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sábado, 19 de julio de 2014

AGROTÓXICOS: LA SOJA EN DEBATE










Los acuerdos comerciales con China y con Rusia pueden traer beneficios y también grandes problemas. Los chinos nos compran soja, la soja necesita glifosato, Monsanto nos vende todo lo necesario para que sigamos enganchados en la cadena que nos condena al círculo vicioso de los millones de litros de agrotóxicos en nuestros campos...

La "reprimarización" de América Latina está en el aire. Los sectores primarios de la economía han recuperado protagonismo en los últimos años. Estos sectores primarios son el grupo de ramas de actividad encargadas de la producción de materias primas, productos básicos (los commodities) y los bienes intermedios poco elaborados. El principal indicador que confirma la hipótesis de la "reprimarización" está en la pérdida de importancia de la industria manufacturera en el producto interno bruto (PIB) de la región. El caso más espectacular de la "reprimarización" y desindustrialización es Argentina: la participación de las manufacturas en el PIB cae de 43.5 a 27 por ciento en ese periodo. Un desplome parecido sufrió Ecuador, donde las manufacturas pasan de 19 por ciento a 10 por ciento del PIB en ese periodo. Para Brasil, la caída parece menos dramática: las manufacturas pasan de 28 a 24.8 por ciento del PIB en ese periodo.

Leemos en Página 12: «...El acuerdo de financiamiento de las represas Kirchner y Cepernic es por 4714 millones de dólares y es el más importante de los que se suscribieron ayer, seguido por el préstamo de 2099 millones de dólares para la compra de locomotoras, vagones de carga y vías para revitalizar el ramal Belgrano Cargas de ferrocarriles. El interés chino en este medio de transporte pasa por el abaratamiento en el precio de los fletes de la materia prima que exporta Argentina a ese país, principalmente soja».

De 40.000.000 de litros de GLIFOSATO en 1995, pasamos en la actualidad a más de 281.000.000 de litros de glifosato que envenenan nuestro subsuelo. Por lo tanto hemos obtenido: el avance de la frontera agropecuaria, la expulsión de más de 200.000 personas del campo a centros urbanos, y el aumento de muertes por cáncer en poblaciones rurales cercanas a los cultivos, entre otras calamidades no bíblicas.

Damián Verzeñassi, médico e investigador de la UNR; y Alberto Chiavarino, funcionario de la secretaría de Agricultura familiar debatieron con Eduardo Anguita...










ANDRÉS CARRASCO O TODAS LAS HOJAS SON DEL GLIFOSATO




¿Para qué sirve un científico? ¿Para quiénes trabaja, investiga, descubre? En general, los científicos y la ciencia están al servicio de las corporaciones. Pero hay excepciones. Andrés Carrasco confirmó los efectos devastadores del glifosato y acompañó con su investigación a los pueblos fumigados. Aunque nadie lo escuchó...







ELOGIO  DEL  GLIFOSATO




Hagamos análisis de texto, intentemos develar qué quisieron decir con lo que publicaron en la nota editorial: Glifosato, otro vil embate. Usan frases rebuscadas, extensos circunloquios, sujetos tácitos, mucha pompa sarmientina, gloria y loor con olor a podrido, pero a pesar de todo adivinamos la intención...







TENGO 200 MILLONES... MUERTES de MUCHOS PEONES...




“Es durante estos meses cuando empieza la campaña de la soja transgénica de primera, y es cuando comienzan las pulverizaciones aéreas y terrestres de los 200 millones de litros de formulados de glifosato y otros pesticidas, sobre 20 millones de hectáreas, que afectarán a las 12 millones de personas que viven en las tierras aledañas a las...






EL  MUNDO  según  MONSANTO




Una visión crítica sobre la soja transgénica, herbicidas y muerte: "El mundo según Monsanto" de la periodista Marie Monique Robin, se estrenó en 2008 y generó revuelo mundial. El documental denuncia el impacto económico, ambiental y sanitario que generan las semillas transgénica de soja y el roundup. Argentina tenía 16 millones de hectáreas...





Daniel
Mancuso















lunes, 12 de mayo de 2014

ANDRÉS CARRASCO O TODAS LAS HOJAS SON DEL GLIFOSATO








¿Para qué sirve un científico? ¿Para quiénes trabaja, investiga, descubre? En general, los científicos y la ciencia están al servicio de las corporaciones. Pero hay excepciones. Andrés Carrasco confirmó los efectos devastadores del glifosato y acompañó con su investigación a los pueblos fumigados. Aunque nadie lo escuchó.

Él no se fue, no se exilió, no era un científico repatriado; era un científico ninguneado. ¿Quién dijo "nadie es profeta en su tierra"?

Ahora, a los 67 años, ANDRÉS CARRASCO se murió, y muy poco se habló de él, igual que cuando estaba vivo, se lo ignoró nuevamente. Había sido presidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) entre 2000 y 2001, y fue un reconocido especialista internacional en biología del desarrollo.

En 2009, el Laboratorio de Embriología Molecular del Conicet-UBA (que funciona en el ámbito de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires -UBA- y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas -Conicet-, conformado por licenciados en bioquímica, genética y biología, y que estudió el efecto del glifosato en embriones anfibios, desde la fecundación hasta que el organismo adquiere las características morfológicas de la especie...) decía: “Concentraciones ínfimas de glifosato, respecto de las usadas en agricultura, son capaces de producir efectos negativos en la morfología del embrión, sugiriendo la posibilidad de que se estén interfiriendo mecanismos normales del desarrollo embrionario”.


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Desde los medios masivos de confusión y desde ámbitos gubernamentales se lo silenció o se lo ignoró o se lo denostó. Decía La Nación...

    «Es notable que se pretenda difamar sin pausa a empresas de la más alta tecnología mundial y a usuarios de productos que han sido legalizados por las autoridades nacionales, provinciales y municipales. ¿Por qué los críticos no comienzan por denostar a los poderes públicos de incumbencia? El mismísimo ministro de Ciencia y Técnica, Lino Barañao, salió en su momento al cruce de una campaña fundada en opiniones de científicos locales opuestos al criterio mayoritario de la propia comunidad académica y a lo que arroja la experiencia acumulada en los más de 110 países en que está en uso aquel agroquímico.
    »Sabemos que sin la batería de agroquímicos legitimados por las autoridades se esfumarían los márgenes extraordinarios de productividad alcanzados en la última década por el campo, no sólo con la soja, sino con otros cultivos también. ¿Es, acaso, esto lo que incomoda a un renovado nihilismo: escándalo por generar más alimentos y ahora, además, los combustibles que se logran con el biodiésel y el etanol? ¿O es que habrá llegado el momento de preguntar por el número de fuerzas movilizadas a raíz de la eficacia de los agroquímicos en combatir, en países próximos al nuestro, los cultivares de coca que exceden en mucho al mercado de su consumo legal e integran la cadena de narcotráfico que hoy se enseñorea en la Argentina en su paso hacia Europa?»


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La soja sembrada en el país ocupa más de 17 millones de hectáreas de diez provincias y es comercializada por la empresa Monsanto, que vende las semillas y el agrotóxico Roundup (a base de glifosato), que tiene la propiedad de permanecer extensos períodos en el ambiente y viajar largas distancias arrastrados por el viento y el agua. Se aplica en forma líquida sobre la planta, que absorbe el veneno y muere en pocos días. Lo único que crece en la tierra rociada es soja transgénica, modificada en laboratorio. La publicidad de la empresa clasifica al glifosato como inofensivo para al hombre.



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En mayo de 2009, más de 300 científicos, intelectuales, referentes de los derechos humanos y organizaciones sociales nacionales y extranjeras salieron a respaldar sus trabajos, ante la descalificación que habían expresado compañías agroquímicas, cámaras empresarias, algunos funcionarios y medios de comunicación.

En agosto de 2010, estuvo en Chaco, en el conocido episodio de La Leonesa. Estaba por dar su charla, pero empresarios arroceros y punteros políticos intentaron “lincharlo”. “Había concurrido a una escuela de un barrio fumigado, y no pudo hablar. Lo sorprendió la violencia de los defensores del modelo”, contaba el periodista Darío Aranda.


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Héctor Huergo: Hay un supuesto trabajo de investigación que de alguna manera involucra al CONICET, que es uno de los organismos que dependen de este Ministerio, que plantea las complicaciones que se podrían generar a partir del uso del glifosato. En realidad, creo que lo que determinaba era algún problema en el desarrollo de embriones anfibios y se extrapolaba a las implicancias del uso del glifosato en la Argentina. Quería preguntarle cuál es la visión de este Ministerio y si ese estudio está avalado por el organismo.

Lino Barañao: Ese estudio, lo realizó el Dr. Andrés Carrasco, que es Director del Laboratorio de Embriología de la Facultad de Medicina, es un investigador que tiene una larga trayectoria en el tema pero es un trabajo que aún no ha sido publicado. Él comunicó sus hallazgos preliminares a la prensa, esto no es parte de un estudio encargado por el CONICET, ni es parte de una comisión institucional. En otras oportunidades se ha pedido al CONICET que se expidiera sobre un tema particular, en ese caso se convoca a un panel de expertos que emiten opinión. Esto es simplemente la comunicación de un investigador particular y no ha sido sometido a juicio por un panel de expertos ni nada por el estilo.



Daniel
Mancuso




























jueves, 19 de julio de 2012

LA MISMA FOTO




En 2011, al participar de la ceremonia de apertura de la 125 Exposición Rural en el predio de Palermo, Mauricio Macri dijo que «este sector es uno de los grandes motores que tiene la Argentina, capaz de generar riquezas, oportunidades, y que además transmite los valores, la cultura del esfuerzo, de la convivencia que todos queremos».

En ese mismo acto, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Hugo Biolcati, reclamó «un cambio de actitud del Gobierno para modificar la política sectorial, el campo quiere otro modelo productivo tras un proceso en el que se agredió al productor con medidas desacertadas... Queremos uno modelo basado en el crecimiento, en un verdadero federalismo, con incentivo a la inversión y la generación de empleo para desterrar de una vez por todas la pobreza y la indigencia en la Argentina», en un duro discurso tras la ceremonia de apertura de los portones de la Rural de Palermo.



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Este año hubo cambios. Biolcati ya no alude a Sarmiento, cambió de prócer. El titular de la SRA inauguró la 126° exposición de Palermo...

    «Parados aquí, nos preguntamos qué diría [Manuel] Belgrano en éste presente en que la intervención oficial ha desincentivado las inversiones», comenzó su discurso de apertura Biolcati, en que enumeró algunos de los puntos críticos en la gestión kirchnerista. Habló de «engañoso relato que mantiene un sistema de cupos que beneficia a pocas empresas exportadoras», fustigó las trabas a las exportaciones de materia prima y aseguró que en los últimos años se perdieron 12 millones de cabezas de ganado, se cerraron 100 frigoríficos, y mieles de trabajadores perdieron sus puestos.


En el corte de cintas estuvo acompañado por el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, y el líder del gremio de peones rurales Uatre, Gerónimo momo Venegas. También participaron funcionarios de la Ciudad, como el jefe de gabinete, Horacio Rodríguez Larreta.

    «Tuvimos un año sumamente difícil, porque la política del Gobierno con respecto al campo empeoró, y hubo una sequía tremenda en el medio... El precio de la soja está salvando las papas, pero esto es volátil porque es producto de una sequía en Estados Unidos».


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Nos preguntamos por qué no fue Moyano. ¿No había lugar para estacionar el camión?



Daniel
Mancuso








martes, 16 de noviembre de 2010

TENGO 200 MILLONES... MUERTES DE MUCHOS PEONES...








“Es durante estos meses cuando empieza la campaña de la soja transgénica de primera, y es cuando comienzan las pulverizaciones aéreas y terrestres de los 200 millones de litros de formulados de glifosato y otros pesticidas, sobre 20 millones de hectáreas, que afectarán a las 12 millones de personas que viven en las tierras aledañas a las plantaciones”, explicó el ingeniero forestal Claudio Lowy.

“Es ahora cuando se destruye la producción en granjas y huertas familiares y cooperativas, se contaminan las aguas y el aire, se degradan los suelos, muere la biodiversidad y se destruyen los ecosistemas”.



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El Glifosato es un herbicida sistémico cuya patente era, hasta que venció, de la empresa Monsanto. En la Argentina se usa ahora una versión china de mucho menor precio y que probablemente deja mayores residuos tóxicos. La Soja RR es una soja manipulada genéticamente para resistir al glifosato. Para ello, se le incorporaron genes de la petunia, planta que posee una resistencia natural al herbicida. La formulación comercial del glifosato por Monsanto se denomina Roundup Ready, formulación en que el glifosato se mezcla con otros insumos sumamente tóxicos que le permiten actuar sobre los vegetales. La Soja RR significa entonces Soja Resistente a Roundup Ready. Si bien durante años las empresas y las asociaciones de siembra directa, dijeron que el glifosato era inocuo, en muchos casos estos empresarios nos invitaron teatralmente a tomarnos un vaso de Glifosato, cosa que jamás concretaron, en realidad este herbicida jamás se utiliza solo como tal, sino en una formulación química comercial donde los otros componentes son altamente tóxicos...

Nuestra Campaña Paren de Fumigar consiste en llevar conciencia a las personas de la vinculación entre sus enfermedades y el modo en que son fumigados. Que comprendan la asociación entre la pérdida de salud y la muerte con el modelo productivo que otros eligieron poner en marcha. Exponemos entonces los impactos y orientamos denuncias y demandas judiciales. La lucha es compleja porque el modelo de sojización ha colonizado los claustros universitarios, las instituciones de investigación y los despachos judiciales con sus propios valores.


adhesión a la Campaña Paren de Fumigar



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El ingeniero forestal Claudio Lowy es miembro de la Red Nacional de Acción Ecologista.

A casi una semana de la huelga de hambre, iniciada por él, la Defensoría del Pueblo de la Nación solicitó a la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca que se modifique la clasificación de los agroquímicos, por considerarlos “altamente peligrosos”.

La reclasificación de los productos contaminantes permitirá que las pulverizaciones no se realicen en cercanías de zonas pobladas.

De hacerse lugar al pedido, las clasificaciones de los productos deberán abarcar al conjunto de todos los daños a la salud que puedan ocasionar.


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La recomendación realizada el viernes último (12 de Noviembre de 2010) y firmada por el defensor adjunto Anselmo Sella (Resolución Nº 00147/10) también solicita al ministro de Agricultura, Julián Domínguez, que, además de los rotulados como “letales”, los agroquímicos aprobados que tengan evaluado el grado de su toxicidad en las dosis “subletales” y “crónicas”, sean clasificados como “sumamente peligrosos, muy tóxicos” e identificados con una banda roja.

Luego de 5 páginas de Considerandos muy bien fundamentados, Resuelve:


Artículo 1.- Recomendar al Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación que impulse las medidas necesarias para modificar la metodología utilizada en la clasificación de toxicidad de los productos agroquímicos, de manera tal que:

  1. Abarque al consunto de todos los daños a la salud que el producto pueda ocasionar (letal y subletal, agudo y crónico)

  2. Hasta tanto se realice la revisión de la clasificación, los agroquímicos aprobados que no tengan evaluado el grado de su toxicidad en las dosis subletales y crónicas, sean clasificados como “I.a: sumamente peligrosos, muy tóxicos” e identificados con banda roja.

  3. Los formulados de los agroquímicos sena clasificados con la toxicidad mayor, que puede corresponder a la del componente más tóxico o al formulado considerado integralmente.

  4. Los estudios sobre los que se basan las clasificaciones de los agroquímicos, deben ser realizados por entidades de acreditada y reconocida independencia de criterio.

Las organizaciones ecologistas también exigen que los estudios sobre los que se basan las clasificaciones de los agroquímicos sean realizados por entidades independientes de las marcas que comercializan dichos productos transgénicos.



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El viernes 12, en Pilar, fue allanada la granja avícola «Mimosa III», la última granja donde estuvo viviendo Ezequiel Ferreyra, quien fuera filmado dos años atrás recolectando huevos y reconociendo que manipulaba veneno para remover el guano y matar las moscas.

La medida judicial comenzó a las 15 horas del viernes y fue ordenada por el Juzgado Federal II a cargo del Dr. Chavay y en respuesta al requerimiento de la cooperativa La Alameda, presentado el lunes 8.

El operativo estuvo a cargo de Prefectura Naval Argentina, con funcionarios de la Dirección de Migraciones y de la Oficina de Rescate y Asistencia a las Víctimas del Ministerio de Justicia de Nación. En total unas setenta personas bajo responsabilidad del juez federal Chavay que dirigía todo por teléfono a través de su secretario.

La consigna del allanamiento según el Prefecto a cargo del operativo, fue verificar las condiciones de trabajo y de vida de las familias de esa granja, entrevistar a los trabajadores, verificar su documentación y tomar muestras de los venenos que se utilizan en los galpones.

Una delegación de la Alameda con los abogados de la causa y trabajadores denunciantes de otras granjas se hizo presente mientras se desarrollaba el operativo.

Lamentablemente constatamos y filmamos numerosas irregularidades antes y durante el procedimiento judicial que denunciamos ante la opinión pública y ante sede judicial
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vea también:

La FUMIGACIÓN nos está matando


El mundo según Monsanto



Daniel Mancuso


miércoles, 4 de agosto de 2010

MOCASE (Via Campesina) 20 AÑOS



Hoy se cumplen 20 años de la conformación del Mocase, organización que marcó un antes y después en la lucha por la tierra en la Argentina.

En la historia de Santiago del Estero está presente el saqueo de recursos naturales y la explotación de trabajadores rurales.

Durante la primera mitad del siglo XX, fue La Forestal, compañía inglesa que arrasó con los quebrachales y mantuvo condiciones laborales de semiesclavitud.

Sobrevinieron las estancias con trabajo a destajo, el juarismo (régimen de gobierno que se mantuvo casi medio siglo) y el avance de los empresarios sojeros.

Las familias campesinas pagaron con represión, pobreza y desalojos violentos. “Dijimos basta y nos organizamos. Ya no tenemos miedo, nadie nos pasa por arriba, nadie nos corre ni nos hace callar, ya no nos desalojan”, habla fuerte doña Mirta Quiroga, 50 años, orgullosa de ser parte del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase-Vía Campesina), que reúne a 9 mil familias rurales, la base de la pirámide rural.


Con esporádicos antecedentes de desalojos en la década del ’60 y del ’70, a mediados de los ’80 sobrevino una sistemática oleada de despojos de tierras a familias rurales. La resistencia comenzó con apoyo de ONG, personas vinculadas con la Iglesia Católica y comunidades de base, que gestaron un proceso organizativo en distintas regiones de la provincia. A finales de la década comenzó a tomar fuerza la idea de una organización a nivel provincial.

El 4 de agosto de 1990, en la localidad de Quimilí, se oficializó la conformación del Mocase. Zenón “Chuca” Ledesma, de la localidad de Los Juríes, fue elegido primer presidente.

Los hombres y mujeres del Mocase explican que las raíces de la organización hay que buscarlas en el rechazo a ser peón rural, generalmente maltratado, siempre mal pago; intentar vivir de lo que produce con sus manos, la memoria del sometimiento de los hacheros, la formación anarquista de los ferroviarios de principios del siglo pasado, los pueblos originarios y sus luchas.

“La dignidad, sentimiento de libertad, de la necesidad de vincularse con otros y de que no puede ser que unos nos dominen a otros. Había un rastro latente que los dominadores no habían asesinado del todo. De ahí se explica el esquema de poder del Mocase, que no acepta una estructura piramidal”, precisa Angel Strapazzón, integrante del Mocase-VC.

La defensa de la tierra fue el eje central del Mocase. A los continuos intentos de desalojos las comunidades respondían con organización, resistencia e incluso retomas de campos. El 12 de octubre de 1998, cuando comenzaba a crecer el monocultivo de soja más allá de la pampa húmeda, tractores y topadoras avanzaron sobre parcelas campesinas en el paraje La Simona, derribaron árboles y estuvieron cerca de atropellar a las familias. Otras familias de la organización se movilizaron hasta el lugar y montaron una carpa negra que sirvió de espacio de reunión y visibilización del conflicto. El caso tuvo repercusión nacional, el Mocase comenzó a ganar notoriedad y fue un hito en su historia, una prueba de que junto podían conservar sus tierras y forma de vida ancestral.

La creación del Mocase fue un quiebre en la situación rural santiagueña. Con un crecimiento progresivo, 9 mil familias organizadas comenzaron a frenar topadoras, enfrentar guardias privados y se transformaron en un actor social que enfrentó a los empresarios, al poder judicial y político. Fue un fuerte opositor al gobernador Carlos Juárez, que contó con un fuerte aparato de espionaje y represión. El Mocase lo pagó con represión, cárcel, torturas y muertes.

El monocultivo crecía en el país. Las tierras santiagueñas, hasta entonces despreciadas por empresarios rurales, comenzaron a ser codiciadas. El Mocase también se transformó en el actor que cuestionó ese avance. Advirtió que el modelo de agronegocios traería desempleo, consecuencias sociales y ambientales.

En noviembre de 1999, se realizó el primer congreso provincial del Movimiento. Entre otros temas, se discutió el funcionamiento y la forma de toma de decisiones. Se produjo una brecha que sería insalvable. Un sector –ligado al Programa Social Agropecuario (PSA) y en búsqueda de acuerdos con el Estado– pretendía una forma vertical, con una comisión directiva, presidente y secretario. El otro sector, con centrales fuertes como la de Quimilí, apostaba a horizontalizar la organización, con trabajo por comisiones y decisiones asamblearias. Comenzaba el proceso de división que se explicitaría en noviembre de 2001, cuando el Mocase debía renovar autoridades.

En ese momento, un sector reunido en la sede del PSA eligió presidente, secretario y una estructura vertical. Permaneció en alianza con el PSA y formó parte de la Federación Agraria, que por ese entonces utilizaba un discurso progresista y prometía defender a los campesinos.

El otro sector optó por la horizontalidad y tiempo después se incorporó a la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y la Vía Campesina, una organización internacional que nuclea a campesinos, trabajadores rurales e indígenas de 56 países.

Pasó a denominarse Mocase-Vía Campesina, conformado por 6 centrales y 9.000 familias. Y fortaleció 4 ejes de su trabajo: comunicación (montó una novedosa red de radios comunitarias), producción (carpinterías, carnicerías, quesos, miel, hiladoras) y –quizá los que marcaron las diferencias con otras organizaciones– educación y articulación campesina a nivel nacional e internacional.

Argentina contaba, en 1997, con 6 millones de hectáreas de soja.

En la actualidad abarca 19 millones de hectáreas de soja.


Santiago del Estero fue de las primeras provincias en conocer el término técnico “avance de la frontera agropecuaria”, que en idioma del monte significó llegada de la soja, deforestación y conflictos por la tierra. El Mocase-VC pone un piso a la superficie provincial en disputa: 3 millones de hectáreas.

Leticia Luna es una mujer morocha, hablar firme y trato maternal. “Mocase es la conciencia de estar juntos, de hacer respetar nuestros derechos desde la práctica misma, que es la única forma de que la ley sirva y que el ricachón no se lleve por delante al pobre”, resume.

En 2008, en pleno conflicto por la Resolución 125, las entidades rurales tradicionales nucleadas en la Mesa de Enlace se apropiaron del término “campo” y confrontaban con el Gobierno. El Mocase fue una voz buscada, alejada de ambas partes.

“Argentina ya no produce alimentos, nuestro país no come soja, la demanda proviene de Europa y China, donde es utilizada para alimentación de animales”, aclaró en una carta pública donde remarcaba la ausencia de un debate profundo, que tenga presente a las 220 mil familias campesinas y el 1,5 millón de indígenas.

Interpeló por igual a la Mesa de Enlace y al Gobierno. Los responsabilizó por las 300 mil familias expulsadas del campo en la última década, de la mano del modelo agrario vigente. Puntualizó la desaparición de un millón de hectáreas y denunció la concentración de tierras, donde el 10 % de las explotaciones agropecuarias más grandes concentran el 78 % de la superficie cultivable. “Es una reforma agraria al revés. Cada vez menos se quedan con más”, disparó con sencillez campesina y precisión quirúrgica.

“Las llamadas ‘entidades del campo’ sólo pronuncian los dictados de los agronegocios. Su símbolo actual es la soja transgénica, que devastó bosques, desalojó comunidades, contaminó suelos y aguas, y aumentó los precios de los alimentos en el mercado interno. El avance del modelo sojero, iniciado durante el menemismo y acentuado en esta década, significa un desierto verde y contaminado, sin agricultores y ciudades saturadas de familias expulsadas de las zonas rurales”, concluyó el Mocase, e insistió con su propuesta de reforma agraria integral y soberanía alimentaria, que implica un cambio del modelo agrario actual.

El Mocase plantó bandera en un debate nacional donde no se había escuchado a los hombres y las mujeres de manos curtidas y espaldas dobladas por trabajar la tierra, campesinos que hace veinte años comenzaron a cambiar la historia del campo santiagueño.


  • La Vía Campesina es el movimiento internacional de los campesinos, las campesinas, los pequeños y medianos productores, los sin-tierras, las mujeres y jóvenes de las comunidades rurales, los pueblos indígenas y los trabajadores agrícolas. Creada en 1993, la Vía Campesina agrupa actualmente a cerca de 150 organizaciones de 70 países de todo el mundo en Asia, África, Europa y las América.


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    MOCASE VIA CAMPESINA - 20 AÑOS




  • Lea en este blog

    Otras entidades, otras demandas





    Daniel Mancuso


domingo, 1 de agosto de 2010

EL PRINCIPE DE LA FAA



¿De qué lado esta la Federación Agraria Argentina (FAA)?

Eduardo Buzzi se abrazó en la Rural con Hugo Biolcati, quien dijo:

“Somos un país rico que está lleno de pobres. Hay que terminar con la pobreza para que la gente pueda votar por quién se le da la gana. No queremos un país que deposite pobres en las villas miserias”.

Y los muchachos de Buzzi y la FAA agregan y confirman en su proceder cotidiano:

“Es verdad, matemos a todos los pobres con glifosato y se acabó el problema, ¡bien Hugo y Eduardo! ¡Arriba la Mesa de Enlace! ¡Unidad,
Unidad, Unidad!”


Visto y considerando la foto de la Rural, junto al golpista Hugo Biolcati, los señores de la FAA están en contra de las medidas redistributivas del gobierno, y a favor de los dueños de la tierra y la acumulación de riquezas en pocas manos. Los oligarcas que desde hace 200 años vienen esquilmando nuestra patria tiene el apoyo de los representantes de los pequeños y medianos productores. Pareciera que desde la 125, los confundidos popes de la FAA se han parado en la vereda equivocada.

Ahora, FAA pide retenciones segmentadas pero en su momento, se resistieron a la resolución 125 que hubiera favorecido a miles de pequeños y medianos productores. Lamentablemente, se juntaron con los agrogarcas de la SRA, CONINAGRO y CRA, se pusieron la escarapela y cortaron las rutas para apretar a la población y a la Presidenta. Bien democráticos.


En Santa Fe, se dictó la media sanción en la Cámara de Diputados provincial sobre la prohibición del uso de agrotóxicos (los amigos de Monsanto los llaman fitosanitarios), puntualmente el glifosato, en cercanías de pueblos, arroyos, ríos y humedales.



Omar Príncipe, secretario Gremial de la FAA , se mostró disconforme con el trabajo de los legisladores provinciales y dijo que “no hay que prohibir un determinado producto sino llevar los controles y las normativas a una situación mucho más simple y a partir de esos controles que todos pensemos que tenemos que cuidar la salud y el medio ambiente”.


Los representantes de FAA se mostraron molestos porque para llevar a cabo la normativa “no se ha consultado a las entidades agropecuarias, tampoco están de acuerdo otras instituciones y sectores como el colegio de ingenieros, la cámara de fertilizantes, los aeroaplicadores, las cooperativas y hasta los mismos intendentes”, señaló el representante sojero glifosfatero Príncipe.

En tal sentido, coincidieron que es necesario realizar controles sobre los equipos que realizan las aplicaciones. “Vamos a estar de acuerdo con todo lo que sea control-normativa y educación y capacitación”, comentó el dirigente agrogarca de la FAA.

Además, solicitó una audiencia a la vicegobernadora, Griselda Tessio, para concretar una reunión con el conjunto de los senadores que tratarán el proyecto las próximas semanas.


"De sancionarse esta norma una gran franja de hectáreas quedarían sin poder recibir fumigaciones ya que prohíbe el uso del glifosato en zonas ubicadas a 500 metros (para terrestres) y a mil metros (aplicaciones aéreas) de las poblaciones", dijo preocupado por su billetera el secretario gremial de la Federación que se sube al palco de la SRA para denostar a la Presidenta y al proceso democrático.

Muchísimas hectáreas van a estar sin la posibilidad de estar produciendo ningún tipo de grano”, dijo Príncipe quien recalcó que la normativa afectaría “a los pequeños productores que son los que tiene los campos cerca de los pueblos”.


La semana pasada FAA realizó un encuentro en Rosario, donde productores, empresarios, representantes del Colegio de Ingenieros Agrónomos de la provincia, técnicos del INTA, integrantes de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes, directivos de Agricultores Federados Argentinos y responsables de cooperativas elaboraron un documento consensuado donde quedó conformada una comisión de seguimiento legislativo.

El documento elaborado en Rosario, que será elevado a las autoridades:


“La protección de la salud humana, de los recursos naturales y de la producción agrícola, a través de la correcta y racional utilización de productos fitosanitarios, como así también evitar la contaminación de los alimentos y del medio ambiente, promoviendo su correcto uso mediante la educación e información planificada, son los objetivos de la legislación sobre Productos Fitosanitarios Nº 11.273 de la Provincia de Santa Fe, con los que concordamos.

El Proyecto aprobado recientemente en la Cámara de Diputados de la Provincia no refleja las propuestas de los actores que representamos a las partes involucradas, y fue elaborado desconociendo lo trabajado, acordado y presentado a las Comisiones de Medio Ambiente y Agricultura de la Cámara de Diputados, con el consenso de quienes suscribimos este documento, y que desde el año 2008 fuera elaborado en un espacio de diálogo serio, autorizado y participativo, que generó una propuesta basada en fundamentos técnico científicos, de los cuales sólo algunos han sido plasmados en el actual Proyecto.

La responsabilidad de la aplicación de los fitosanitarios debe ser compartida. Deben efectivizarse los controles que corresponden al estado nacional, provincial y comunal, conforme la legislación vigente. Todos los involucrados en el manejo de fitosanitarios, son responsables por su utilización, de acuerdo al área de su injerencia. Toda modificación que se pretenda hacer a la legislación vigente, debe tener en consideración al ambiente, a la población en general y a los pequeños y medianos productores más débiles. Sin embargo, no se alcanzarán estos objetivos de aprobarse el Proyecto de Ley que tiene la media sanción de Diputados”.


  • El documento sigue denominando engañosamente fitosanitario al glifosato.
  • Cuando dice que ... no refleja las propuestas de los actores que representamos a las partes involucradas está dejando afuera a la población que sin comerla ni beberla se traga los agrotóxico que ellos desparraman.
  • Cuando hablan de las modificaciones a la legislación vigente, al igual que Hugo Biolcati, se refieren a los pobres pero hacen todo lo posibe para que sigan siendolo.







Daniel Mancuso

martes, 19 de mayo de 2009

NADA JUSTIFICA EL SILENCIO



¿Qué pasa con el Glifosato? ¿Es más importante la gran cantidad de dólares que genera la soja que la salud de nuestra gente? Parece que sí. El doctor Andrés Carrasco dice, luego de estudios científicos, que el glifosato es nocivo para la salud humana. El trabajo fue realizado con experimentos en los que se utilizaron dosis hasta 1.500 veces inferiores a las usadas por productores de soja para fumigar sus plantaciones, que ya cubren 18 millones de hectáreas en la Argentina.

Sin embargo, Lino Barañao ministro de Ciencia y Tecnología, opinó que no...

«... Ese estudio, lo realizó el Dr. Andrés Carrasco, que es Director del Laboratorio de Embriología de la Facultad de Medicina, es un investigador que tiene una larga trayectoria en el tema pero es un trabajo que aún no ha sido publicado. Él comunicó sus hallazgos preliminares a la prensa, esto no es parte de un estudio encargado por el CONICET, ni es parte de una comisión institucional. En otras oportunidades se ha pedido al CONICET que se expidiera sobre un tema particular, en ese caso se convoca a un panel de expertos que emiten opinión. Esto es simplemente la comunicación de un investigador particular y no ha sido sometido a juicio por un panel de expertos ni nada por el estilo.

» Esto no implica aseverar nada sobre la veracidad o falsedad de estas investigaciones; es sabido que cualquier sustancia que se usa en cualquier circunstancia tiene potenciales efectos adversos. Este programa se llama la “Industria Verde” y todos los productos industriales, hoy por hoy, tienen una potencial toxicidad. Por eso hay pautas específicas para su uso. Nada está exento de riesgo salvo que se cumpla con las pautas; en el caso del glifosato existen normas para su aplicación que ha fijado la Secretaria de Agricultura sobre la base de experiencias experimentales que se han realizado a nivel mundial.

» Tal vez habría que relativizar un poco estos resultados porque no son directamente extrapolables a lo que podría ocurrir en la situación de campo, es decir, que una sustancia puesta en contacto directo con un tejido puede tener efectos que no se verifican cuando esto se da en condiciones ambientales normales. Por otra parte, existe otra cantidad de estudios en el mismo sentido de exposición de células animales a distintas sustancias usadas que evidencian un efecto pero eso nos es, repito, no es directamente extrapolable. Lo que sí creo es el aspecto positivo, es justamente recalcar que no hay sustancias inocuas, que hay que tener los recaudos necesarios para la manipulación de cualquier producto que se usa ».

En mi barrio decían: ¡¡¡NO ACLARÉS QUE OSCURECE!!!

« Sin embargo, Carrasco sigue difundiendo sus estudios acerca de la peligrosidad del glifosato. El viernes 8 de mayo, se realizo una disertación del doctor en medicina e investigador del Conicet Andrés Carrasco y del médico pediátra Hugo Gómez Demaio, en el Concejo Deliberante de la localidad de Aristóbulo del Valle, Misiones, el tercer encuentro de la Comisión Provincial de Investigación de las Consecuencias del uso de agroquímicos en la salud humana.

» Hugo Demaio conduce el Laboratorio de Biología Molecular de Misiones y es jefe de cirugía del Hospital de Pediatría de Posadas. Andrés Carrasco, es responsable del Laboratorio de Embriología Molecular del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la Universidad de Buenos Aires, expusieron las sobre las consecuencias que detectaron ambos en sus investigaciones de campo y de laboratorio por el uso de los agroquímicos que se utilizan en la producción agraria argentina.

» Demaio insistió en que un importante porcentaje, alrededor del 5 por mil, de las malformaciones con las que nacen los niños misioneros están directamente relacionadas con la utilización de esos productos, fundamentalmente en la producción de tabaco.

» Carrasco, en tanto, detalló sus estudios de laboratorio, en los que demostró que el glifosato, aplicado en dósis inferiores a las que usan habitualmente los productores agrarios, produce daños irreparables en las primeras tres semanas de desarrollo de los embriones de los vertebrados, entre los que se encuentran los humanos.

» La Comisión provincial fue creada a partir de la iniciativa nacional en el mismo sentido, plasmada en el decreto 21/09, del Ministerio de Salud de la Nación. Sus promotores, la diputada nacional Julia Argentina Perié, el legislador provincial Miguel López, los dirigentes ecologistas Juan Domingo Perié y Raúl Bregagnolo, de los movimientos Tamanduá y Cuñá Pirú respectivamente, y la trabajadora social Antonia Husulak, volverán a reunirse para definir nuevos encuentros en otras localidades y comenzar a articular contactos con otros movimientos de afectados por el uso de agroquímicos de distintas provincias.

» Del encuentro en Aristóbulo participaron el intendente local Fermín Prete, ingenieros forestales y agrónomos, dirigentes sociales, productores y estudiantes universitarios».

La pregunta del millón es: ¿podemos seguir tapando el sol con las manos? Los numerosos casos de cancer en pobladores cercanos a las plantaciones, más las investigaciones científicas realizadas, nos muestran una realidad incontrastable: toda actividad industrial contamina, pero cuando pasa ciertos límites (la salud humana, la salud de nuestras tierras y el ecosistema) habría que tomar medidas urgentes, suspender el uso de los agrotóxicos cuestionados y bancarse la que venga, sea de Monsanto, sea de los agrogarcas, pero la verdad no se detiene...

¿Cómo? ¿que se cae toda el sistema agrario argentino? ¿que se deja de recaudar millones de dólares? Habra que buscar una salida a este intringulis que no cobre peaje a la vida de nuestra gente.

"Nada justifica el silencio cuando se trata de la salud pública" (Andres Carrasco).


Daniel Mancuso


viernes, 1 de mayo de 2009

FELIPE y LA SOJA



El ex secretario de agricultura Felipe Solá, quien en 1996, autorizó la introducción de la soja transgénica resistente al glifosato, había realizado antes el estudio de campo para Monsanto en una investigación de mercado sobre el Roundup, la marca de la transnacional estadounidense para el glifosato.

Así lo explicó el propio Solá, en la entrevista que se publica aquí. También confirmó el rol decisivo del ingeniero Héctor Huergo en la introducción de los cultivos industriales, el pesticida de Monsanto y los biocombustibles, que Solá engloba con algún pudor como “incorporación masiva de tecnología”.

El nombre de Solá no figura en el estudio, que comprendió viajes suyos a varias provincias, porque, según dijo, fue un colaborador part-time del ingeniero agrónomo Marcelo Regúnaga, quien sí puso su firma en el trabajo. También dijo que no tuvo contactos posteriores con Monsanto y que no le ofrecieron sobornos para su autorización.

La lectura del expediente administrativo, consumado en apenas 81 días y antes de que se firmara el dictamen jurídico, con 136 desordenados folios, de los cuales 108 corresponden a un trabajo de Monsanto sobre su producto, que ni siquiera fue traducido al castellano, justifican la pregunta al responsable. Consultado para esta nota, Regúnaga confirmó la participación de Solá en el estudio, cuyo propósito era estimar cuánto podía crecer la demanda de herbicidas, entre ellos el Roundup, que no era el único que comercializaba Monsanto.

Felipe Solá, que era ayudante en la cátedra de Administración Rural de Regúnaga, colaboró en la consultoría y viajó a Tucumán para entrevistar a productores de caña de azúcar. En la región pampeana el cuestionario se presentaba a productores de maíz y soja, que aún no era el cultivo principal. Según Regúnaga fue un pequeño estudio técnico exploratorio que se realizó en pocas semanas, cuando Monsanto era una empresa más orientada a los químicos en general que al agro y no existían los transgénicos. Los herbicidas se usaban para combatir ciertas malezas permanentes, muy difíciles de controlar, como el sorgo de alepo y el gramón. El impacto del glifosato era bajísimo y no se podía estimar todavía la magnitud de uso que tendría en los 90, agregó.

En 1989, cuando el presidente Carlos Menem le encomendó la Secretaría de Agricultura y Pesca, Solá designó a Regúnaga como su principal colaborador. Regúnaga es un entusiasta defensor del producto de Monsanto, de lo que se informará en otra nota.

Solá dice que no se arrepiente de nada de lo actuado y cuestiona la política seguida por el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner y de CFK, o su ausencia, y plantea un debate sobre la introducción de los cultivos transgénicos y la forma en que se manejaron, cuando él ya había dejado su cargo.

El discurso moderno

–¿Por qué el ingeniero Héctor Huergo (creador y columnista de Clarín Rural) estuvo sólo unos meses al frente del INTA?

Felipe Solá: –Huergo estuvo en el INTA entre febrero y noviembre de 1994. Era conocida su vocación por la incorporación masiva de tecnología. El venía sosteniendo que el modelo sostenido durante el gobierno de Alfonsín, con retenciones y tipos de cambios diferenciales, había condenado al campo al atraso tecnológico, y que el INTA y otros organismos técnicos sólo desarrollaban técnicas de aguante. La Argentina no fertilizaba, el uso de herbicidas e insecticidas se limitaba al de algunos productos clásicos, y los modernos (menos agresivos) eran carísimos porque se pagaban con un dólar que costaba el doble que el dólar al cual el campo vendía.

Huergo pensaba que la convertibilidad, a pesar de los graves problemas de adaptación que generaba para los pequeños y medianos productores, sobre todo para los pequeños, era una clara oportunidad para acortar la brecha tecnológica con el mundo agrícola desarrollado. Y acusaba al INTA de atraso en adaptarse a esa circunstancia. Estuvo en el INTA hasta que, según dijo, fracasaron sus esfuerzos por introducir un discurso moderno, privilegiando el sendero de la intensificación por sobre todas las cosas, dado el atraso y la falta de productividad que se advertían. Se peleó siempre con el Consejo Directivo integrado por las entidades del campo y otros y no tuvo mucha cintura (sostenía que su tiempo era veloz y el del Consejo Directivo de una cadencia diferente). Quiso al final incorporar una planta de biodiesel donada por un organismo francés y no consiguió la aprobación del directorio y se fue comunicándome su disgusto por esta situación. Lo dejé ir porque me daba cuenta de que más allá de los ímpetus tecnológicos que yo aprobaba, su manejo era imposible en una institución que es prácticamente mixta en su conducción aunque sea del Estado.


–¿Por qué en el expediente de autorización de la soja transgénica resistente al glifosato no figura ninguno de los estudios que pidieron los técnicos?

Felipe Solá: –En el expediente figuran los estudios que correspondían según la normativa vigente para la aprobación de temas transgénicos en la Secretaría de Agricultura en dicha época. El principal elemento de sostén técnico para esa aprobación fue, por supuesto, el trabajo de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), prestigiada hoy y siempre, desde que se formó, en el año 1991, que fue impecable. Además, la empresa Nidera, que es la que había pedido que se estudiara la posibilidad de liberar la soja RR o transgénica resistente al herbicida total (no la empresa Monsanto, que fue la que la creó), presentaba trabajos de campo desde 1991 en la Secretaría de Agricultura y durante esos 5 años había estado siendo controlada por los técnicos del INTA.

Es decir que hubo un largo tiempo de estudio del impacto que tenía en el medioambiente vegetal y animal, y sobre las posibilidades de problemas con la salud humana, antes de mi aprobación. No conozco otros técnicos que figuren en el expediente y, de ser así, yo me ajusté a la normativa vigente, que es la que me dictaba acudir a la Conabia.


Los estudios no realizados


–¿Por qué firmó la autorización el mismo día en que los técnicos pedían estudios de corto, mediano y largo plazo?

Felipe Solá: –La respuesta es parecida a la de la pregunta anterior. Yo no sé si el mismo día alguien pidió otra cosa, y no sé qué técnicos. Yo cumplí con mi obligación, no falté a ninguna de las obligaciones que tenía en cuanto a tomar recaudos para la aprobación de la soja transgénica. Si había algún técnico que estaba en desacuerdo, supongo que no aparece en el expediente y, si apareciera, eso no le quita absoluta legalidad y legitimidad a mi medida. Por otra parte, el tiempo transcurrido desde el momento en que se liberó esa soja hasta ahora, indica claramente que el uso racional del herbicida glifosato dentro de los límites que marcan las leyes no ha generado problemas con los humanos, salvo en aquellos casos en que operando sobre campos de soja pegados a algún lugar poblado se incumplió con la normativa sobre fumigaciones que dice que tiene que haber por lo menos dos kilómetros de distancia. Han afectado a alguna población de la misma manera en que nos puede afectar el insecticida Off si lo tomamos en una taza de té o si nos lo echamos en los ojos, porque tienen normativas de uso. La agricultura usaba antes fosforados y clorados como insecticidas y se prohibieron. El glifosato es de muy baja toxicidad y mucho más en relación a éstos.

–¿Por qué, de 136 folios del expediente, 108 son de Monsanto?

Felipe Solá: –Monsanto tenía gran cantidad de investigaciones en el mundo hechas por la creación del gen RR, con ingeniería genética, y muchísimos estudios publicados con veracidad científica, abiertos al mundo de la ciencia y la tecnología para ser consultados y/o discutidos. Por eso, el aporte requerido por la Conabia es básicamente el aporte hecho por Monsanto, aunque no el único. Todos esos estudios fueron analizados por la Conabia y es lógico que quien creó el gen tuviera más elementos para aportar. Por eso, hay más páginas de Monsanto, supongo, porque no he tenido el expediente a la vista desde hace trece años. No lo he pedido, no lo he mirado, pero sí recuerdo y he reconstruido con algunos cómo fue este tema.

–¿Por qué esas páginas no fueron traducidas al español?

Felipe Solá: –Porque el inglés es el idioma científico y técnico, y porque nadie que pueda estar en condiciones de analizar algo como por ejemplo los efectos positivos o negativos de la soja transgénica, no domina el inglés. Ese expediente podía ser mirado el día de mañana por científicos o técnicos y ése era el idioma aceptado mundialmente. Aun los estudios científicos escritos en otro idioma de origen siempre son traducidos al inglés y entonces no había ninguna legislación argentina que nos obligara a traducirlos al español y tampoco creo yo que sea un problema en ninguna investigación a esta altura encontrarse con un texto en inglés.

–¿Por qué el dictamen jurídico tiene fecha posterior en tres días a la autorización, pero en el expediente figura en una foja anterior?

Felipe Solá: –No lo sé, no lo recuerdo, yo estaba absolutamente habilitado, con entidad, y era absolutamente apto para tomar la medida. Por lo tanto, la cuestión del dictamen jurídico que debe preceder obviamente en la fecha, como corresponde, a mi resolución, no es para mí el problema a dilucidar en este momento. Eso está claro.

La relación con Monsanto

–¿Cuáles fueron sus relaciones previas y posteriores con Monsanto?

Felipe Solá: –Como secretario de Agricultura, no he tenido con Monsanto relaciones especiales o que yo recuerde. No recuerdo ni el nombre de su presidente, ni la cara de Monsanto. Solamente pueden haber estado en reuniones de cámaras de las empresas, entre las cuales estaba Monsanto, pero durante mis largos años como secretario no tuve relación directa con Monsanto, ni a través de alguien, nunca. En el año 1981, hice un trabajo con el ingeniero Regúnaga en el que a mí me tocó la parte de campo. Era el estudio de mercado para el Roundup, lo que me llevó a viajar a algunas provincias, pero no firmé porque siempre fui un colaborador part-time para un trabajo que sí firmó Regúnaga. Era para Monsanto. Nunca más los vi después a los de Monsanto. Al decir después, digo que alguien, en un momento dado, se reunió conmigo y con Regúnaga en 1981, a los efectos de requerir alguna pregunta sobre el trabajo, pero era un técnico del nivel más bajo. Después de la salida de la Secretaría de Agricultura tampoco he tenido la más mínima relación con Monsanto.

–¿Conoce casos nacionales o internacionales donde Monsanto ofreció sobornos?

Felipe Solá: –La gente que tiene un pensamiento globalifóbico, y dentro de ese pensamiento introduce la cuestión ecológica, le atribuye a la ingeniería genética una responsabilidad importante en algunas cuestiones, cosa que para mí en el caso de la soja no está para nada probado. Creo que no hay estudios sobre el tema de la posibilidad de que el Roundup sea un problema en sí mismo. Lo que está en discusión son los efectos sociales que pudo haber tenido la enorme difusión de la soja transgénica y de la agricultura sojera desde 1997 en adelante, que explica prácticamente todo el crecimiento de la agricultura argentina, que pasa de 6 millones de toneladas en el año 1998, cuando yo me fui, a 97 millones de toneladas en el año 2008. Ante la pregunta concreta de los sobornos, no puedo saberlo, no lo sé. Es evidente que la cuestión ha tenido un impacto tal que, en términos conspirativos, se pueda pensar ahora que ha sido todo la culminación de un gran negocio. Yo creo que no fue así en el caso de la Argentina.

–¿Le ofrecieron pagarle por la autorización? En tal caso, ¿cuánto y qué contestó?

Felipe Solá: –Por supuesto que no. Es más, como secretario de Agricultura no firmé ninguna resolución, de ningún tema, por la cual me ofrecieran pagarme plata, o sobornos o lo que fuera. Salvo en el caso de temas vinculados con el Senasa, cuando este organismo tenía una función doble, porque además de hacerse cargo de la responsabilidad del estado sanitario de las industrias frigoríficas, también debía verificar si los matarifes estaban al día con los impuestos, con el IVA concretamente. En ese caso, hubo alguna sugerencia indirecta, que dio lugar a problemas, líos, que yo transmití por la prensa y que terminaron en varios casos con denuncias penales. Y yo recibí algunos “aprietes” bastante lamentables, pero que no consiguieron torcer nuestra política.

Nada de qué arrepentirse

–¿Algo más?

Felipe Solá: –Quisiera agregar algunas cosas. En primer lugar, no me arrepiento de lo conseguido, porque se trata en el fondo de investigar el impacto de la expansión del área sembrada con soja de 1997 a hoy. Creo que la soja transgénica permitió avanzar sobre estos cultivos, sobre otras actividades rurales y sobre regiones no pampeanas. Al permitir eso, ha producido seguramente cambios muy fuertes desde el punto de vista social y económico y en las formas de vida agraria, en algunos casos. Yo decidí que ingresara el gran cultivo en circunstancias muy especiales, el uno a uno hacía difícil ser un pequeño productor, el agricultor pudo aprovechar la innovación para subsistir, primero, y para crecer, después. La Argentina tuvo a mano una tecnología al mismo tiempo que Estados Unidos y la aplicó con enorme éxito porque ya venía siendo pionera en la siembra directa de sus cultivos. El avance no se hizo contra el suelo, sino respetando su estructura física y su actividad biológica por la misma siembra directa.

Los resultados positivos fueron espectaculares y ocurrieron después de que me fuera de la Secretaría. Las distorsiones sociales y económicas también ocurrieron después, pero debo recalcar que en 10 años no ha habido política agrícola ninguna, como no fuera dejar que cada uno sembrara lo que quisiera sin prever ni el monocultivo, que genera el problema sobre la fertilidad y no sobre la estructura física de los suelos, ni el reemplazo de actividades más intensivas en mano de obra rural y más tradicionales en cuanto al arraigo poblacional, en especial en las economías regionales. Me refiero a políticas de premios y castigos según el tipo de cultivo. Creció la oferta de mano de obra en las clases trabajadoras y medias de las ciudades rurales porque hubo mayor volumen producido, exportado, consumido, pero bajó la oferta de mano de obra en el campo propiamente dicha. Resulta muy importante leer lo que el INTA, bajo la dirección del actual secretario de Agricultura, ha historiado mejor que nadie. Me refiero a “Diez años de organismos genéticamente modificados en la agricultura argentina”, de Eugenio Cap y Eduardo Trigo. También es muy importante leer lo que (el ministro) Lino Barañao opina del trabajo de la Conabia en estos temas. Finalmente, debo recordar también que el maíz RR, el maíz transgénico, fue aprobado por la Secretaría de Agricultura durante el gobierno del presidente Néstor Kirchner, de la misma manera que está aprobado en decenas de países junto con la soja, entre ellos Brasil.

Por lo tanto, este descubrimiento de que la soja es la causante de todos los males ahora no parece haber sido algo consciente en la Secretaría de Agricultura en años anteriores, como tampoco en otra área de gobierno. Lo ocurrido es demasiado importante y transformador como para dejarlo como una conspiración antiargentina o como un simple hecho de corrupción como sugieren las preguntas. Las próximas elecciones no pueden servir de excusa para descubrir ahora quién es quién. Me refiero a mí. Con mis errores, yo soy el mismo de ayer y volvería a firmar como en 1996, la fenomenal ampliación de la economía del interior del país que se dio. Eso sí, si me hubiera quedado en la Secretaría de Agricultura, hubiera tenido una política agrícola, es decir, hubiera estudiado año tras año, junto con los productores, qué convenía sembrar, y para eso sirven las retenciones y hasta incluso algunos premios posibles a cada cultivo. Hubiera balanceado la agricultura argentina, de forma tal que no se sojizara. Con los errores recientes del año pasado, el gobierno ha sojizado aún más la agricultura. Eso es todo lo que tengo que decir, y agradezco ser consultado.


Horacio Verbitsky

Entrevista con Regúnaga:
Mercedes González.



jueves, 15 de enero de 2009

Glosario sojero



La crisis alimentaria mundial responde al impacto de las políticas neoliberales que se vienen aplicando desde hace treinta años a escala global. La liberalización comercial a ultranza a través de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio y en los acuerdos de libre comercio y las políticas de ajuste estructural, el pago de la deuda externa, la privatización de los servicios y bienes públicos son sólo algunas de las medidas que se han venido imponiendo por parte del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en las últimas décadas en los países del Sur.

En Argentina, la crisis de la soja, el paro de los productores de granos y sus acciones destituyentes, en 2008, fue una escaramuza más en la batalla por los alimentos: de un lado los empresarios, las rentas millonarias, los capitales especulativos, el desprecio por el sufrimiento ajeno (leche derramada mediante); del otro lado los pueblos del mundo que buscan torcer la balanza y luchan por sobrevivir...


Una carta abierta desde la tierra

Otras entidades, otras demandas

Soberbia

Lanzamiento

Frente Nacional Campesino

El conflicto

La presidenta y el paro del campo

Testimonio

El teorema de los alimentos

La explotación de chicos en el campo

Reclamo agrario y golpismo

Algunos comentarios

Otra mirada

Historia de latrocinios

Por algo será... (Carta de I. Copani)

10 razones

Soja

El Glifosato

El mundo según Monsanto

Energía Eólica

Qué duro

Retenciones

Desarrollo y drama social

¿Quién gana con la crisis alimentaria mundial?

Como en Gaza pero acá

Los Transgénicos

“La SOJA y la DEUDA son modelos de sometimiento político





Los Transgénicos



La terrible sequía que afecta gran parte de nuetro país es, sin dudas, consecuencia directa de la deforestación y la falta de planificación, la soja transgénica y el glifosato.

Las consecuencias de los nefastos años 90 y las políticas de
MONSANTO no dejan de ensuciar nuestro futuro...







VEA TAMBIÉN:
Glosario sojero


viernes, 2 de enero de 2009

Otra sobre el PP



Leyendo el blog TIRANDO AL MEDIO, me encontré con una nota de Alberto Lapolla, militante a quien conocí en Nuevo Movimiento, un espacio donde muchos peronistas nos refugiamos cuando arreciaba el menemismo en los 90. Quiero aportar al debate sobre el "PP" (Progresismo Placebo) con este reportaje que le hicieron allá por julio de 2008...


Alberto Lapolla es ingeniero agrónomo, historiador y fue el responsable agrario de Proyecto Sur hasta que la protesta rural dividió las aguas en el interior de ese espacio político. En esta entrevista con Página/12, afirma que Federación Agraria se alió con la Sociedad Rural porque ya no representa a los pequeños productores que trabajan la tierra sino a terratenientes pequeños y medianos que, en la mayoría de los casos, alquilan sus campos y viven de rentas. Sostiene que el diputado de Proyecto Sur, Claudio Lozano, al votar en contra del proyecto oficial no respetó el propuesta programática de la agrupación y “jugó a favor de la Sociedad Rural”. “Todo el campo popular sufrió una dura derrota, pero la situación le debería servir al Gobierno para darse cuenta de que debe dejar de tapar agujeros y enviar al Congreso un plan nacional agropecuario para que sea debatido por todos los sectores”, concluyó.

–Los pequeños productores terminaron festejando el rechazo de un proyecto oficial que los ubicó en una situación peor de la que hubiesen estado si la resolución 125 era ratificada.

–Los pequeños productores no son los que tienen 100 o 200 hectáreas de soja en la Pampa húmeda. Alguien que tiene 100 hectáreas en Pergamino posee un capital de 1,5 millón de dólares, ¿cómo va a ser un pequeño productor? Pequeños productores son quienes tienen 5, 10 o 30 hectáreas en Misiones, Chaco, Formosa, Santiago del Estero y producen, por ejemplo, tabaco, caña de azúcar, zapallo y fruticultura. Los que han formado el Frente Nacional Campesino son los pequeños productores.

–¿Qué definición le cabe entonces a un empresario que posee 200 hectáreas en la Pampa húmeda?

–Son pequeños terratenientes que, en la mayoría de los casos, alquilan sus campos a 600 dólares la hectárea por cultivo. La escala para la producción de soja empieza a partir de las 100 hectáreas. El país tiene 330 mil productores agropecuarios, 220 mil tienen menos de 100 hectáreas y de esos 110 mil que quedan sólo 80 mil producen soja y son mayoritariamente pampeanos.

–¿Entonces a quién representó en este conflicto la Federación Agraria?

–A pequeños y medianos terratenientes de la pampa húmeda que efectivamente quedaron peor que antes porque los reintegros que habían logrado en Diputados ya no los tienen. Encima los dirigentes de la Sociedad Rural, muy hábilmente, dijeron que para ellos el conflicto terminó. En la Federación Agraria recién ahora se van a empezar a dar cuenta de que fueron usados por los grandes productores, habiendo cumplido un pobre papel. Mi amiga Alcira Argumedo, de Proyecto Sur, dijo que la Sociedad Rural no era la misma de antes, pero la Sociedad Rural es la misma de siempre.

–No todos en Federación Agraria perdieron. Muchos medianos productores que apostaron por la alianza con la Sociedad Rural salieron beneficiados.

–Federación Agraria viene sufriendo un proceso de hegemonización por parte de los sectores más concentrados. Yo participé el año pasado de una marcha muy grande de Congreso a Plaza de Mayo que compartió Federación Agraria con organizaciones campesinas como el Mocase y el Mocafor y el comentario posterior de los gringos de Córdoba y Santa Fe fue que se había llenado de negros. Originalmente los integrantes de Federación Agraria eran arrendatarios enfrentados con los terratenientes y ahora son pequeños y medianos propietarios. Eso le cambió el carácter de clase a la organización. No obstante, también influyó mucho en la postura de la Federación Agraria la confrontación abierta que se planteó con el Gobierno. Ahí tuvo un papel central el diputado Claudio Lozano, principal aliado de Eduardo Buzzi, que votó en contra en Diputados y asesoró al senador José Martínez, de Tierra del Fuego, para que también votara en contra. Esa posición tiene que ver con el odio visceral que Claudio Lozano, Víctor De Gennaro y Alcira Argumedo sienten por el kirchnerismo. Las razones por las que se asociaron a la Federación Agraria son esencialmente políticas. Alcira Argumedo, por ejemplo, cuando se fundó Proyecto Sur dijo que la presidenta Cristina Fernández tenía destino de helicóptero.

–Lozano representó a Proyecto Sur.

–Lozano no respetó el propuesta programática de Proyecto Sur. En esa plataforma, de la cual yo participé como uno de los autores junto con Pino Solanas, Alcira Argumedo y Ana Lorenzo, habíamos planteado la necesidad de llevar adelante un plan nacional agropecuario que contemplaba la implementación de retenciones móviles y diferenciadas y esa posición se volvió a ratificar en mayo de este año. Las retenciones móviles son una medida económica correcta que sirve para desacoplar los precios internos de los internacionales. Ese tipo de propuestas se pueden mejorar y perfeccionar, pero de ninguna manera Lozano tendría que haber votado en contra. Ese voto es irracional. Podría haberse abstenido. Lo más grave fue cómo operó en el Senado para que Martínez también votara en contra. Jugó a favor de la Sociedad Rural. Yo y él no estamos en el mismo espacio en este momento.

–¿Usted se fue de Proyecto Sur?

–Estamos evaluando cómo irnos. Somos un conjunto importante de compañeros de Buenos Aires y de las provincias del interior que tenemos previsto tomar distancia porque éste no ha sido un hecho menor. Proyecto Sur quedó del lado de la Sociedad Rural. Nosotros no somos kirchneristas, pero en este conflicto estaba claro que había que apoyar al Gobierno frente al embate de la derecha.

–¿Qué se puede esperar ahora que el sector sojero le torció el brazo al Gobierno?

–El triunfo de la oligarquía va a acelerar la expansión de la superficie sojizada y va a aumentar la presión contra los pequeños productores porque no hay ningún estímulo para producir alimentos en lugar de soja. Financial Times señaló que en el país va a haber 950 mil hectáreas más de soja en la próxima temporada. Esto es negativo porque estamos produciendo soja para que los chinos y los hindúes críen chanchos, mientras nosotros dejamos de producir comida y contaminamos la tierra. Además, la sojización destruye trabajo. El tiempo operativo de labranza de la siembra directa es de 40 minutos de hectárea por hombre y el tiempo operativo del maíz es de 180 minutos. Son casi cuatro puestos de trabajo menos. El paquete tecnológico que combina siembra directa, semillas transgénicas y el herbicida glifosato eliminó las tareas de labranza, disminuyendo brutalmente la demanda de trabajo.

–¿Dejó algún saldo positivo este conflicto?

–Todo el campo popular sufrió una dura derrota, pero la situación le debería servir al Gobierno para darse cuenta de que debe dejar de tapar agujeros y enviar al Congreso un plan nacional agropecuario para que sea debatido por todos los sectores. Ese es el lugar para discutir si vamos a seguir produciendo soja sin límites para China e India o vamos a producir alimentos. Estos cuatro meses de conflicto también dejaron otra experiencia positiva. Por primera vez desde la década del 70 se volvió a debatir la estructura de propiedad de la tierra en la Argentina y eso no es algo que deseaban los grandes terratenientes. En 1974 participé del último congreso que se realizó en el país para debatir la reforma agraria, fue la semana en la que murió el entonces presidente Perón y desde entonces no se volvió a hablar más del tema hasta ahora.




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