que le tocó conducir ─Télam─ para que todos nos apropiemos de lo nuestro, en este caso, la palabra. Y como en la multiplicación de los panes y los peces, se hizo el milagro popular, con una pequeñísima cantidad de alimento, fue capaz de dar de comer a toda una multitud.
Hay quienes luchan toda la vida, esos son los compañeros imprescindibles.
A estos pingos, los enemigos del pueblo los odian sin pausa. Molestan. El talento y la coherencia son como una piedra insoportable en el zapato.
Martín García es un pura sangre. Al galope abrió la comunicación y la parte del Estado que le tocó conducir ─Télam─ para que todos nos apropiemos de lo nuestro, en este caso, la palabra. Y como en la multiplicación de los panes y los peces, se hizo el milagro popular, con una pequeñísima cantidad de alimento, fue capaz de dar de comer a toda una multitud.
Hay quienes luchan toda la vida, esos son los compañeros imprescindibles.