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lunes, 11 de julio de 2011

GANÓ LA ALEGRÍA




No saben lo feliz que estoy que hayan vuelto a confiar en mí...

Ganó la buena onda. En el búnker del PRO, en Costa Salguero, se vivió un clima de fiesta. El jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, se impuso por un amplio margen y tras un breve discurso celebró bailando con sus colaboradores y partidarios...

"Los quiero invitar a bajar el nivel de agresión, no nos deja nada la agresión al final del día. No hay más lugar para la confrontación".

"No hay más lugar para los egoísmos. Todos juntos, no sólo la dirigencia política, tenemos que trabajar para que todos los chicos tengan las mismas oportunidades independientemente de donde nazcan y ayudar con problemas de pobreza y exclusión".


Su discurso triunfal no fue un discurso político, sino una apelación a la buena onda y la búsqueda de la felicidad de cada cual. Como un mesias urbano ante sus fieles seguidores, desideologizado y simpático, el Jefe de Gobierno repitió y repitió durante sus intervenciones que lo que busca la gente común es la felicidad...


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Ricardo, del blog "Los huevos y las ideas" expone Algunas razones para la elección en la CABA...

    Podemos bosquejar algunas razones para el resultado. Se me ocurre que la principal es algo que decía allá por abril: "que hayan sido tres los precandidatos y estemos analizando sus perspectivas desde un plano casi personal habla de un déficit en la construcción de la alternativa en el territorio" (vale también para el PRO: Macri tuvo que bajar no sólo porque perdía en la nacional sino porque Rodríguez Larreta o Michetti no garantizaban la elección). En el pasado el electorado capitalino ha demostrado un fuerte antiperonismo. Mi impresión es que su antikirchnerismo es menor. Y es un dato que a ser tenido en cuenta.

    Otra razón es la penetración de los Medios en la CABA, con implicancias varias. Por un lado conduce al distrito a votar antes que por la opción local para mandar un mensaje nacional y, por otro, subordina las campañas a la agenda mediática. El FpV estuvo, en ese sentido, a la defensiva. Un candidato procesado fue protegido. El otro, que cometió el pecado electoral de no estar procesado, fue permanentemente asociado a Schoklender...


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Ayer, en "Miradas al Sur", antes de la elección, publicaron una entrevista a Edgardo Mocca y Miguel de Luca, politólogos. Hicieron un recorrido por las cuatro elecciones a jefe de Gobierno que tuvo la Ciudad. Analizaron los rasgos del electorado más volátil del país y las sorpresas que trajo cada votación...

    El electorado porteño es el más volátil de todos, en términos políticos. Es capaz de premiar con altos niveles de popularidad, por un tiempo, a dirigentes muy distintos. Su afinidad puede pasar de Carlos Chacho Álvarez a Domingo Felipe Cavallo. De Elisa Carrió a Luis Zamora. De Aníbal Ibarra a Ricardo López Murphy. Es el más permeable a la influencia mediática y al imaginario dominante de cada época. Pero, al mismo tiempo, como contradicción y contrapeso, tiene cierta tendencia a nadar, como el salmón, contra la corriente del resto del país. Es individualista y crítico, con razones o simplemente porque sí. Es proclive a las fuerzas políticas que surgen por fuera de las tradicionales...

    (...)

    24 Agosto de 2003.

    La tercera elección para jefe de Gobierno fue la primera en la que se utilizó el ballottage. En primera vuelta, el actual jefe de la Ciudad, Mauricio Macri, consiguió el 37 por ciento de los votos. Aníbal Ibarra competía por su reelección y sacó el 33, 6. Hubo una sorpresa ese día: la buena elección que hizo Luis Zamora, que cosechó el 12, 3 por ciento de los votos. También se vio la crisis del radicalismo. Su candidato, Cristian Caram, sacó el 1,91. La segunda vuelta entre Ibarra y Macri fue el 14 de septiembre. Ibarra logró revertir el resultado. Sacó el 53,3 por ciento y Macri el 46,5.

    –¿Qué implicó esa elección?

    Mocca: Fue particularmente interesante. Nació la experiencia de centro derecha más fuerte de la democracia argentina, que es el PRO. Desde el Partido Autonomista Nacional y los conservadores que no había una experiencia de derecha que pudiera disputar posiciones de poder de un modo contundente. En cuanto al resultado de la segunda vuelta, el triunfo de Ibarra se explica, en parte, porque es otro Ibarra, que se había adaptado a los cambios políticos del país. Se presentó con Fuerza Porteña, un partido distrital diferenciado de lo que había sido el Frente Grande. Además, Ibarra era una de las figuras que pivoteaba en las señales transversales que enviaba Néstor Kirchner. Al peso propio que tenía Aníbal, se sumó la transversalidad y la creciente popularidad de Kirchner.

    De Luca: En esa reelección de Ibarra, el factor Kirhcner tiene un peso electoral, pero también otro netamente político. Hubo decisiones estratégicas de Néstor que ayudaron a Ibarra. Le quitó rivales del camino. Kirchner asumió en mayo y llevó a varios dirigentes que querían competir en la Ciudad a su gabinete: Béliz, en Justicia, y Bielsa, en Cancillería. Y cuando llegó la elección allí se quedaron. Esto ayudó a despejarle el camino a Ibarra.

    –Zamora hizo una gran elección, ¿por qué?

    Mocca: Canalizó un sector del electorado porteño que suele apoyar dirigentes que tienen un discurso sobre todo de orden moral. Expresó lo mismo que Fernando Pino Solanas en 2009 y Elisa Carrió en 2007. De hecho, durante la campaña electoral de 2003, Zamora no se movió con un discurso revolucionario ni con el que manejó en la crisis de 2001. Centró su campaña en la corrupción estatal y privada. Lo hizo con algunos elementos de discurso de izquierda, claro, pero no eran el eje central.
    De Luca: Me parece que, además, Zamora canalizó lo que todavía quedaba del voto bronca del 2001.

    (...)

    3 Junio de 2007.

    Con Cromañón como telón de fondo, llegó la cuarta elección a jefe de Gobierno. Macri se volvió a presentar y esta vez fue la vencida. En la primera vuelta sacó 8 puntos más que en la elección anterior. Cosechó el 45,34 por ciento de los votos. Detrás de él venían dos dirigentes que habían formado parte del Gobierno de Ibarra: Daniel Filmus, que había sido secretario de Educación, consiguió el 24,05 por ciento. Y Jorge Telerman –que había reemplazado a Ibarra luego de su destitución– sacó el 20, 69. Hubo segunda vuelta entre Filmus y Macri, el domingo 24 de junio. El líder del PRO consiguió el 60 por ciento de los votos y Filmus el 40.

    –¿Qué factores influyeron en el resultado?

    Mocca: Un dato importante es que había una ruptura política por como se procesó dentro del gobierno de Ibarra la crisis de Cromañón. Filmus se presentó como el candidato del kirchnerismo, pero se hizo cargo de su pertenencia anterior al gobierno de Ibarra. Su perfil de campaña fue el de un apoyo crítico al ibarrismo. Telerman, en cambio, rompió amarras con Ibarra y marcó distancia del Gobierno Nacional. No es posible afirmar que si Telerman y Filmus hubiesen ido juntos hubieran sumado matemáticamente sus votos. Pero no hay dudas de que la elección hubiera sido más competitiva. En cuanto al resultado del ballottage, se explica, también, por cierto clima anti-K que se cocinaba en la clase media y que se vería después en la crisis por la 125.

    –¿Qué rasgos de la cultura política del electorado porteño influyeron en esa elección?

    De Luca: Podemos mencionar varios. El primero es que se trata del distrito más afectuoso con las fuerzas políticas que surgen por afuera de la UCR y el PJ. Se trate del PRO o del Frepaso. También podemos señalar que la información política no se consume a través de las unidades básicas o comités, como pasa en otros distritos, sino esencialmente a través de los medios de comunicación. En algunas provincias, los candidatos recorren pueblo por pueblo. En la Capital, es posible instalar un candidato casi sin estructura partidaria. Alcanza con tener el dinero suficiente para una buena campaña mediática. Se suma, además, que el electorado no tiene apego por las identidades políticas. Es el que menos vota por la camiseta. El voto fiel es una pequeña porción. En Lugano, por ejemplo, es donde mejor le va al peronismo. Y en Recoleta siempre gana la centroderecha. Pero fuera de estos extremos, la Ciudad es cambiante. Puede ir un día a Chacho Álvarez, luego a Cavallo, después a Carrió, más tarde a Macri y luego, claro, volver a cambiar.


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Después de los comicios, el periodista Eduardo Blaustein hace Lecturas provisorias del resultado porteño...

    Lo primero que hay que asumir al hacer un balance apenas transitorio es que la Capital es un distrito no sólo enormemente difícil para cualquier “versión histórica” del peronismo sino con una identidad (o una tensión de identidades) muy particular, distinta de las diversidades nacionales y provinciales. Lo segundo es que rondar el tercio del voto porteño es un logro más que valorable, sobre todo si se lo compara con las últimas elecciones del Frente por la Victoria. Tercero: ni la política ni la militancia deben “enojarse” con los votantes y acudir al sambenito de lo huecas que son “las clases medias”, una generalización que no dice absolutamente porque en las clases medias hay de todo, incluyendo peronismo, kirchnerismo, progresismo e izquierdas.

    Una razón de ser de la política y la militancia es asumir el desafío de convencer a los votantes y de superar ya sea su sentido común o el discurso del adversario, en lugar de contentarse con satanizar a los demás sin hacer un ejercicio de introspección
    ...

    ... El kirchnerismo en los últimos dos años hizo mucho por generar una nueva empatía con las clases medias urbanas. Según pinta el resultado en la ciudad de Buenos Aires da la sensación de que habrá que hacer incluso más, con las políticas, con el discurso, con la cabeza y con las orejas muy abiertas
    ...



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Mario Wainfeld analizá por qué Macri sacó votos Más allá de lo esperado...

    Buscar las razones:

    Macri es un mimado del padrón porteño. Desde 2003 fue batido una sola vez, en la segunda vuelta contra Aníbal Ibarra. Prevaleció en todas las demás contiendas. Desde hace rato prima en todas las comunas (aunque con magnitudes diferentes) y en un vasto espectro social. El castigado Sur también lo avala, un dato que sus contendientes tienen que analizar con más profundidad que la que suele dedicársele. Un gobernante de centroderecha popular no es lo mismo que la derecha tradicional argentina y como tal debe leerse.


    Es válido preguntarse, asumiendo la precariedad de una mirada hecha el día mismo del comicio, por qué mantiene Macri tamañas adhesiones, evitando simplismos o desprecio a los ciudadanos. A título tentativo, el cronista propone varios elementos que, a su ver, ayudarían a un análisis de un fenómeno sin duda multicausal.


    El primero es su aptitud para congregar el voto antikirchnerista en un territorio, destreza que comparten unos pocos gobernadores (usualmente no tan antagónicos con la Casa Rosada) y que no parece adornar a los presidenciables que están en carrera. Este capital se conjuga, posiblemente, con la tendencia de los porteños a ser generosos en las urnas con sus jefes de Gobierno. Como se repasó en el diario de ayer, para Fernando de la Rúa la jefatura fue trampolín a la presidencia. Ibarra fue reelecto. Jorge Telerman, sin conocimiento público previo ni partido, capitalizó un montón de votos tras su interinato. La referencia no es fácil de explicar pero es un hecho, para tomar en cuenta.


    El segundo factor es que las etapas de crecimiento económico y consumo benefician a los oficialismos de todo pelaje, en tanto las crisis ponen en jaque a los más pintados. El viento de cola entona a todos, la caja robusta facilita la gobernabilidad, la relativa estabilidad desalienta los afanes de cambio. Si Macri corona, serán siete de ocho las provincias en que venció el local. La malaria activa la bronca, los relevos. El fenómeno no es un hallazgo argentino como el dulce de leche. Obsérvese, vale la pena, la crisis europea, que induce al socialista español José Luis Rodríguez Zapatero o al derechista italiano Silvio Berlusconi y arrincona contra las cuerdas al francés Nicolas Sarkozy o al inglés David Cameron.


    Esa conducta de una ciudadanía (siempre hay que matizar) relativamente sosegada y conforme “con lo que hay” puede formar parte de la explicación de un intríngulis que deja perplejos a muchos intérpretes. ¿Cómo es posible que parte de los votantes de Macri tengan preferencias firmes por Cristina Kirchner? La respuesta es que el voto basado en el interés económico cotidiano (una suerte de oficialismo ecuménico) tiene un sentido conservador, no ideológico, sí pragmático.


    En esos tiempos, también, muchos porteños no se sienten interpelados por varias de las máculas de Macri, empezando por la condición de procesado por un delito penal, la ineficiencia manifiesta de su gestión, las idas y vueltas de sus medidas
    ...


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Es evidente que nadie esperaba semejante triunfo, ni propios ni extraños. Pero no es bueno enojarse con la lluvia, hay que ver qué se hace con tanta agua.



Los que venimos del peronismo sabemos que la única verdad es la realidad. Macri ganó, en todas las circunscripciones, en el sur y en el norte.

En 2007, en primera vuelta, Macri y Michetti sacaron 785.833 votos, el 45.62 % de los votos.

Ayer, Macri y Vidal sacaron 830.016 votos, el 47.08 % de los votos.

Inexplicablemente, Macri aumentó los votos y el porcentaje luego de 4 años de ineficiente gestión.

¿Inexplicablemente? ¿ineficiente gestión? ¿Para quiénes?

Ayer, 665.565 porteños no fueron a votar. ¿No les importó? ¿estaban todos con gripe?

Ayer, en los barrios pobres ganó el macrismo. ¿Son todos gorilas? ¿son todos antikirchneristas?

El escándalo Schoklender y las peleas en el INADI le hicieron un gran favor a la campaña del PRO, y los medios hegemónicos taladraron las cabezas porteñas durante semanas con esos
temas y con otros, eso está claro.

Hay una enorme proporción de la población que no es peronista, ni kirchnerista; es más bien no kirchnerista y anti kirhnerista. Ellos y ellas aprovechan las bondades del crecimiento económico que vive la Argentina, usan y gozan todo lo que les conviene pero están en contra de las figuras del Frente para la Victoria, a la hora de votar. Ayer lo demostraron. Pero también nos enfrentamos a una nueva derecha. Menos brutal y reaccionaria, más inteligente y pragmática.

Las tácticas comunicacionales del FpV no han sido todo lo contudentes y convincentes que hubiésemos esperado. No alcanza con mostrar los errores de Macri y las acciones del gobierno nacional. Hay que comunicar a nivel local, casi vecinalista las políticas y mensajes. Macri lo hizo y no le fue nada mal.

Muchos militantes tendrán que salir más a la calle, abandonar las reuniones (y algunas roscas) y hacerse conocer por los vecinos. Muchos no son conocidos a media cuadra de su hogares. ¿Quién conoce la cara de sus comuneros? ¿Y la cara de sus legisladores?

Volvamos al barrio y ganemos las calles, las plazas, porque mediáticamente nada más, no alcanza. Hay que usar otras herramientas e instrumentos para llegar a la ciudadanía. Hay que comunicarse y transmitir empatía, No a los que leen a Morales Solá, sino a los que leen los clasificados y deportes y los avisos del Coto.

La batalla cultural es nuestra batalla. Más allá de las elecciones, y del resultado del domingo 31 de julio, debemos dejar la tristeza (o la soberbia) de lado, y pensar cómo seguir para derrotar el individualismo y los sentimientos neoliberales que invaden las conciencias de la gran ciudad.

Lo que nos interpela un día después de perder una elección es lo mismo que nos interpelaba antes. La difícil utopía que nos ocupa en este tiempo, la de seguir buscando los caminos que nos arrimen a la felicidad de todos los que habitamos esta nación. Y cuando digo todos, digo todos.

Eso no se resuelve de un día para otro.



Daniel Mancuso

1 comentario:

Ester Lina dijo...

Felicidad para todos TODOS? Es una utopía (convengamos que transitamos tiempos de cumplimiento de las utopías soñadas...) Cuánto más falta trabajar! La mayoría de los porteños son iguales a Macri, que cuando no construye los subtes, le echa la culpa al Club de París; cuando se inunda, le echa la culpa al Servicio Meteorológico, y cuando no hace la autopista Illia le echa la culpa al gobierno nacional. Evade constantemente la responsabilidad. En la ciudad tuvimos una oportunidad de construir una policía diferente y copiaron un modelo que fracasó: una banda de comisarios con un ex comisario a cargo...
Ahora, cuando siga igual Buenos Aires, van a seguir culpando a los demás... Mientras tanto, el Borda sigue sin gas... y van.....

aguantan

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