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sábado, 9 de junio de 2012

LOS FUSILADOS QUE VIVEN







Si hay un corolario de toda la saga de violencia antipopular iniciada en 1955 por la oligarquía y los militares golpistas, es que fallaron en su objetivo de matar al Peronismo. Querían detener el avance del movimiento nacional, y aprovechando errores propios del gobierno popular, pusieron mucho esfuerzo es hacer desaparecer toda resistencia a los planes del establishment para nuestra nación, para doblegarla, dependiente y subordinada, en la división internacional del trabajo, impuesta por el capitalismo global.

El 16 de junio de 1955, el BOMBARDEO a civiles indefensos en Plaza de Mayo produjo más de 350 muertos civiles inocentes, y hubo más de 1.100 heridos.

El 16 de septiembre: un GOLPE DE ESTADO cívico militar derroca el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.

El 5 de marzo de 1956 decretan EL 4161 QUE PROHIBÍA SENTIR

En Junio de 1956: FUSILAMIENTOS, torturas, asesinatos a militantes populares y militares patriotas.





El 9 de junio de 1956 los generales Raúl Tanco y Juan José Valle se sublevaron contra el gobierno de facto ─encabezado por Rojas Y Aramburu─ que había destituido al presidente Perón en setiembre de 1955. El levantamiento fue reprimido brutalmente. Trágica prefiguración de lo que viviríamos durante décadas y tendría su orgía de sangre en 1976.

Entre las 22 y las 24 del 9 de junio de 1956 se produjeron levantamientos contra la dictadura militar encabezada por Aramburu y Rojas. El gobierno militar establece a las 0:32 del 10 de junio la Ley Marcial con un decreto firmado por Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Francisco Rojas, los ministros de Ejército, Arturo Ossorio Arana, de Marina: Teodoro Hartung; de Aeronáutica: Julio César Krause, y de Justicia: Laureano Landaburu.



░ ░





Para aplicar la Ley Marcial a los sublevados, ésta debía ser aplicada con retroactividad al delito cometido, violando el principio legal de la irretroactividad de la ley penal. Pocas horas después, firman el decreto 10.363 que ordena fusilar a quienes violen la Ley Marcial. Entre las 2 y las 4 de la madrugada, se ejecuta a los detenidos en Lanús.

Horas más tarde, en los basurales de José León Súarez, la policía bonaerense, a cargo del Teniente Coronel Desiderio Fernández Súarez le ordena al jefe de la Regional San Martín, Comisario Rodolfo Rodríguez Moreno, que ejecute, con armas cortas, a 12 civiles, lo que realiza en los basurales de José León Suárez, en el partido de San Martín, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Entre ellos, 5 mueren y 7 logran huir; uno de estos, Juan Carlos Livraga, será el "fusilado que vive" que permite a Rodolfo Walsh reconstruir la historia...



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LA MATANZA...


...Ha llegado el momento. Lo señala un diálogo breve, impresionante.

–¿Qué nos van a hacer? –pregunta uno.

–¡Camine para adelante! –le responden.

–¡Nosotros somos inocentes! –gritan varios.

–No tengan miedo –les contestan–. No les vamos a hacer nada.

¡NO LES VAMOS A HACER NADA!

Los vigilantes los arrean hacia el basural como a un rebaño aterrorizado. La camioneta se detiene, alumbrándolos con los faros. Los prisioneros parecen flotar en un lago vivísimo de luz. Rodríguez Moreno baja, pistola en mano.

A partir de ese instante el relato se fragmenta, estalla en doce o trece nódulos de pánico.

–Disparemos, Carranza –dice Gavino–. Yo creo que nos matan.

Carranza sabe que es cierto. Pero una remotísima esperanza de estar equivocado lo mantiene caminando.

–Quedémonos... –murmura–. Si disparamos, tiran seguro.

Giunta camina a los tumbos, mirando hacia atrás, un brazo a la altura de la frente para protegerse del destello que lo encandila.

Livraga se va abriendo hacia la izquierda, sigilosamente. Paso a paso. Viste de negro. De pronto, lo que parece un milagro: los reflectores dejan de molestarlo. Ha salido del campo luminoso. Está solo y casi invisible en la obscuridad. Diez metros más adelante se adivina una zanja. Si puede llegar...

La tricota de Brión brilla, casi incandescente de blanca.

En el carro de asalto Troxler está sentado con las manos apoyadas en las rodillas y el cuerpo echado hacia adelante. Mira de soslayo a los dos vigilantes que custodian la puerta más cercana. Va a saltar...

Frente a él Benavídez tiene en vista la otra puerta.

Carlitos, azorado, sólo atina a musitar:

–Pero, cómo... ¿Así nos matan?

Abajo Vicente Rodríguez camina pesadamente por el terreno accidentado y desconocido. Livraga está a cinco metros de la zanja. Don Horacio, que fue el primero en bajar, también ha logrado abrirse un poco en la dirección opuesta.

–¡Alto! –ordena una voz.

Algunos se paran. Otros avanzan todavía unos pasos. Los vigilantes, en cambio, empiezan a retroceder, tomando distancia, y llevan la mano al cerrojo de los máuseres.

Livraga no mira hacia atrás, pero oye el golpe de la manivela. Ya no hay tiempo para llegar a la zanja. Va a tirarse al suelo.

–¡De frente y codo con codo! –grita Rodríguez Moreno.

Carranza se da vuelta, con el rostro desencajado. Se pone de rodillas frente al pelotón.

–Por mis hijos... –solloza–. Por mis hi...

Un vómito violento le corta la súplica.

En el camión Troxler ha tendido la flecha de su cuerpo. Casi toca las rodillas con la mandíbula.

–¡Ahora! –aulla y salta hacia los dos vigilantes.

Con una mano aferra cada fusil. Y ahora son ellos los que temen, los que imploran:

–¡Las armas no, señor! ¡Las armas no!

Benavídez ya está de pie y toma de la mano a Lizaso.

–¡Vamos, Carlitos!

Troxler les junta las cabezas a los vigilantes y tira uno a cada lado, como muñecos. Da un salto y se pierde en la noche.

El anónimo suboficial (¿o es un fantasma?) tarda en reaccionar. Se incorpora a medias. Desde la punta del coche un tercer vigilante lo está cubriendo con el fusil. Se oye el tiro. El suboficial hace ¡Aaaah!, y vuelve a sentarse, como estaba. Pero muerto.

Benavídez salta. Siente los dedos de Carlitos que se deslizan entre los suyos. Con desesperada impotencia comprende que el chico se le queda, sepultado bajo los tres cuerpos que se le echan encima.

Abajo, los policías oyen el tiro a retaguardia y por una fracción de segundo titubean. Algunos se dan vuelta.

Giunta no espera más. ¡Corre!

Gavino hace lo mismo.

El rebaño empieza a desgranarse.

–¡Tírenles! –vocifera Rodríguez Moreno.

Livraga se arroja de cabeza al suelo. Más allá, Di Chiano también se zambulle. La descarga atruena la noche. Giunta siente una bala junto al oído. Detrás oye un impacto, un gemido sordo y el golpe de un cuerpo que cae. Probablemente es Garibotti. Con prodigioso instinto, Giunta hace cuerpo a tierra y se queda inmóvil.

A Carranza, que sigue de rodillas, le apoyan el fusil en la nuca y disparan. Más tarde le acribillan todo el cuerpo. Brión tiene pocas posibilidades de huir con esa tricota blanca que brilla en la noche. Ni siquiera sabemos si lo intenta.

Vicente Rodríguez ha hecho cuerpo a tierra una vez. Ahora oye los vigilantes que se acercan corriendo. Trata de levantarse, pero no puede. Se ha cansado en los primeros treinta metros de fuga y no es fácil mover el centenar de kilos que pesa. Cuando al fin se incorpora, es tarde. La segunda descarga lo voltea.

Horacio di Chiano dio dos vueltas sobre sí mismo y se quedó inmóvil, como si estuviera muerto. Oye silbar sobre su cabeza los proyectiles destinados a Rodríguez. Uno pica muy cerca de su rostro y lo cubre de tierra. Otro le perfora el pantalón sin herirlo.

Giunta permanece unos treinta segundos pegado al suelo, invisible. De pronto salta como una liebre, zigzagueando. Cuando presiente la descarga, vuelve a tirarse. Casi al mismo tiempo oye otra vez el alucinante zumbido de las balas. Pero ya está lejos. Ya está a salvo. Cuando repita su maniobra, ni siquiera lo verán.

Díaz escapa. No sabemos cómo, pero escapa.* Gavino corre doscientos o trescientos metros antes de pararse. En ese momento oye otra serie de detonaciones y un alarido aterrador, que perfora la noche y parece prolongarse hasta el infinito.

–Dios me perdone, Lizaso –dirá más tarde, llorando, a un hermano de Carlitos–. Pero creo que era su hermano. Creo que él vio todo y fue el último en morir.

Sobre los cuerpos tendidos en el basural, a la luz de los faros donde hierve el humo acre de la pólvora, flotan algunos gemidos. Un nuevo crepitar de balazos parece concluir con ellos. Pero de pronto Livraga, que sigue inmóvil e inadvertido en el lugar en que cayó, escucha la voz desgarradora de su amigo Rodríguez, que dice:

–¡Mátenme! ¡No me dejen así! ¡Mátenme!

Y ahora sí, tienen piedad de él y lo ultiman.


Podes leer online y descargar el libro OPERACIÓN MASACRE
en: http://www.elortiba.org/masacre.html



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Los fusilamientos de José León Suárez el 10/06/56 por elortiba




░ ░ ░ ░

9 de Junio de 1956: Asesinados en Lanús, simulando fusilamiento...

• Tte. Coronel José Albino Yrigoyen,
• Capitán Jorge Miguel Costales,
• Dante Hipólito Lugo,
• Clemente Braulio Ros,
• Norberto Ros y
• Osvaldo Alberto Albedro.


9 de Junio de 1956: Asesinados en los basurales de José León Suárez, disparando por la espalda...

• Carlos Lizaso,
• Nicolás Carranza,
• Francisco Garibotti,
• Vicente Rodríguez y
• Mario Brión


10 de junio de 1956: Muertos por la represión en La Plata

• Carlos Irigoyen,
• Ramón R. Videla y
• Rolando Zanetta.


11 y 12 de junio de 1956: Fusilados en La Plata

• Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno,
• Subteniente de Reserva Alberto Abadie


11 de junio de 1956: Fusilados en Campo de Mayo

• Coronel Eduardo Alcibíades Cortines,
• Capitán Néstor Dardo Cano,
• Coronel Ricardo Salomón Ibazeta,
• Capitán Eloy Luis Caro,
• Teniente Primero Jorge Leopoldo Noriega y
• Teniente Primero Maestro de Banda de la Escuela de Suboficiales Néstor Marcelo Videla


11 de junio de 1956: Asesinados en la Escuela de Mecánica del Ejercito...

• Sub Oficial Principal Ernesto Gareca;
• Sub Oficial Principal Miguel Ángel Paolini;
• Cabo Músico José Miguel Rodríguez;
• Sargento Hugo Eladio Quiroga.


11 de junio de 1956: Ametrallado en el Automóvil Club Argentino
(falleció el 13 de junio de 1956 en el Hospital Fernández)

• Miguel Ángel Maurino


11 de junio de 1956: Fusilados en la Penitenciaria Nacional de la Av. Las Heras...

• Sargento ayudante Isauro Costa
• Sargento carpintero Luis Pugnetti y
• Sargento músico Luciano Isaías Rojas


12 de junio de 1956: Fusilado en la Penitenciaria Nacional de la Av. Las Heras...

• Gral. Juan José Valle


28 de junio de 1956: Asesinado, simulando suicidio por ahorcamiento, en la Divisional de Lanús, donde estuvo detenido desde el 9 de junio de 1956

• Aldo Emil Jofré



Resistencia, Memoria, Verdad, Justicia, Movilización popular, Amor a la Patria, Proyecto nacional en marcha, ni un paso atrás...

¡Compañeros, Presentes!





░ ░ ░ ░ POST SCRIPTUM


Operación Masacre, ilustrada



Daniel
Mancuso




4 comentarios:

Luis dijo...

Nada que decir o agregar, Mancu. Abrazo a vos y a todos.

Hilda Mendoza dijo...

Impecable compañero!!!!

Presentes, ahora y siempre!!!

Anónimo dijo...

Hoy, leyendo sobre este doloroso tema - otra de las realizaciones democráticas de la PUTA DERECHA - me preguntaba cuántas veces durante los últimos 36 años se habían efectuado homenajes NACIONALES a las víctimas de aquel triste 9 de junio de 1956. Cuántas veces el aniversario de esos asesinatos había sido PRIMERA PLANA de algún medio.
Y lo mismo cabre para el aún peor bombardeo "democrático-Cristo vence" del que el sábado próximo se cumplirán 57 años.

Hay demasiado por hacer, todavía. Principalmente en nuestra mente, en la zona de la MEMORIA.

Un recuerdo respetuoso para las víctimas de José León Suáres.

Saludos
Tilo, 71 años

GALLO ROJO dijo...

Movilización popular, Amor a la Patria, Proyecto nacional en marcha, ni un paso atrás...Impresionante compañero ,leo esto y veo en 678 a Nora ofuscada por un cubito de CNN ..saludos compañero y a no ofuscarse por las formas jaja

aguantan

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