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viernes, 2 de enero de 2009

“La SOJA y la DEUDA son modelos de sometimiento político



Jorge Rulli -integrante del Grupo de Reflexión Rural (GRR)- sabe cuando habla sobre la soja transgénica y sus graves consecuencias político-sociales. Habla del modelo de la soja, el modelo político y económico que llevó a la Argentina a su crisis agropecuaria actual...

Reportaje del 2004 = actualidad total


¿Cuáles son las causas por las cuales hoy la Argentina tiene a más de la mitad de su población por debajo de la línea de pobreza?

Esa extendida pobreza es consecuencia de un modelo impuesto. Es el modelo de la deuda. La deuda es más que la deuda, es un modelo político, es un sistema de endeudamiento, por sobre todo un sistema de agroexportación de commodities destinado a pagar los intereses. Entonces los que nos instalaron la deuda luego nos convencieron de la necesidad de un modelo económico adecuado para afrontarla. Ese modelo en ese momento no podía ser otro que el de los forrajes, y nos especializamos en soja, soja transgénica.

Entonces el modelo de agroexportación de forrajes se acentuó decididamente y en el año '96 son habilitadas las primeras semillas transgénicas, una soja RR, resistente al glifosato. Y provechando ciertas condiciones de pérdida de cultura, de pérdida de enraizamiento de los sectores agrarios, de una extendida indiferencia del pueblo argentino hacia los problemas del campo, una tendencia a la urbanización, este modelo fue casi explosivo.

Se vincularon las tecnologías propias de una siembra directa, de un herbicida sistémico muy poderoso y de una semilla transgénica para crear un boom en las exportaciones, por lo menos de commodities.

El impacto fue muy severo, a los pocos años de la década de los '90 se fue viendo cómo el impacto estableció un modelo de agricultura sin agricultores, que llevó a que muchísima gente facilitara su labor agraria pero dejara de vivir en el campo. Estos monocultivos también desplazaron otros cultivos que requerían mucha más mano de obra, como el algodón, las lentejas, el arroz, los lácteos, los tambos, la frutihorticultura, entonces mucha mano de obra se perdió. El desempleo se acentuó, los pueblos pequeños murieron, la gente del campo fue a las ciudades y se constituyeron inmensos cinturones de pobreza urbana.

Los monocultivos de soja no hicieron más que acentuar una situación terrible que condujo a las sucesivas crisis políticas y al 19 y 20 de diciembre que fue un estallido social enorme como el país no recordaba hacía muchísimos años, que derrumbó al gobierno de De la Rúa y estableció nuevas pautas de juego.

¿Por qué en la Argentina entró tan rápido y fácil el tema de los transgénicos tanto en el campesinado como en los sectores urbanos?

La gente estaba esperando la habilitación de esta semilla que se dio en el '96. Decían que querían la soja que se 'bancara' el glifosato; éste era el reclamo de muchos. Yo creo que llegó justo en un momento de crisis cultural, de desarraigo, de creciente desolación de los argentinos como producto de la dictadura militar, que tampoco fue gratuita.

La dictadura militar también contó con mucho apoyo de ciertos sectores de la población. Todo esto tiene que ver con el problema de la identidad. La identidad argentina está en crisis, fragmentada. Están fragmentadas todas las identidades políticas en la Argentina pero está en duda el vínculo con el suelo. Es muy difícil constituir un país con este criterio, donde la tierra es un bien de uso nada más, no es un habitat. Sobre todo la generación de los actuales productores -que no se llaman chacareros- desprecia la mirada sagrada que tenían sus abuelos cuando eran dueños de la tierra. Ahora el hombre de campo no quiere vivir en el campo, se quiere ir a la ciudad, y la soja le viene al pelo porque no requiere ciencia agronómica. Con un teléfono celular ellos manejan el campo desde el pueblo, desde Punta del Este o desde Buenos Aires. Ya no vive nadie en el campo. Entonces la soja RR le vino al productor como una maravilla porque hay un solo tipo de maquinaria y lo que hace generalmente es arrendar el campo y vive de un sueldo, o arrienda la maquinaria y hace soja, pero ya no tiene animales ni diversidad de cultivos.

El problema que tiene es mantener una relación telefónica con las avionetas para que le fumiguen y tener a alguien que le camine el campo contándole la cantidad de insectos o la cantidad de malezas que hay para que le avise por teléfono si es necesaria otra fumigación. Todo esto se aprovecha de una falta de políticas totales para la agricultura.

El Estado no tendría que haber permitido esta clase ociosa, rentista y destructora del suelo.

Destructora del suelo que no pertenece a quien lo compró sino que pertenece a nuestros nietos.
En diez años la Argentina no tiene más suelos. Ahora estamos perdiendo provincias de suelos más frágiles como el norte de Santa Fe y el Chaco, donde las manchas de desertificación se van haciendo cada vez más notorias. Pero según los técnicos de los institutos de investigación, los mejores suelos no tienen más de diez o quince años de vida porque hay una desaparición de la vida biológica del suelo por el abuso de herbicidas como el glifosato que liquidan todo lo que tiene clorofila, lo que quedan son hongos nada más, el suelo no puede reponerse, no es capaz de incorporar materia orgánica.

Y además otro problema que tienen es que como la tierra siempre está cubierta ha descendido la temperatura del suelo, entonces muchas veces la semilla no tiene capacidad para germinar porque tiene un grado o dos menos de lo que necesita, con lo cual están pensando en hacer una semilla transgénica que germine a menos temperatura; porque este tipo de ciencia de este paradigma lineal va saliendo de cada error con otro futuro error.

Cada solución es un futuro error. Nunca aceptan que la mayor parte de las dificultades
que tienen que resolver ahora son productos de soluciones que ellos creyeron ver tiempo
atrás.

Este es el camino monstruoso de esta ciencia, la que nosotros estamos cuestionando, diciendo que la ciencia es un discurso político, que hay diferentes versiones de la ciencia, diferentes tecnologías, que tendríamos que optar y no creer que las tecnologías de punta son siempre buenas. Con lo cual empezamos a dar un debate político pero ideológico y epistemológico.

En el pequeño campesinado, ¿hay conciencia del tema de los transgénicos?

En los campesinos que están organizados hay conciencia, pero estamos hablando de campesinos como los de Formosa, los de Santiago del Estero, que son absolutamente marginales, tienen un peso mínimo en la economía argentina.

La mayor parte de ellos trabaja para su autoconsumo o abasteciendo mercados locales, entonces no cuentan en la economía, no existen. Son bases importantes para una resistencia pero están siendo barridos sigilosamente por la extensión imparable de la mancha de soja. La soja los está acorralando.


En provincias como el norte de Córdoba, Formosa, Santiago, Chaco, está apareciendo gente que tiene títulos de tierras que están ocupadas desde hace muchísimos años. Esto se dio mucho en Brasil pero aquí en la Argentina nunca se había dado de tal manera como ahora. Hay oficinas públicas que están en acuerdo con estos sectores productores de soja para proveerlos de títulos habilitantes. Lo que ocurre es que hay una gran demanda de tierras para hacer soja, porque la soja tiene un precio desmesurado, entonces es muy difícil de parar esto y por supuesto esta gente actúa sin escrúpulos, están contratando guardias blancos, ha habido gente herida, usan escaramuzas para sacar a los campesinos de sus tierras, sobre todo en Santiago del Estero, donde contaban con un gobierno cómplice, pero esto se está dando en todo el país, en muchos lugares
hay conflictos con campesinos que prácticamente no se conocían en la Argentina. Esto es
consecuencia de la soja.

Ahora el remate es que la Argentina se dispone a pagar las regalías de Monsanto de las semillas que el productor de soja evade y por lo cual Monsanto se retira de la comercialización de semillas. El Estado, en una suprema acción de connivencia con estas multinacionales, se dispone a compensarle estas regalías con dinero de los impuestos. El Estado sale de garantía de las regalías que el productor no paga.

¿Y por qué no paga el productor? Porque está acostumbrado a que se queda con una parte de la cosecha, con la semilla para darle a sus amigos, a sus vecinos, esto es tradicional en el campo.

Entonces se le daba al vecino y el vecino el otro año las devolvía. Pero lo que pasa es que era semilla nuestra, del Estado argentino, ahora la semilla es de una multinacional que quiere que se le pague, pero el Estado no tiene capacidad de obligar al chacarero para que pague.

¿Cómo es la relación de la Argentina exportadora de soja con los otros países del mundo?

En la medida que la Argentina sirvió a los intereses de la biotecnología y que hicimos par con los Estados Unidos, tomamos como propia la doctrina de la equivalencia sustancial, que es una norma solamente aplicable en algunas zonas de los Estados Unidos, que dice que un producto es igual al otro mientras lo parezca mientras un examen físico-químico elemental muestren que son parecidos.

Esto es un rechazo muy grande a todo lo que significa reconocer la identidad genética y no está aceptado por ningún país del mundo, solamente por Estados Unidos y nosotros.

Entonces la pelea se dio contra Europa, en el sentido de que Europa no ponga barreras al libre comercio y que nos permita comercializar como iguales cosas que no lo son, que los europeos sienten que no lo son. Entonces la Argentina mantiene esa doctrina. ¿Por qué no nos van a aceptar nuestra soja si nuestra soja es soja? No, es transgénica. Ah, pero eso son barreras al libre comercio. Esto nos llevó a una lógica perversa. Aliarnos a nuestro competidor que son los Estados Unidos contra nuestros compradores. Estados Unidos produce lo mismo que nosotros: carne bovina, ovina, lácteos, soja, sorgo, maíz, trigo, aceite de girasol, todo lo mismo. Luchamos por los mismos mercados pero nos unimos a ellos para pelear contra los clientes. Y por eso llegamos a esta demanda de la Argentina donde acompaña a los Estados Unidos contra Europa.

Una demanda contra Europa ante la OMC por la moratoria de transgénicos en Europa, que es un tema muy grave que va a traer mucha cola, esto se va a definir a fin de año, no se sabe qué va a pasar pero Europa no va a ceder. Es el modelo norteamericano contra el modelo europeo. Esto es una pelea muy de fondo, en la cual nosotros nos hemos puesto del lado de los Estados Unidos. Pero además otro efecto muy interesante es que en esta época de la globalización países pequeños como el nuestro, que fueron ocupados por las transnacionales como Monsanto, pueden servir ahora como plataforma de ataque a otros países. ¿Cómo nos ocuparon? A través de subsidios. Acá la semilla de Monsanto valía mucho menos.

Acá Monsanto no patentó su semilla. En el '96 cuando se habilitó la semilla RR de Monsanto, Monsanto no la había patentado, entonces lo único que pagaba la gente era el glifosato. La semilla la pagaba una vez, después no la volvía a pagar y Monsanto no se quejaba. Porque había que ocupar el país. El glifosato se pagaba pero valía tres veces menos que en Estados Unidos.

Entonces acá se nos dio un dulce para que entráramos en esta trampa. Y ahora que el territorio está ocupado le preocupan a Monsanto las regalías y otras cuestiones pero durante años todo fue bonanza.

Ahora la Argentina es plataforma de Monsanto. ¿Cómo sirve esto a los fines de la multinacional? Presionando a pequeños países que se negaban a recibir comida transgénica o semillas transgénicas. Argentina ha operado como grupo de chantaje de los Estados Unidos contra otros pequeños países. Entonces la política de la Argentina es muy importante de analizar.

¿Qué relación existe entre este modelo y el ALCA?

El ALCA es esto. En la Argentina el ALCA está instalado. El ALCA, de firmarse o de firmarse mayores acuerdos, puede ser mucho peor, pero desde hace muchos años nosotros decimos que el ALCA está instalado, que es la pérdida de semillas, la pérdida de territorio y sobre todo el modelo de la soja. Lo que no entendemos es cómo mucha gente grita contra el ALCA sin hablar de la soja. Es uno de los fenómenos argentinos. También hacen campañas contra la deuda sin hablar de la soja. Nosotros creemos que la soja es la deuda, que la soja es el ALCA y que esto se establece desde los años '90. Venimos hablando del ALCA desde los '90. Hablamos de la soja y de la deuda como modelos de sometimiento político.

¿Lo que vive la Argentina de hoy se trata de un estado de transición o realmente llegamos a una etapa de equilibrio que se puede sostener en el tiempo?

Yo creo que no. Yo soy un poco apocalíptico pero cuando escuchamos hablar a los técnicos del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) ellos anticipan que en diez o quince años va a haber catástrofes ambientales. Ellos lo dicen. Ahí uno entra en pánico porque se supone que ellos son los que saben y ellos estuvieron a favor de la soja y ahora están poniendo distancia. Entonces yo ahí dije "todo lo que estamos diciendo, es verdad". Ahora, ¿cómo convencés al productor de soja de que haga otra cosa, cuando además todas las políticas del Estado impiden que haga otra cosa? Ayer me decía alguien de Entre Ríos que un chacarero tenía 300 hectáreas y hacía policultivos, criaba cerdos, maíz para sus cerdos, tenía ovejas, un poco de tambo, hacía trigo, todo. El hombre muere y le deja a cada uno de los tres hijos 100 hectáreas, ¿qué hacen los hijos? Las arriendan para hacer soja y se van a vivir a la ciudad. ¿Cuánto sacan por mes? Tres mil pesos. Es mucho dinero, son mil dólares. Es mucho dinero en la Argentina para un hombre de campo.

Jamás sacaría tres mil pesos con 100 hectáreas, o tendría que trabajar mucho, y él aquí no trabaja. Vive en la ciudad. ¿Entonces cómo lo convencés de que haga otra cosa? Bueno, lo podemos convencer de que en diez años se queda sin el campo. ¿Qué le importa dentro de diez años? La única manera de ponerle un límite a esto es obligar a que haya políticas de Estado. Entonces, por ejemplo, que se suban las retenciones a la soja y que se le dé precio sostén a las lentejas, con lo cual hay mucha gente que va a empezar a hacer lentejas. Lo que pasa es que el Estado se ha lavado las manos, ha dejado de existir. El Estado argentino trabaja para las empresas. Hacen falta normativas que permitan hacer del Estado un instrumento más fiable, más eficiente.


Fuente:
Universitat Politécnica de Catalunya

2 comentarios:

Anita M. dijo...

Muy bueno leer esto. Lo voy a poner en la seccion de cosas que hay que leer de mi blog si no te molesta.

Daniel Mancuso dijo...

todo lo que está en el blog es para compartir, adelante che...

aguantan

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