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sábado, 1 de noviembre de 2008

Macri quiere un shopping en el Colón


Opera entre confiterías
y gift shops


Con el nuevo Master Plan, el Primer Coliseo dejaría de ser una usina cultural para convertirse en una sala receptora de producciones


En el nuevo plan de obra para el Teatro Colón, donde estaban los camarines -con muebles de cedro, estantes de mármol y espejos, que sacaron con destino incierto- funcionará una confitería. Y si, antes, estos camarines en los que los bailarines cambiaban su vestuario en minutos estaban a un piso del escenario, pasarán del segundo nivel al tercer subsuelo. Allí funcionaban la peluquería, el taller de mecánica escénica y el depósito de fotofilmación. Muchos de esos talleres tienen destino incierto.

En el nuevo Colón, habrá dos nuevas confiterías (una de ellas estará en la terraza), cuatro salas vip, dos nuevos gift shops (tiendas de recuerdos) y salas de conferencias y exposiciones en donde, hasta hacía poco, había talleres, salas de ensayos y gente que le daba vida a esta verdadera fábrica. Una usina cultural que, bajo esta nueva óptica, se perfila más como una sala receptora de producciones para ser visitada por turistas.

Estos detalles, y muchos más, se desprenden de los planos y las informaciones obtenidas del mismo riñón de los encargados de la obra de infraestructura que, según se ilusiona el jefe de gobierno, piensa inaugurar el 25 de Mayo del Bicentenario. Mucha de esta información ya estaba bosquejada en la propuesta oficial que los encargados del trabajo compartieron hacía dos meses con algunos medios y que, con el paso del tiempo, todo indica que fue tomando forma.


Horacio Sanguinetti
En una información interna firmada por Sonia Terreno (ex encargada del Master Plan en tiempos de las gestiones de Ibarra y de Telerman, que sigue en función bajo la administración de Mauricio Macri) deja en claro que "se trabaja sobre los planes pedidos por el director ejecutivo" Martín Boschet, el mismo que perdió su puesto a partir del acto de las zapatillas Converse realizado en el CETC del cual, primero, había dicho que no sabía nada hasta que, en esta misma sección, se publicó un memo con su firma que comprobaba lo contrario. Los trabajadores del Colón también lo señalan como el ideólogo del nuevo plan maestro. Y vale recordar que cuando los directivos del nuevo plan maestro hicieron la presentación oficial de esta nueva versión dijeron seguir las indicaciones de Horacio Sanguinetti, el número uno del Colón. Sea uno u otro, el nuevo Colón parece llevar sus firmas.

La semana pasada, en una entrevista realizada por este cronista a Sanguinetti, el funcionario comentó que ya había hablado con los encargados de la obra y que les había dicho que quería la sala principal abierta para octubre del año próximo. Queda saber esa sala a qué tipo de teatro responde, si es posible realizar semejante trabajo en tan poco tiempo y qué costos tendría tal intervención desde la perspectiva del cuidado de un edificio con valor patrimonial.

Después de varios meses, durante los cuales la obra estuvo paralizada, a principios de septiembre, el Ministerio de Desarrollo Urbano, encargado político y técnico de la obra, y Syasa, la empresa encargada del gerenciamiento, hicieron su primera (y única) presentación ante la prensa. Allí dieron las pistas de los planes que fueron definiendo a lo largo de este tiempo. Informaron, entre otras cosas, que el nuevo costo de la obra será de 280 millones de pesos. Y detallaron, por ejemplo, que para este mes estarían trabajando unas 300 personas entre operarios y profesionales. Desde dentro de la sala, desmienten tal movimiento. Consultado Syasa, al cierre de esta nota no hubo respuesta. Desde el gobierno, el responsable político de esta nueva versión del Master Plan es el ministro Daniel Chain a quien varias veces se intentó entrevistar, pero siempre hubo respuestas negativas (la última vez, a mediados de esta semana, se dijo que el funcionario no estaba en el país).

Preocupado por la situación que se vive en el Colón y por el futuro de un edificio de inobjetable valor internacional, los trabajadores levantaron la voz. Muchos de ellos son indudables profesionales en lo suyo. Otros, artesanos de oficios en extinción. Sin embargo, según aseguran, nunca nadie se les acercó para pedirles opinión o consejo sobre las características de su oficio para saber qué espacio diseñar.

El martes de la semana pasada intentaron participar de la reunión que iban a tener los encargados de la obra con la Comisión Nacional de Monumentos Históricos, con quienes deberían acordar los trabajos de conservación de los edificios catalogados y los responsables de semejante tarea. Fue imposible. Sin embargo, dos días después, fueron atendidos por integrantes de la Comisión Nacional para explicar la preocupación sobre los trabajos que, aseguran, ponen en riesgo la integridad del patrimonio. A dicha reunión asistieron unos 60 trabajadores.

El arquitecto Fabio Grementieri, especialista en preservación urbana, es asesor ad honórem de los trabajadores y de la Comisión de Defensa del Teatro Colón. "Pedimos incluir en la protección y tutela todo tipo de acervo, como mobiliario, obras de arte, colecciones bibliográficas, de instrumentos, de escenografías, de vestuarios y registros de imagen y sonido", dice. Consultado el arquitecto Martín Repetto, quien preside dicha comisión, apunta: "El planteo de proteger otros aspectos del Teatro nos parece interesante y lo vamos a poner rápidamente en estudio porque todo hace al patrimonio del Colón. Contender y contenido van de la mano. Por eso les pedimos a los trabajadores que nos hagan la solicitud por escrito para estudiar el tema". O sea, varios de los objetos que actualmente están apilados en un galpón del gobierno con goteras (como se ve en las fotos) podrían ser declarados parte del Patrimonio Histórico Nacional.

Según los planos arquitectónicos elaborados por los técnicos, muchos talleres o desaparecerían, o serían reubicados en otros espacios del edificio, o todavía no tienen asignados un nuevo lugar. No es exactamente lo que dice la ley de autarquía del Colón. "La norma dice que los talleres deben funcionar en los lugares históricos. Eso lo tenemos que hacer valer", apunta la diputada de Coalición Cívica Teresa Anchorena, también miembro de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos. En la norma aprobada el 7 de octubre, en su artículo tercero se lee: "Producir bienes y servicios en talleres existentes en la sede histórica, con el objeto de ser destinados a los espectáculos realizados por el Teatro".

Uno de los espacios todavía no reubicados es la biblioteca del Colón, que posee material valiosísimo. José Miguel Onaindia es el presidente de la Asociación Amigos de dicha biblioteca. "Voy a pedir ya mismo una reunión con Sanguinetti porque todo parece indicar que la biblioteca no tiene lugar asignado y porque nos ha llegado información de que se ha perdido parte de su patrimonio", sostuvo el ex director del Incaa luego de una reunión que el jueves pasado mantuvo con los integrantes de la asociación.

Como telón de fondo, lo que parece estar en juego en todo esto es el tipo de teatro que imagina el macrismo. "De un primer análisis del actual programa de necesidades -dice un informe redactado por los trabajadores- surge la convicción de que éste no sólo plantea una nueva y aún más agresiva intervención en el patrimonio edilicio del Colón, sino que fruto de la misma, se implementará un modelo de teatro que significará la destrucción del actual sistema de producción propia reduciéndolo a su mínima expresión y alterando para siempre la funcionalidad histórica de nuestro Primer Coliseo, transformándolo en una sala de alquiler para todo tipo de eventos." Por eso, solicitan a la Comisión Nacional Monumentos y a la Comisión de Presupuesto de la legislatura porteña el rechazo total a los cambios previstos y piden que se los incluya en el proceso de tomas de decisiones.

Cuando la semana pasada LA NACION entrevistó a Sanguinetti, inevitablemente salió el tema de las obras de infraestructura. Al hablar de las críticas que recibe su gestión, apuntó: "Mi vida ha estado vinculada al Colón de una manera extraordinaria. No he venido a destruirlo. Desde luego, hago lo que puedo...".

El telón histórico y las negociaciones

* El telón histórico de la sala principal ha sufrido infinidad de idas y venidas. El tema parece no agotarse. José María Cacciola, director ejecutivo de la obra, envió el 7 de octubre a Martín Boschet, ex director ejecutivo de la sala, un correo electrónico en el cual le consultaba si se podría aceptar una propuesta para llevar a reparar el telón al extranjero y si se debería solicitar a los proponentes que se asocien a alguna persona o institución para intervenir en su reparación.

Desde su BlackBerry, el ex hombre del macrismo respondió: "Las implicancias por tener en cuenta son de orden técnico, administrativo y político. En principio, no hay impedimento de orden legal para hacerlo, [pero] sería bien visto por la política que se asocie a alguna fundación o algo por el estilo".

Por Alejandro Cruz
La Nación



Veamos al arquitecto Daniel Chain diciendo un montón de frases insustanciales, hablando de algunos ejemplos de su gestión, absolutamente irrisorios, patéticos, dando excusas por lo que no hizo, en una ciudad que necesita gente capaz en la gestión y no funcionarios inoperantes.





En la foto: Elizabeth Lizzie Waisse, regie y adaptación; Martín Boschet, director ejecutivo de la obra; Darío Lanis, presidente y director general creativo de CraveroLanis


Había un buen salario
en el Colón

(4 de Mayo de 2008)

El especialista en marketing Martín Boschet tiene un cargo creado especialmente para él, en el teatro, y cobra 12.500 pesos por mes, lo que duplica cómodamente los 6000 que puso como tope este gobierno porteño y lo que ganaría su mismo jefe.


El director ejecutivo del Teatro Colón Martín Boschet tiene un contrato especial que le permite cobrar por sus funciones 12.500 pesos por mes. Esto lo pone en una peculiar situación: como el máximo legal que puede cobrar un contratado de la ciudad es de seis mil pesos, Boschet aparece cobrando algo más del doble que su jefe, el director general Horacio Sanguinetti. Para complicar más el tema, Boschet está registrado como aportando a una categoría impositiva que culmina en los 72.000 pesos anuales, que el funcionario supera en seis meses.


Martín Boschet y su contrato.

Horacio Sanguinetti llevó al joven ejecutivo Boschet a la función pública creando el cargo de director ejecutivo, que nunca existió en el Colón. Como para crear la vacante, el ex rector del Nacional de Buenos Aires y dos veces funcionario militar abolió el tradicional de director artístico. Boschet no tiene absolutamente ninguna experiencia registrada en gestión cultural de ningún tipo: su carrera hasta diciembre de 2007 se concentró en marketing y venta directa en agencias especializadas o empresas. Al asumir, Sanguinetti explicó que su segundo es “un joven del partido que conoce mucho de ópera, o lo suficiente, y que es muy buen organizador”.



Según cuentan sus conocidos, a Boschet efectivamente le gusta escuchar ópera, tanto como le gustan los trenes: el funcionario sería uno de los raros practicantes locales del trainspotting a la británica, y sus viajes siempre incluyen visitas a terminales y estaciones. Con 41 años, Boschet todavía tiene un aire juvenil pero puede mostrar algunos laureles en su profesión de marketinero. Entre 2000 y 2003, por ejemplo, trabajó en las divisiones interactive y direct de Grey Buenos Aires y participó de la creación de las empresas Grey Interactive Latino y Grey Technologie. También fue presidente de la comisión Agencias de la Asociación de Marketing Directo e Interactivo de Argentina, Amdia. Para marzo de 2006, Boschet tomaba la dirección de marketing y ventas de Experiencia Patagonia, una firma de turismo de lujo en el parque nacional de Los Glaciares.

Pero además de ganarse la vida vendiendo y ayudando a vender, y de escuchar ópera, Boschet comenzó a hacer política en su barrio. Fue el fundador de algo no muy definible llamado Proyecto Recoleta, de existencia más virtual que material en www.proyec xtorecoleta.com.ar, que buscaba proyectarlo como posible cabeza de la futura comuna. En rigor, el sitio, Boschet y sus seguidores en Recoleta terminaron trabajando en la campaña general del macrismo. El ahora funcionario se arrimó a los “equipos de trabajo” que según Sanguinetti comenzaron a planear la gestión del Colón ya en mayo. En los pasillos partidarios consideran newtoniano que la estrella de Sanguinetti –y de Boschet– ascendiera en la misma medida en que descendía en el PRO la de Ignacio Liprandi, el coleccionista que coordinó y publicó la sorprendente plataforma cultural para las elecciones.

El PRO debe ser un lugar de lo más simpático, ya que las amistades parecen florecer. Por ejemplo, resulta que Boschet se casó recientemente con Liana Vinacur, encargada de Relaciones Públicas de la cadena Hyatt en el país. La boda tuvo un lado partidario, porque fue organizada por Bárbara Diez de Rodríguez Larreta, wedding planner y esposa del actual jefe de Gabinete de Mauricio Macri. La fiesta resultó un éxito y cimentó las relaciones.

Boschet asumió su flamante cargo en diciembre pasado, armado con un contrato de locación de servicios personales firmado con el Colón –todos los nuevos funcionarios firmaron uno– que exhibe su CUIT y lo da como residente en la calle Arenales. El teatro lo contrata sin relación de dependencia, sin relación laboral alguna, sin aportes y sin obra social para “prestar servicios en calidad de Director Ejecutivo” entre el primero de enero y el treinta de junio de 2008. En concepto de honorarios, el Teatro se compromete a pagarle un total de 75.000 pesos en seis cuotas mensuales de 12.500. Ambas partes pueden dar por cerrado el contrato sin más obligación que los días trabajados dentro del mes en que se termine, por renuncia o despido. No hay indemnización.

El artículo sexto del contrato indica que “está a cargo del locador (el contratado) el pago de las obligaciones fiscales y previsionales emergentes de la actividad desarrollada”. Lo cual genera una duda: Boschet está registrado en una categoría de autónomo que tiene como techo los 72.000 pesos anuales. En la mitad de ese plazo, el funcionario se pasa por tres mil pesos.

El contrato de Boschet despierta otras preguntas más de fondo. Al momento de firmarlo, el máximo posible que podía cobrar un contratado era tres mil pesos mensuales, o 36.000 por año en doce cuotas. El 21 de enero, por el decreto 60/08, Mauricio Macri duplicó este monto, que llevaba varios años sin actualizarse. El largo decreto detalla cuánto y cómo pueden gastar en asesores los funcionarios de mayor rango y avisa que sólo pueden superar el monto de 72.000 anuales –seis mil por mes– algunas “contrataciones artístico-culturales” que se monten para “producción de servicios públicos finales y que puedan identificarse con acciones específicas que ejecuta para la organización del Ministerio de Cultura”. Estas acciones son espectáculos puntuales de ballet, teatro, música, lírica, festivales, conciertos, exposiciones, conferencias y actividades académicas afines. Quienes se dediquen a esto podrán cobrar hasta 150.000 pesos en un año. Si hace falta más para contratar a, por ejemplo, una celebridad internacional, el decreto avisa que hay que hablar con el ministro de Hacienda porteño, que debe co-firmar un decreto autorizando el gasto extra.

Nada de esto existía cuando Boschet fue nombrado director ejecutivo. El contrato que le permite ganar 75.000 pesos en seis meses supera por 3000 lo que ahora podría ganar en un año y duplica cómodamente lo que podía ganar al asumir, algo más de un mes antes del decreto del jefe de Gobierno. Si el contrato se renueva por otros seis meses en los mismos términos, el ingreso total de Boschet para 2008 duplicaría el máximo legal decretado por su propio empleador y le obligaría a cambiar de categoría ante la AFIP.

Fue imposible comunicarse con el funcionario, que no respondió a las llamadas de Página/12 para saber si su contrato supera el máximo legal, si tiene un contrato de artista o si simplemente piensa cobrar 75.000 pesos por seis meses de trabajo y donar el resto del año. Sería un aporte generoso para una institución cultural que necesita fondos. El presupuesto de la restauración y arreglos del Master Plan, de 25 millones de dólares, ya fue gastado y Macri dijo que sólo se hizo el 30 por ciento de los trabajos. El teatro que Boschet codirige puede llegar a necesitar otros cincuenta millones para terminarse algún día.


Por Sergio Kiernan
pagina12



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