domingo, 27 de abril de 2008

El teorema de los alimentos

Los países que exportan productos alimenticios enfrentan en estos días una misma disyuntiva a lo largo y ancho del planeta: imponer límites a sus ventas al exterior y resistir el enojo de sus grupos propietarios, o liberar el sector externo y enfrentar las protestas de los sectores populares por el encarecimiento acelerado de los alimentos, el famoso fenómeno de la agflación.

En un país como la Argentina, donde la inflación y las protestas sociales decoraron la caída de dos presidentes y la inflación ayudó a consolidar procesos regresivos de distribución del ingreso, no cabe duda de qué tiene que hacer cualquier gobierno que no sea suicida.

En las últimas semanas, en la Argentina se organizó un lockout contra el anuncio de retenciones móviles, una protesta que contó hasta con el apoyo de algunos de los beneficiarios de la medida que los indignaba, como grupos de las clases medias urbanas. En el mismo momento, en otras partes del mundo, el traslado directo del precio internacional de los productos primarios al mercado interno provocó una ola de levantamientos en protesta por la inflación: en Haití (un importador neto) las protestas dejaron cuatro muertos. En el último mes, las protestas en Egipto, Costa de Marfil, Mauritania, Mozambique, Senegal, Uzbekistán, Yemen, Bolivia e Indonesia tuvieron el denominador común de reclamar una baja en el precio de los alimentos. En Camerún, la represión a las marchas contra los aumentos de precios costó cuarenta vidas.

La “escasez” de arroz es sin duda uno de los ejemplos más perversos de este proceso: la producción exportable llega a Europa y Estados Unidos a precios altos que aún pueden ser absorbidos por esos mercados, pero en los supermercados de los países productores el mismo precio deja las góndolas llenas de paquetes de arroz y a los potenciales consumidores con sus carritos vacíos.

La ONU advierte que la pobreza generada por el aumento del precio de los alimentos puede generar una crisis política global. El titular del Banco Mundial, Robert Zoellick –insospechado de todo progresismo, mucho menos de kirchernismo alguno– dice que el resultado inmediato es un aumento de la pobreza urbana como no se ve desde hace décadas. A Zoellick (y a muchos otros) le preocupa lo que parece ser un hecho consumado: en muy poco tiempo, a los países desarrollados se les puede acabar el maná milagroso de los alimentos baratos, como hace un tiempo ocurrió con el petróleo.

Para contener la inflación provocada por el aumento del precio internacional de sus productos, China, Vietnam, India, Camboya y Pakistán optaron por lo mismo que el gobierno en Buenos Aires: aplicar retenciones a las exportaciones y recortar (o suspender por completo) las ventas al exterior de algunos productos como arroz y café, para aumentar la oferta interna y contener la inflación. Todo esto sin haber llamado a Cristina Fernández ni a Martín Lousteau. Si uno es muy obstinado, puede suponer que lo único que les interesa a esos países es acumular dinero y aniquilar a sus productores para favorecer redes clientelares, que ninguno redistribuye, que el problema de la inflación no existe, o que sólo es consecuencia de que el kirchnerismo es malo y derrochón.

Con un poco menos de tozudez, a cualquiera le quedan claras dos cosas:

1) que el problema de la inflación es mundial, es urgente, avanza rápido, carcome las economías de los países exportadores de productos alimenticios y pone en tensión a sus sociedades y,

2) que las retenciones y límites a las exportaciones son dos de las pocas herramientas que el Estado tiene a mano para resistir el doble acecho de las ganancias de sus elites y las presiones del mercado global, una tenaza que oprime las entrepiernas de los gobiernos y la distribución interna de los recursos, el excedente y los alimentos.

Cuando se incluye en la foto la presión del mercado mundial –que tiende a igualar globalmente los precios internos de las economías– se descartan al menos tres de las ideas más obtusas que circulan en la Argentina, y que asumen como realidad las fantasías de café en las que inscriben el conflicto con el agro.

Una es que la “necesidad de recaudar” se saciaría si el Estado mejorara el cobro de, por ejemplo, el impuesto a las ganancias, algo que no ayudaría en nada a contener el precio de los productos alimenticios (lo cual no quita que, aparte, el Gobierno debería ser más eficaz en cobrar dicho impuesto).

La otra es que la voracidad por recaudar sólo sirve para “agrandar el Estado” y financiar “redes clientelares”, como si éstas no fueran, aun en su modo cuestionable, herramientas de redistribución del ingreso, y como si en Europa y Estados Unidos los beneficios del Estado de Bienestar los hubieran repartido San Pedro y San Pablo y no los funcionarios de turno a los que les tocó en suerte la tarea (lo cual no quita que el Gobierno debería avanzar hacia formas universales de garantizar el ingreso ciudadano).

Y la otra es que el lockout no habría existido si el Gobierno hubiera sido más preciso en el diseño de las retenciones y hubiera excluido a los pequeños productores, sobre la base de la idea ingenua y reaccionaria de que la distribución progresiva de ingresos es una cuestión de gerenciamiento y de que se pueden afectar los intereses de los productores agrarios y al mismo tiempo contar con su aplauso (lo cual no quita que el Gobierno podría hacer una lectura fina de la realidad social de ese sector productivo antes de darle forma definitiva a una medida).

En ese contexto, parece más que razonable la opción de aplicar las retenciones y, con otras medidas (subsidios a los combustibles, promoción de ciertos grupos industriales), tratar de contener una alianza social amplia aun a costa de moderar el efecto redistributivo. En verdad, el mayor riesgo para la Argentina es que, como un espectador marginal de la economía mundial, la presión de los precios internacionales se haga incontenible, el aumento del precio de los alimentos no pueda compensarse con los salarios, y el Gobierno pague al mismo tiempo los costos de las retenciones y los costos de la inflación, un panorama que afectaría mucho más que el futuro de una administración.

El Gobierno tiene una enorme cantidad de espacio para mejorar en cuanto al impacto de su gestión política y económica sobre la inflación. Pero aun si todas sus medidas fueran correctas, Moyano limitara las demandas salariales como la socialdemocracia de la posguerra y D’Elía adoptara los modales de Alberdi como le reclaman muchos espantados por la irrupción pública de la tensión social, aun después de todo eso, en el centro de la mesa seguiría estando el problema de la inflación y la necesidad de aplicar retenciones para evitar que el aumento de los precios internacionales impacte en la calidad de vida de los sectores populares.

Por Ernesto Semán

jueves, 24 de abril de 2008

JUAN GELMAN



Es muy merecido el Premio Cervantes otorgado en España al poeta Juan Gelman. En una emotiva ceremonia, nuestro compatriota, eximio escritor, periodista y militante, hizo referencia a la lucha por la justicia.

En 1955 fue miembro fundador del grupo de poetas "El pan duro", integrado por jóvenes militantes, que proponían una poesía comprometida y popular y actuaban cooperativamente para publicar y difundir sus trabajos. En 1956 el grupo apoya la publicación de su primer libro, "Violín y otras cuestiones", prologado por Raúl González Tuñón.

En 1967 formó el grupo "Nueva Expresión" y la editorial "La Rosa Blindada", junto al escritor José Luis Mangieri.

La recopilación "Obra poética" (1956-1973) da una visión de conjunto de su obra escrita en Argentina. Amenazado de muerte, abandona Argentina en 1975. Un año más tarde, su hijo y su nuera embarazada pasan a formar parte de los "desaparecidos" argentinos por la terrible dictadura militar.

Después de vivir en Roma, París, Nueva York (como traductor de las Naciones Unidas), Madrid y Managua, se trasladó en 1989 a México, donde reside desde entonces. Sus publicaciones en el exilio, recopiladas en "De palabra" (1971-1987) reflejan el doloroso camino que transitó el autor durante los últimos años.



ORACIÓN DE UN DESOCUPADO

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,!
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello

lunes, 21 de abril de 2008

Reclamo agrario y golpismo:



Reclamo agrario y golpismo:
La verdad de la milanesa (de soja)

Por Raúl Isman


“Cristina F. no habla bien por no confundir los tiempos de los verbos, habla bien porque dice verdades que pocos se atreven a decir… Porque hoy, ante este semigolpe institucional, ante este odio de clase, ante esta bronca que le tienen a este gobierno (sobre todo, como bien dice ella, por su política de derechos humanos), que los proto-golpistas califican de “revanchista”, “montonero” y “terrorista”, elementos de los que dicen se compone, la Presidenta no se amedrenta y les dice a los agro-piqueteros que son los “piquetes de la abundancia”. Y algo impecable, de una enorme justeza para definir la “tragedia” de los grandes productores (los pequeños es otro asunto que habrá que diferenciar): que el problema que tienen, dice Cristina F., la causa por la que luchan, reside en que si tienen tres 4x4 jamás aceptarán el despojo de tener sólo dos. Por eso habla bien Cristina F. Porque habla instrumentando el sentido que los griegos y toda la tradición de la filosofía de Occidente hasta Heidegger da a la palabra logos. Logos es pensamiento, concepto, discurso, razón. Y, muy especialmente para el tema que tratamos, logos es inteligencia. ¡Esto es un escándalo! El agro-golpismo, los ilustrados de la derecha y hasta los malhablados de las radios enfrentan hoy a una peronista que no sólo es inteligente, sino, además, mujer. Este “escándalo” los tiene locos. No lo pueden tolerar. Cristina F. tendrá que usar largamente su logos para que lo toleren, para que lo entiendan. De ahí, no de ellos, surgirá la estabilidad y la fuerza de la democracia argentina.”

José Pablo Feinmana. Ensayista argentino.


Si la historia la escriben los que ganan
Eso quiere decir que hay otra historia
Quien quiera oír, que oiga.
Fragmento de una conocida canciòn.

Introducción

Ya transcurrido algo más de dos semanas del estallido reaccionario (y conjurada la primer versión del mismo) del 25 de marzo de 2008, no puede menos que confirmarse y agrandarse la primera visión y la absoluta convicción- expresada en otro artículo precedente (ver el texto completo) que se trató de un golpe de estado en toda la línea contra el gobierno nacional, popular y constitucional presidido por la Doctora Cristina Fernández. En la siguiente nota intentaremos aportar nuevos argumentos para tal visión, al tiempo que sugerir algunas líneas de acción para los complejos y difíciles días por venir. En el epígrafe citado, Feinmann plantea magistralmente la cuestión desde el punto de vista intelectual, pero existen otros miradas de la problemática de marras, algunas de las cuales desarrollaremos a continuación.

Ya hace más de un año, decíamos que la más justa redistribución del ingreso integraba un plexo ético inescindible con la política de derechos humanos impulsada por el gobierno nacional. Agreguémosle la alianza con la Venezuela bolivariana y demás pueblos que luchan contra la dependencia y tendremos claramente enunciados los núcleos centrales del proyecto nacional y, a la vez, blanco para los disparos de la parafernalia enemiga.

Sin dudas que es un logro ético- casi inexorable a esta altura del siglo XXI- que la Argentina es el único país de nuestra América donde el genocidio perpetrado por la derecha para imponer sus soluciones neoliberales es investigado y castigado por la justicia, más allá de los límites e inconsecuencias de la marcha judicial. Tal circunstancia el poder económico no la puede digerir debido a que; por un lado, los crímenes tenían un claro objetivo de favorecer a los poderosos. De modo tal que la investigación no puede menos que desenmascarar la sangrienta trama que unía causal y profundamente a asesinos, torturadores, ladrones de bebés, martirizadores de embarazadas, sacerdotes que brindaban cómplice cobertura espiritual a semejante barbarie, empresarios, banqueros y ruralistas (grandes terratenientes). Y, por el otro, existe una dimensión simbólica que opera desde la propia interioridad de la conciencia en el ya varias veces mencionado poder. Se trata de un hecho incuestionable: si no pueden imponer su manifiesta voluntad de garantizar impunidad para los genocidas que les sirvieron otrora, toda su potencialidad para subordinar, disciplinar e imponer condiciones entre los sujetos subalternos flaquea, se desdibuja, se deshilacha y disminuye ostensiblemente. Con respecto a la relación entre derechos humanos y distribución del ingreso, remitimos a la lectura del artículo completo al cual aludíamos; que puede consultarse desde: www.redaccionpopular.com

Veamos los hechos que fundamentan las verdaderas motivaciones del bloque reaccionario, entre las cuales el reparto de la muy suculenta renta sojera no es una cuestión menor; pero funciona a modo de pantalla para ocultar e invisibilizar las auténticas motivaciones de fondo: quebrar el rumbo general del gobierno nacional. Como se diría parafraseando a Bill Clinton: es la política, estúpido. Es que cualquier observador sensato del mundo económico argentino, latinoamericano y mundial- aún un fundamentalista neoliberal, un verdadero Osama-Bin-Laden Fridmaniano- convendría en que las retenciones son completamente inevitables. Sin ir más lejos, así lo reconoció el titular del bloque PRO(cesista) de diputados nacionales, Federico Pinedo. Hasta el economista David Blejer- insospechable de populismo o peor aún, marxismo- las avala. En el contexto económico actual- con precios de los alimentos en alza casi constante en el orbe entero- renunciar a ellas provocaría irremediable debilidad al estado nacional, significaría alzas insoportables en los costos de la nutrición popular y un previsible escenario de enfrentamientos sociales rayanos en una cuasi guerra civil. De modo que el trasfondo real no es sólo la puja por la masa de dinero extra implícito (que no es algo no menor y opera, por cierto), sino fundamentalmente las operaciones desarrolladas por la derecha- con un comando estratégico muy previsiblemente situado fuera de las fronteras nacionales- cuyo objetivo de máxima es desplazar al gobierno. Pero por ahora se conforman sólo con debilitarlo. Más de un siglo de historia argentina- desde las primeras represiones contra el incipiente movimiento obrero hacia fines del siglo XIX hasta los golpes de estado- se actualizan y corporizan súbitamente cuando el conjunto de ciudadanos distinguidos moradores en el eje que nace desde los pisos de Recoleta y va más allá de los countries de Escobar sale a manifestar pidiendo el final para un estado de cosas como el que describimos líneas arriba. Para peor no se privan de nada en la escenificación de los sucesos: reivindicación del genocidio incluido. Y- nada casualmente- uno de los voceros orgánicos de esta caterva de monstruos redivida ha sido el ideólogo autoritario de 1962-1966-1976, Mariano Grondona, (no) el último de los gorilas vivos. De permanecer en este mundo, se hubieran hecho presentes Ramón Falcón y los Anaya, Uriburu y Justo; Rojas y Aramburu; Alzogaray y Krieger Vassena; Viola y Galtieri. Pero, tal vez, sus espíritus se hayan paseado gozosos y burbujeantes entre tantas cacerolas distinguidas y extrañadas: es que muchas de sus dueñas rara vez las usan para cocinar, por supu lo hacen sus domésticas. Pero los fantasmas citados no podrían menos que expresar cierto asombro y extrañeza; por el hecho de observar a tantos deplorables izquierdistas o militantes de Castells simpatizar con causas tan reaccionarias. Más adelante analizaremos también como lo mejor de la historia popular ha coagulado también en este episodio.

Los golpes de estado
y sus lecciones para la historia

Las interrupciones en la normalidad institucional, legal y constitucional no han sido producto de las crisis económico-políticas vividas por el país; más bien estas proporcionaron el contexto que las posibilitó. Los golpes fueron causados en la contradicción existente en toda sociedad entre un poder económico- a menudo invisiblizado para la mayoría del pueblo y no sólo mediáticamente hablando- y el poder político, que debe siempre legitimarse frente a las grandes masas. Tal circunstancia provoca concesiones para los sectores populares; algo que no desean los privilegiados. Por ello la democracia- cuanto más profunda y con contenido y no la versión más vacía, formal y procedimental que acepta la derecha- les repugna y trabajan constantemente para esmerilarla o directamente suprimirla. Cuando la reacción derechista puede gobernar sin mediaciones democráticas es el tiempo de los golpes de estado; a los cuales definimos como alteraciones profundas contra la voluntad popular: no la puesta en trágica y wagneriana escena de los paseos de tanques, soldados y aviones, que es nada más que su aparición sensible y mediática. Hay países del orbe que jamás las fuerzas armadas intervienen (abiertamente) en el juego político. En ellos, las asonadas se realizan matando presidentes o por medio de simulacros de juicios políticos. Por todo lo dicho, con lo ocurrido la noche del 25 de marzo comienza un nuevo conato, si es que no se inició antes. Sus objetivos: romper troncalmemte con los ejes articuladores del proyecto nacional: Se trata abiertamente terminar con la política de redistribución del ingreso; y, sin mentarlo directamente, la cuestión del combate contra la impunidad. En realidad, ambos aspectos son parte de lo mismo. En lo internacional, aislarnos de la construcción bolivariana y hundirnos en la maraña pro-imperialista ALCATIANA. Si logran sus propósitos se interrumpirá la reconstrucción de un estado con la potencialidad de incidir en los mercados y que pudiera dirigir recursos para el beneficio popular; así como se colocará una pesada lápida de impunidad contra las investigaciones del genocidio.

Otra enseñanza decisiva de nuestra historia- y de toda teoría filosófica o pensamiento político que resulten fructíferos para comprender los problemas de la realidad- es que los golpes son motorizados por fuerzas opuestas consustancialmente a toda mejoría popular. Digámoslo del modo más pedreste posible: por enemigos del pueblo. Y tales fuerzas son en principio sociales (con sus correlatos políticos en las fuerzas derechistas cómplices y beneficiarias de toda burla a la voluntad popular). Se trata de la Sociedad Rural Argentina (S.R.A), Las Confederaciones Rurales Argentinas (C.R.A)- incluyendo a la C.A.R.B.A.P., fogonera e ideóloga del golpe genocida de 1976, las asociaciones de banqueros y financistas, muchas cámaras empresarias que tienen intereses absolutamente opuestos e irreconciliables con cualquier mejoría por mínima que fuere de los sectores subalternos, no hablemos de un proceso constante y sostenido en tal sentido. Por otra parte, constituyen- en alianza con el imperialismo- el poder real, más allá de cualquier formación política. Lo demostraron en 1930, 1955, 1966, 1976 y los ’90: son la fuerza que impulsa y se beneficia de todo reformateo antinacional y antipopular. Por lo tanto, la adscripción de un conglomerado político a un bloque o a su opuesto la determina su posición a favor o en contra de semejante coalición de poder. Se puede vomitar discursos acerca de la revolución proletaria en todo el orbe, para no ser a la postre más que objetivos forros desechables por parte de la derecha oligárquica.

Pero por cierto que las palmas no le corresponden a la absurda izquierda que supimos conseguir. Lo peor corresponde a los restos mortales de lo que (/otrora) fuera un partido popular en la Argentina: la Unión Cívica Radical (U.C.R.) y su legítimo sucesor la Coalición Cívica gorila y golpista, heredera de parte de los despojos pestilentes del partido boinablanca. Ambas fuerzas se disputan la primacía en responsabilizar al gobierno nacional; no sólo por el paro agrario, sino por diversos problemas atávicos de la Argentina y del orbe entero. Parecen haber borrado de su memoria las silbatinas al presidente radical Raúl Alfonsín en la exposición rural, a fines de los años ’80. ¿Los motivos de aquella recordada y monofónica repulsa? La tozuda actitud terrateniente de no pagar impuestos. Entonces durante aquel episodio, Alfonsín desempolvó el propio vocablo oligarquía, que los radichas boys habían inmolado en el altar del pragmatismo. Si la citada oligarquía quiso desestabilizar al presidente bonaerense, como antaño hiciera con Irigoyen o Arturo Illia. ¿Es muy aventurado sugerir que la conducta actual de los administradores del más que centenario partido no obedece a problemas de memoria, si no a complicidad con el bloque golpista? Lo mismo puede decirse de los aventureros cipayos y enemigos de la voluntad popular que rodean a Carrió, cuya conducta en términos de ética democrática es equivalente a la de Augusto Pinochet. Por otra parte las declaraciones de todo el espacio coaligado cívicamente bordean la absoluta ignorancia en términos de comprensión sociológica de la realidad: por ejemplo, al negar la propia existencia de la oligarquía o al difundir un escenario edénico y angelical; en el que los empresarios desearín competir en mercados smithonianamente perfectos, pero se ven privados de ello por la “corrupción” K.

Voces contradictorias y
discursos contrapuestos

Cualquier observador poco avispado que mirase lo ocurrido el 25 de marzo por T.V pensaría que en la Argentina existe un gobierno desgastado y enfrentado por un pueblo ansioso en un único clamor por libertad. Pero lo cierto es que la (hipócrita y embustera) narrativa televisiva es la parte más importante de la conspiración golpista. Se trató de un armado que obedecía a un plan preconcebido. Desde la pretensión de fingir una unanimidad inexistente con el reclamo, hasta la conciliación absurda con fuerzas claramente antipopulares (a las cuales presentaban casi como si fuera un simposio de carmelitas descalzas); ciertos medios no se privaron de nada. La evidencia del complot se observa nítidamente, habida cuenta que se repitió de modo Goebelssiano que la reunión tuperware-caceroluda fue una reacción espontánea frente a una supuesta soberbia presidencial. Ocultaron que desde muchos antes del discurso de Cristina circulaban los mails convocando a la protesta (que de tal modo careció absolutamente de espontaneidad). Y tal omisión no es casual, del mismo modo que la repetición infinita de la piña propinada por Luís D’Elia a un caceroleante; escamoteando que el golpeado lo había insultado durante dos cuadras al matancero obedece a propósitos muy claros: ocultar los hechos y tergiversar de modo muy evidente los sucesos. Los medios merecieron inclusive varias duras repulsas por parte de diversas instancias de gobierno de las universidades públicas (por ejemplo, el Consejo directivo de la Facultad de Ciencias Sociales). Como dijo la presidente en su discurso del 1 de abril, sometieron al pueblo a un verdadero desabastecimiento informativo. Pero demostrando que las perspectivas sesgadamente apocalípticas e integradas son falsas, los diversos sectores sociales leen con cierto sentido crítico el discurso mediático; quedando sólo para ciertas franjas la (in)comprensión no pensante y unilineal de los referidos mensajes. Para lectores que no son expertos en ciencias sociales y comunicacionales, apocalípticos e integrados es una célebre conceptualización del semiólogo y novelista italiano Umberto Eco y menciona de tal modo a personas que reciben acríticamente el mensaje mediático o que demostrarían una comprensión excesiva por demás. Lo cierto es que la parafernalia televisiva no logró movilizar ni siquiera individuos asilados en los barrios populares. La protesta exhibió así un carácter marcadamente de clase, es decir, la unidad realizada entre la oligarquía y las peores clases medias tilingas y gorilas, que- pese a su pretendida ilustración- se empecinan en no extraer mínimas lecciones de nuestra historia y se convierten en idiotas (in)útiles al servicio de sus peores enemigos: la reacción derechista. Mínimas conclusiones de nuestra historia deberían bastarles para ver que cada vez que se unieron a la reacción, las propias cohortes pequeño burguesas pagaron con empobrecimiento su error; además de servir a intereses antidemocráticos.

La derecha ganó la calle y sólo fue frenada por la decidida acción de los movimientos sociales que pusieron el cuerpo para evitar que la vanguardia de la conspiración- bajo la conducción operativa de los legisladores de la coalición golpista- hiciera una cabecera de playa de enorme simbólico: nada menos que la Plaza de las Madres. Si se hacían fuertes allí podrían profundizar la ofensiva putchista. La rapidez, contundencia, celeridad y eficiencia de la acción referida no luce a los ojos de la razón bienpensante y massmediática, pero resultó sin dudas eficiente en cortarle parte del espinazo a la runfla conspiradora. Antes de la llegada de los contingentes dispersadores, pudo verse por T.V. a señoritas muy bien entrazadas cantando “Cristina mentirosa”, por el solo hecho de ser la presidenta auténtica interprete del mandato popular (46% hace pocos meses) en lo referente a cobrar o no las gabelas hacia el agro. Mientras tanto, un atildado señor profería con mística unción un grito de “Viva la patria”, confundiendo nítidamente la propia idea de nación con la rentabilidad terrateniente. Es curioso ver como ambos sectores en disputa compartían algunos núcleos discursivos (la nación, la patria, la verdad) pero no hay dudas de cual expresaba la concepción más abarcadora y menos sectorizada y sectarizada de los referidos conceptos en pugna.

Un psicoanalista travieso debería declararse avasallado por la catarata de fallidos proferidos en los medios durante los días de un conflicto por demás prolongado, pero aleccionador. Racismo, vulgar gorilismo cincuentoso, partición de la ciudadanía en dos bandos muy claramente diferenciados: réprobos (negros peronistas) y elegidos (blancos pequeño burgueses) fueron algunos de los más frecuentes lugares peor que comunes transitados por un conjunto de periodistas y movileros librados a un Bil de impunidad fascista por sus jefes.

Todas las entidades intervinientes en el mal llamado paro (en rigor, un vulgar lock-out, tranqueras adentro no se dejó nunca de trabajar) se cansaron de decir que nunca hubo una medida de similar envergadura. Mayor reconocimiento a su dócil complicidad y mansedumbre culposa con la dictadura y el menemismo, imposible. Por otra parte, los mismos núcleos de poder que- no hace ni siquiera un lustro- demandaban balas para los piqueteros, cortaron las rutas buscando desabastecer a las ciudades; al tiempo que acusaban al gobierno de incrementar los enfrentamientos. Los defensores del pleno e irrestricto derecho a la propiedad privada, requisaron cargamentos practicando un insólito leninismo de ultraderecha, tirando productos a la ruta o permitiendo que se pudran millones de pesos en productos perecederos; con tal que no lleguen a los consumidores. ¿Y el derecho de propiedad? Los fantasmas de Marx, Rosa Luxemburgo o el propio revolucionario ruso sin dudas deben revolverse en el sitio en que se hallaren frente a tan extraños émulos de ciertos métodos jacobinos: los máximos defensores del más sacrosanto derecho burgués lo violan en pos de desabastecer las ciudades. El derechista jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, se cansó de decir que para protestar había que pedir autorización y cortar arterias urbanas se hallaba taxativamente prohibido. El despliegue de rostros bronceados, modelos de alta costura y caceroleros fashión que cortó calles y avenidas no fue sin embargo molestado. De este modo, el millonario- que fue paseado casi en andas por la reunión de terroristas, facinerosos, mafiosos, golpistas y escritores en decadencia realizada en Rosario casi en simultáneo a la asonada que comentamos- dejo muy claramente expuesto que principios constitucionales como la igualdad ante la ley le resultan tan extraños como poder leer un discurso sin confundir las páginas.

Por nuestra parte, podemos decir que las respuestas gubernamentales fueron harto prudentes; pero fuerza es reconocer que la conducción K mostró sapiencia y nervios de acero para derrotar a la movida reaccionaria. Fue de lo pequeño a lo grande en la movilización popular; y, a favor de la torpe incongruencia de los discursos y las prácticas de los falsos huelguistas galvanizó la coalición propia; al tiempo que aislaba y debilitaba a los derechistas.

La tosquedad del discurso de los dirigentes agrarios, su evidente perspectiva antiurbana (una suerte de maoísmo de derecha, sitiar a las ciudades desde el agro) y antipopular, su chantaje al gobierno desde una perspectiva marcadamente de clase facilitaron sin dudas la labor del espacio nacional y popular. Los acontecimientos se fueron precipitando de modo cuasi teatral, en el que la escenificación mediática pareció intentar quebrar la voluntad gubernamental, pero lejos estuvo de lograrlo. En realidad nuestra fuerza se centró en un conjunto de contenidos que mencionaremos en apretada síntesis.

1) La defensa del nivel de vida popular. Los ruralistas- de imponer sus condiciones- hubieran colocado un piso mucho más alto para los alimentos haciendo trizas los logros de los últimos cuatro años.

2) La reivindicación de la legitimidad institucional, que se hallaba claramente de nuestro lado.

3) La reivindicación principista en casi todos los discursos presidenciales de una política de derechos humanos que disgusta al espacio oponente, aunque no siempre lo reconozcan. Por otra parte, lo central en este aspecto es que fue superado el conflicto sin recurrir a la represión, es decir, sin arriesgar y poner en juego vidas humanas. Contrariamente, las mismas voces que pidieron sangre piquetera durante mucho tiempo, se hicieron los distraídos con las muertes causadas durante la conspiración golpista (una mujer atropellada y un enfermo, demorada la ambulancia por un corte). Queda así palpablemente expuesta de modo práctico nuestra superioridad ética y política, sustento de la victoria moral alcanzada: la defensa de un proyecto económico, social, cultural y político enmarcado en la vigencia de la constitución.

El acto realizado en Parque Norte en la tarde del 27 de marzo comenzó a prefigurar un final feliz. A medida que la presidente hablaba eran visibles los gestos de contrariedad en los cortes camineros. Por motivos que se sabrán en poco tiempo, las entidades agrarias reactivaron su paro desde el sábado 29. No midieron adecuadamente el desprestigio que habían sufrido en los diversos conglomerados urbanos, la mayoría poblacional, por las causas ya analizadas. Dos días después debieron reconocer su derrota. Encuestas diversas muestran el incuestionable apoyo al gobierno- sólo ninguneado por los esbirros mediáticos del poder y los propios dirigentes agrarios que aseguraban contar con un consenso existente sólo en sus deseos e imaginación- y además el espacio nacional hizo sentir el peso de la carta más contundente: la movilización de masas realizada el 1 de abril en todo el país; en especial en el epicentro de los grandes acontecimientos argentinos: la plaza de las madres y del 17 de octubre de 1945. Luego de la contundente demostración, el resultado estaba cantado y jugado: los perdidosos lo ocultaron bajo la forma de tregua durante treinta días.

El resultado de la pugna no pudo ser cambiado por el sonoro y constante rebuzno de los (pseudo) intelectuales al servicio de la derecha y el imperialismo. Por citar sólo un ejemplo, el conocido cultor de textos ficcionales José Ignacio García Hamilton declaró que “hace 50 años la gente iba a la Plaza con un gran fervor peronista, hoy en día la mayoría de los manifestantes persiguen otros intereses y son llevados, no van espontáneamente'. No se trata de negar que algunos manifestantes pudieran haber sido trasladados de modo no espontáneo. Pero lo gracioso es que la denuncia es pronunciada por un defensor del paro agrario. La disputa por la renta del campo. ¿Acaso es mester de damas de beneficencia alejadas de toda apetencia dineraria? Si hasta suena gracioso. Creemos francamente que no, el dinero es una motivación decisiva; además de la pretensión de desestabilizar al gobierno. El escritor asegura que el gobierno la presidente se (auto)victimiza por ser mujer. Se ve que es un poco sordo y no escuchó los dichos de los caceroleros fashión, quienes cambiaban el nombre de la mandataria por Kretina; siendo este el más suave de los agravios: desde montonera hasta acusaciones de ejercer un oficio reputado como el más antiguo del mundo; de nada se privaron los sediciosos conspiradores que habían ganado la calle; inclusive criticar cuestiones que hacen exclusivamente a la privacidad de las personas. Concluye Garcia Hamilton, demostrando que ciertos intelectualoides nada han comprendido desde 1945 hasta aquí: 'La retórica populista no es un elemento de la democracia, es un elemento propio de los gobiernos autoritarios de derecha, del fascismo o del nazismo'. Realmente patético. ¿Dónde enchufará G.H. el democratodómetro para saber quién acredita suficientes kilates en la defensa del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo y quién debe ser expulsado al oscuro infierno populista? Acusar a todo el peronismo de antidemocrático es- además de un embuste- una deplorable complicidad con los que bombardearon Plaza de Mayo, fusilaron contra la ley en 1956, robaron el cadáver de Eva, proscribieron al peronismo y masacraron a nuestro pueblo; entre otras circunstancias. Y aquilata procesar a quién dice semejantes infundíos por ejercicio ilegal del oficio de historiador, ya que demuestra inexistente compromiso con algo que se asemeje a la verdad. (Las declaraciones del mencionado han sido tomadas de un despacho de la Agencia NOVA).

En círculos de melómanos circula desde hace décadas un apotegma muchas veces relatado. Dice más o menos así: “De los Richard, prefiero a Wagner, de los Strauss, a Richard”. La cita es pertinente ya que uno de los voceros más visible de los huelguistas es Alfredo De Angelis, dirigente de la Federación Agraria de Gualeguaychú, quién se llama como un célebre director de orquesta típica (tanguera). El músico (1910-1992) condujo una de las formaciones más apreciadas durante la edad de oro del género, la famosa década del ‘40. El ruralista- en cambio- puso su voz y su cuerpo para una sonoridad más insolente y menos armónica durante la asamblea que convalidó la derrota de su sector. Durante la escenificación final del drama agrario, revivió el obsoleto enfrentamiento de unitarios y federales- en pleno siglo XXI, reactualizó falazmente contradicciones del XIX- y emplazó a los legisladores, intendentes y gobernadores del oficialismo a asumir el proyecto de su fracción como modo de ser consecuentemente democráticos. Por si De Angelis no lo sabe, la mayoría de los habitantes del país vive en grandes ciudades; de modo que las ideas de los sectores del campo pertenecen a una reducida porción de los habitantes argentinos. Y en democracia, mandan- o deberían hacerlo- quienes expresan la voluntad de las mayorías. La maniobra de los sectores agrarios claramente se orientó (como más de una vez ocurrió a lo largo de nuestra historia) a quebrar tal principio democrático. Y la auténtica verdad democrática se halla de nuestro lado, más cuando el gobierno ha hecho gala de irrestricto respeto de las garantías constitucionales, en un marco institucional irrefutable e irrebatible; aún en situaciones tan complejas como las pasadas, que podían servir para enervar a las naturalezas más frías. Por lo cual la conclusión de la paráfrasis está cantada: de los Alfredos De Angelis, preferimos claramente al músico.

La asamblea de los agraristas finalizó con diversos mensajes; en los cuales los dirigentes parecían reservarse las atribuciones del verdadero poder (real). No necesitábamos la (cuasi mafiosa) confesión para ser conscientes que el golpismo y la reacción habían perdido una batalla, no la guerra. (Esta historia) continuará.

Cristina, muchacha peronista:
la síntesis perfecta.

Muy lejos de nuestra visión es propugnar una mirada sesgadamente elitista sobre los movimientos populares, como el peronismo. Digámoslo entonces del modo más simple posible: el conglomerado sensiblemente emergido en 1945 lo construyeron hombres y mujeres del común (particularmente a partir de su fecha natal: un 17 de octubre de 1945 y en todas sus movilizaciones); aunque cierto es, también con sus líderes. No es casual que la fuerza que lograra el derecho a voto para la mitad más sensible de la humanidad argentina haya tenido previamente a nuestros tiempos dos mujeres descollantes: Maria Eva Duarte de Perón (Evita) y María Estela Martínez de Perón (Isabelita). Haciendo una primer y apretada síntesis, en las dos primeras damas del peronismo no se verifica la conocida frase de Marx (la primera vez, como tragedia; la segunda como farsa o comedia bufa). Veamos un breve bosquejo de las dos y sus circunstancias históricas.

Evita fue pura pasión encendida (casi una tea incandescente) al servicio de la mejoría constante de los humildes. Hija bastarda de un terrateniente pueblerino y ex actriz, su escuela como cuadro político fue la militancia práctica; a la que entregó sus mejores energías. Su llama vital se apagó de modo muy rápido, por causa de una cruel enfermedad cuando contaba con poco más de tres décadas de edad. Pero su recuerdo persiste resignificado una y otra vez, de modo diferente, por las distintas generaciones. Nunca está demás recordar que los mismos (más bien sus antepasados biológicos o políticos) que caceroleaban el 25 de marzo pintaban en las paredes ¡Viva el cáncer! celebrando la lenta y dolorosa extinción de su vida. Pero, pese a semejante marco gorila, Eva moría acompañada del cariño y de la congoja popular.

La tercera esposa del fundador- la primera había muerto en la década del ’30- no fue la expresión de una épica popular, como Evita, sino una mascarada trágica. La opinión del común tiende a exculparla por considerarla no capacitada para el cargo que ocupó: nada menos que la presidencia a la muerte de su esposo en 1974. En rigor tal idea es falsa. Desde los ’60 era una operadora del conductor del justicialismo. De modo que es faltar gruesamente a la verdad histórica omitir su grave culpabilidad en masacres como las perpetradas por las tres A (Alianza Anticomunista Argentina), en la introducción de las nefastas políticas neoliberales, en el bastardeo de la voluntad popular o en el debilitamiento institucional que condujo al golpe siniestro de 1976. El hecho de no ser única responsable no la exime por los delitos cometidos y del juicio ético, judicial, histórico y político que merece su deplorable figura. Lo único farsesco que había en ella era su ridículo modo de expresarse; particularmente en público: Pero se trataba nada más que de una mascarada grotesca que (en)cubría un rostro sediento de sangre de mártires populares.

Sería demasiado vulgar presentar la centralidad política de la figura de Cristina Fernández bajo la forma de síntesis dialéctica en los groseros términos de tesis-antítesis-síntesis, al uso de manual berreta de filosofía marxista. Pero sin dudas, la presidente es una perfecta síntesis de lo mejor del peronismo y encarna un galimatías complejo de desentrañar para la derecha. Preferirían una peronista de corte discursivo isabelino; que no pudiera conjugar adecuadamente los verbos, que la única s que no se tragase fuera la de nasta y que no alcanzare jamás una mínima concordancia entre género y número en el uso de sustantivos y adjetivos. Por el contrario deben lidiar con una extraña mezcla de Evita y Descartes por la pasión puesta simultáneamente en la defensa de los intereses populares y la incuestionable y elevada racionalidad política que demuestra. Para los gorilas, el mejor peronista es el peronista tan bruto como monosilabiante y deben toparse con una mujer (para peor); que ni siquiera lee los discursos y utiliza cada palabra con la precisión del bisturí empuñado por el mejor cirujano. En E.E.U.U. dirían it’s too mootch y por ello el poder debe conformarse con referirse a tonos, entonaciones, modalidades, dedos admonitorios y formalidades igualmente vacías de contenido por la sencilla razón que no pueden objetar el mensaje de fondo presidencial. Es obvio, los golpistas, derechistas, neoliberales, coalicionados gorilas y reaccionarios no van a confesar jamás que están contra los intereses del pueblo; que es lo que quedaría descarnadamente expuesto; en caso de aceptar un debate franco.

Si el 25 de marzo salió a la calle la orquesta de cacerolas coquetas encubriendo lo peor de la historia nacional- torturadores, explotadores, vaciadores, gestores de la deuda externa y demás alimañas ya citadas- en el acto del 1 de abril coaguló y sobrevoló lo mejor de la citada historia; pero vista desde los sectores populares. Es que en la Plaza de las madres anduvieron los espectros de los apaleados por Ramón Falcón, los masacrados por el ejército en la semana trágica y la Patagonia, los bombardeados por la reacción gorila de 1955, los fusilados en Parque Las Heras y en los basurales de José León Suárez, los torturados por la dictadura1966-1973 y muchos más. Pero muy especialmente estuvieron presentes los queridos compañeros desaparecidos por la barbarie procesista y sus cómplices del poder económico. Toda la concurrencia debe haber sentido la misma emoción que sintió el autor de estas líneas; cuando Hebe de Bonafini le entregó su pañuelo (símbolo de la lucha heroica de las madres) a la presidente Cristina Fernández. La apologeta del genocidio Cecilia Pando de Mercado, llamó a Hebe “la presidenta de la madres del odio”. (Artículo firmado por la mencionada defensora de vulgares ladrones de bebes y de asesinos y publicado por la Agencia Nova). Sería bueno que presenten algún ejemplo de madres de la plaza ejerciendo la violencia ilegal, como si lo hicieron los criminales que Pando tanto admira. Pero no puede hacerlo, los organismos de derechos humanos sólo reclaman justicia (que para ella es odio). ¿Podrá al menos imaginar la sensación que padece una madre al saber que su hijo fue torturado, degollado, desaparecido? El odio de clase que la ciega le impide ni siquiera una representación de la solidaridad maternal. Las madres de Plaza de Mayo pueden muy bien cambiar su nombre por el de madres de la dignidad. La gavilla que entorna a Pando de Mercado si constituyese algún tipo de asociación con un nombre más adecuado a su verdadera entidad debería llamarse Asociación por la exaltación de los hijos de puta (con el debido perdón que le pedimos a las compañeras meretrices). Como se ve, dos historias, dos proyectos éticos muy claramente expuestos. La opción es muy evidente.

Triunfadores y derrotados

El principal vencedor en la pelea generada desde el comienzo de la asonada golpista es la mayor parte del espacio nacional y popular que pudo mantener (bastante) unido a su frente interno. La victoria sería pírrica si no se lograran extraer algunas conclusiones. A ello destacaremos las últimas líneas del presente trabajo, luego de mencionar algunos de los derrotados y varias tareas pendientes. Pese a algunas grietas que pudieron percibirse en el oficialismo; muchos gobernadores actuaron como gallináceas vedettes postulándose para ser servidas por el gallo (la figuración electoral hipotética en 2001). Pero se trata de devaneos inevitables en el peronismo. Es que es de imaginar que si los (muy poco numerosos) atildados republicanos afiliados a RECREAR se toman a golpes de puño- en escena plebeya inimaginable hace cierto tiempo en semejante espacio- por ver si se alían a Macri o a Carrió; en una fuerza multitudinaria y gigantesca como el justicialismo las disputas entre Schairettis, Delassotas, Dasneves, Sciolis y otros personajes menores; además de inevitables resultaron dilucidados y resueltos desde el gran mirador mediático, sin recurrir a despliegue violento de ninguna especie. Algo avanzó el peronismo, que solía disputar sus diferencias internas a golpes, cadenazos y con cierto derroche de sangre. En semejante contexto, la derecha no pierde ocasión de operar en la situación y titulares catástrofe preanuncian ya la inminente ruptura del bloque gubernamental. Seguramente es pronto aún para dilucidar cuanto hay de cierto en tales especulaciones y cuanto de fuerte deseo imaginario. Por ahora parece ser más fuerte lo onírico que la existencia de un desgajamiento profundo o de quiebres irreversibles.

Seguramente los pequeños medianos productores de la F.A.A. también emergen triunfadores al obtener un conjunto de medidas que los benefician. Ahora, es su exclusiva responsabilidad desmarcarse con claridad del bloque reaccionario que integraron.

Los principales vencidos son las organizaciones que representan a lo más graneado del antiguo patriciado terrateniente (la S.R.A. y la C.A.R.B.A.P., integrante de las C.R.A.). Demostraron su poder de fuego impactando en la carta fuerte del gobierno: la mejoría productiva del país, muy fuertemente sostenida en el último lustro (tal vez hayan rozado levemente en el crecimiento económico, se desperdiciaron toneladas de alimentos, fueron suspendidos trabajadores por falta de insumos, lograron desabastecer las ciudades, temporalmente). De todos modos, tal logro se volvió contra ellos; al punto que es difícilmente pensable una hipotética vuelta al paro luego de la treintena de días de tregua que están corriendo. Acostumbrados a imponer sus demandas a los gobiernos de modo casi monárquico, debieron dejar la refriega sin concesión alguna a su favor. Además de la derrota política, debieron soportar una de índole cultural: no pudieron imponer su clásico discurso liberal y debieron resignarse a los estatizantes modos gubernamentales. En el colmo de la audacia, en La Nación se hablo de colectivismo Kirchnerista; la “rigurosidad” analítica del viejo vocero oligárquico-Mitrista la corrobora el hecho que hace cuatro décadas asemejó al dictador (torpemente) anticomunista Juan Carlos Onganía con Fidel Castro, por causa también de un tema relativo a retenciones. El mantenimiento de las rentas y las ganancias es mucho más importante que los análisis serios, para la oligarquía (periodística). Pero a no ilusionarse, los caballeros de la orden agraria son tahures avezados, jugadores que esperarán mejor oportunidad para mover nuevas y contundentes barajas. Sus espadachines mediáticos- como Rosendo Fraga- agitan el fantasma del paro agrario como modo de presión rayano en la bravuconería. Llegó el citado inclusive a afirmar que las entidades agrarias podían movilizar más de un millón de personas; al tiempo que el gobierno sólo podía convocar a unos sesenta mil. Perverso modo de disimular aviesamente de que lado se hallan las mayorías nacionales y populares. A modo de síntesis digamos que parte de la fortaleza del espacio nacional y popular se debe a que encarna la reconstrucción de un estado nacional; mientras que la mayor parte de sus oponentes cifra todas sus expectativas en la liquidación de la formación estatal referida. Y la condición de posibilidad de que se fortalezcan es que el pueblo pague con mayor pobreza la (hipotética) derrota del oficialismo Kirchnerista.

A continuación es preciso ubicar en el podio de los derrotados a la cohorte de politiqueros que apostaron a montarse en la ola golpista para obtener la figuración que por vía electoral les resulta marcadamente esquiva. La principal- no la única por cierto es la doctora Elisa Carrió- que huyó del panorama massmediático al percibir que la conspiración antidemocrática no le sumaba ni prestigio ni votos. Y conste que ni siquiera se dijo en los acalorados debates desarrollados que uno de los principales ejes de su programa económico en la elección del 2003 era… las retenciones móviles. Como decía una recordada publicidad “has recorrido un largo camino, muchacha”.

Seguramente si la voluminosa Carrió encarnase el ideal de la “muchacha”; Luís Alberto Spinetta jamás hubiera escrito su inmortal tema. Pero la principal conclusión inevitable es otra- y ya enunciada varias veces previamente en trabajos anteriores- al ver el derrotero de la adiposa candidata: su contrato (pretendidamente) moral no pasa de un hipócrita modo de encubrir su servilismo hacia la peor derecha. Del mismo modo que el resto de las fuerzas políticas de la oposición que acompañaron al golpe, sólo pueden alcanzar predicamento si se agravan las condiciones de vida del pueblo. Por cierto que hubo sectores que comprendieron cabalmente lo que se jugaba en términos económico-sociales, políticos e institucionales.

Pero no fue el caso ni de la coalición gorila ni la deplorable caterva de la U.C.R., encolumnada en la defensa incondicional del proyecto oligárquico. De El PRO(cesismo) macrista y demás fuerzas integrantes de los arrabales reaccionarios no puede si no esperarse que actuaran como lo hicieron; son representantes orgánicos del gran capital globalizado; más que sirvientes de ocasión. De todos modos, la oposición política sueña con unificarse (hasta que llegado sea el tiempo de las candidaturas). La mejor conclusión de tales construcciones la aportó uno de sus principales operadores; el peronio cívico Gerado Comte Grand; quién declaró: “No se trata de crear la Unión Democrática anti-K”. Efectivamente, lo que edifican es una Unión Antidemocrática.

El desgarramiento que opone cada vez de modo más evidente a la sociedad argentina tuvo su correlato en las izquierdas vernáculas. Salvo el Partido Comunista (P.C.) y tal vez el Partido de la Liberación (P.L.), que comprendieron la necesidad de defender la voluntad popular y la redistribución de la riqueza; la mayor parte de las fuerzas mencionadas osciló desde el despropósito al franco ridículo, con escasas escalas intermedias.

Decía el general Juan Domingo Perón- hombre irónico y socarrón si los hubo en la política nacional- que “de todos lados se puede retornar, menos del ridículo”, enseñanzas que han sido enviadas al cesto de los desperdicios por el Partido Comunista Revolucionario (P.C.R.). Tal secta es más reaccionaria que revolucionaria, más chino extraplanetaria que comunista y ni siquiera ostenta el carácter de partido porqué ni siquiera se fracciona (parte) de allí nadie que afirme idea racional alguna.

En una nota, firmada por Ricardo Fierro y extraída de la página oficial de la fuerza www.pcr.org.ar, cuyo pomposo nombre es “Paro nacional obrero y popular” (sólo les falta teorizar acerca del carácter obrero y popular de Luciano Miguens, titular de la S.R.A.) no se privan de elucubrar afirmaciones ultra estrambóticas, que sólo tienen por finalidad (mal) ocultar su rumbo claramente reaccionario, comenzado hace más de tres décadas con sus apologías del criminal Löpez Rega o su admiración por fascistas como Mohamed Alí Seindeldín, recordando sus desaguisados más recientes. Su torpe antielectoralismo es sólo la mascarada para encubrir su incapacidad para construir política de masas.

De tal modo malograron en épocas recientes la importancia de interesantes figuras sociales surgidas en el partido, como Carlos “Perro” Santillán o Juan Carlos Alderete. Como sería un despropósito y un auténtico desperdicio comentar todo el artículo de Fiero, nos limitaremos a un solo párrafo; ilustrativo por demás. “El gobierno acusa al paro agrario de ser responsable del desabastecimiento. Es falso. El desabastecimiento es provocado por la soberbia y la obstinación del gobierno, rechazando los justos reclamos de los trabajadores y pequeños y medianos chacareros”, dice el comentarista en su colorida y alucinógena columna. Negar que el desabastecimiento resulta un arma siempre utilizada e impulsada por la derecha- cuando de desestabilizar gobiernos se trate- sería una angelical ingenuidad, si no fuera en realidad la equívoca complicidad de encubrir a los verdaderos culpables. Por otra parte, los sectores de propietarios (pequeños, medianos y grandes) agrarios se han ufanado de haber conseguido vaciar las góndolas. Con lo cual dejaron a nuestros rústicos analistas en un verdadero pedaleo en el aire (de su nube etílica). El asilamiento de la fuerza no es si no el merecido castigo que tiene por sus posiciones oportunistas, reaccionarias y golpistas.

Las fuerzas trotsquistas no podían estar ausentes en este verdadero carnaval bufonesco de desaguisados. Desde el Movimiento Socialista de los Trabajadores (M.S.T.) que cortó calles codo a codo con los caceroleros más enemigos de los verdaderos piqueteros y con la S. R.A., hasta el Partido Obrero (P.O), que llamaba a los trabajadores a observar el conflicto con frialdad típica de espectador de partidas ajedrecística; tales fuerzas no se privaron de hacer gala de su ya clásico y grosero impresionismo. Todo elemento de la realidad que no favorece sus alucinaciones lo suprimen /en su mente). Pero no deja por ello de existir. De modo que decir que ambos bandos son capitalistas y que la salida es obrera y socialista sólo es un taparrabos para su supina incapacidad para construir política de masas, típica (no solo) del P.O.. Por cierto ¿No es de necedad absoluta impulsar una salida a la crisis totalmente impracticable en las actuales circunstancias económicas, políticas, culturales, de conciencia? Por otra parte, omitir que en el palco de Gualeguaychú se hallaba lo más graneado del patriciado terrateniente- que además conducía orgánicamente todo el proceso- es simplemente un modo vergonzoso de reconocer que sólo pueden orinar muy lejos del cubículo correspondiente. Y basta de hablar de sectas miserables.

Tareas y conclusiones

Los debates acerca de cómo seguir son de al menos de tres índoles diferentes. Primero y menos importante es (re)pensar la propia coalición. Es preciso ampliarla con diversas fuerzas progresistas y del campo nacional y popular. Pero algunas de ellos deben comprender que la presencia de personeros de la oligarquía en gobiernos provinciales (Santa Fe) es una traba o un rotundo mentis a toda posibilidad transformadora. Además, resulta necesario ajustar cuentas con los “díscolos”, que quisieron jugar su papel autónomo, de cara a las lejanas elecciones del 2001 o que anhelaba observar un derrumbe gubernamental para cambiar de bando. Por otra parte, desde el oficialismo resulta necesaria una actitud más abierta al disenso y no bajar nada más que decisiones ya tomadas sin debate previo.

El gobierno ha dado pasos para diferenciar a los pequeños productores de los grandes terratenientes, que muy relativamente ocultos los utilizaron durante el conflicto pasado. Es preciso afinar bien el lápiz para que en la implementación de la medida no se favorezcan los peces gordos y sufran los más débiles. Pero también es imperativo comenzar un debate estratégico acerca de que modelo de agro es deseable para una nación integrada y justa. El cuasi monocultivo sojero fue útil para favorecer la salida de la crisis y gestar la relativa autonomía del estado nacional; mediante los tres superhabit (de la balanza de pagos, de la balanza comercial y fiscal), base de la relativa protección que goza nuestra economía; en un mundo que parece desbarrancarse hacia la recesión irremediablemente. Pero el poroto transgenético ha puesto en cuestión nada menos que la soberanía alimentaria de la nación y la seguridad nutricional para nuestro pueblo. Las vías para ello han sido la reducción de las áreas sembradas y dedicadas a la producción cárnica y lechera. Además deben debatirse las condiciones económicas, sociales, culturales y sanitarias en que se desenvuelve la producción sojera; tanto en las cuestiones que hacen a la propiedad de los suelos, al uso de agroquímicos (potencial o efectivamente) tóxicos, el cuidado y preservación de bosques naturales, el uso racional y sustentable a futuro de la tierra; entre otras cuestiones. Las polémicas a las cuales aludimos son únicamente pensables en el marco que brinda un estado crecientemente interventor. Por lo tanto, si se da, constituye la sola posibilidad de discutir un triunfo irremediable- en lo cultural- sobre la hegemonía liberal. Como se ve es un abanico complejo de temas que deben ser discutidos con una amplitud de miras ausente por completo en la mayoría de las fuerzas de la oposición; tal como sostuvo el eminente pensador Ernesto Laclau a su paso por Buenos Aires.

Por último es necesario referirnos a las cuestiones comunicacionales y massmediáticas. Esta crisis también demostró los escasos alcances y el muy bajo vuelo de una política hacia los grandes medios basada en la casi exclusiva intermediación de dádivas y concesiones; a cambio de esperar la lealtad de los grandes editores. El gobierno recibió en pago por su complacencia una dura moneda, como ya hemos descripto a lo largo del texto. Urge debatir nuevas formas de comunicación que favorezcan al pueblo; debate que se halla menos que en pañales. Ciertamente, no sólo en la Argentina. Las condiciones de dominación- como han sostenido diversos investigadores- se sustentan en la hegemonía comunicacional. Tal vez esta sea una de las enseñanzas fundamentales de los dramáticos días vividos. Sería bueno no desaprovecharla de cara a los momentos en que la reacción vuelva a atacar.

Raúl Isman
Docente. Escritor.
Miembro del Consejo Editorial de la Revista Desafíos.
Colaborador habitual del periódico socialista El Ideal
Director de la revista Electrónica Redacción popular.
raulisman@yahoo.com.ar
www.geocities.com/raulisman




domingo, 20 de abril de 2008

La explotación de chicos en el campo




UN ESTUDIO MUESTRA QUE LA EXPLOTACION DE CHICOS SE CONCENTRA EN LAS PRODUCCIONES RURALES

El “campo” también significa trabajo infantil. La presencia de niños y púberes en el mundo laboral rural supera por mucho a lo que se ve en las ciudades y lleva a situaciones límites: pibes esclavizados y pibes que hacen de “banderas” para aviones que los fumigan.


Por Mario Wainfeld

Las escenas imaginables son misceláneas, como lo es el mapa argentino. Desde los chicos o chicas que “dan una mano” a sus padres que trabajan para otro, hasta los que hacen de “banderas humanas” para indicar con su mera presencia cultivos que deben ser fumigados, exponiéndose al consiguiente bombardeo tóxico. Como todo universo social, el del trabajo infantil en el agro no se deja describir con un trazo simple. El promedio, de cualquier manera, es alarmante, es porcentualmente mayor al, ya afrentoso, de los centros urbanos. Decenas (o cientos) de miles de menores trabajando por poco dinero o por ninguno, contrariando las expresas prohibiciones legales. El impacto de esa incursión temprana en sus biografías también es arisco a la simplificación, pero todos los estudios realizados concuerdan en que deteriora su trayectoria educativa y los expone a enfermedades y accidentes, hueros de cobertura asistencial.

La deuda social no es exclusiva del “campo”, pero alcanza registros exorbitantes en un sector que transita una etapa de auge. La sobreexplotación y la violación de normas legales domésticas e internacionales deberían ser un capítulo en las negociaciones entre “el campo” y el Gobierno, amén de formar parte del prometido plan agropecuario. Que se sepa, no está en la mesa en la que se negocian idas y vueltas de miles de millones de dólares.

La ley y la trampa

La Ley de Contrato de Trabajo, en línea con lo que predican organismos internacionales, prohíbe el trabajo infantil, esto es el realizado por menores de 14 años, admitiendo como excepción la actividad en establecimientos familiares, no riesgosa para el menor y controlada por la autoridad pública. El “trabajo adolescente” (14 a 17 años) está regulado, limitado en la cantidad de horas laborables y prohibiendo el trabajo nocturno. Esas disposiciones, muy básicas, son burladas todos los días.

No es sencillo el recuento: la ilegalidad no se ostenta ni se deja medir, como regla. El trabajo infantil, por añadidura, se invisibiliza o naturaliza en muchas comunidades, a fuerza de necesidad o de repetición.

El esfuerzo más riguroso para medir la magnitud del trabajo infantil es la Encuesta de actividades de niños, niñas y adolescentes (Eanna) realizada en órbita del Ministerio de Trabajo, con cooperación del Indec en el año 2004. La consulta no abarcó toda la Argentina, pero sí territorios que representan al cincuenta por ciento de su población, discriminados en cuatro informes: Gran Buenos Aires, Mendoza, un agregado de Jujuy, Salta y Tucumán (NOA), más uno de Chaco y Formosa (NEA).

Los guarismos se consiguen cruzando datos, algunos emanados de otras mediciones (la Encuesta Permanente de Hogares, los censos), referidos a ingresos, asistencia escolar, experiencias previas. El saldo es siempre aproximativo: los censos de población (que consultan sólo sobre el trabajo desplegado la semana anterior al relevamiento) subestiman la magnitud del trabajo infantil. Otro tipo de estudios puede sobreponderarla.

Changuitos

La informalidad está muy propagada en “el campo” (ver nota aparte), con el consiguiente agravamiento de la desprotección frente al deterioro de la salud y a los accidentes laborales.
Según un profundo estudio cualitativo realizado por la investigadora Susana Aparicio (ver asimismo nota aparte), basado en los datos de la Eanna y del Ministerio de Trabajo, el trabajo infantil rural en tareas dirigidas al mercado (esto es, excluyendo el realizado en familia con fines de autoconsumo) alcanza las siguientes marcas:

Menores de 5 a 9 años: 13,3 por ciento.
De 10 a 13 años: 29,6 por ciento.

Es decir, más de uno de cada diez chicos en condición de cursar los primeros grados de la escuela primaria trabaja en abierta violación legal. La cifra duplica largamente al porcentual similar en zonas urbanas, que es el 6 por ciento.

La proporción se dispara entre los 10 y los 13 años. La brecha con los menores de igual edad que labora en centros urbanos (22,3 por ciento) es sensiblemente menor. Pero la cifra es brutal, casi tres chicos de cada diez realizan trabajo infantil en tareas agropecuarias

Impactos

Hagamos un paneo, incompleto y a vuelo de pájaro, de algunas consecuencias palpables del trabajo infantil registradas por la Eanna.

Los registros de ausentismo, llegadas tarde, repitencia y abandono de la escuela de los chicos que realizan trabajo infantil (en este caso computando áreas rurales y urbanas) duplica al de sus pares que no laboran. Las familias, haciendo lo que pueden, a veces apelan a atajos muy contraindicados, como enviar a la escuela nocturna a chicos que trabajan durante el día.

- En algunas actividades, por ejemplo, la vinculada al cultivo y recolección del limón en Tucumán, el período de trabajo se superpone al año lectivo, con las consecuencias imaginables.

- La “dedicación horaria” de chicos de 9 a 13 años trepa a un promedio de siete horas por día, llegando a diez horas en uno de cada diez casos. O sea, jornadas similares a la de los adultos. La mayor sobrecarga horaria ocurre en actividades agropecuarias.

- Bastante más de la mitad de los chicos (el 62 por ciento) recibe retribución en dinero, el promedio mensual en 2004 era de 21,60 pesos.

- La iniciación laboral, en promedio, ocurre a los nueve años. En los medios rurales es aún más precoz: un año antes, como promedio.

Nuevamente, hablamos de algo prohibido.

Casos

El Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (Renatre), destinado a dar cuenta de los trabajadores formalizados y promover el blanqueo de los informales, casi por definición, no puede dar cuenta del opaco mundo del trabajo infantil.

Algunas de las labores que emprenden los chicos son sencillas y hasta podrían ser a primera vista conmovedoras, en la línea del mensaje de la canción de Palito que sirve de epígrafe a esta nota. También hay muchas situaciones en la que es difícil deslindar las tareas domésticas intensas, de las dedicadas al autoconsumo del trabajo infantil propiamente dicho. Otras acrecientan el riesgo como son en general las labores a cielo abierto, expuestas a lesiones, mordeduras de animales y derivaciones de las contingencias climáticas.

Un ejemplo atroz se difundió el jueves, en este mismo diario. Un proveedor mayorista de huevos de Capilla del Señor que mantenía a alrededor de treinta personas, veinte de ellos niños, en situación de servidumbre. Jornadas laborales de 14 horas, paga “por familia” de alrededor de 800 pesos mensuales.

Otro que tuvo gran repercusión mediática que fue suministrado por la ONG Pelota de Trapo y refrescado por Susana Aparicio es el de los “jóvenes bandera”. No ocurre en las zonas más castigadas, sino en la Pampa húmeda y en grandes establecimientos. Consiste en conchabar adolescentes o niños para señalizar, durante horas, el lugar que debe fumigarse. El estipendio es bajo, la tarea es sencilla, la exposición a la acción de pesticidas, innegable. El hecho fue denunciado por la ONG Pelota de Trapo en repetidas oportunidades.

Cierto es que hay ejemplos confortantes, en sentido inverso. Uno de los más difundidos es de la cooperativa de pequeños agricultores misioneros que produce la yerba Titrayjú (apócope de Tierra, trabajo y justicia) en condiciones de trabajo decente y consumo responsable, sin emplear ilegalmente a menores y pagando iguales sueldos a hombres y mujeres.

Excusas

Como también pasa con el trabajo “en negro”, una realidad ilícita y perversa es validada o minimizada a través discursos justificatorios, casi siempre emitidos en voz baja. Suelen combinar un tono pietista o paternalista que encubre la aceptación del capitalismo extremo. “Mejor eso que no trabajar, mejor eso que el hambre, mejor que la marginalidad.”
En verdad, se trata de la violación de derechos básicos de quienes, en tiempos remotos, fueron definidos como “los únicos privilegiados”. Bonito tema para discutir en el paquete del plan agropecuario si sus partes quieren, de veras, pensar en un país en serio.

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jueves, 17 de abril de 2008

Qué duro


por el Dr. Raul A. Montenegro,
Biólogo

Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías.
Qué duro es ver que el gobierno nacional y los ruralistas luchan entre sí cuando son cómplices necesarios del país sojero.
Qué duro es ver cacerolas relucientes y llenas de soja RR en el asfalto civilizado de Buenos Aires.
Que duro es ver las cacerolas renegridas y sin tierra de los campesinos de Santiago del Estero.
Que duro es ver a los estudiantes de universidades argentinas con sus carteles de apoyo a los ruralistas en huelga, como si Monsanto y el Che Guevara pudieran darse la mano.

Que duro es recordar que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes movilizados y esas familias temerosas del desabastecimiento no salieron a la calle cuando los terratenientes de este siglo XXI expulsaron a familias y pueblos enteros para plantar su soja maldita. Qué duro es ver la furia ruralista al amparo de reyes sojeros como el Grupo Grobocopatel. Qué duro es ver el rostro reseco de Doña Juana expulsada, de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja.

Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas y sus agroquímicos.

Qué duro es comprobar, con los dientes apretados, y con el corazón desierto y sin bosques, que nadie habló en nombre de los indígenas expulsados de sus territorios, de sus plantas medicinales, de su cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato sean los nuevos algarrobos y los nuevos duendes del monte.

Qué duro es ver con las manos y tocar con los ojos que nadie habló en nombre de los campesinos echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones judiciales sin justicia para que ingresen el endosulfán, las promotoras de Basf y las palas mecánicas con aire acondicionado.



Qué duro es saber que nadie habló en nombre del suelo destruido por la soja y por el cóctel de plaguicidas. Qué duro es comprobar que muchos productores, gobiernos y ciudadanos no saben que los suelos solo son fabricados por los bosques y ambientes nativos, y nunca por los cultivos industriales.

Qué duro es saber que para fabricar 2,5 centímetros de suelo en ambientes templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la soja los romperá en mucho menos tiempo.

Qué duro es recordar que el 80% de los bosques nativos ya fue destrozado, y que funcionarios y productores no ven o no quieren ver que la única forma de tener un país más sustentable es conservar al mismo tiempo superficies equivalentes de ambientes naturales y de cultivos diversificados.

Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades destruyendo ese monte.

Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena.

Qué duro es saber que miles de Argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que miles de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar su ganado con soja.

Qué duro es saber que las bajas dosis de glifosato, endosulfán, 2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema hormonal de bebés, niños, adolescentes y adultos, y que no sabemos cuántos de ellos enfermaron y murieron por culpa de las bajas dosis porque el estado no hace estudios epidemiológicos.

Qué duro es saber que los bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las cuencas hídricas donde se fabrica el agua son invadidas por cultivos, y que Argentina está exportando su genocidio sojero a la Amazonia Boliviana.

Qué duro es comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras y el monocultivo.

Qué duro es comprobar que en nombre de las exportaciones se violan todos los días, de modo impune, los derechos de generaciones de Argentinos que todavía no nacieron. Qué duro es ver las imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni piquetes, ni cacerolas que los defiendan.

Qué duro es comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche solo circularán en la casi clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua. Muy cerca de ellos las cacerolas abolladas vuelven a la cocina.


Dedicado a la gente del Mocase,
y a los expulsados por la soja,
la codicia, la ineptitud de los gobiernos,
las topadoras y los plaguicidas.


Dr. Raúl A. Montenegro
Biólogo.
Premio Nóbel Alternativo (Estocolmo, Suecia), Presidente de FUNAM.
Profesor Titular de Biología Evolutiva
en la Universidad Nacional de Córdoba Argentina.



jueves, 10 de abril de 2008

Algunos comentarios



Algunos comentarios sobre
el lock-out agrario
y la dinámica de la situación



por Ricardo Aronskind

10/04/08

La secuencia del conflicto es importante. ¿Cuándo estalla el conflicto agrario? Con la imposición de retenciones móviles. Este es el centro del tema. No lo es el aumento de las retenciones lo que detonó el conflicto –ya que efectivamente unas subieron pero otras bajaron- sino el corte de las expectativas de gigantescas ganancias a futuro recortadas por la aplicación de retenciones móviles.

Ahí arranca todo. Es importante tenerlo claro, porque los problemas que tienen los pequeños productores hasta ese momento no habían generado ningún movimiento significativo. Los cuatro sectores de propietarios pasan a la acción fundamentalmente por lo de las retenciones móviles: están disputando renta futura, que sería apropiada mayormente por los grandes actores agrarios, y no por los pequeños.

El gobierno no diferenció, al establecer las retenciones, entre pequeños y grandes productores. ¿Y ellos, se diferenciaron? , o salieron juntos a luchar por el mismo programa ¿Y ese programa, a quien beneficia centralmente?

La división del trabajo al interior del lock out es clara. La función de los pequeños en todo esto no es menor: son quienes aportan la cara 'genuina' del lock-out. Son los que trabajan en serio, son los que cortan las rutas y ponen el cuerpo, son los que arrastran a familias y vecinos, los que generan simpatía en los medios, porque realmente necesitan ayuda y están realmente enojados. ¿Qué pone el gran capital agrario en el lock-out?: nada menos que los principales medios de comunicación escrita, oral y televisiva, algunas estructuras partidarias (el ARI de Carrió, el PRO), apoyos urbanos variopintos, incluido el de los rentistas que viven en la ciudad, y el certificado de 'blanquitud' de la protesta.

No es lock-out sino 'paro', no son los propietarios sino 'el campo', no son piquetes sino 'cortes de ruta', no son las retenciones móviles contra lo que luchan sino contra 'la soberbia', no son los precios internacionales increíblemente elevados la fuente de super-ganancias sino 'el esfuerzo de los productores'.

La combinación es poderosa, y tiene capacidad para generar un cuadro potencialmente grave: desabastecimiento y golpe inflacionario en las ciudades, con el consabido malestar de la población (que usualmente no entiende por qué ocurren estas cosas), violencia y eventuales muertes en los cortes de ruta (con la exacerbación de pasiones que genera el martirologio), crisis política en el partido gobernante (donde se pondrían de manifiesto los aliados atados con alambre que supo juntar el kirschnerismo).

¿Por qué los sectores más débiles del agro no luchan contra los otros segmentos de la cadena que les estrujan la ganancia? ¿por qué consideran natural que la sociedad subsidie el gasoil, la electricidad, el tipo de cambio y otras transferencias directas? ¿por qué son tan fáciles para manipular por el gran capital y la derecha?

Es una vieja historia vinculada a la configuración cultural e ideológica de todos los sectores rurales del mundo. En los ´90, se tomaron medidas que fundieron a 300.000 productores, y no hubo esta combatividad, esta rebeldía contra la 'opresión' y la 'soberbia'. Ojo con las idealizaciones: porque produzcan efectivamente riqueza, o porque sean los más débiles de los propietarios rurales, no se transforman automáticamente en portadores de progreso, ni de racionalidad, ni de solidaridad: ni piensan en el efecto de sus piquetes sobre los débiles de la ciudad.

Y están luchando, puntualmente, por súper ganancias. Brilla –por su inexistencia– en esta 'gesta' de los propietarios rurales la nula referencia a la dependencia tecnológica de las semillas transgénicas de las multinacionales, y de su dependencia de un mercado comercializador oligopólico (en general, multinacionales). Toda la lucha es contra el estado, como antes de la llegada del menemiso no aparece ningún otro actor que los afecte o perjudique. Si se compara el conjunto de la problemática de los pequeños productores –que es amplia y compleja– con el objetivo específico de esta lucha, se observa que lo único que se encuentra expresado es la demanda contra las retenciones móviles, contra el gobierno y contra el estado. Este lamentable recorte de la problemática se inscribe en la lógica ultraliberal que sostiene que es el estado la fuente de los problemas, y que si se abstuviera de 'meterse' con el sector privado todo andaría estupendamente bien… No es nueva, pero no deja de sorprender, la pobreza de miras de las dirigencias empresarias argentinas.

Un triunfo hegemónico del sector agropecuario es su insistencia, tomada acríticamente por los medios, en torno a una palabra: productores.

Productores, en economía, son todos los que producen directa o indirectamente riqueza. O sea, un porcentaje muy alto de la población. En una economía compleja y moderno, no es aceptable (porque no existe en la realidad) que se recorte –para resaltar sus méritos productivos– un determinado componente del sistema económico de todo el resto, sin el cual aquel no existiría. La única diferencia entre los que producen alimentos, de aquellos que producen bienes industriales o servicios necesarios (educación, salud, transporte, construcción, servicios públicos, etc,) es que quienes producen alimentos pueden privar al resto de los mismos. Esto no habla de un atributo moral, de una particular nobleza, sino de un atributo de poder. Todo trabajador que cumple un rol importante en el proceso de producción y distribución de la riqueza social puede privar a los otros de algo importante. Los que poseen hoy los medios de producción en el agro privan de alimentos al resto de los eslabones productivos.

¿Qué pasaría si ocurriera a la inversa, si se les negaran los indispensables insumos industriales, servicios, etc.? ¿Qué pasaría si se les cortaran la energía eléctrica, las telecomunicaciones, el abastecimiento de combustibles, y todos los bienes urbanos imprescindibles para que funcionen? ¿Hasta cuando seguirá esta impostura de que son los únicos actores estratégicos de la producción?

Hace muchos años que la sociedad argentina viene arrastrando esta rémora ideológica, y no la termina de superar. El 'campo' es una parte de Argentina, y no al revés. El país no le debe rendir una pleitesía especial a ningún sector productivo. Es más, parte de nuestro actual subdesarrollo tiene que ver con haberse quedado estancados en una imagen atemporal de los beneficios de la mera agricultura. A esta altura del siglo XXI es muy claro: no existen potencias agrícolas.

La fisiocracia, teoría económica arcaica superada hace más de 200 años, planteaba que sólo el agro producía valor, y el resto de las actividades sociales eran 'estériles'. Adam Smith –no Carlos Marx–, sostuvo en 1776, en 'La riqueza de las naciones': Los terratenientes son la única de las tres clases (se refiere también a los asalariados y a los capitalistas) que percibe su renta sin que le cueste trabajo ni desvelos, sino que la perciben de una manera en cierto modo espontánea, independientemente de cualquier plan o proyecto propio para adquirirla.

Esa indolencia, consecuencia natural de una situación tan cómoda y segura, no sólo les convierte a menudo en ignorantes, sino en incapaces para la meditación necesaria para prever y comprender los efectos de cualquier reglamentación pública.

La otra secuencia que hay que tener claro es que el endurecimiento agropecuario, la radicalización desorbitada de la protesta, no se produce después del discurso de Cristina Fernández, sino antes. Toda la argumentación sobre un supuesto discurso

confrontativo, que denigró, ofendió u ofuscó al sector es inaceptable, porque no están luchando por estilos políticos. No hay nada que ofenda en el discurso, salvo que argumentó y defendió una política pública.

¿Qué debe hacer un jefe de estado que toma una decisión que considera correcta? ¿Retirarla ante la amenaza? ¿Pedir perdón por haberla tomado? ¿Lamentarse públicamente de defender el interés general, confesar que se equivocó al hacerlo? Cuando desde ese mismo lugar institucional se lanzó la frase (insólita en un país moderno) 'Ramal que para, ramal que cierra', no apareció ningún escandalizado de los actuales por la soberbia y la dureza presidencial.

Ese argumento –la supuesta vocación ofensiva y confrontativa presidencial– repetido al unísono por los representantes agrarios y los medios busca el progresivo desgaste mediático de la figura presidencial, en pos de su posterior desplazamiento.

El tema de la 'soberbia' y la 'provocación', sirven para crear un clima emocional de enojo irracional con el gobierno, una suerte de 'ofensa inadmisible' que no estaría en las palabras, sino… 'en el tono'. Parece demasiado poco como para justificar el pedido que empezó a escucharse la semana pasada, a pocos meses de asumir, que se vaya.

¿Están negociando dos sectores, dos 'bandos' equivalentes, como lo presenta masivamente la prensa?

De la respuesta que se dé a esta pregunta dependen muchas cosas. Si se cree que se trata de una negociación entre un interés sectorial (propietarios agrarios) y la institución que representa al conjunto del país, que es mucho más que la suma de sus partes (el estado), es inadmisible cualquier intento de imposición de medidas de parte de la primera sobre la segunda. Son dos niveles cualitativamente distintos, y no puedo sino prevalecer el segundo sobre el primero.

Si se contesta que son equivalentes, se toma al estado como una facción más de intereses (como cualquier otra), o se eleva al sector agrario a la categoría de poder político con capacidad constituyente (establecer y aplicar leyes). En este último caso, se abre una puerta a la total descomposición política e institucional. Los medios de comunicación, masivamente, han contestado claro: son equivalentes.

Hay sectores económicamente poderosos (banqueros, industriales, agro, servicios) acostumbrados a que el estado argentino no tenga poder, y no pretenda ejercerlo. Aguantan un gobierno ajeno a sus filas si es impotente o pusilánime. Si pretende gobernar –en el sentido de tomar decisiones sin pedir su aprobación– empieza la retahíla de epítetos: inmediatamente se sienten agraviados, avasallados, amenazados, 'peligran las libertades'. Aparecen las alusiones, como si fueran parte del cuerpo diplomático norteamericano, a Cuba, Chávez, y Evo Morales: el universo oscuro e incontrolado.

Regulación, para ellos, es opresión. Libertad, en cambio, es el ejercicio ilimitado de su poder, como si no existiera sociedad. Los amenaza la regulación estatal, un gobierno que gobierne, que no sea un mero transcriptor de demandas sectoriales como fue el menemismo y la alianza.

Más allá de este gobierno, los varios sectores de poder en Argentina no soportan un estado autónomo. Están felices con el estado capturado e impotente. El kirschnerismo ha hecho muy poco por restaurar las capacidades del sector público, pero tiene cierta autonomía decisional que en este caso les resulta intolerable a algunos de los sectores dominantes. Si algo tienen en común las fracciones propietarias (locales y extranjeras) en Argentina, es su hostilidad a un estado eficaz y autónomo.

El caceroleo de las clases medias tiene diversos orígenes: ingenuos, del tipo 'salgo a defender al campo'; despistados, del tipo 'está subiendo todo, salgo y protesto'; políticos, del tipo 'no los soporto a los Kirschner, a los peronistas, no la soporto a esa tipa'; y hasta festivos, del tipo 'vamos a hacer un poco de ruido a la calle'. El análisis político tiene sus limitaciones: hay un espacio difuso en el accionar colectivo, donde pueden converger múltiples y variopintas sensibilidades en hechos sociales que no se controlan ni entienden. Apoyan las causas imaginarias que flotan en sus cabezas, desconocen los resultados concretos –políticos– de sus actos, y después se desresponsabilizan y buscan a quien echarle la culpa: siempre se puede salir a cantar 'que se vayan todos'.

¿Qué es lo que devela esta crisis? La debilidad del kirschnerismo como construcción política, la debilidad del apoyo partidario y sindical (PJ, FPV, CGT, 62 Organizaciones), la debilidad de la estructura social que lo respalda (¿y los industriales dónde están? ¿y los muchos otros beneficiados por la expansión de estos 5 años?), la debilidad de los supuestos factores de poder 'comprados', como los medios que deberían ser 'amigos'. Una enorme endebles que ha sido puesta de manifiesto por la embestida de las entidades agropecuarias y sus diversos aliados urbanos.

Debilidad que, por otro lado, no sería tal si el gobierno fuera capaz de poner en movimiento al conjunto de sectores afectados por la rebelión de los propietarios agropecuarios, que son muchos. ¿Quiere? No quiere, porque implica establecer un compromiso programático. Implica aceptar un monitoreo externo –aunque sea de aliados. Implica interlocutores. No quiere. Por ahora.

Los acontecimientos encontraron al gobierno semi-desnudo. La presencia de los militantes piqueteros en Plaza de Mayor cortó el día martes una movilización de sectores medios porteños dispuestos a luchar por su propia destrucción, por su propio empobrecimiento, por entronizar en el gobierno a quienes los van a reprimir en serio.

La acción solitaria y decidida de los grupos de D´Elia y Pérsico contrasta con el silencio abrumador de los sindicatos, la CGT, el partido justicialista, y los militantes K, que brillaron por su ausencia en una situación extremadamente fluida que a medida que pasaban las horas se radicalizaba políticamente en contra de la Casa Rosada. Es parte de la endeble construcción kischnerista, que fue puesta a prueba (y lo seguirá siendo) por un bloque social inesperado, cuya punta de lanza son los más débiles y enardecidos de los propietarios rurales.

El justicialismo, en el cual las convicciones casi no existen, respeta a los líderes que garantizan posiciones de poder. ¿Qué pasa cuando estos se tambalean? Lo que a Menem y a Duhalde: a la basura, y busquemos otro. Dado que no es la lealtad precisamente el atributo más abundante en la dirigencia justicialista, bien puede haber mucha gente en este momento jugando internamente al debilitamiento/derrota del kirscherismo para 'reposicionarse'.

La derecha argentina es antidemocrática. Lo ha sido sin tapujos en el pasado, y no ha cambiado. No ha hecho nada sincero en materia de discusión sobre su participación en la destrucción de las instituciones democráticas y el asesinato de personas. Ninguna fracción importante ha producido en su seno una ruptura seria con el pasado. Ni ha surgido un líder de derecha convincentemente democrático. A lo sumo, se callan la boca, y dicen que hay que 'mirar para adelante'. Esta derecha ha estado relegada por las circunstancias políticas luego del desastre provocado por sus ministros de economía, que estalló en 2001.

En las decisiones importantes, esta derecha gobernó ininterrumpidamente desde 1989, pero luego de 2001 debió esperar. Cuando uno lee su prensa, desde el comienzo de la asunción de Kirschner, es clara su posición golpista. Ahí está el artículo de Claudio Escribano en la tapa de La Nación diciendo que Kirschner era presidente 'por un año'. Son golpistas, no toleran ni a un gobierno de centro. Son autoritarios y no han podido intervenir políticamente hasta ahora ya que han estado acotados por las condiciones políticas locales e internacionales. Pero están buscando la brecha por la cual irrumpir, para lo que necesitan, entre otras cosas, el fuerte desgaste del poder presidencial –que disgregaría a la precaria coalición política kirschnerista– para desplazarla cuanto antes.

Para eso hay que desagregar la coalición electoral kirschnerista, alienándola de sectores sociales amplios: nada mejor que la agresión inflacionaria. El kirschnerismo se viene mostrando impotente para administrar una inflación en incesante aumento, y nada sería más oportuno que darle un envión adicional a los precios mediante fuerte incremento de los productos básicos. Ahí esta el lock-out agrario.

La derecha supo armar con una velocidad pasmosa un frente cívico que aceleró en horas su protagonismo transmutando el tema del 'campo' en el tema del poder.

La derecha ha aprendido. Está usando en 2008 métodos de piquetes y movilización popular para sus propios fines. Articula lucha económica, política, mediática y cultural. Hasta aparecieron las típicas oleadas de rumores de saqueos y violencia de 1989 y 2001. Y el 'que se vayan todos', y el 'que renuncie'. Alguien comparó la movilización y caceroleo del martes con las jornadas de diciembre de 2001, pero en diciembre de 2001 la clase media salió a reclamar por sus ahorros, para que se los restituyeran. Hoy sale a pedir que la despojen mediante un estallido inflacionario y el desfinanciamiento del estado.

Elisa Carrió contribuye al empobrecimiento del debate sobre los fenómenos económicos y políticos. Su afirmación reiterada de que el dinero recaudado por las retenciones iría a parar a Kirschner y De Vido retrotrae la argumentación a aquel latiguillo que decía que 'Cuando Perón llegó a la Presidencia los pasillos del Banco Central estaban abarrotados de lingotes de oro, y cuando se fue no había nada'.

Conclusión para bobos: se los había robado. Reducir los debates económicos a problemas de ladrones no sirve, y desvía de lo central. Se debió debatir en su momento si la política económica peronista llevaba o no a un callejón sin salida, y se debería debatir ahora si ésta es una buena política económica o si es estéril para salir del subdesarrollo. El eje ladrones/probos no contribuye a iluminar la base de los problemas argentinos. La propia Carrió debería reflexionar sobre su evolución política que la acerca cada vez más a las perspectivas de los macro-ladrones financieros del país. Además, si la derecha logra –con la colaboración militante de Carrió– el desplazamiento del kirschnerismo, no van a ir a buscar después a una señora que habla de equidad social, precisamente. Es difícil ver a los vaciadores de la Argentina encolumnarse en la cruzada moral republicana.

El enfoque resdistributivo del kirschenrismo es casi neoliberal: por ósmosis, poco a poco, aparece trabajo, malo, mal pago, pero se reduce el desempleo. Los componentes del salario indirecto brillan por su ausencia, y el acceso a la vivienda está aún más lejano que en los ´90. El salario real está estancado, carcomido por una inflación seria que el kirschnerismo se empeña –en un episodio de verdadera demencia política– en negar. Esa debilidad no ayuda a construir lealtades firmes en vastos sectores de la población.

Esas lealtades firmes harían más falta que nunca en un momento de confrontación con un actor con poder como el que se está enfrentando. Asusta la inmovilidad de la sociedad civil agredida por la crisis. Parece que las asociaciones de consumidores no tienen nada que decir sobre el desabastecimiento ni sobre las estrategias para enfrentar la escalada de precios. Los sindicatos no tienen nada que decir, ni qué defender, en relación a la caída del salario real. Su función parece limitarse a pedir aumentos nominales de salario, y no a luchar para mantener el poder de compra de los mismos. Recién a 19 días del paro, uno de los aliados más nobles del gobierno, los organismos de derechos humanos, sacaron un comunicado caracterizando acertadamente lo que se está disputando en este momento. La pasividad de los sectores que deberían mostrar autonomía y agilidad frente a hechos que los involucran plenamente, contrasta con la acción tajante de los propietarios agrarios y la derecha.

La lucha de clases por la riqueza generada es asimétrica en la Argentina: los que quieren despojar a los más pobres no enfrentan un contrapoder social que los equilibre, sino a un gobierno apoyado en aparatos semivacíos, centrado en una construcción verticalista y cerrada, que no quiere estar sometida a compromisos sociales que aten su decisionismo. Los que van a ser despojados, mediante una caída real y significativa en sus ingresos (el 80 % de la población), miran por televisión, y en un 60 % apoya 'al campo'. Lo que está en discusión no es si con el kirschnerismo se vive bien: lo que en estos días se puede definir, es si pasaremos a vivir francamente peor.

Cuando surgió el kirschnerismo, allá por 2003, lo entendimos como una postura que –insólita, inesperadamente– se ubicaba a la izquierda de lo que era el promedio político de la sociedad argentina. Recordemos: luego de 12 años de destrucción neoliberal, sus representantes sacaron el 40% de los votos y la primera minoría electoral. Los otros contendientes no tenían una misma posición. La ubicación en el espectro político es siempre relativa, no es que el kirchnerismo tenga un proyecto de liberación, pero la sociedad lo tiene menos aún.

¿Cuánto tiempo podía durar este fenómeno políticamente 'irrepresentativo'–en el mejor sentido de la palabra– de una agenda pública dictada por el kirschnerismo?

¿No es razonable que la estructura política 'ajustara' en dirección a la verdadera correlación de fuerzas? ¿y por qué no sería así, si no se hizo nada ni desde adentro ni desde afuera del gobierno para que mejorara el nivel de comprensión política de la sociedad? Y al mismo tiempo nos preguntamos: ¿dónde parará el envión hacia la derecha? ¿Se correrá el fiel de la balanza institucional hacia un reflejo más ajustado a lo que es esta sociedad, o seguirá corriéndose hacia la derecha, aún más lejos? ¿Por qué, una vez descubierta la debilidad del kirschnerismo, habría que
detenerse en doblegarlo solamente por el tema de las retenciones? ¿No hay una amplia agenda de la derecha política y económica aún insatisfecha?

Esto dejó de ser un problema económico-social, de puja distributiva, y se transformó en un problema político, de poder. Según la correlación de fuerzas, en el mejor de los casos, continuarán las retenciones móviles. Si la dinámica política continúa como hasta hoy, domingo 30, puede ser que las medidas que provocaron el lock-out sean retiradas, con el consiguiente debilitamiento del gobierno, a favor de la derecha. Si ésta aprovecha este momento de auge, ahora que están expuestas las debilidades del poder kirschnerista, puede arrinconar al gobierno, y obligarlo a entrar en una lógica de medidas antipopulares que aceleren su degaste.

Ricardo Aronskind
es Economista, investigador y docente


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