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jueves, 22 de octubre de 2009

CAMPAÑA DEL DESIERTO ¿QUÉ GENOCIDIO?



Uno de los tantos defectos que tenemos los seres humanos, de los más patéticos, de los más sorprendentes, es la capacidad de justificar lo injustificable. La vuelta discursiva que cambia el sentido, la serie de intrincados razonamientos que pueden llevar a concluir y convencer que es posible respirar en el espacio, que los chanchos vuelan en la estratósfera, que las bombas de Hiroshima y Nagasaki se arrojaron para obtener la paz, que Clarín defiende la libertad de prensa, que a los pobres no les gusta trabajar, etc...

El autor de la siguiente nota: Juan José Cresto, es director del Museo Histórico Nacional y presidente de la Academia Argentina de la Historia. Publicó en La Nación una mentira de esas que parecen una verdad argumentada e inapelable. Cresto, otro fabricante de mentiras se despacha así...


« Hace poco más de un siglo, el 12 de octubre de 1904, el general Roca entregó al doctor Manuel Quintana los atributos de la presidencia de la República. Había cumplido su segundo mandato, pero su influencia política desde 1880 había transformado el país. La Argentina era una potencia respetada. El general Mitre, ya anciano y verdadero patriarca de la argentinidad, fue a su casa ese mismo día para felicitarlo por su gestión: "Ha cumplido", le dijo parcamente, porque el juramento de su asunción, en 1898 lo había hecho ante el patricio.

» Diez años después, el 19 de octubre de 1914, Roca moría en Buenos Aires. Los últimos años los dedicó a organizar su estancia La Larga, levantando casas para su personal, cultivando arboledas y caminos y mejorando su hacienda. Se cumple este año el centenario de su alejamiento del poder y noventa años de su fallecimiento. El país no lo ha recordado suficientemente.

» En los últimos tiempos una historiografía carente de toda documentación sostiene que la expedición de Roca de 1879 contra los indios, fue un genocidio. Ello revela supina ignorancia u oculta intereses de reivindicaciones territoriales. El tema indígena es complejo, porque abarca regiones muy diferentes, desde los paisajes andinos atípicos hasta la cuña boscosa del Chaco, con razas que no eran ni son comparables, como los diaguitas, los abipones o los mapuches. En el Sur, los pueblos araucanos procedían de Chile e ingresaron al hoy territorio nacional hacia principios del siglo XVIII, según lo refieren numerosos historiadores de ese país, algunos con carácter reivindicatorio.

» La pampa agreste estaba totalmente desierta, con algunos bolsones de pobladores aislados. En la provincia de Buenos Aires se denominaba "poblador del Salado" a quien se instalaba más allá de ese importante río. Sin alambrados, sin títulos de propiedad, salvo antiguas mercedes realengas, o con títulos imprecisos basados en la simple ocupación, el llamado "estanciero" era el ganadero que cuidaba vacas criollas, que no tenían parecido con las de nuestra época, vivía con el cuchillo en la faja y dormía en un rancho que él mismo construía. Su beneficio empresario consistía solamente en la explotación del cuero del vacuno, que canjeaba en la pulpería o en "las casas", o poblado más próximo. Compartía, sí el temor al malón indígena.

» Al caer la tarde, hacía recostar a su caballo en el suelo para ver la reacción del animal, cuya sensibilidad le permitía saber si la tierra se movía. En ese caso, sabía que, a lo lejos, los indios galopaban y él debía huir, abandonando todo.

» El horror del malón se ha descripto repetidas veces, pero hay que recordar que el indio fue temible cuando aprendió a montar el caballo que trajo el europeo, para robar las vacas que también vinieron con los españoles y venderlas en Chile. También cuando aprendió a usar la cuchilla de hierro, que también obtuvo de la industria del hombre blanco. Los aduares indígenas estaban llenos de cautivas, mujeres blancas a las que se les hacía un tajo profundo en la planta de los pies para impedirles la fuga. Ellas tenían que soportar la indignación y el odio de las mujeres indias de la tribu.

» La historia argentina está llena de historias de pequeños y de muy grandes malones a lo largo de los siglos XVIII y XIX, hasta la decisiva ocupación de desierto por Roca. La política de ocupación no se inicia con este exitoso militar, sino que continúa desde los primeros gobiernos patrios. Rosas hizo una expedición contundente, pero después de Caseros las tribus se alinearon, unas con el gobierno de la provincia de Buenos Aires y otras con el de la Confederación, participando en la política partidista.

» Mitre quiso erradicar el delito en las pampas y no lo pudo lograr por tener que dedicar sus esfuerzos a la guerra del Paraguay. Sarmiento sufrió grandes malones y la batalla de San Carlos es un verdadero hito de la historia. Avellaneda, que soportó una grave crisis financiera internacional, tuvo una política de ocupación a través de su ministro Adolfo Alsina, quien hizo construir una larga zanja de más de cuatrocientos kilómetros para evitar los malones, en una guerra defensiva sin mayores resultados. Finalmente, Roca, que conocía el desierto, organizó una expedición ocupacional decisiva. Este joven general había ganado todos sus ascensos, uno tras otro, en los campos de batalla.

» ¿Estaba Roca ocupando tierras de indios? La respuesta es categóricamente negativa. Esas tierras desiertas comienzan a ser ocupadas con las expediciones pobladoras de la España colonizadora del siglo XVI que, repetimos, trajeron el caballo y la vaca. Los indios iniciaron su ocupación 180 años después.

» Los indígenas americanos precolombinos estaban radicados en mínimas parcelas de territorio y aprovecharon los descubrimientos, invenciones, ingreso de animales antes desconocidos y la tecnología del blanco para su expansión territorial. De suponer válida la peregrina teoría del primer poblador, tal vez debiéramos remontarnos al homínido y considerar al propio hombre de Neanderthal como un usurpador.

» Pero existen algunas consideraciones que hay que sopesar: la expedición debe adjudicarse al gobierno del presidente Avellaneda, quien designó para comandarla a su ministro de guerra, el general Julio Argentino Roca, en estricto cumplimiento de la ley del 25 de agosto de 1867, demorada doce años por las dificultades políticas y económicas del país. "La presencia del indio -decía la ley- impide el acceso al inmigrante que quiere trabajar".

» Para financiar la expedición se cuadriculó la pampa en parcelas de 10.000 hectáreas y se emitieron títulos por la suma de 400 pesos fuertes cada uno, que se vendieron en la Bolsa de Comercio. Aunque prohibieron la adquisición de dos o más parcelas contiguas, esta venta fue la base de muchas de las fortunas argentinas.

» La ley, la expedición y la organización fueron discutidas en el Congreso y votadas democráticamente. Todo el país, toda la población de la Nación, quería terminar con este oprobio, desde el Congreso y los gobiernos provinciales hasta los periódicos, sin excepción.

» Roca organizó la expedición y a ella se incorporaron no solamente cuerpos militares, sino también periodistas, hombres de ciencia y funcionarios. El periodista Remigio Lupo la integró como corresponsal del diario La Prensa y remitió sus crónicas. Monseñor Antonio Espinosa publicó su diario, con noticias muy valiosas de todo lo mucho que vio, pero también escribieron hombres de ciencia, como los doctores Adolfo Doering y Pablo Lorenz, y naturalistas, como Niederlein y Schultz, que estudiaron la flora, la fauna y las condiciones del suelo.

» Acompañaron también enfermeros y auxiliares. Los indios prisioneros y los niños, mujeres y ancianos fueron examinados por sus dolencias, vacunados y muchos de ellos remitidos a diversos hospitales de la muy precaria Buenos Aires de esos días.

» Ahora bien: ¿puede creerse que toda estas personas y otras que siguieron paso a paso la expedición pueden ser cómplices de silencio en caso de genocidio? ¿Se concibe un secreto de cinco mil personas? ¿Lo hubiera permitido un humanista como el presidente Avellaneda? La única realidad es que la llanura pampeana quedó libre de malones y que a los indígenas se les asignaron grandes reservas, si bien es cierto que individuos inescrupulosos les cercenaron posteriormente muchas de sus parcelas con supuestos derechos, actitud reprobable, sin duda, que forma parte de litigios del derecho civil.

» Por otra parte, mencionar al indio como tal es un insulto. ¿Por qué indio? El es, simplemente, un argentino entre treinta y siete millones de habitantes, con los mismos derechos y obligaciones que todos. No merece ningún tratamiento especial ni más derechos que otros, pero tampoco ninguna tacha que lo invalide, que lo relegue o que lo menoscabe, porque tiene también todas las prerrogativas constitucionales. Es nuestro conciudadano y, por lo tanto, nuestro hermano. Merece y tiene todo nuestro fraterno afecto. No más, no menos. Lo contrario es indigno y discriminatorio.

» Lo que se quiso hacer y efectivamente se hizo fue concluir con los asaltos a pueblos indefensos y poner la tierra fértil a disposición de la población para ser trabajada. En efecto, en menos de 25 años a la Argentina se la llamaba "la canasta de pan del mundo".

» El 12 de octubre de 1880, Roca juró como presidente de la República, por haber vencido a Tejedor en las elecciones. Hizo un gobierno histórico: concluyó el tratado de límites con Chile, en 1881; desarrolló la instrucción pública; construyó escuelas; extendió los ferrocarriles. Los inmigrantes agricultores comenzaron a agruparse en colonias. Se estibaron miles de bolsas de trigo en las estaciones.

» El pedestal de la gloria de Roca está en sus dos gobiernos y en su orientación política, mucho más que en la ocupación del desierto, pero ésta es un timbre de honor de su biografía. Con el tiempo, a través de personas que no han leído específicamente sobre el tema o que tienen otros intereses, se ha creado una fábula que gente de buena fe la ha creído, porque así se elaboran los mitos que después parecen "verdades reveladas" de valor teológico. Felizmente, cualquier serio investigador de historia, cualquier estudioso del pasado que se documente, se preguntará azorado: ¿qué genocidio?» .



¿Qué me cuenta? Con dos párrafos más, quizas nos convenciera y hasta haríamos un altar en casa con la foto de San Julio Argentino...

Hoy sabemos que fue uno de los padres de la Argentina agroexportadora, promotor de los grandes latifundios, extendió los ferrocarriles que llevaban todo los productos al puerto para ser despachados a Europa. Un epítome sangriento de la Generación del 80.

Julio Argentino Roca es sinónimo de Conquista del desierto. ¿Por qué desierto? la denominación proviene del etnocentrismo del gobierno argentino: la región estaba completamente deshabitada de gente de raza blanca y civilización europea. Sólo estaba poblada por indígenas nómadas, que eran considerados como animales, por lo tanto, era un "desierto."

El general Roca, al mando de un ejército moderno y bien pertrechado, conquistó la Patagonia venciendo la resistencia de los pueblos originarios de etnia mapuche, causando una gran cantidad de víctimas y desplazando a las poblaciones restantes a regiones periféricas. Según el informe del propio Roca al Parlamento, se mataron 1.323 personas. También explicó Roca, ante el Congreso de la Nación, que se habían tomado como prisioneros a 10.539 mujeres y niños y 2.320 guerreros.

Las tribus que sobrevivieron fueron desplazadas a las zonas más periféricas y estériles de la Patagonia. Unos 3.000 prisioneros fueron enviados a Buenos Aires, donde eran separados por sexo, a fin de evitar que procrearan hijos. Las mujeres fueron dispersas por los diferentes barrios de la ciudad como sirvientas, mientras una parte de los hombres fueron enviados a la isla Martín García, donde murieron, en su gran mayoría, a los pocos años de reclusión.

Osvaldo Bayer no cuenta que: “Roca fue implementando la esclavitud en el frente, lo que aquella brillante Asamblea del año XIII había eliminado cuando declaró la libertad de vientres, en todos los diarios de Buenos Aires, en 1879, se pueden ver los avisos donde dice reparto de indios, recorran los diarios.

La Nación publicó esta crónica: "Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros, la desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización".

Millones de hectáreas se sumaron así a la República Argentina. Estas enormes extensiones fueron adjudicadas a bajo precio, o directamente regaladas, a terratenientes y políticos influyentes. Se suele justificar esta operación militar argumentando que esos territorios iban a ser conquistados por Chile, ya que el área al sur del río Colorado estuvo parcialmente en disputa entre las dos naciones hasta la firma del Tratado Argentina-Chile de 1881.

Julio Argentino Roca fue la principal figura del Partido Autonomista Nacional (PAN), partido político argentino que tuvo preeminencia durante el período 1880-1916. El PAN fue creado el 15 de marzo de 1874 por la unión de los partidos Autonomista, de Adolfo Alsina, y Nacional, de Nicolás Avellaneda.

Roca fue Presidente en dos oportunidades, la primera vez, desde el 12 de octubre de 1880 al 12 de octubre de 1886. A la presidencia del General Roca la siguió la de su cuñado, Miguel Juárez Celman, cuyo gobierno se caracterizó por las denuncias de corrupción y autoritarismo. Sus opositores llamaban a esa gestión el Unicato.

Luego de Miguel Ángel Juárez Celman vinieron: Carlos Pellegrini, Luis Sáenz Peña, José Evaristo de Uriburu, y nuevamente Roca, desde el 12 de octubre de 1898 al 12 de octubre de 1904. El general Roca manejó los hilos de la política argentina durante más de 30 años mediante el PAN, tejiendo complejos sistemas de alianzas con distintas fuerzas, lo que le valió el mote de "el Zorro".

Representando la clase alta porteña, el PAN ejerció un liderazgo paternalista y se mantuvo en el poder por medio de la denominada máquina electoral, metáfora de fraude electoral, implementado mediante la manipulación del voto cantado. En lo económico impulsó el modelo agroexportador, que privilegiaba la producción ganadera y cerealera de la pampa húmeda y fue clave en la expansión de la red ferroviaria argentina.

Durante la segunda presidencia de Julio A. Roca se sancionó la Ley 4.144 de Residencia, que permitía la expulsión inmediata de los activistas contrarios al régimen. Su concuñado, Miguel Juárez Celman, se había enfrentado en 1890 a la Revolución del Parque, y en 1905 el radicalismo volvería a las armas en un alzamiento coordinado en varias provincias. En 1910 y ante la proximidad de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, se sancionó la ley de Defensa Social, instaurando así el arresto preventivo de sospechosos de anarquismo.

Como vemos, Julio Argentino Roca, además de defensor de las ideas conservadoras de una Argentina en manos de la élite gobernante, cuyos integrantes provenían de las familias ricas de la metrópoli; además de torturarnos con su foto en el anverso de los billetes de $ 100 y mortificarnos con el recuerdo de la Campaña del desierto, en el reverso; además de sodomizarnos el alma con su nombre en cada escuela, en las calles, en los trenes a Constitución, además de todo lo dicho, era sin lugar a dudas, un reverendo hijo de mil putas.


Daniel Mancuso


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Aunque bastante parcial, muy buen e interesante post!

MONA dijo...

Pero este escritor de La Nación estaba fumado cuando dijo eso... ¿qué? Se cree acaso que esas tierras eran de Roca? O que las heredamos de los españoles? Nadie se pregunta quién estuvo antes afincado en la patagonia? Además de genocidio fue una estafa para los soldados a los que prometieron tierras... Pero ése ya es otro tema.

El colonialismo visible te mutila sin disimulo: te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser. El colonialismo invisible, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza: te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser.(Eduardo Galeano - El libro de los abrazos)

Anónimo dijo...

Me dio tanta indignación que no pude terminar de leer la nota. Excelente aporte de todas maneras.

Anónimo dijo...

Todos somos tecnicos con el diario del Lunes.Estan emitiendo juicios muy extremos con informacion erronea ó tendenciosa.Creo que es un tema complicado y para hacer un juicio justo hay que situarse en el contexto de la epoca.El relato sobre los ataques de malones a pobladores rurales esta bien documentado y situandonos en el pensamiento y la vision de ese momento historico las desisiones tomadas por avellaneda tuvieron el consenso del congreso, nos guste ó no, la desiscion de la "capaña del desierto" fue unanime.Roca como todo soldado acato las ordenes del Congreso.Tengamos en cuenta que en ese entonces no habia tratados por delitos de lesa humanidad.Con esto no justifico el derramamiento de sangre pero trato de entender el contexto en el que viveron los personajes.Para nosotros es facil conocer la argentina y su historia con un "doble clik" en la compu o mandarle un mensajito a una novia con el celu pero en el 1800 era impensable, por eso creo que Roca no fue ni genocida ni heroe , fue un soldado que cumplio ordenes de un gobierno democratico y que luego emprenderia la carrera politica que lo coronaria con dos presidencias exitosas.No nos olvidemos que llego a la presidencia con el voto del pueblo, si juzgamos a roca como genocida juzguemos tambien al pueblo argentino que lo voto dos veces.

Daniel Mancuso dijo...

¿qué voto del pueblo, anónimo? me parece que te comiste la historia del Billiken, el pueblo no votó a Roca, porque el pueblo no votaba en el siglo XIX, y además, genocidio es genocidio, co o sin acuerdo del "Congreso", y los 2 gobiernos "exitosos" de Roca, ¿exitosos para quién? para los terratenientes de la Sociedad Rural de Martinez de Hoz y sus amigos... cazá lo libro que no muerden anónimo...

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