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lunes, 22 de agosto de 2011

DECONSTRUYENDO EL GRUPO A





La oposición miente sobre los motivos reales que explican POR QUÉ GANÓ CRISTINA. Frente a la terrible derrota del domingo 14, buscan cambiar el eje de discusión, y contraatacan cínicamente.

Intentan asustar a los ciudadanos, por todos los medios posibles, sobre los peligros de la hegemonía K. Hay para todos los gustos: desde las VOCES GORILAS que infunden temores inventados, a los agoreros de LA REPUBLICA PERDIDA.

Saben que el 23 de octubre serán nuevamente derrotados, y buscan, como en 2009, dar nueva batalla en el Congreso, reflotando el Grupo A, un dañado bergantín que fue abandonado por inoperante y torpe.




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En diciembre de 2009, Edgardo Mocca deconstruía el Grupo A...

    Toda la argumentación de la coalición de hecho que impuso su número en la sesión preparatoria de la Cámara de Diputados que eligió autoridades y determinó la composición de las comisiones parlamentarias en la sesión del último jueves giró en torno de una afirmación: la oposición es mayoría en la Cámara porque así lo decidió el voto popular en la elección legislativa de junio pasado. El juicio es completamente defendible. A sus sostenedores sólo les hace falta apoyarse en una idea de democracia más afín al concepto schmittiano de separación de los campos antagónicos en “amigo y enemigo” que a la idea liberal-pluralista de la existencia de múltiples grupos que negocian puntualmente sus diferencias en sede parlamentaria. Esta última representación –que el politólogo conservador italiano Giovanni Sartori llamó “democracia de comités”– es la que predican todo el tiempo los enemigos del actual gobierno .al que acusan de haber polarizado la sociedad en bandos irreconciliables, sobre la base de una comprensión “populista” de la democracia.

    En este caso el antagonismo existencial fue el terreno elegido. Y fue puesto en escena sin muchos pruritos por la diputada Bullrich, quien dividió drásticamente el universo legislativo entre un grupo “a” y un grupo “b”. El primero está compuesto por los bloques que gestaron el acuerdo que dio lugar a la resolución de la composición de autoridades y comisiones, y el segundo por los que no formaron parte del arreglo, a los que llegó a llamar “el resto”...


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Con los 10 millones de votos, y el seguro triunfo de octubre, cabe hacer la pregunta: ¿habrá Hegemonía K? Demián Verduga y Agustin Alvarez Rey responden didácticamente:

    Durante los últimos días, los medios tradicionales y algunos dirigentes políticos sacaron del cajón el viejo argumento del “peligro” de la hegemonía kirchnerista. Una mirada precisa de los números indica que ese riesgo es más un relato de campaña que una realidad. El sistema de renovación parlamentario está cruzado con los turnos electorales para lograr equilibrio entre partidos políticos que vayan consiguiendo adhesión popular. Por eso, los diputados duran 4 años y las elecciones se hacen cada dos. De esta forma, en cada turno electoral sólo se cambia la mitad de la Cámara. Es sustancial tener en cuenta este aspecto del sistema de renovación para entender el escenario de octubre.

    El Frente para la Victoria (FpV) es una de las fuerzas políticas que más bancas pone en juego. Tiene 87 diputados y renueva 51; es decir, el 58,6 por ciento del bloque. Esto se explica porque el oficialismo hizo una buena elección en 2007 –cuando Cristina ganó la primera magistratura–, pero una mala en 2009. Por ende, el FpV, logró meter más diputados hace 4 años y estos dirigentes finalizan su mandato en diciembre próximo. Si el oficialismo sacara el 23 de octubre el mismo porcentaje que logró el 14 de agosto, su bloque oscilaría entre los 115 y los 120 diputados. El número que hace falta para poder sesionar en la Cámara baja es 129. Así que aún sacando más del 50 por ciento de los votos, el kirchnerismo tendrá que buscar alianzas para legislar.

    Hay un dato que resulta ilustrativo. Después del turno electoral de 2007, el FpV tuvo un bloque de 148 diputados. Hoy, como se mencionó en el párrafo anterior, lograría entre 115 y 120. Lo que explica esta diferencia, de nuevo, es cómo funciona la renovación. En 2007, el kirchnerismo ganó y además venía de hacer una buena elección en 2005, así que ambos resultados se sumaron...

3
Sin expectativas en lo que hace a la pelea presidencial, en el antikirchnerismo se esperanzan con darles un sesgo parlamentarista a los comicios de octubre y así reeditar la satisfacción que vivieron en junio de 2009. Sin embargo, y luego de una rápida revisión de lo actuado en estos dos años, en que tuvieron la mayoría en Diputados, la oposición tiene poco y nada para mostrar a la hora requerir el voto. En todo caso, los magros ejemplos sirven para confirmar cuán alejados están de las necesidades populares.

Felipe Yapur analiza como Tras la derrota, la oposición apuesta al Parlamento con la vieja receta...

    El período de dominio del Grupo A en Diputados está signado por la menor producción legislativa en años. Así, entre marzo de 2009 y febrero de 2011 se aprobaron sólo 181 leyes, cuando en el bieño anterior, el primero de la gestión de Cristina Fernández, se sancionaron 255, un 30% más que cuando la oposición mostró mayoría en la Cámara Baja. Desde 1987, el promedio histórico era de 125 normas sancionadas por año, pero en lo que va de 2011, sólo se aprobaron 42 leyes.

    Ahora buscan reeditar ese esecenario de magra producción legislativa, que implicó además severas dificultades para el gobierno nacional que no pudo contar con el Presupuesto 2011. La estrategia post primarias es sencilla: reinstalar el viejo discurso de la necesidad de evitar la hegemonía kirchnerista. Para ello, la única alternativa es “frenarlos” en el Congreso, obviando que los votos que obtenga el FPV se realizarán en el marco de elecciones libres y transparentes. Esta posibilidad ya se barajaba en la cabeza de algunos dirigentes de la oposición y fue anticipada por Tiempo Argentino. Pero una cosa era pensarlo y otra muy diferente fue sentir el peso de los votos que recibió el FPV en las primarias.

    El resurgir de la estrategia que les diera buenos resultados en las parlamentarias de 2009, es un verdadero manotazo de ahogado. Sobre todo porque ahora deben lograr que el electorado olvide lo que la oposición hizo en el Congreso, mientras todavía tiene la mayoría. Algunas pequeñas pruebas:




    Cuando en diciembre de 2009 la diputada de la Coalición Cívica, Patricia Bullrich, bautizó al conglomerado opositor con el nombre de Grupo A, anticipó que desde ese momento se legislaría para ordenar al país. La agenda de la oposición giró alrededor de los siguientes puntos: Reformular el Consejo de la Magistratura, restringir el uso de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), “recuperar” el Indec, terminar con las retenciones al agro y los superpoderes e impedir el uso de reservas para el pago de la deuda externa.

    Anunciaron la creación de varias comisiones investigadoras para determinar el supuesto “nivel de corrupción” del gobierno nacional. Ninguna de ellas prosperó e incluso, como la de la supuesta embajada paralela en Venezuela, terminaron siendo un papelón por la endeblez de los hechos denunciados.

    La modificación del Consejo de la Magistratura, uno de los caballitos de batalla de la oposición, necesitó mucho debate interno para consensuar un dictamen único y obtener la media sanción en Diputados. Ese proyecto le otorgaba más espacio y control a las corporaciones judiciales en detrimento de la representación política. El Grupo A era más fuerte en la Cámara Baja y logró imponerlo. Sin embargo, la situación en el Senado fue diferente. Allí los principales referentes de la oposición, como los radicales Gerardo Morales y Ernesto Sanz, y los peronistas federales Juan Carlos Romero y Adolfo Rodríguez Saá, no consiguieron convencer incluso a varios de sus miembros y perdieron la votación por un estruendoso 38 a 31.

    En esa misma jornada tampoco lograron imponer la reforma de los superpoderes de la jefatura de Gabinete y mucho menos el régimen de los DNU. Este último era tan rígido que hacía más fácil conseguir la sanción de una ley que recurrir a este instrumento que fue creado como una salida veloz ante una emergencia. La eliminación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias nunca llegó al recinto. Las diferencias, incluso entre los diputados que representan a las organizaciones patronales del campo, se volvieron insalvables. Hacer desaparecer las retenciones –como proponían bancadas como la de la Coalición Cívica– significaba desfinanciar un Estado que, tal vez algún día, bloques partidarios como la UCR podría llegar a administrar. Y así murió aquella promesa.

    Otro de los temas con el que se buscó herir al Estado fue la coparticipación del impuesto al cheque. Un proyecto que impactaba de lleno en las arcas de la ANSES y, por añadidura, en programas como la Asignación Universal por Hijo.

    La oposición en el Senado consiguió aprobarla gracias a una amañada lectura jurídica del senador Carlos Verna. Este impuso, con la ayuda del vicepresidente, Julio Cobos, la idea de que para este proyecto no corría la exigencia constitucional de una mayoría especial para ser sancionada. Ese dato terminó siendo el certificado de defunción del proyecto, que nunca se trató en Diputados.

    Paradójicamente, fue Verna, quien poco después favoreció al gobierno al obturar la posibilidad de que la oposición impidiera la aplicación del DNU que creaba el Fondo de Desendeudamiento, y por el cual se autorizaba al gobierno nacional usar las reservas para pagar la deuda externa. Esa actitud le costó el reto y el odio de los radicales que lo acusaron de vender su voto.

    El único proyecto que lograron sancionar fue el del 82% móvil de las jubilaciones. El Grupo A consideraba que había logrado encontrar un proyecto que iba a impactar de lleno en la sociedad y, por ende, acompañarían esa medida. Sin embargo, el hecho de que nunca dijeran de dónde iban a obtener los fondos para sostener tamaña erogación en el tiempo, no hizo mella en el veto presidencial.

    Si se quiere, la oposición también consiguió golpear al gobierno nacional cuando impidió que se sancione el Presupuesto 2011. Todos ejemplos de una sola estrategia, impedir que el Estado sirva para satisfacer las necesidades de los sectores más postergados de la sociedad.

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En este blog hemos analizado la estrategia parlamentaria opositora, tratando de entender el devenir histórico de quienes hacen política en contra de los intereses populares. En la nota: DESDE LA UNIÓN DEMOCRÁTICA AL GRUPO A decíamos...

    En 1945, ante el advenimiento del peronismo sustentado en el "aluvión zoológico", que venía a derrumbar los cimientos de la década infame y el país granero del mundo, el establishment se apuró a armar un engendro político que se llamó Unión Democrática...

    Mauricio Macri, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín, Ernesto Sanz, Francisco de Narváez y Felipe Solá, entre otros, suscribieron un documento titulado “el deber de cuidar la democracia”, donde afirmaban:

      ... La democracia argentina debe ser cuidada y protegida de acciones de intolerancia, de persecuciones, de señalamientos, escraches o cualquier intento de discrecionalidad en el uso de los recursos que el mismo Estado posee. Los límites del Estado los define la constitución, no el poder gobernante.

      Debemos unir fuerzas diversas en un único eje: no aceptar en silencio la persecución, el uso indiscriminado del poder, o la utilización de organismos del Estado utilizados fuera de su finalidad. Los medios de comunicación, las empresas, los trabajadores, las consultoras privadas que miden la inflación o cualquier ciudadano no deben ser penalizado por sus ideas o por el desarrollo de actividades licitas que el gobierno considera inconvenientes para sus intereses...



Para semejantes disparates, debemos buscar a un grande: Juan Domingo Perón se encargó de develar las mentiras ocultas en la bandera de la "libertad de Prensa" que enarbolan los empresarios reaccionarios cuando peligran sus negociados, y los políticos genuflexos a las corporaciones. Lea la nota CLARIN, LA SIP Y PERÓN".



Daniel Mancuso

1 comentario:

Daniel dijo...

Qué claramente se posicionan fuera y en contra el Estado.
Si todas las falacias que denuncian se acometen desde el Estado, las hacen desde las corporaciones en detrimento del Estado, ellos están gustosos para apoyarlas.
Pero, siguiendo el latiguillo que suelen utilizar; a todos estos, el sueldo se lo pagamos nosotros -que venimos a ser: el Estado-

aguantan

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