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lunes, 13 de junio de 2011

EL TATA y EL PAMPA SAPAG






Cada vez que lo veo en la tele, o en fotos, no lo puedo creer. Anoche, luego de las elecciones que ganó, me volví a sorprender. Es igual. El gobernador reelecto de Neuquén es un clon de su primo Ricardo, el Tata.

Mi vieja siempre decía: «il sangue fà brutti scherzi». La ley de la sangre es indefectible, el primo se parece mucho a su primo hermano, muchísimo. Jorge es hijo de Elías, Elías era hermano de Felipe, el papá de Ricardo y Enrique.

Si el Tata viviera, seguramente sería confundido con su primo el gobernador. Tenía apenas 2 años menos que Jorge. Ricardo aparece en mi memoria con el mismo rostro, pero con el pelo negro y un poco ensortijado. ¿Ahora tendría las canas al viento como Jorge? Quién sabe.






La vida nos cruzó al Tata primero y al Pampa después, cuando yo militaba en la UES, en Lanús, y había que "guardar" a un compañero herido. Era el Tata que no podía caminar bien porque se había lastimado el talón del pie derecho. Y se quedó casi un mes en casa. Un día, nos sentamos frente a frente en la cocina, me preguntó tímidamente si podía ver a su compañera en casa, quedarse a dormir. Sí, le dije, y se vino la compañera también. Y después, una vez, y otra, apareció el Pampa a tomar mate. Entraban y salía "tabicados" cada mañana, cada noche. Eran super respetuosos, afectivos, cordiales, humildes.

Se fueron. Vino la dictadura. Me secuestraron, me largaron. Una tarde, me encontré 15 minutos con el Tata, en la placita de la calle Rauch, en Remedios de Escalada, me felicitó por mi comportamiento en cautiverio...

Yo no los ví más, hasta muchos años después. Un día, en la peluquería, mirando una revista GENTE, pasaba las hojas aburrido, esperando mi turno, hasta que leí un título que me sacudió el alma: "Los hijos montoneros del gobernador Sapag". Cuando vi las fotos no podía respirar, me agarró taquicardia y mucha tristeza. Eran el Tata y el Pampa, hermanos, compañeros del alma.

Hasta la victoria siempre pensé, sentí, lloré.


1
Ricardo Omar (el Tata) y Enrique Horacio (el Pampa) eran los hijos más chicos de Felipe Sapag. Ambos se incorporaron a la Juventud Peronista antes del golpe militar de 1976. Y ambos, murieron a manos de la dictadura cívico militar que se instaló en el país después del 24 de marzo de ese año. Ricardo murió en junio de 1977, a los 24 años. Enrique en octubre de ese año, con 19 años. Ambos fueron asesinados en Buenos Aires.


2
Luego de la muerte de su hermano, Enrique le escribió una carta a su familia que tuvo una carga emotiva y de inyección de fuerza que fue la bisagra en la vida de Felipe Sapag para continuar en la política. A continuación, se reproduce la carta que publica Luis Sapag en su libro.



    Papá, Mamá, Silvia, Luis, Mi querida familia Domingo 3 de julio de 1977 Posiblemente ya sabía que alguna vez tendría que escribir esta carta, y ustedes que la recibirían. Bueno, Caíto está muerto, no ha podido sustraerse a un destino que no le correspondía pero que sabía que le podía tocar. No ha podido vivir más, pero nos ha dejado acá, una lección de vida. No va a ver el triunfo del pueblo, pero con su entrega ha forjado a construirlo ¡Y cómo! No ha vivido mucho más de 24 años, pero ha vivido tan plenamente, tan intensamente y con tal felicidad, que en su vida se resumen 1.000 años de historia, que en su lucha se resume la explicación final de para qué el hombre está sobre la tierra y en su muerte se resume que cuando estamos a la búsqueda de objetivos totales, superiores, comporta sobre todo, la simplicidad y la entrega, la humildad y el despojo personal, el amor por los demás.  
    Caíto no era otra cosa que un pibe, pero las dimensiones de su acción nos obligan a respetarlo e incluirlo dentro de la "raza", y la estirpe de los grandes. Desde chico mamó el amor de su familia, fue rebelde en su adolescencia. En la escuela sacaba justo para el 6 (¿Eh, mamá?). Estaba buscando algún sentido a este mundo y se hizo medio yuppie. "Sonríe sólo cuando viene a pedirme plata" (dicho con la dulzura de Papá, no con las connotaciones hijas de puta de la revista Gente). Escuchaba a los Beatles, pero ni ahí, ni en sus estudios de contador, ni de arquitectura, estaba su destino. Simplemente todas esas pruebas le sirvieron para descubrir cuáles eran los mecanismos de esta sociedad, cuáles eran las sucias motivaciones de un poder injusto. Y sobre todo, para descubrir que ese poder injusto, entre todos, podía ser destruido.
     Hasta el 30 de junio de 1977, día final, devino en Montonero, devino en luchador incansable, batallador, gladiador de la justicia. Como les digo, en Montonero. Ah, familia mía, qué placer era estar con él. Siempre irradiaba un no sé qué. Que nos quede la satisfacción de saber que él estuvo siempre feliz de su vida. Hasta en su momento último lo imagino avasallante, despierto. Yo había perdido contacto con él luego de la muerte de Norma (7 de febrero) y lo recuperé hace 2 meses. El me dijo que estaba "medio tristón", que "es un golpe muy fuerte perder a la compañera", pero ustedes vieran, su imagen y su entereza eran la imagen distinta a eso, claramente sabía que la mejor forma de recordar y llevarla en el corazón a la Flaca no era precisamente dejarse abandonar. Sus compañeros le tenían devoción. Es que el Tata (su nombre de guerra por varios años) tenía mística, y era fácilmente amable (no de amabilidad, sino de amor). Como les decía, yo hace dos meses recuperé contacto con él, nos veíamos cada 3 o 4 días, y en los últimos días, más asiduamente. 
    La última vez fue el 29. Fuimos juntos a hacer las compras para su casa (vivía momentáneamente con un matrimonio de compañeros). Y me enternecí un poco, porque en ese nivel, el doméstico, él que siempre fue un fiaca, se estaba superando siempre. En una bolsa grandota de papel iba poniendo la carne, la manteca..., la polenta. Como les digo, me enternecí. Y nos reímos. Acá quisiera contar todo. Pero hasta eso es insuficiente, lo importante es que charlemos lo importante. Caíto se llamaba Tata también. Tata quiere decir Papá. Yo, les cuento, siento que el Tata ha sido un poco un Padre para todos nosotros. Porque nos ha enseñado muchas cosas. Estemos siempre a la altura de lo que él quiso para nosotros, no traicionemos su recuerdo, y sigámoslo hasta allá donde podamos. Yo, ahora, voy a hablar por boca de él, de lo que él hubiera dicho en sus últimas palabras, si hubiera podido, si lo hubiesen dejado. A mí me hubiera dicho: "No me le afloje macho" o "No me le afloje machito". Con ustedes, con ustedes, con cada uno de ustedes, no sé exactamente qué palabras habría usado, pero les digo que los hubiera mirado tan profundamente como diciendo "Compréndanme, compréndanme. Y no me lloren". 
     El los quería a ustedes entrañablemente, no era un insensible, pero sabía que tenía que sacrificar un montón de cosas. Como me pasa a mí. Les ruego que no me insistan que abandone esto. Muéstrenle al mundo, que los despojados 24 años de Caíto, van a servir de ahora en más para superamos y ser mejores, día a día. Muéstrenle al mundo que Ricardo Omar Sapag era un gran tipo. Muéstrenle esta carta a la familia, yo no sé, pero quizás todavía supongan que somos dos descarriados a los que les han llenado la cabeza. Arranquen, aférrense a las enseñanzas de Caíto, no vivan de su recuerdo y no vivan de la esperanza de reencontrarse en algún lugar del mundo conmigo. Yo me quedo acá. Y ustedes también, porque deben mostrarle al mundo sus cabezas altivas, porque deben decirle que su hijo Ricardo Omar era un gran tipo, y deben demostrar que no son la familia donde hizo nido la desgracia, sino donde por fruto del amor, floreció y creció ese gran tipo que se llamó Ricardo Omar Sapag. Yo, mis chicos, no quiero hacer comparaciones odiosas, pero Caíto como Jesucristo, murió para que vivamos. Nos corresponde no endiosarlo, pero es una obligación también estar contentos y felices de que una luz nos ilumina. No pido que mi familia sea dueña del estoicismo espartano, como el de aquella mujer que pregunta primero por la Patria y no por sus hijos que han muerto en la batalla. Yo no lo pido, yo ¡lo exijo!, por el recuerdo de mi hermano. Acá llegamos a un punto clave: Sobre si es justo o no en nuestro caso el uso de la violencia ¡Sí, es justo! Porque el nuestro es el legítimo derecho a la defensa propia. Porque ellos son los avasalladores, ellos son los prepotentes que quieren acallar la voz de la justicia. Porque ellos, defensores del Poder de unos pocos, son, no digamos ya los que torturan y asesinan con los rudimentos más salvajes a varios miles, sino digamos mejor que son los que torturan día tras día a las madres que no pueden dar de comer bien a sus hijos, a los hijos que no pueden vivir dignamente, a millones y millones de trabajadores que se desloman de sol a sol, para traer a la mesa un mísero mango. Para cambiar esto, murió Caito. Murió para que vivamos.  
    Muchos dirán, "el mundo es así, qué se le va a hacer". ¡No!. El mundo no es así, el mundo puede ser cambiado. Debe serlo. Los católicos hablan de la superación del hombre y de la sociedad. Nosotros, a través de nuestra convicción política vamos a conducir al pueblo argentino a ese cambio. ¡Por eso murió Caíto, murió para que vivamos! No admitan eso de "Pobre Chela" ó "Felipe está deshecho". No lo acepten, rechácenlo vigorosamente; no cualquier hogar genera un hijo digno hasta el final como Caíto! ¡Pobres los otros, que no han tenido hijos como la gente! Llorémoslo a Caíto, pero hasta un punto. 
    Recordemos o sepamos que llorar cuando alguien muere, es llorar no por el muerto, sino por nosotros mismos, porque nos va a costar acomodamos a la nueva situación. Es decir, el llanto es una expresión de dolor y compasión hacia nosotros, que nos quedamos solos. No hacia el muerto. Yo estos días estoy llorando mucho pero, pensando por supuesto en Caito, lloro por mí, porque me quedé sin él. O a lo sumo lloro pensando en todo lo que sufre mi familia, Caíto no quiere que lo lloren! ¡Sí él fue feliz! ¡Muy feliz! Lo que quiero decir es que llorar es un sentimiento de compasión hacia uno mismo, que naturalmente no vamos a impedirle cauce, pero que, de perpetuarse, significará que somos incapaces de resolver por nosotros mismos los problemas, que dependemos absolutamente de los demás y que no somos valientes. Me refiero tanto a llorar, como a otras formas de expresar dolor: llámesele negativa de los intestinos a funcionar (esto me pasa a mí), llámesele profundos estados de depresión, llámesele ataques al hígado (Mamá, te permito unos pocos, esta vez). Tampoco se permite pasar mucho tiempo en la cama o dormirá mucho (como yo hoy: 12 horas) porque esto significa que estamos evadiendo la realidad. Y a la realidad no hay que evadirla, hay que transformarla. Yo tampoco admito eso de "Pobre Enrique, ahora está solo". No, Enrique no está solo, está bien acompañado. Claro que necesitaría unos mimitos de mi familia, pero no se preocupen: Enrique está de novio y goza de unos mimos "cualitativamente superiores", me va a costar mucho vivir sin Caíto. Tanto o más que a ustedes. Pero hacer, construir mi vida, es una obligación que no debo eludir y que no voy a eludir. Me ha hecho muy bien escribirles. Espero que estén serenos y juntos, alrededor de la mesa. Caíto vencerá.

Enrique



3
Tuve el honor de conocerlos, de cuidarlos, de cebarles un mate, de aprender de su enorme amor por los otros, los desposeídos, los descamisados, los humildes, los pobres, los negros, los villeros, los olvidados de la patria. Tuve el placer de hablar y escuchar, de mirarlos a los ojos y entender que vale la pena luchar por un mundo mejor, aunque se nos vaya la vida en ello...



Daniel Mancuso

12 comentarios:

Ester Lina dijo...

mirá que tenemos historia los argentinos... y que recién ahora nos enteramos de estos hechos... Qué honor, Mancuso, que formes parte de este pasado, y que hayas estado del lado de la solidaridad...
Un abrazo

Daniel Mancuso dijo...

Abrazo Grande, Ester

Larabi dijo...

Muy emocionante! Gracias por acercarnos estos recuerdos y sentimientos de lo vivido. Saludos.

Adal El Hippie Viejo dijo...

conmovedor compañero !

abrazo grande

Adal

Daniel Mancuso dijo...

Larabi, Adal, gracias, abrazos

Anónimo dijo...

Mi Tío Ricardo no tenía nada que ver con mi tío Jorge.
Ricardo murío luchando por sus convicciones, y Jorge jámas entregaría su vida por un ideal, sólo llenarse los bolsillos de dinero.
Te agradezco el cariño eterno, y tus palabras. Pero si no te gusta publicar idioteses, comparar a Ricardo con Jorge es una verdadera Idiotez.

Gracias!

Sobrina de Ricardo y Enrique, Hija de Silvia.
Florencia Gargiulo

Daniel Mancuso dijo...

Florencia no entendiste la nota, lee bien, tenés problemas de comprensión de textos, no comparé, hablé del parecido físico, así que no seas irrespetuosa ni estúpida, la nota no merece tu comentario...

Anónimo dijo...

Los que no merecen la nota siendo recordados a través de Jorge Sapag, son mis queridos Tios.

Lamento.
Florencia
Gargiulo

Daniel Mancuso dijo...

este proyecto nacional que llevamos adelante, y que coincide con muchos de los sueños de los compañeros no merece gente chata o cuadrada como vos, hay que abrir la cabeza, tu consanguinidad no da títulos de nada, tu odio ahacia el gobernador, resolvelo en el sicólogo.

Anónimo dijo...

Claro que me da derecho, es mi familia!
mi única intención era contarte, que nada tienen que ver, ni en el físico, ni en el intelecto, ni en el corazón. Muy lejos están de tener algo en común, solo eso que vos decís la consanguinidad.
Ahora, no importa si soy estúpida, chata o lo que tengas ganas de decirme, vos tiraste al cyberespacio unas palabras sobre mi tio Ricardo con una enorme foto de Jorge, que yo recibí, no sé como.
Y si Vos tenés la libertad de decir lo que se te ocurre, por suerte, ahora, Todos la tenemos.
No odio a Jorge, Amo profundamente a esos tios que me enorgullecen y mucho de ellos está en mi, y yo también comparto y apoyo el rumbo nuevo que nos marcaron ellos y que gracias a Nestor y Cristina empezamos a disfrutar hoy, y ojalá para siempre.

Nada que ver con Jorge, ni un pelo.

Anónimo dijo...

Mancux al fin pude ver que el Pampa era, efectivamente como vos me dijiste, el hermano del Tata, Enrique Sapag. Te acordás que yo te conté que había estado con él unos días, que le tuve que hacer el aguante porque andaba boyando por Lanús. Bueno, como nunca había vuelto a ver una imagen suya no había podido confirmarlo pese a tu seguridad. Ahora sí, estoy segura. Aquel Pampa con el que compartimos guitarreada nocturna en oscura plaza lanusina era nomás Enrique Sapag, tenía mi misma edad y lo asesinaron a los 19 años... Abrazo! Adriana (María)

Daniel Mancuso dijo...

Abrazo, Maria

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