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lunes, 11 de marzo de 2013

LA TRISTEZA EN LA ESMA







El domingo estuvo hermoso, el cielo limpio, ni frío ni calor. Un benteveo trinaba desde los cables, las cotorras jugaban a la escondida, tres palomas se bañaban en la cuneta de la esquina. Caminamos por las calles tranquilas del barrio. La ciudad se humaniza los fines de semana. Es bella de a pie. Dejamos atrás la avenida y el ruido. Sin darnos cuenta, estábamos en las vías, pasamos, llegamos hasta Libertador. Cruzamos apurados por la media cuadra antes de que el semáforo de Ramallo se pusiera en verde. Los autos que iban a la cancha saludaban a los bocinazos con banderas de River. La puerta del Centro Cultural Haroldo Conti estaba abierta, la del Ecunhi en la otra punta también. Entramos. Parecía una ciudad asesinada por la bomba de neutrones. ¿Dónde está la humanidad?, gritaba el corazón.

El silencio de la ESMA sigue siendo ominoso a pesar de los años democráticos malgastados. Las calles vacías intimidan a los visitantes solitarios a pesar del sol alumbrando entre los árboles viejos con sus ramas enfermas. Algunos decrépitos, envejecidos por el tiempo, por la desidia, con heridas del viento y la poda que nunca vino, nos miran cabizbajos. Tampoco vinieron los pibes y pibas de las barriadas que llenarían con gritos y cantos las callejuelas entre los edificios abandonados, luego de la mudanza militar, cuando un ex centro clandestino de detención devino en Museo de la Memoria.

Pero ¿qué memoria? ¿las de las fotos y las consignas gastadas? ¿la de la cultura pseudoprogresista con oferta pequeño burguesa? ¿quiénes recuerdan en el predio vacio de la ESMA? ¿cómo se construye memoria? ¿de qué sirven miles de metros cuadrados exiliados de la alegría desde el 24 de marzo de 2004? ¿adónde están los barriletes, las pelotas, las bicicletas, las adolescentes patinando o besándose en el pasto cuasivirgen que nadie pisa? ¿y las canciones en ronda hasta el amanecer? ¿y las fogatas?

El sitio subeejecutado invita a la imaginación. Podríamos filmar una película de terror donde el último hombre de la tierra busca desesperado a otro congénere y sólo encuentra rejas, candados y escombros desperdigados entre inmuebles olvidados. O mejor armar un cuento fabuloso, una invasión de pequeños memoriosos del siglo XXI que ponen patas para arriba la burocracia militante y se apropian de enormes bloques inactivos para llenarlos de barullo y propuestas preñadas de futuro. Después de todo, para salir del laberinto de la memoria golpeada por el horror  hay que hacerlo por arriba, desactivando fantasmas. Afortunadamente, los únicos privilegiados vienen volando alto y están llenos de vida... sólo hay que invitarlos a entrar.









Daniel
Mancuso



1 comentario:

María Isabel García dijo...

Es tal cual, se siente un profundo desasosiego, un lugar inhospito, atravesado por un dolor intacto, parece en muchas areas abandonado,que no invita a transitarlo.... Reflexino, por la memoria de los 30.000 desaparecidos que dieron sus vidas por la construccion de un poryecto colectivo, de este hermoso pais que hoy tenemos. Son parte de nuestra historia, estan presentes en cada rincon. Que su sangre derramada sea vida presente en este lugar, porqué no propiciar talleres gratuitos todos los días, de circo, de pintura, de arte, de canto, de tela, espacios creativos de expresion para nuestros niños y adolescentes, sembrarlo de vida, entiendo que es la mejor manera de honrar la memoria.... a partir de la vida

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