Estuve lejos un tiempito. Cambié el teclado por la lija y el pincel. La pantalla por la mirada sonriente de mi hijita. El sol de acá por el de allá que es más amigable. Los ladridos destemplados por los trinos. Los escapes cancheros por el silencio. Solo dos risas adolescentes perfumaban el aire, la nena grande con su amiga, a carcajada limpia asustaban a las mariposas del jardín. Tomamos mate mirando las cotorras en la higuera. Dormí cucharita con la flaca. Anduve decalzo por ahí. Armé la carpita cerca del agua. Llevé libros que no leí. Zapatillas que no corrí. Hubo demasiada paz como para apurar los mandados. Fue un recreo corto.
La Victoria del Relato Popular
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Hace 5 horas


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