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martes, 14 de junio de 2011

ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO





Cafetín de Buenos Aires
(1948 - Letra: Enrique Santos Discépolo; Música: Mariano Mores)


De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan,
la ñata contra el vidrio,
en un azul de frío
que sólo fue después viviendo
igual que el mío.
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros
el cigarrillo...
la fe de mis sueños
y una esperanza de amor.

¿Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires?
Si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja.
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas
yo aprendí filosofía... dados... timba
y la poesía cruel
de no pensar más en mi...

Me diste en oro un puñado de amigos,
que son los mismos que alientan mis horas;
José el de la quimera,
Marcial que aún cree y espera
y el flaco Abel... que se nos fue,
pero aún me guía.
Sobre tus mesas que nunca preguntan
Lloré una tarde el primer desengaño.
Nací a las penas,
bebí mis años,
y me entregué sin luchar.



El choclo
(1947 - Letra: Enrique Santos Discépolo y
Juan Carlos Marambio Catán; Música: Angel Villoldo)

Con este tango que es burlón y compadrito
se ató dos alas la ambición de mi suburbio;
con este tango nació el tango y como un grito
salió del sórdido barrial buscando el cielo;
conjuro extraño de un amor hecho cadencia
que abrió caminos sin más luz que la esperanza,
mezcla de rabia de dolor, de fe, de ausencia
llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.

Por tu milagro de notas agoreras,
nacieron sin pensarlo, las paicas y las grelas,
luna en los charcos, canyengue en las caderas,
y un ansia fiera en la manera de querer...

Al evocarte...
tango querido.
siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado...

Hoy que no tengo...
más a mi madre...
siento que llega en punta'e pie para besarme
cuando tu canto nace al son de un bandoneón.

Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera
y en un «perno» mezclo a París con Puente Alsina.
Fuiste compadre del gavion y de la mina
y hasta comadre del bacán y la pebeta.
Por vos shusheta, cana, reo y mishiadura

se hicieron voces al nacer con tu destino,
misa de faldas, querosen, tajo y cuchillo,
que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón

Por tu milagro de notas agoreras,
nacieron sin pensarlo, las paicas y las grelas,
luna en los charcos, canyengue en las caderas,
y un ansia fiera en la manera de querer...

Al evocarte...
tango querido.
siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado ...





Uno
(1943 - Letra: Enrique Santos Discepolo
Música: Mariano Mores)

Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias...

Sabe que la lucha es cruel
y es mucha pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina.

Uno va arrastrándose entre espinas
y en su afán de dar su amor
sufre y se destroza hasta entender,
que uno se ha quedao sin corazón...

Precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
o un amor que lo engaño.
Vacío ya de amar y de llorar
tanta traición.

Si yo tuviera el corazón,
el corazón que di.
Si yo pudiera como ayer
querer sin presentir.
Es posible que a tus ojos que me gritan su cariño
los cerrara con mis besos.

Sin pensar que eran como esos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir.

Si yo tuviera el corazón,
el mismo que perdí...
Si olvidara a la que ayer
lo destrozo, y pudiera amarte,
me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor.

Pero Dios te puso en mi camino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré como quererte...

Déjame que llore
como aquel que sufre en vida
la tortura de llorar su propia muerte.

Pura como sos habrías salvado
mi esperanza con tu amor.
Uno esta tan solo en su dolor,
Uno esta tan ciego en su penar.

Pero un frío cruel
que es peor que el odio,
punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor,
maldijo para siempre y me robo
toda ilusión...











(1901-1951) Enrique Santos Discépolo se acercó al arte por su hermano mayor Armando, luego de la muerte de sus padres. Armando ayudó a Enrique y siempre lo orientó hacia la cultura, esto permitió descubrir su vocación por el teatro. En 1917 se inició en la actuación. Al año siguiente escribió sus primeras obras de teatro: "Día feriado", "El hombre solo", "El señor cura".

En 1920, actuó en la obra "Mateo", escrita por su hermano Armando. Dedicado al mundo del teatro, Enrique continuó escribiendo. En 1925 compuso la música para el tango
Bizcochito. Luego sorprendió con la letra y la música del famosísimo tango "Que vachaché". Dos años más tarde compuso el tango "Esta noche me emborracho", cantado por Azucena Maizani. También actuó en teatros de Montevideo (Uruguay) y Buenos Aires con gran aceptación del público. Los tangos más destacados son de éste período fueron: "Alguna vez", "Chorra", "Malevaje", "Soy un arlequín", "Victoria", Yira-yira" y otros.

A comienzos de la década del 1930 Discépolo continuó escribiendo obras musicales, como: Wunderbar y Tres esperanzas. En 1935 finalmente Discépolo viajó a Europa. De vuelta en Argentina, Enrique se conectó con el ambiente del cine. Experimentó cuanto pudo. Fue tanto actor como guionista y director. Paralelamente compuso los tangos más inolvidables: Cambalache en 1935, Alma de bandoneón en 1935, Desencanto en 1937, Tormenta en 1939, Uno en 1943 y Canción desesperada en 1944.

En 1947 estuvo de gira por México y Cuba. Escribe Sin palabras, con música de Mariano Mores. Pero la obra cumbre ha sido quizás Cafetín de Buenos Aires. Enrique la compuso en 1948. En la puerta de la década de 1950, se dedicó a producir películas y obras teatrales, además de diversos tangos. Algunos tangos se hicieron públicos tras su muerte en 1951, a la edad de 50 años. Discépolo triunfó como autor, pero fue también cineasta, compositor, dramaturgo y músico.





MORDISQUITO


Una de las facetas fundamentales del universo de Enrique Santos Discépolo fue su comprometida militancia peronista. Y uno de los factores que provocaron su depresión y un final divorciado de la élite intelectual fue, justamente, este aspecto esencial, además de su propuesta poética vinculada al conflicto social.

Discepolín murió distanciado de varios viejos amigos y criticado por sus pares, que le hicieron un vacío a raíz de su ideología. Defendió con convicción, ironía y vehemencia lo que él entendía un enorme avance en el desarrollo político y social del pueblo argentino, el gobierno del General Perón.

La radio iba a ser el vehículo para difundir su ideario, en su famoso y fulminante micro-programa: "¿A mí me la vas a contar?".

El último texto leído por Discepolo el 10 de noviembre de 1951, un día antes de las elecciones que concluyeron con el triunfo arrollador de Perón dijo:

Mordisquito ¿A mí me la vas a contar?

Bueno, mirá, lo digo de una vez. Yo no lo inventé a Perón. Te lo digo de una vez, así termino con esta pulseada de buena voluntad que estoy llevando a cabo en un afán mío de liberarte un poco de tanto macaneo. La verdad: yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón, la milagrosa. Ellos nacieron como una reacción a los malos gobiernos. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón ni a su doctrina. Los trajo, en su defensa, un pueblo a quien vos y los tuyos habían enterrado de un largo camino de miseria.

Nacieron de vos, por vos y para vos. Esa es la verdad. Porque yo no lo inventé a Perón, ni a Eva Perón. Los trajo esta lucha salvaje de gobernar creando miseria, los trajo la ausencia total de leyes sociales que estuvieran en consonancia con la época. Los trajo tu tremendo desprecio por la clases pobres a las que masacraste, desde Santa Cruz hasta lo de Vasena, (se refiere a la Patagonia Rebelde y a la Semana Trágica) porque pedían un mínimo respeto a su dignidad de hombres y un salario que les permitiera salvar a los suyos del hambre. Sí, el hambre y de la terrible promiscuidad de sus viviendas en las que tenían que hacinar lo mismo sus ansias que su asco.

No. Yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. ¡Vos los creaste! Con tu intolerancia. Con tu crueldad. Con la misma crueldad aquella del candidato a presidente que mataba peones en su ingenio porque le pisaban un poco fuerte las piedritas del camino a la hora de la siesta (se refiere a Robustiano Patrón Costas, cuya postulación en la fórmula con Ramón Castillo se malogró con el golpe del 4 de junio de 1943).

Sí, yo sé que te fastidia que te lo recuerde. Es claro, pero vamos a terminarla de una vez. Porque yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que presidía el país. Porque a fuerza de hacer un estilo de tanto desmán, terminó por parecerte correcto lo más infame. Claro, a vos no te alcanzaba esa injusticia. Tendrías, como un señor que yo conocía y que iba todos los meses a cobrarlo, un puesto de ama de cría para cubrir sus gastos, que se lo pagaban oficialmente, y un sueldo para salir con el clan.

Yo me acuerdo del clan. Y vos también. Aquella mafia siniestra que salía sólo para aterrorizar gente y mataba una vez a gomazos, otra vez a tiros y a veces con el camión para hacerlo más divertido. No, si la memoria fastidia. Pero yo no lo inventé a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que manejaba el país. Mirá, si vos hubieras estado en la Semana Trágica como yo y como tantos, en Cochabamba y Barcala, y hubieras visto morir primero a aquellos cinco, luego a cientos, y hubieras visto masacrar judíos por una gloriosa institución que nos llenó de vergüenza, no hubieras formado nunca más parte de ese partido que integrás por amor propio y quizá por ignorancia de tantos hechos delictuosos que son los que empezaron a preparar la llegada de Perón y Eva Perón.

En un país milagroso de rico, arriba y abajo del suelo, la gente muerta de hambre. Los maestros sirviendo de burla en lugar de hacer llorar porque estaban sin cobrar un año entero. ¡No! ¡Y todo vendido! ¡Y todo entregado! Yo sé que te da rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece también pensar que no lo querés oír. El otro día, en un discurso oí que decías refiriéndote a un gobierno de 1918: Ya por ese entonces los obreros gozaban.... ¿De qué gozaban? ¡Los gozaban!, que no es lo mismo. Y, sí, Mordisquito, ¡los gozaban!

La nuestra es una historia de civismo llena de desilusiones. Cualquiera fuese el color político que nos gobernó, siempre la vimos negra. Aspiramos a gozar y al final nos gozaron. ¡Todos! ¡Siempre! Una curiosa adoración, la que vos sentís por los pajarones, hizo que el país retrocediese cien años. Porque vos tenés la mística de los pajarones y practicás su culto como una religión. Cuanto más pajarón él, más torpe y más crédulo vos. Te gusta oír hablar a la gente que no le entendés nada; la que te habla claro te parece vulgar.

Yo también entré como vos y, ¿por qué no confesarlo?, me sentía más conmovido frente a un pajarón que frente a un hombre de talento. El pajarón tiene presencia, tiene historia larga, la que casi siempre empieza con un tatarabuelo que era pirata. Yo también me sentía dominado por los pajarones cuando era chico. Ahora, ¡no! Cuando era chico, sí. ¡Pero no ahora, Mordisquito! Salvate de los pajarones. El fracaso - por no decir la infamia - de los pajarones fue lo que trajo como una defensa a Perón y Eva Perón. Pero no fui yo quien los inventó.

A Perón lo trajo el fraude, la injusticia y el dolor de un pueblo que se ahogaba de harina blanca y una vez tuvo que inventar un pan radical de harina negra para no morirse de hambre. Tampoco te lo acordabas. ¡Ay, Mordisquito, qué desmemoriado te vuelve el amor propio!.

Te dejo. Con tu conciencia. ¡Perón es tuyo! ¡Vos lo trajiste! ¡Y a Eva Perón también! Por tu inconducta. A mí lo único que me resta es agradecerte el bien enorme que sin querer le hiciste al país. Gracias te doy por él y por ella, por la patria que los esperaba para iniciar su verdadera marcha hacia el porvenir que se merece.

¡A mí ya no me la podés contar, Mordisquito! Hasta otra vez, sí. Hasta otra vez.







La calumnia, la mentira...









sábado, 11 de junio de 2011

LEOPOLDO MARECHAL 111




Feliz cumpleaños viejo. Regalanos algo de tu arte, dale. Ese que transitó el siglo ido, y sufrió olvidos, desprecios varios; nosotros te devolveremos amor. Vos que naciste en Almagro, Buenos Aires. Allá en el 1900, y aguantaste hasta el 70, dejando una obra literaria llena de poesía, novelas, teatro y ensayos. Vos que fuiste maestro y profesor de enseñanza secundaria, y amabas la docencia. Vos que te autoexiliaste con Elbiamor en el depto de la avenida Rivadavia, y tomabas mate junto al poeta depuesto...


«Mi alma, Psiquis, igual a sí misma desde mi niñez hasta hoy; con sus mismas tendencias; con sus raptos de altura; con sus mismos vértigos y disfraces; con sus mismos temores.

Psiquis, la misma: pero a través de los años amontonó conocimientos y experiencias; y sus temores fueron disminuyendo en la medida en que descubrió el «qué» y el «cómo» y el «por qué» y el «para qué» de su existencia.

El temor y la angustia nacen de la ignorancia frente a lo desconocido. Mi alma, Psiquis, y sus colores heredados: tendencia al laconismo y a la melancolía que recibíde mi rama vascoespañola; tendencia al análisis y a la síntesis, comezón irresistible del humorismo, que recibí de mi rama francesa...»



-Pero sos también una criatura expresiva– me reveló Psiquis.
–¿Un poeta? –inquirí temblando.
–Eso. Y deberás cantar... para los que no traen en sí la posibilidad del canto...




En el "Heptamerón" de 1966, Hiciste la "biografía" de tu alma en 7 cantos que desarrollan los grandes temas de tu obra poética: la patria, la estética, la alegría, la vida y la muerte...



II. DIDÁCTICA DE LA ALEGRÍA

1

Así, pues, Elbiamante, recogerás los frutos
que yo he cortado en otras latitudes
y a favor de otros climas,
tal un grumete niño que ha encontrado en las playas
el cinturón de Ulises navegante.

2

No haré aquí un Evangelio (nunca logré la barba
completa de un sectario),
ni siquiera una Guía de Perdidos,
obra que yo reservo a los calientes
empresarios del alma.
Te doy, sí, las grosuras de mi arte,
su riñón bien cubierto, sus maduros pichones.
Y no tras el halago de un laurel
que ya toca mi frente sin herir su modestia,
sino con la esperanza de quien puso en el viento
una paloma rica de mensajes.

3

Desertarás primero la Tristeza,
con su país de soles indecisos
y de rumiantes vacas.
La Tristeza es el juego más tramposo del diablo:
tiene las presunciones de una Musa frutal,
y sólo es un pañuelo con que se suena el alma
su nariz en resfrío.
Elbiamor, ¿qué dirías de una lámpara hermosa,
pero sin luz adentro?
Tal es, yo te lo juro, la Tristeza:
es igual a esos platos de vitrina
que nunca recibieron y no recibirán
ni una manzana verde ni un cuchillo.

4

Si la Tristeza es ya tu inquilina morosa,
échala de tu casa, pero sin altivez.
Le dirás que se lleve su catre y su baúl,
que se ponga su gorro de astracán o de lluvia
y que se valla, en fin, a pisar hojas muertas
o a tocar los llorosos violones del hastío.

5

Una vez expulsada la Tristeza,
cuídate de los Tristes:
ellos no ven la luz, como sea
por el solo agujero de sus flautas.
Yo propongo a los númenes que inventan
la salud y el decoro de la ciudad humana
la construcción de un Barrio de los Tristes
en el suburbio menos frecuentado.
Allá se juntarían, y por fuerza de ley,
todos los hombres de color invierno:
los mártires del hígado y la pena,
los convictos de angustia, los no circuncidados
en el ritual del júbilo,
todos los confesores de zozobras,
todos los virgos de la hilaridad.
Ostentarían como distintivos
una rama de sauce pluvial en el sombrero,
en el brazo una liga de la Parca
y en el ojal un búho de latón esmaltado.
Sólo comerciarían en los ramos que siguen:
el pan de la congoja y el vinagre del tedio;
los barnizados muebles de la desolación,
los trajes en buen uso del espanto,
los ataúdes hechos a medida
para las ilusiones que fallecen,
los elásticos perros del insomnio,
las mulas flacas de la soledad
y otros artículos afines
con la tiroides y el Parnaso.

6

Elbiamor, la delicia que te pinté recién
es apenas un sueño municipal del alma.
Por lo cual te adelanto los consejos que siguen
y has de observar escrupulosamente.
Si yendo por la calle te enfrentas con un Triste,
busca tu salvación en la otra vereda;
y en premio, la Cordura te adornará la sien
con una fresca rama de cedrón o de mirto.
Si tu encuentro fatal con un Triste sucede

ya en el tranvía ya en el autobús,
descenderás al punto del vehículo innoble
y aguardarás el otro con naturalidad;
entonces la Prudencia
te llenará las manos de alelíes y los bolsillos de castañas.
Si, por desdicha, un Triste visitara tu hogar,
espera dignamente a que se marche;
y luego, con urgencia, lavarás el asiento
donde ubicó sus nalgas tormentosas,
y romperás el vaso en que ha bebido,
y quemarás en tu salón de seda
nueve granos de incienso con tres de cinamomo.
Buscarás en seguida la casa de un Alegre;
pues en verdad te digo
que vale más la rota pantufla de un Alegre
que la sandalia nueva de los Tristes.

7

Bueno es ahora que te diga yo
cual ha de ser la esencia de un Alegre perfecto.
No entiendas, Elbiamor, que un Alegre lo es
porque la risa brota sin partera en sus labios,
o porque sus talones en frescura
son dos rojos ovillos de la danza.
Baile, canción o risa traducen a menudo
la sola complacencia de un hígado triunfante.
No desdeñes, empero, la humildad de esas flores,
porque lucir un hígado armonioso
también es un regalo de la Bondad Primera.

8

Según mi ciencia, es un Alegre puro
quien se atrevió a reír
después de haber mirado en equidad
el semblante primero de la Rosa.
¡Que un hombre así merezca tu saludo!
Porque ya es el espejo de una flor sin otoño.

9

Y es un Alegre bien atemperado
quien se metió en la caja tenebrosa
de su misma vihuela,
y allí se desnudó para verse el ombligo,
y entendió la verdad,
y luego recobró sus vestiduras
para cantar la desnudez eterna.
Elbiamor, a ese Alegre cantante le darás
un racimo de uvas y un gorro de viajero.

10

Y es un Alegre de color exacto
el que rompe a bailar
después de haber quemado su corazón de tierra
y de haber visto sobre la ceniza
la figura de un dios ensimismado.
No es bueno que saludes a ese Alegre
ni que lo mires en su justa danza.
Bastará con que dejes en su portal oculto
dos huevos de torcaz y un porrón de agua fresca.

11

Bajo tales principios, abordaré los altos
problemas de conducta
que ha de plantearte necesariamente
ya el uso de tus días ya el paso de tus noches.
Elbiamor, no es prudente dialogar con un ave
(ya sea cuervo suelto, ya papagayo fijo),
ni menos torturar a la bestia emplumada
con la filosofía de algún amor difunto.
En el reino animal y en sus hijos pintados
hay un decoro alegre y una santa inocencia.
Sobrecargar a un pájaro con el lastre de un hombre
es como hacerle trampas al Pesador Divino.

12

Entiendo, sin embargo,
que la imprevista muerte de un Amante
pueda llevar al otro, en su locura,
o mejor dicho en su desgarramiento,
a querer violentar el portón del Enigma
con la llave sutil de los ladrones
o con el pico charlatán de un cuervo
sentado en la cabeza de una diosa.
Elbiamor, si encontraras a ese lloroso Amante,
le dirás que no irrite sus párpados de un día.
Pues en verdad te digo que enterrar a un Amado
es como devolver una guitarra
que nos prestó el Silencio padre de toda música.

13

Podría suceder que no diera el Amante
ningún oído a tu palabra de oro,
y que, siendo el Amante la mitad de un amor,
insistiera en llorar su visible rotura.
Le enseñarás entonces la ingeniosa lección

de ortopedia celeste que yo te di en su tiempo
y en virtud de la cual un Amante partido
sabe reconstruir la mitad que le falta.
Pero, escucha: no es útil enseñar mi receta
si el operario es flojo y el material endeble.
Para el llagado Amante que se dice
la mitad solitaria de un entero amoroso,
es mejor ir saltando con la única pierna
y el ojo impar que le dejó la muerte
hacia el Polo feliz donde se juntan
y se bendicen todas las mitades de amor.

14

El llanto musical de las viudas recientes
es la demostración de un teorema perfecto,
y ha de inspirarte una emoción abstracta
como el sollozo de la Geometría.
Si alguna madre llora por su niño difunto,
es bueno que te pongas tu vestido de fiesta;
porque se dio la suerte del obrero
que cumplió en un instante su trabajo del día.
Si asistes al entierro de un héroe y si tus pies
van acatando el ritmo de alguna marcha fúnebre,
haz que tu corazón, al mismo tiempo,
lleve un paso de baile;
porque un héroe difunto es como un higo
que al peso de su miel ha soltado la rama.
Elbiamor, no es plausible remojar con el ojo
tales desprendimientos necesarios;
porque son alabanza de las cosas que vuelven
a su centro natal.

15

De las excavaciones arqueológicas
te mando que te apartes (bien sé yo que te gustan).
Remover con las palas un cementerio indio
es como trastornar sin derecho ninguno
la vieja utilería de la muerte.
¡Ah, si tu pala fiel desenterrase,
no la oscura tinaja de Santiago
con sus huesos vencidos y su rostro que llora,
sino un cántaro seco,
dentro del cual se conservara el grano
de la risa primera!
¡Bendeciría entonces aquel don de tu mano,
y te daría en premio una granada
que se abrió sin cuchillo!
Pero no es útil excavar el humus
para desenterrar una imagen del llanto.

16

Te ordeno que no explores ni selva ni espesura,
tengan o no el prestigio de la fábula.
Es poco saludable la humedad de los bosques
e irrita las mucosas del corazón viajero.
Además correrías el riesgo de toparte
con los gastado monstruos de la literatura.
¡Oh, qué distinto fuera si, vagando
por un monte frutal, encontraras el árbol
donde se posa el sol para dormirse,
y a su tronco anillado con la doble serpiente
lograras acercarte sin temor!
Entonces dejaría yo de ser tu maestro,
para besar tu frente con labios de discípulo.
Fuera de tal encuentro, lo demás es un simple
goce de la botánica.

17

Elbiamor, yo conozco tu inclinación al viaje;
pero no has de viajar extrañamente.
No utilices en tierra, como cabalgadura,
ni al Centauro parlante ni al Unicornio mudo;
ni montes en el agua ni al Delfín que te brinde
su lomo resbaloso, ni al Caballo de Mar;
ni despeines el aire ya en Hipogrifo arisco
ya en dócil Clavileño.
Te romperás en vano los riñones del alma,
si tomas a esas bestias como fácil vehículo.
En cambio, te aconsejo navegar en la Rosa:
ya sabes manejar su difícil timón.
Si fatigas los remos y hay soplo en tu velamen,
te allanará sus golfos la hermosura de arriba.

18

Hay señores que abusan de los ángeles
haciéndolos actuar en muy tristes oficios:
ángeles de cocina o ángeles de salón,
ángeles con tijeras o ángeles con la cítara.
No caigas, Elbiamor, en tan burdo angelismo:
has de saber que un ángel es tu hermano mayor
en el conocimiento de la fruta celeste.
Pero tales razones de familia
no te acuerdan el goce de intimidad alguna,
ni tampoco el derecho de jugar con los ángeles
como si fueran vidrios de colores.
Exactamente, un ángel es el primer espejo
de la Divinidad.
“¿Y cuál espejo soy?”, me dirá tu cordura.
Elbiamor, necesarios y distintos metales
espejaban la hermosa cara de tu Señor.

19

Deja la soledad para el uso exclusivo
de los poetas devastados
y los filósofos en ruinas.
“¡Estoy solo y medito!”, se gallardea el búho,
muy arropado en su lujosa noche.
Pero el cóndor sereno de los Andes,
erguido en su montaña y al sol de mediodía,
reflexiona en silencio: “La soledad no existe”.
Y es verdad, Elbiamor, que ninguno está solo.

20

No la curiosidad, torpe mendiga,
sino el amor de relucientes ojos
ha de guiar tus pasos en la ciencia.
Elbiamor, en tu casa (y no lo olvides)
hay una claraboya para la luz de Arriba
y hay un sótano, abajo, para la oscuridad.
No has de asomarte ni a la claraboya
ni al sótano, buscando lo terrible.
Sólo tendrás abiertos los oídos del alma;
porque la claraboya y el sótano que dije
son la doble frontera de tu mundo,
y porque han de llamarte desde las dos fronteras.

21

Abundan los poetas que, al menos en la estrofa,
quieren eternizar sus amores de un año
y eternizar su gozo de talón fugitivo
y eternizar sus lágrimas que ya el sol evapora.
Elbiamor, no me opongo si quieres imitar
esas nobles tendencias del alma eternizante.
Pero sea con una condición:
en ese mismo anhelo de eternizar las cosas
has de ver el indicio y hasta la vocación
de tu más que segura eternidad.
Porque un sabor eterno se nos ha prometido,
y el alma lo recuerda.

22

Tomo un pedazo de pan duro,
lo remojo en el agua
y lo doy a los pájaros de arriba.
Come un gorrión el pan y luego tiende
sus alas al espacio:
Elbiamor, el pan duro se ha convertido en vuelo.
Se nutre de mi pan una calandria
y en seguida retoma su profesión del trino:
Elbiamor, el pan duro se ha transformado en música.
No es bueno destruir el pan duro del alma:
vale más remojarlo y transmutarlo
ya en altura ya en canción.

23

El quirquincho le dice al avestruz:
“Te gano en la carrera”.
Sobre sus patas fósiles ya se apura el quirquincho:
el avestruz, en cambio, sin lanzarse al torneo,
gira sobre sus pies y le muestra la cola.
Elbiamor, si te vieras en caso parecido,
seguirás la lección del avestruz;
pero no has de mostrarle al quirquincho insolente
las plumas de tu cola en arrogancia.
Yo no despreciaría ni el flato de un mosquito.

24

Sea la paz el agua de tu día
y el vino de tu noche.
Pero si la justicia te llamase a una guerra,
ceñirás tu buen casco y empuñarás tu lanza.
Y verterás tu sangre y la del otro,
fiel a una rigurosa economía.
La tierra se alimenta con la sangre del justo,
y con la del injusto se purga sabiamente.

25

La división del átomo en procura de la unidad de la materia
es un viejo delirio de la física parda.
Elbiamor, no te ocupes en esas liviandades
ni manejes isótopos de uranio.
Ellos dividirán, hasta perderse,
la materia inasible,
y sólo encontrarán, según peso y medida,
los números cantores del Primer Intelecto.
Porque, a decir verdad, la materia no existe.

26

Si están o no habitados Marte, Venus y Júpiter,
es una duda torpe que no has de mantener.
Este globo terráqueo (planeta nada ilustre)
se vanagloria, empero, de muchos habitantes:
¿por qué no los tendrían, Elbiamor, los demás?
¿Qué les falta una atmósfera de oxígeno?
Respirarán fotones o electrones.
¿Qué no tienen ganados ni trigales?
Almorzarán sus cobres y amatistas.
Sus almas racionales bien podrían tener
un soporte de cuarzo, sin violentar la lógica.
¿Por qué han de ser iguales a nosotros?
La posibilidad es infinita,
y el Divino Alfarero no se repite nunca.

27

Un orden venerable, y a menudo cruel,
preside la existencia de toda criatura.
Le dijo el gavilán a la paloma:
“Es mediodía ya, voy a comerte”;
y la paloma se dejó embuchar,
sin acudir a la jurisprudencia.
Elbiamor, no te sumes a la hueste mojada
que llora en estos casos de inefable justicia:
ni le pegues un tiro al gavilán
ni le ofrezcas un lauro a la paloma.
Que nadie arroje a la balanza de oro
ningún lastre importuno.
Más temblaría yo si la paloma
se comiera de pronto al gavilán.

28

Cuando la rana corajuda
por igualarse con el buey,
se infló del aire de sí misma
y reventó gallardamente,
los olímpicos dioses estallaron
en una formidable carcajada.
Pero un dios que sin duda no reía
dijo a los otros y a su hilaridad:
“En la explosión heroica de la rana
yo advierto la divina locura de los grandes”.
Y entonces una rama de laurel
se consagró al esfuerzo del batracio sublime.

29

Elbiamor, que te vean siempre igual a ti misma,
ya toques las alturas, ya recorras el suelo.
Ni se rebaja el pan en la mesa del pobre
ni se sublima en el mantel del rico.
Sé como el pan, y la Justicia
dirá tu elogio en la balanza.

30

Te propongo, con ánimo docente
varias definiciones de tu cuerpo.
La viajera: “Es un traje de turismo,
entre los muchos que ha de usar tu ser
cumpliendo su moción helicoidal”.
La tenebrosa: “Es el cajón de muerte
o el ataúd grosero en que tu alma
yace y espera su liberación”.
La hotelera: “Tu cuerpo es una casa
que has de habitar un día y una noche”.
La fabril: “Es un útil de trabajo,
una herramienta noble (martillo, escoplo, arado)
con que realiza el alma sus oficios terrestres”.
Sea un útil o un traje, sea chalet o féretro,
cuidarás ese poco de tierra necesaria.
Ni adores a tu cuerpo ni le des latigazos:
es un buey de ojos triste, pero muy obediente
si no lo abruma el yugo ni le sobra el alfalfa.

31

Comerás las verduras de tu huerto,
sin repudiar el haba como los pitagóricos.
Una lechuga, dos acelgas,
una manzana y un limón
te dan las mismas calorías
de un buen pedazo de ternera.
Con todo, no rechaces un lomo de novillo
por temor de que el alma de tu abuela
se haya encarnado en ese pastoril animal.
Tales encarnaciones repugnan al Demiurgo:
Elbiamor, no se ha visto ni ha de verse jamás
que un hombre habite dentro de un caballo.
Lo más triste y usual es que un caballo
se nos meta en el hombre.

32

Del fermentado jugo de las uvas
no beberás, como no sea
ya en los bautismos, ya en los casamientos.
Repudiarás en toda circunstancia
los brebajes malditos
que aviesamente se destilan
en sigilosos alambiques.
Todo borracho es una casa
que abre sus puertas al ladrón.
Y el que bebe agua pura consigue que florezca
la barba de Esculapio.

33

Te bañarás asiduamente,
pero sin ínfulas ni orgullo.
Gentes hay que se bañan y lo gritan
como si fuera un acto de heroísmo.
Que la modestia y la necesidad
te lleven de la mano hasta la ducha,
no de otro modo el labrador que limpia
la reja de su arado.

34

Cómodos e inocentes han de ser tus vestidos:
ni ha de ahogarte la tela ni menos desnudarte.
No des tu mano a las pulseras
ni hagas tu cárcel de una túnica:
el ostentoso pavorreal
es un esclavo de su ropa.

35

Con los preceptos de mi Alegropeya
lograrás, Elbiamente, construir tu alegría
por la virtud sapiente y obrante de tu alma.
Y darás buena sombra
para todos. Amén.

Leopoldo Marechal





lunes, 14 de febrero de 2011

RAÚL SCALABRINI ORTIZ




Todas las respuestas que necesita la Mesa de Enlace las tiene él. Hace muchos años les contestó a los Biolcati, los Buzzi, los Llambías, los Garetto, los De Angeli, los Venegas, los Mitre, los Magnetto...

Prefiguró a los hijos y nietos de los cipayos, a los oligarcas que vendieron la patria, y a los advenedizos que seguirían intentándolo.


Patriota de veras, develó con su pensamiento la trama secreta de la dependencia del país agroexportador del primer Centenario.

A través de libros, periódicos y conferencias, deconstruyó esa supuesta “Gran Argentina” de 1860 a 1945, y demostró que en realidad era una semicolonia del Imperio Británico, que cumplía el rol de proveedor de carne y cereales baratos, y se abastecía de artículos manufacturados a alto precio.

Con este “primitivismo agrario”, la Argentina fue conducida a un creciente y crónico endeudamiento, a la dependencia económica y política, y a la injusticia social.





    En octubre de 1929, se desencadena la crisis económica mundial. El capitalismo hace agua por todos lados y millones de hombres son arrojados a la desocupación y al hambre. Los países desarrollados, envueltos en la crisis, amenguan sus efectos, descargándola sobre los países productores de materia prima. En la Argentina se desmorona "el granero del mundo": caen los precios de las exportaciones y baja el peso. Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio de la Década Infame.

    Entonces el verdadero rostro del país vasallo se asoma a los ojos del prensador nacional que sepa verlo. Y mientras el resto de la inteligencia argentina juguetea con metáforas exquisitas, Raúl Scalabrini Ortiz emprende la tarea de demostrar la verdadera realidad nacional. Hasta poco tiempo atrás, también él se había enredado en la metafísica con "El hombre que está solo y espera", pero ahora -1932- Scalabrini hunde profundamente el escalpelo del análisis en la patria vasalla e inicia la tarea de toda su vida. El pensamiento nacional, dormido desde hacía décadas, se pone en marcha.

    Scalabrini se pregunta en primer lugar ¿Cómo es posible que en un país como la Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre?.

    De allí pasa a inventariar nuestras riquezas [ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etcétera...] estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos y así llega a la conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés se lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes, dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de nuestra economía.


    ... A través de las conferencias y los cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte en el gran fiscal de la entrega. Pero por sobre todos estos negociados, él apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República". Es a través del ferrocarril que nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada.

    ...Cuando se desencadena la Segunda Guerra Mundial y ante la presión aliadófila para que la Argentina envíe tropas al frente, Scalabrini Ortiz vuelve a hacer punta contra el imperialismo, publicando el diario "Reconquista". Desde allí defiende la neutralidad y lanza esta consigna: "No osdejéis arrastrar a la catástrofe. Si os empujan, subleváos. Muramos por la libertad de la Patria y no al servicio de los patrones extranjeros". Así convoca a la Segunda Independencia.

    Jaqueado por todas las fuerzas de la Argentina ainglesada, "Reconquista" logra vivir ton sólo 41 días. Pero subterráneamente, el pensamiento nacional se va infiltrando y despierta ya muchas conciencias dormidas. Y cuando poco después el Grupo de Oficiales Unidos dé el golpe de estado el 4 de junio de1943, alguien recordará que uno de los libros que esos militares consideran texto obligado para su formación política es "La Historia de los Ferrocarriles" de Scalabrini Ortiz.

    Poco después lo conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles. El 17 de octubre de 1945, Scalabrini Ortiz forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar una Argentina Nueva. Ese día, se convence de que esos hombres, a los que llama "esos de nadie y sin nada", son los que conducirán al país hacia su nuevo destino: ".... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de reivindicación"...





LA TIERRA INVISIBLE



...Pero hay una tragedia metafísica más terrible en el extranjero que inmigra. El europeo que reside en Europa es un hombre azuzado por la inseguridad de su subsistencia material. El cacho de tierra de cada uno es minúsculo, y hay que hacerlo producir a toda costa. La consecución de su alimento consume su voluntad. La pugna contra la naturaleza es ruda y sin tregua. Para vivir, nada más, hay que bregar duro y tendido. Hay que abonar las tierras, prevenir los granizos y las inundaciones, combatir las plagas, cuidar los ganados, apacentar los animales, curarlos cuando enferman. El hombre rural europeo no pierde tiempo en pensar. El tiempo es para él otra herramienta de trabajo. Esta contracción hizo a los europeos laboriosos y ahincados. Además, allí la tierra es gozosa y se atavía con altonazos, collados, bosques, hondonadas, y no chasquea nunca el recreo de los sentidos, donde el espíritu encalla.

Con otros portes, el europeo urbano reproduce las características del europeo rural. De un modo o de otro la tierra manda. Nada se desperdicia en las ciudades. Todo confluye a un máximo aprovechamiento material. El que tiene un idea la labra, la cultiva y le extrae un rendimiento portentoso. Hay así algunos literatos vacuos que son eminentes por la técnica, pensadores que alimentan una copiosa producción con ideas substraídas de otros libros ya olvidados. Pero, dentro de su exigüidad, el europeo es casi feliz. La premura de su trabajo le impide ser consumido por el pensamiento de su brevedad. No tiene tiempo para saberse perecedero. Es un trabajador que labora como si fuera eterno: libre de aflicciones de mortalidad.


Aquí la lucha no encara a la naturaleza física, aquí la lucha encara a la naturaleza espiritual. Aquí la tierra es opulenta, dócil; es la tierra apurada por germinar. El trabajo es de alientos lánguidos, es trabajo que no jadea y está henchido de promisiones que se cumplen a la primera genuflexión. Pero es una tierra que amilana los sentidos, que postra la sensualidad, una tierra invisible aun para el cuerpo que la holla, una tierra caso inhumana, impía, chata, acostada panza arriba bajo un cielo gigantesco. Es una tierra inasible, sin actualidad, que ni se ve, ni se oye -muda, inmóvil-, una tierra sin pájaros, sin bichos. El hombre, frente a eso sosiego pródigo en beneficios materiales, queda alelado por los pensamientos y las emociones que flotan como vahos deletéreos. Allí todo parece vano, superfluo, pueril. "Todo pasa" dice la llanura. "Todos pasa" dicen los cuartos de luna que se engalanan y agonizan en un mes. El hombre, lacerado por la estupenda indiferencia del cosmos, se pregunta: "¿Para qué?" "¿Y pa qué?" "Si de todos modos te vas a morir". "¿Pa qué deslomarse si tu suerte es reventar?" La pampa abate al hombre. La pampa no promete nada a la fantasía; no entrega nada a la imaginación. El espíritu patina sobre su lisura y vuela. Arriba está la fatídica idea del tiempo.

Hombres ociosos, taciturnos, sufridos y altaneros son los hijos de esa planicie. "Constituyen la raza con menos necesidades y aspiraciones que yo haya encontrado. Sencillas, no salvajes, son las vidas de esta "gente que no suspira de las llanuras. Al que lo contempla, nada puede dar más noble idea de independencia que un gaucho a caballo", según el testimonio imparcial de Samuel Haigh, viajero inglés que lo escudriño allá por 1820. Mas, también ¿qué temor, qué tentación, que incertidumbre puede doblegar al hombre a quien la naturaleza avisa constantemente que se está muriendo? ¿Qué espejismo puede extraviarlo, qué complacencia solazarlo, qué contrariedad desmayarlo, qué apetito instigarlo, si lleva en sí mismo su vida y su muerte, enteras?

El labriego europeo invadió la pampa fascinado. La verdad de la extensiones fértiles excedía en mucho los más ávidos ensueños de su imaginación. La labró, la dividió en predios, la rayó con su arado, la aspergó con su simiente, embriagado por la largueza con que lo eran devueltos sus afanes. La llanura se inflamó un rato, alborotada por el animoso vigor europeo. Parecía que un barullo cándido desarrugaba el ceño adusto de la pampa. En cada rancho había un botellón de vino, un hombre melodioso y un acordeón. Pero, poco a poco, la tierra se fue recobrando: aplacó los bullicios extemporáneos; apaciguó las exuberancias del bienestar corporal. Volvió a imponer su despotismo de silencio y de quietud, volvió a quedar en suspenso y con éxtasis. Manejando la tierra, el hombre fue allanado por la tierra.

Al conjuro irresistible de esa metafísica de la tierra, la continuidad de la sangre se quebró. El hijo del colono ya solfea una burla cuando rememora los que fueron acucios del padre. Tras el gran sacudón inmigratorio que descompaginó su tono, la pampa se reafirma, y los hombres recomponen su espíritu de siempre. Hay algunas intercalaciones, algunos simulacros de cercanías, algunas canciones que flojean boliches, junto a un trago de caña, algunos montoncitos de frutales que rebañan y conllevan toda la distracción de los ojos, algún camino sin baches que galopa un Ford hasta el caserío vecino, ya evaluado en población o ciudad. Cambiaron algunas indumentarias, algunos usos inapropiados se relegaron, pero ni el perfil de las poblaciones ni las telarañas de los telégrafos han empequeñecido el cielo, ni tronchando los horizontes sin medida, ni acallado sus insinuaciones inexorables. Los días siguen deslizándose de naciente a poniente, con una evidencia de tiempo tan desanimada que todo atardecer es un acongojado: "Yo ya no vuelvo más y es un día menos para ti". Y de nuevo los hombres se preguntan: "¿Y pa qué? ¿Pa qué deslomarse si tu suerte es reventar?. El presente invisible les insufló a todos la idea del tiempo y de su fugacidad. En silencio, el hombre sorbe sus mates y mira cómo se van los días...




EL HOMBRE DE CORRIENTES Y ESMERALDA



...Para no amilanarme ante los fantasmas que la imaginación procrea en las tinieblas, para no desorientarme en la maraña de variedades porteñas que a veces simulan desdecirse de un barrio y aun de una cuadra a otra, me dilaté en la nada fatua sino imprescindible creación de un hombre arquetipo de Buenos Aires: el Hombre de Corrientes y esmeralda. En otro lugar aduciré las razones que me movieron a ubicarlo en esa encrucijada, para mí polo magnético de la sexualidad porteña.

Este hombre es el instrumento que permitirá hincar la viva carne de los hechos actuales, y en la vivisección descubrir ese espíritu de la tierra que anhelosamente busco. Será la guía, la linterna de Diógenes con que rastrearé el hombre en quien ese espíritu encarnar. Lo muy grande hay que inducirlo de la observación de una partícula, no del enfocamiento directo. El que mira todo el bosque de manzanos, no ve más que el bosque. Pero el que se reduce a mirar profundamente una sola manzana puede inferir el régimen de todas las manzanas.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un ritmo de las vibraciones comunes, un magnetismo en que todo lo porteño se imana, una aspiración que sin pertenecer en dominio a nadie está en todos alguna vez. Lo importante es que todos sientan que hay mucho de ellos en él y presientan que en condiciones favorables pueden ser enteramente análogos. El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un ubicuo: es el hombre de las muchedumbres, el croquis activo de sus líneas genéricas; algo así como la columna vertebral de sus pasiones. Es, además, el protagonista de una novela planeada por mí, que ojalá alguna vez alcance el mérito de no haber sido publicada.


No se alboroten, pues, los políticos ni los granjeadores de voluntades. El Hombre de Corrientes y Esmeralda no es ladero para sus ambiciones. Su nombre no figura en los padrones electorales, ni en las cuentas corrientes de los bancos, ni en los directorios de las grandes compañías ni en las redacciones de los diarios, ni en las nóminas de comerciantes o profesionales. No es un obrero, ni un empleado anónimo.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda es el vértice en que el torbellino de la argentinidad se precipita en su más sojuzgador frenesí espiritual. Lo que se distancia de él, puede tener más inconfundible sabor externo, peculiaridades más extravagantes, ser más suntuoso en su costumbrismo, pero tiene menos espíritu de la tierra

Por todos los ámbitos, la república se difumina, va desvaneciéndose paulatinamente. Tiene sabor peruano y boliviano en el norte pétroleo de Salta y Jujuy; chileno, en la demarcación andina; cierta montuosidad de alma y de paisaje en el litoral que colinda con el Paraguay y Brasil y un polimorfismo sin catequizar en las desolaciones de la Patagonia.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda está en el centro de la cuenca hidrográfica, comercial, sentimental y espiritual que se llama República Argentina. Todo afluye a él y todo emana de él. Un escupitajo o un suspiro que se arroja en Salta o en Corrientes o en San Juan, rodando en los cauces algún día llega a Buenos Aires. El Hombre de Corrientes y esmeralda está en el centro mismo, es el pivote en que Buenos Aires gira.

El mismo Hombre vertió las palabras puntualizadoras de su efectividad en el arresto sin cálculo de un acaloramiento, de un querer demasiado tirante o de un pequeño descuido del recelo personal, pacientemente incubado por mí. El Hombre nació en apuntes apresurados de un partido de fútbol o de un asalto de box, en la agresión a un indefenso, en la palpitación de las muchedumbres de varones que escuchan un tango en un café, en el atristado retorno a la monotonía de sus barrios de los hombres que el sábado a la noche invaden el centro ansiosos de aventuras, en las confecciones amicales arrancadas por el alba, en los bailes de sociedad, en la embriaguez sin ambages de un cabaret, en algunos comentarios perspicaces y también en personas que exageraban involuntariamente un motivo mitigado en los demás.

En todos y en cada uno vive el Hombre de Corrientes y Esmeralda. Se le desconocía, porque el conocimiento es casi una verbalidad, y los hombres que podían metrificar su voz se irritaban la garganta amaestrando oraciones extranjeras o evaporaban sus propósitos en un silencio lleno de mañanas que perezosamente se trocaban en ayeres…


Raúl Scalabrini Ortiz
de "EL HOMBRE QUE ESTÁ SOLO Y ESPERA"
(1931)






Raúl Scalabrini Ortiz nació en la ciudad de Corrientes, el 14 de febrero de 1898. Hijo del naturalista Pedro Scalabrini, director del museo de la ciudad de Paraná, transcurrió su adolescencia y su juventud entre la hegemonía liberal conservadora de la época y la tentativa Yrigoyenista.

Numerosos son los factores que lo llevaron a cuestionar el pensamiento colonial vigente en la época. En primer lugar, su militancia juvenil en un grupo llamado "Insurrexit", de orientación marxista, le permitirá descubrir la importancia de los factores económicos y sociales en el desarrollo histórico. Por el otro, su permanente deambular por el país por razones de ocupación de agrimensor (viaja a La Pampa, Entre Ríos y Catamarca). Dichas circunstancias, le permiten trascender la “visión porteña del país”, y le enseñan cómo viven y cómo sueñan sus compatriotas.

Luego, viaja a París, a los 26 años, y regresa hondamente decepcionado, pues en la "Francia eterna" del "humanitarismo y los derechos del hombre", encuentra un enorme desdén por los latinoamericanos y una antidemocrática xenofobia de pueblo elegido.

Ejerce influencia seguramente sobre el, Macedonio Fernández, quien posiblemente lo orientó hacia una vida profunda, de altruismo y generosidad, donde lo individual se diluya en aras del beneficio colectivo. "Mis días eran extrañamente ajenos los unos a los otros... Les faltaba sometimiento a una sorpresa más grande que ellos mismos. Les faltaba subordinación a una fe" sostenía Scalabrini.

Se vinculó a la revista Martín Fierro. En 1923, escribe su cuento "La Manga". Fue periodista en La Nación, El Mundo y Noticias Gráficas, además de crear y dirigir el diario “Reconquista”. En octubre de 1929, se desencadena la crisis económica mundial. El capitalismo se desmoronó y millones de hombres son arrojados a la desocupación y al hambre. Los países desarrollados, envueltos en la crisis se recuestan sobre los periféricos productores de materia prima. En ellos caen los precios de las exportaciones y baja el peso. Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio de la Década Infame. Escribe en ese momento "El hombre que está solo y espera" donde crea un arquetipo de porteño: el hombre de Corrientes y Esmeralda.

Entonces el verdadero rostro del país vasallo se asoma a los ojos del prensador nacional que quiera y sepa verlo. Y mientras el resto de la inteligentzia argentina juguetea con metáforas exquisitas, R.S.Ortiz emprende la tarea de demostrar la verdadera realidad nacional. A partir de 1932 se hunde profundamente el escalpelo del análisis en la patria vasalla e inicia la tarea de toda su vida. El pensamiento nacional, dormido desde hacía décadas, se pone en marcha.

La incógnita sobre ¿Cómo es posible que en un país como la Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre? obra como disparador inicial. De allí pasa a inventariar nuestras riquezas (ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etc.) estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos, y así, llega a la conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés, se lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes, dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de nuestra economía.

Como consecuencia de su participación en la Revolución Radical de Paso de los Libres, es desterrado a Europa en 1933. Desde allá, se aclara aún más el grado de sometimiento argentino al imperio, pues lo que los diarios ocultan en la Argentina , se dice en voz alta en Alemania o Italia, especialmente debido a las rivalidades ínter imperialistas. "Somos esclavos de los ingleses", se repite una y otra vez ya absolutamente convencido de que sus cifras son ciertas e irrefutables. Desde Alemania, en 1934, escribe sus primeros artículos en los que aborda en profundidad el problema clave de todo país semicolonial: la cuestión nacional.

Poco después, en 1935, ya de regreso del exilio, se lanza decididamente a la lucha contra el imperialismo. Desde el periódico "Señales" y desde FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina ), junto con Gabriel del Mazo, Arturo Jauretche, Homero Manzione, Amable Gutiérrez Diez y Héctor Maya, condena uno a uno todos los decretos de la entrega. A través de la conferencia, el libro y los artículos periodísticos, denuncian la expoliación imperialista, entre otros en la década de 1930.

A través de las conferencias y los cuadernos de FORJA, Scalabrini se convierte en el gran fiscal de la entrega. Pero por sobre todos estos negociados, él apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República". Es a través del ferrocarril que nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada.

Por esos años, se sumerge en la historia nefasta de esos ferrocarriles y paso a paso desnuda la verdad: que los ingleses trajeron capitales ínfimos, que aguaron esos capitales a través de reevaluaciones contables dirigidas a inflar los beneficios, concedidos como porcentajes fijos sobre el capital, que quebraron todo intento de comunicación interna que no fuese a dar a Buenos Aires, que subieron y bajaron las tarifas, según sus conveniencias, para boicotear a las industrias nacionales que compitiesen con la mercadería traída de Londres, que obtuvieron miles de hectáreas de regalo junto a las vías, que no cumplieron función de fomento alguna en las provincias pobres, que hundieron unos pueblos y levantaron otros torciendo el trazado de las líneas según sus intereses y los de sus socios: los oligarcas.

Allí reside, para él, el verdadero cáncer de nuestra soberanía y en torno a él han crecido las restantes enfermedades que han terminado por hundirnos: la moneda y el crédito manejado por la banca extranjera, el estancamiento industrial, la no explotación de la riqueza minera, ni de la hidroelectricidad, la subordinación a barcos, tranvías y restantes servicios públicos extranjeros, la expoliación de los empréstitos a través del interés compuesto. "Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre" reclaman Scalabrini, Jauretche y sus muchachos de FORJA.

Pero el boicot del silencio cae sobre ellos. La superestructura creada por el imperialismo se cierra ahogando a las voces nacionales. Ellos no cejan, sin embargo, y desde las catacumbas, van forjando la conciencia nacional. Publica en esos años la "Historia de los Ferrocarriles Argentinos" y "Política Británica en el Río de la Plata ".

A mediados de 1944 en La Plata conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles.

El 17 de octubre de 1945, Scalabrini forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar una Argentina nueva. Ese día, se convence de que esos hombres, a los que llama "esos de nadie y sin nada", son los que conducirán al país hacia su nuevo destino:

"... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de reivindicación".

Pocos meses después, Perón derrota en las urnas a los viejos partidos representantes de una Argentina que moría irremediablemente. Scalabrini acompaña el proceso de la campaña electoral desde las columnas del diario "Política" y mantiene estrecho contacto con Perón, ya siendo éste Presidente. Presenta entonces varios trabajos atinentes a la nacionalización de los ferrocarriles, pero no acepta cargos en el gobierno. Considera que su lugar está en el llano, opinando, fiscalizando, apoyando, pero, después de tantos años de oposición, no se considera un "hombre de construcción". fallece el 30 de mayo de 1959.



Su Obra :

1923 - "La manga"
1931 - "El hombre que está solo y espera"
1934 - "La Gaceta de Buenos Aires" (artículos periodísticos)
1935 - "Señales" (artículos periodísticos)
1936 - "Política Británica en el Río de la Plata " (Cuaderno de FORJA)
1937 - "Los ferrocarriles, factor primordial de la independencia nacional"(folleto)
1938 - "El petróleo argentino" (Cuaderno de FORJA)
1938 - "Historia del Ferrocarril Central Córdoba" (Cuaderno de fORJA)
1938 - "Historia de los Ferrocarriles" (Revista Servir)
1939 - "Historia del Primer Empréstito" (Cuaderno de FORJA)
1939 - "Reconquista" (artículos periodísticos)
1940 - "Política británica en el Río de la Plata "
1940 - "Historia de los Ferrocarriles Argentinos"
1942 - "La gota de agua" (folleto)
1946 - "Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino"
1946 - "Defendamos los ferrocarriles del Estado" (folleto)
1946 - "Tierra sin nada, tierra de profetas" (poesías y ensayos)
1948 - "Yrigoyen y Perón, identidad de una línea histórica"(folleto)
1948 - "El capital, el hombre y la propiedad en la vieja y la nueva Constitución Argentina" (folleto)
1950 - "Perspectivas para una esperanza argentina" (folleto)
1955/56 - "El Líder" y "El Federalista", "De Frente" (artículos periodísticos)
1957 - "Aquí se aprende a defender a la Patria " (folleto)
1957/58 - "Qué" (artículos periodísticos)
1960 - "Cuatro verdades sobre la crisis" (folleto)
1965 - "Bases para la Reconstrucción Nacional " (recopilación de artículos)



sábado, 13 de noviembre de 2010

El MEDIO PELO en la Sociedad ARGENTINA








Si bien el tema que voy a tratar en este libro es de sociología debo prevenir al lector que no estoy especializado en la materia, y que sólo ando por ella de "bozal y lazo", como dijo José Hernández, un sociólogo nuestro que tampoco era de la especialidad.

Guardando las distancias con el autor del Martín Fierro intento colocármele "a la paleta" en el método, proporcionando datos y reflexiones que he recogido como actor y observador apasionado en el curso de una vida lo suficientemente prolongada para que pueda ser testigo de casi todo lo que va del siglo.

Tal vez lo que resulte sea pura anécdota de "mirón", pero no es mi propósito, como no fue el de Hernández, hacer obra puramente literaria a través de un personaje de imaginación, que es lo que pretendieron entender durante mucho tiempo los mandarines de nuestra cultura.

Porque los conocía se previno:


Digo que mis cantos son
para los unos... sonidos
y para otros... intención.




OLIGARQUÍA = DEPENDENCIA

O comprendiéndolo. Y aquí dejo la palabra a un economista que nos explicará la alianza de las fuerzas económicas internas correspondientes a ese progreso limitado, con las fuerzas extranjeras que dirigieron y aun dirigen los resortes esenciales de nuestra economía, que quedó en sus manos por la incapacidad de esas mismas fuerzas internas. Dice Aldo Ferrer ("La economía argentina", Ed. Fondo de Cultura Económica —1963—):

... Finalmente, dado el papel clave que el sector agropecuario jugó en el desarrollo económico del país durante la etapa de economía primaria exportadora, la concentración de la propiedad territorial en pocas manos aglutinó la fuerza representativa del sector rural en un grupo social que ejerció, consecuentemente, una poderosa influencia en la vida nacional. Este grupo se orientó, en respuesta a sus intereses inmediatos y los de los círculos extranjeros (particularmente británicos) a los cuales se hallaban vinculados, hacia una política de libre comercio opuesta a la integración de la estructura económica del país mediante el desarrollo de los sectores industriales básicos, naturalmente opuesta también a cualquier reforma del régimen de tenencia de la tierra. La gravitación de este grupo no llegó a impedir el desarrollo del país en la etapa de la economía primaria exportadora, dada la decisiva influencia de la expansión de la demanda, externa y la posibilidad de seguir incorporando tierras de la zona pampeana a la producción. Sin embargo, después de 1930, cuando las nuevas condiciones del país exigían una transformación radical de su estructura económica, la permanente gravitación del pensamiento económico y la acción política de ese grupo constituyó uno de los obstáculos básicos al desarrollo nacional.

Con lo dicho queda señalada la miopía de los hombres que desde 1853 han pasado en nuestra historia como los grandes visionarios del destino racional y también el proceso por el cual los continuadores de aquellos "chicatos" ilustres se empeñan en ponerle al país las anteojeras que le impiden encontrar su verdadero camino, pues lo que en aquellos fue miopía en éstos es un estado de conciencia que resulta de la fusión de la estructura de sus intereses actuales con el mantenimiento de nuestra tradicional estructura económica.


(...)


PRIMER FRACASO: LA GENERACIÓN CONSTITUYENTE. LIBERALISMO INTERNACIONAL O LIBERALISMO NACIONAL

Es que en toda colonización hay ese momento próspero mientras se avanza hacia el límite óptimo de sus necesidades. Y el frenazo después. He ahí las dos fases de una misma política.¿La adscripción de la Argentina al sistema de la división internacional del trabajo era inevitable para los vencedores de Caseros? ¿La única perspectiva de progreso que se tenía por delante era la impuesta por la ortodoxia liberal y el libre juego de las fuerzas económicas nacionales e internacionales con que se adoctrinaban?Ni teórica ni prácticamente era así. Lo que sí puede ser cierto es que las condiciones históricas determinaban la organización capitalista de la producción. Es cierto que era la hora del capitalismo en marcha, pero no la del internacionalismo liberal. Los constituyentes del 53 buscaron su inspiración en las instituciones de los Estados Unidos, y hay aquí que preguntarse por qué se quedaron en las apariencias jurídicas y eludieron la imitación práctica. ¿No entendieron la naturaleza profunda del debate entre Hamilton y Jefferson o la entendieron y vendieron después a las generaciones argentinas desde la Universidad, desde el libro y desde la prensa una interpretación superficial y formulista?

En ese debate está sintetizado el enfrentamiento entre el liberalismo ortodoxo, que implicaba aferrarse a la división internacional del trabajo, y el liberalismo nacional, que construyó los Estados Unidos, que fue el instrumento de su grandeza y le sirvió para delimitar la esfera propia del desarrollo norteamericano por oposición a la subordinación económica a la metrópoli, que hubiera convertido la independencia en una ficción. ¿Entre tanto libro que leyeron "al divino botón" no encontraron una línea de las que habían escrito Carey e Ingersoll, y no tropezaron con un volumen del "Sistema de Economía Nacional" de List, que fueron los teóricos del desarrollo da una economía capitalista nacional, es decir, de un capitalismo y un liberalismo para los norteamericanos o, los alemanes, y no para los ingleses? ¿No sabían que esa heterodoxia que le cortó las alas al águila de la división internacional del trabajo nutrió la gallina prolífica que ponía los huevos para los hijos de su tierra, defendiendo con la protección aduanera el fruto del trabajo nacional y promoviendo el desarrollo interno, con el Estado como propulsor de la grandeza? ¿Por qué se atrevieron a la doctrina liberal como mercadería de exportación para vender a zonzos y no a la doctrina liberal, reelaborada en los Estados Unidos para la construcción de una economía liberal pero integrada?

Y contemporáneamente también, y más adelante, ¿por qué prescindieron del ejemplo de Alemania, que realizó su propia política liberal, pero nacional, empezando por el “zollverein” hasta llegar a la construcción de la gran Alemania cuando el pensamiento político de Bismarck integró el pensamiento económico del mismo List, perseguido por los príncipes como liberal y por los liberales como nacional?

Alemania, hasta ese momento, no había sido más que el mísero país del que habla Voltaire; el campo de batalla de franceses, suecos, austriacos y españoles, en el que nunca había pesado el interés de sus nacionales. Los factores materiales de la grandeza alemana habían estado siempre allí: sus puertos y sus ríos, el genio y la capacidad de trabajo de sus hombres, los bosques en las faldas de las montañas, los granos y las carnes en los valles y las llanuras, el hierro y el carbón en las entrañas de la tierra; todas las condiciones materiales de la grandeza que sólo se manifestaron cuando el pensamiento y la voluntad nacional se articularon para ponerlos a su servicio.

(Conviene recordarlo a los que creen que sólo los factores materiales determinan la historia y subestiman el pensamiento y la voluntad que puede hacer una mísera dependencia de un país rico, y una metrópoli de un país pobre en recursos materiales.)


(...)


LA ARGENTINA PREINDUSTRIAL

¿Pudo, a nivel histórico 1853, planearse una política económica nacional? ¿Existía la posibilidad de surgimiento de una burguesía nacional que cumpliera ese papel?

Existía. Y Juan Manuel de Rosas había sido su máxima expresión. Lo que hay que saber es si Rosas no fue combatido por eso mismo y si el propósito de los vencedores no fue precisamente aniquilar toda posibilidad de economía integrada, que él acababa de demostrar. Vencido políticamente, quedaba su camino económico para recorrer.

Rosas es uno de los pocos hombres de la alta clase que no desciende de los Pizarros de la vara de medir que en el contrabando y en el comercio exterior fundaron su abolengo. Por eso no tuvo inconveniente en ser burgués. Fundó la estancia moderna y después fundó el saladero para industrializar su producción, y fundó paralelamente el saladero de pescado para satisfacer la demanda del mercado interno. Y defendió los ríos interiores y promovió el desarrollo náutico para que la burguesía argentina transportara su producción; integró la economía del ganadero con la industrialización y la comercialización del producto y le dio a Buenos Aires la oportunidad de crear una burguesía a su manera. Pero además, con la Ley de Aduanas, de 1835, intentó realizar el mismo proceso que realizaba los Estados Unidos; frenó la importación y colocó al artesanado nacional del litoral y del interior en condiciones de afirmarse frente a la competencia extranjera de la importación, abriéndole las posibilidades que la incorporación de la técnica hubiera representado, con la existencia de un Estado defensor y promovedor, para pasar del artesanado a la industria.


(...)


SEGUNDO FRACASO: LA BURGUESÍA PROSPERA SE SIENTE ARISTOCRACIA

Hacia el 80 se abre otra perspectiva. Es el momento en que comienza la brusca expansión agropecuaria del país. Aldo Ferrer (Op. cit.) sintetiza de manera general el proceso de integración de los países productores de materias primas en el mercado mundial. Dice (pág. 96):

"La apertura de los mercados europeos a la producción de alimentos y materias primas del exterior fue consecuencia del proceso de industrialización de los países de Europa, la Especialización creciente de éstos en la producción manufacturera y la mejora de los medios de navegación de ultramar que rebajaron radicalmente los costos de transporte. Esto abrió en las economías de los países ajenos a la revolución tecnológica y a la industrialización de la época, llamados más tarde de la periferia, grandes posibilidades de inversión en las actividades destinadas a producir para los mercados de los países industrializados. Naturalmente, según se apuntó antes, los que más posibilidades ofrecían fueron aquellos de grandes recursos naturales y escasa población". Señala más adelante, llamando a estos países de "espacio abierto", que "la Argentina fue un caso típico de integración a la economía mundial de un espacio abierto".

Agrega, también, que las "inversiones se presentaron tanto en las actividades puramente exportadoras como en la ampliación del capital de infraestructura, particularmente transportes, y también en los campos vinculados a las actividades de exportación, sus mecanismos comerciales y financieros, y en el desarrollo de actividades destinadas a satisfacer las demandas de países periféricos".

Ya Scalabrini Ortiz en su "Historia de los FF.CC. Argentinos" ha mostrado cómo la inversión fue muy relativa y se hizo por capitalización del trabajo nacional; lo mismo puede decirse de los servicios públicos en general, uno de los cuales, el de la electricidad, ha historiado minuciosamente Jorge del Río. En cuanto a los mecanismos comerciales y financieros, conviene recordar que los exportadores y los importadores se financiaron antes y después del IAPI, a través de la banca por el ahorro nacional, es decir que lo mismo que el IAPI, pero con la correspondiente diferencia de destino de los márgenes que resultan del comercio exterior. Estos márgenes se convierten con el sistema restablecido después de 1955, en nuevas inversiones extranjeras cuando no son utilidades que se van.

Pero dejando de lado la cuestión del origen de esas inversiones, el hecho que anota Ferrer es el mismo que hemos señalado poniendo las iniciales a la política inteligentemente trazada; las inversiones en la infraestructura no están dirigidas a desarrollar el país sino a facilitar su deformación en el sentido de un desarrollo dependiente.

La clase propietaria de la tierra, enriquecida bruscamente por la ampliación de sus dominios con la Conquista del Desierto, por el orden y la juridicidad, por el progreso técnico —alambrados, aguadas, genética, etc.—, por la contribución de los brazos inmigratorios y, sobre todo, por la demanda mundial dirigida a las producciones de la pampa húmeda, ha cuidado minuciosamente de mantener su hegemonía territorial, limitando por esto mismo la posibilidad de la formación de una fuerte burguesía de origen inmigratorio que podría haber nacido de una mejor distribución de la tierra y de una más amplia distribución de los frutos del trabajo...










Daniel
Mancuso







miércoles, 15 de septiembre de 2010

NOSOTROS Y LOS MIEDOS




Jorge Rafael Videla tiene miedo. Yo también. Sin embargo, tenemos miedos distintos.

Él se siente inseguro y pide custodia para su familia, aunque vive en una sociedad democrática con todas las garantías y los derechos.

Yo tengo miedo de que se confundan las palabras... y los miedos. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. El miedo de cualquier mortal en los 70, ese era miedo.

Miedo como el de los compañeros esperando la picana bañados en soledad, desnudos en multitud de risas sádicas que agijoneaban cobardemente el alma inocente, el cuerpo militante.

Miedo antes de caer de un avión, medio dormido medio despierto en medio del Río de la Plata.

Miedo de que mataran a mis viejos, a mis hermanos, porque yo pensaba raro, peligrosa y anticristianamente raro. Y los cristianos reían con la multitud de la picana.

Miedo de mi sombra, de mis pasos en la noche del suburbio peligroso que ladraba perros botones, sospechaba autos verdugos, rehuía miradas amenanzantes, fugaba en colectivos interminables de ida y vuelta ida y vuelta para intentar no existir en la jungla de cemento de cazadores y capuchas tibias amagando zarpazos.

Miedo metálico del cerrojo del portón del calabozo que me invita al interrogatorio eléctrico y me abre las puertas al mundo genocida y el submarino seco. Vení, me dice mi guardián, tenemos que hablar...

Después hay miedos menores. Todos tenemos derecho a nuestra elección de miedos sin que nadie nos censure.

Yo tengo miedo que corten el tránsito y no me dejen circular los amigos del padre Grassi festejando su liberación en una nueva marcha naranja, con Bergoglio a la cabeza.

Tengo mieo de ir a misa y que el cura pedófilo me toque cuando me da la hostia.

Tengo miedo de la vieja que hace años le esquiva el brazo al ADN de los pibes, porque quiere decir que no somos todos iguales ante la ley.

Tengo miedo de los jueces que aportan guiones para El Padrino IV.

Tengo de miedo de los silencios de Pino Solanas y el grupo Ajjj...


Ellos tienen miedo de los estudiantes que hacen política. De los obreros reclamando salarios y participación en las ganancias. Del pueblo en la calle.

Clarín, Magnetto, Ernestina y todos esos tienen miedo del 2011 y el triunfo peronista. Temen cárcel y derrota. Pesadillean de noche, se atragantan de odio al desayuno, y se visten de francotiradores "independientes" para empezar la jornada.


Cada uno elige su propio infierno...

Daniel Mancuso

jueves, 17 de junio de 2010

FRANCISCO "PACO" URONDO






Como bola sin manija

puedo ir para un lado
puedo ir para otro lado
encontrar estuarios pálidos cisnes quietos
buques mansos que como a las nubes
me llevan de un lado para otro lado

puedo dar con lugares apacibles
o sombras excitantes
la primera piel de una mujer
el aroma de una mujer el sonido de una fiesta
puedo beber de cierto cuidado y enfermarme levemente
y sentir en las sábanas el olor del sol

puedo llegar a tener suerte en el juego y en la vida
puedo cambiar de vida y de nombre
puedo peinarme de otra manera
y vestir como nunca lo hice

puedo sorprender
ser irascible o piadoso
comprensivo con las mujeres
o despiadado con sus increíbles sentimientos

puedo como antaño volver a enamorarme
puedo padecer por un vago recuerdo
o tirar todo por la borda
o no soportar la memoria

–hoy te he recordado vagamente–

puedo reír y cantar
divertir a la gente
y esperar a que todos estén completamente locos
y ya no parezca tan divertido

puedo envejecer y enmudecer para siempre
y decir palabras sin mayor fundamento
puedo gozar de placeres fáciles y complicados

–eras alta antes de conocerte
y hoy no he recordado tu nombre
y pienso que otro día podré humillarlo–

puedo tener rasgos bondadosos
arranques de conmovedora caridad
puedo echarme a perder
o tener más hijos como si ofreciera
el más estupendo y bonito de los mundos posibles

puedo ambicionar una amplia fortuna
hasta puedo trabajar o pensar en el as de oro
o seducir a una adolescente frágil-como-un-pétalo-de-agosto

puedo hacer viajes exóticos morder la espesura de un follaje
jugar mi vida por unos diamantes impuros
o por lánguidos ojos saturados de sabiduría

puedo emborracharme aquí o en el extranjero
y caer exhausto en la turgencia de un muslo
o en el filo de una dudosa alcantarilla

puedo investigar o escribir luminosos párrafos
que abrirían por sí el futuro
puedo ser un intelectual responsable o desaprensivo
firmar o no firmar traicionar o jugar a la lealtad

puedo ser adorado
puedo ser odiado
tener amantes
distintas en su belleza singulares en sus caprichos
o no tener a nadie
y no guardar un solo recuerdo

puedo rechazar la ternura
o mendigarla como hace unas horas
puedo vivir alternativas viejas o recientes
fáciles y peligrosas

puedo elegir mi destino
aunque no sepa darle forma adecuada
ni por dónde empezar

puedo imaginar el tiempo que desconozco
luchar por esa o por otra dulce aspiración
puedo olvidar

–hoy no he podido recordar tu nombre–

de la memoria puedo imaginar las interminables apuestas
y sus mañas de vieja tramposa
puedo no pensar en que distribuye los signos
de ese futuro tangible y ajeno
(de "NOMBRES")




La pura verdad

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos

me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.
(de "Del otro lado")



La verdad es la única realidad

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

(Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973)



Francisco "Paco" Urondo nació en Santa Fe en 1930. Es poeta, periodista, académico y militante de la organización Montoneros. Es uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia. Dicen que luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. Ahora su arte es parte de nosotros.

El 17 de junio de 1976, en una emboscada de fuerzas conjuntas de la policía y el ejército, muere en Mendoza.  Tenía 46 años.

Entre sus obras:

Poesía:
Historia Antigua (1956)
Breves (1959)
Lugares (1961)
Nombres (1963)
Del otro lado (1967)
Adolecer (1968)
Larga distancia (1971)

Poemas póstumos :
Milonga del marginal paranoico
No puedo quejarme
Muchas gracias

Prosa y teatro:
Todo eso (1966, cuentos)
Al tacto (1967, cuentos)
Veraneando y Sainete con variaciones (1966, teatro)
Veinte años de poesía argentina (1968, ensayo)
Los pasos previos (1972, novela)
La Patria fusilada (1973, entrevistas)

Sin publicar:
Cuentos de batalla (1973-1976)
La verdad es la única realidad

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