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martes, 26 de mayo de 2009

GRONDONA y el POSTKIRCHNERISMO




¿Tiene sentido analizar qué piensa Mariano Grondona? Tal vez. Hay que conocer cómo piensa el enemigo.

La palabra Enemigo viene del latin, inimicus (prefijo negativo in + amicus), que significa no amigo. Con los romanos las cosas eran simples, estabas con ellos o en contra de ellos.

Desde 2003, las cosas están bien claras: los que transitan el camino de la creación de empleo, el fortalecimiento del Estado, la distribución de la riqueza, la inclusión de millones de marginados, la soberanía ecónomica, la justicia social y la libertad, por un lado. Los que atenten contra los principios antes enunciados, los neoliberales y otros bichos son enemigos. Mariano es un bicho.

Mariano Grondona escribe en la Nación, opina sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestra patria con una simplicidad engañosa y llena de ideología reaccionaria. Es más peligroso que Joaquín Morales Solá, Jorge Lanata, o Ernesto Tenembaum. Es el camaleón mediático por antonomasia, superó a su maestro Bernardo Neustadt.

Reaccionario es un término que se originó como expresión peyorativa para referirse, desde la Revolución Francesa, a lo que se opone a la revolución, como sinónimo de contrarrevolucionario.

Desde ese momento, la nueva clase dominante, la burguesía, triunfante en toda Europa, deja de ser revolucionaria, pasa a temer la revolución social de las clases bajas, y el término reaccionario pasa a identificarse por extensión con los términos conservador o derechista.

Todo le cuadra perfectamente a Grondona. Este "periodista" es la punta del témpano que condensa todas las fuerzas y corporaciones, personas y poderes, que quieren una Argentina para pocos, donde haya hijos y entenados, pobres y ricos, privilegiados y hambrientos. Apoyó todos los golpes militares, con la pluma y la palabra, y justificó las mayores injusticias cometidas en nuestro país.

Dice Mariano Grondona en La Nación:

  • ...Sabemos todo lo bueno y lo malo que nos trajo la modernidad pero, como estamos inseguros de lo que la sucederá, la llamamos provisional, tentativamente, "la posmodernidad".

    Algo similar nos pasa a los argentinos con el poskirchnerismo. Sentimos que el período de crecimiento económico y despotismo político que acompañó a Néstor Kirchner desde 2003 se está agotando. Pero ignoramos todavía tanto la fecha exacta de su extinción como el contenido concreto del período que lo reemplazará.

    ¿El poskirchnerismo nacerá acaso en este año electoral de 2009 o sólo irrumpirá en los comicios presidenciales de 2011?

    ... La idea inicial de un libro con este tema que presento al lector nació junto con un artículo que publiqué en LA NACION, el 2 de noviembre de 2008, con el título de: Una introduccción básica al poskirchnerismo. Al escribirlo, partí de la premisa de que, a lo largo de sus 200 años de historia, la Argentina conoció tres instancias en las cuales todo el poder se concentró en un solo hombre: entre 1829 y 1852, Juan Manuel de Rosas; entre 1945 y 1955, Juan Domingo Perón y, de 2003 hasta ahora, Néstor Kirchner.


¿Escuchaste bien? Todo el poder concentrado en un solo hombre, ergo, no existió democracia con Perón y tampoco con Nestor, desde 2003, y ahora, con Cristina. ¿Podés creer tamaña falacia? La técnica de repetir mentiras hasta el hartazgo para oradar la conciencia colectiva, es uno de los deportes predilectos de estos epígonos neoliberales. VER LA OPOSICIÓN.

  • ... Por supuesto, aún no sabemos cuál será el contenido concreto del poskirchnerismo, pero ya sabemos, en cambio, lo que pasó después de Rosas y después de Perón. La Argentina que sobrevivió a Rosas fue un éxito tan largo como extraordinario, porque nos dio un sistema político republicano y, finalmente, democrático y un desarrollo económico sin par hasta su insensata interrupción en el golpe militar de 1930, nada menos que 78 años después.

Para Mariano, la Argentina agroexportadora, con una oligarquía aliada al colonialismo británico y con millones de argentinos en la pobreza, la corrupción y la represión (Patagonia Rebelde, Semana Trágica...) no son datos relevantes a tener en cuenta, en esos 78 años de "bonanza nacional".

  • ... Esta dura comprobación explica lo que he querido hacer en el libro, en el que me pregunto si a los argentinos de hoy nos será posible emular a los fundadores alberdianos que nos dieron desarrollo político y económico durante casi 80 años o si recaeremos, más que en un único fracaso, en uno más de los 12 fracasos sucesivos que han congelado nuestro desarrollo desde 1930 hasta 2009, por otros ochenta años.

Se olvidó el peronismo de 1945 al 55. No registra el desarrollo social, industrial y tecnológico abortado por la Revolución Libertadora. Se olvido que el FMI apareció en 1955, luego de derrocar al peronismo con un sangriento golpe de Estado.

  • ¿Será, entonces, el período que asoma detrás de Kirchner un tiempo verdaderamente nuevo o una triste reiteración de los anteriores?

    Precisando esta pregunta, después del previsible ocaso de Kirchner, ¿daremos un precario nacimiento a un poskirchnerismo que apenas será una prolongación necesariamente breve del "antikirchnerismo", que podría triunfar sólo precariamente sobre el déspota actual, o acometeremos, al contrario, la epopeya de lanzar un nuevo sistema que brinde a la Argentina una larga etapa de éxito institucional y económico comparable a la del "transrosismo? El poskirchnerismo que viene, en suma, ¿podrá escalar la empinada cuesta que lleva al "transkirchnerismo"?


En consecuencia, no tiene ningún mérito el trabajo realizado en estos 6 años de crecimiento económico y social, haber salido de la debacle del 2001 y pilotear la crisis del capitalismo global. Todo esta mal, ¿No es cierto, Dr. Grondona?

  • ... Hace tanto tiempo que ningún político, que ningún partido, puede adjudicarse el mérito de haber triunfado en medio del reconocimiento general, que entre nosotros "el éxito" ha dejado de ser, simplemente, el éxito, para convertirse en la capacidad de alegar que el fracaso ha acontecido por culpa de algún otro. Culpable tras culpable, todos los protagonistas del largo estancamiento argentino que nos hizo retroceder de la vanguardia a la retaguardia de la caravana de las naciones en los últimos 80 años han debido recurrir a esta treta, a este escape, que al fin nos ha envuelto a todos.

La Argentina ha sido sodomizada, violada, golpeada, desaparecida y rematada por décadas de complicidad oligárquica con los intereses británicos primero, norteamericanos después, y transnacionales siempre. La clase media urbana acompañó pendularmente los procesos, eligiendo siempre la autopreservación frente a cualquier peligro inminente. No es cuestión de echar culpas. Hay, nombres y apellidos, políticas, corporaciones, que protagonizaron cada una de las decisiones que nos llevaron por el callejón de la dependencia. La existencia de dos países, uno privilegiado y otro condenado a la pobreza, son el resultado de un diseño minusiosamente pensado y ejecutado a la perfección por los poderes de turno.

  • Que nuestra generación y la que asoma talones tengan la audacia de pretender esta vez un éxito tan fenomenal como el de las generación alberdiana de los Urquiza, los Mitre y los Sarmiento será, quizá, la mayor de sus dificultades. Exponerlo en un libro es, en el fondo, una apuesta a que los argentinos podremos enfrentar entre todos y desde todo lugar el dilema del poskirchnerismo, recuperando -pese a las negras memorias- el pasado, la olvidada virtud del optimismo. Lo más difícil de la nueva etapa que asoma por detrás del agotamiento del modelo kirchnerista será, entonces, osar. Pese a los sinsabores del pasado reciente, ¿nos atreveremos a hacerlo? El mayor argumento en favor de la audacia que deberemos desplegar los argentinos de esta generación y de la que nos viene pisando los talones es que, si no nos animamos a saltar, a escalar la historia, nos veremos obligados a repetirla.

La gran mayoría del pueblo argentino no quiere el pasado al que Grondona quiere volver. No queremos la Argentina de Mitre o Sarmiento. No queremos pensadores como Grondona, que no se hace cargo de su complicidad y estímulo de los fracasos argentinos, desde 1955 para acá. Fracasos que no fueron tales, después de todo, sino pequeños éxitos de una clase usurera y antisolidaria que hoy, quiere recuperar los privilegios que ha ido perdiendo y que seguirá dejando en el camino que empezamos a transitar en 2003, avanzando hacia una patria justa, libre y soberana. Claro que habrá postkirchnerismo, pero no en el sentido que quiere Grondona, sino hacia la felicidad de los millones de argentino que él siempre ninguneó...


Daniel Mancuso

1 comentario:

novecento dijo...

No dejes que te coman el higado, olvidate de este tipo, fue, es y sera gorila. Deja que muera como lo esta haciendo,en su veneno, nosotros agradecido, a reir a gozar. Tiene tanto odio y dolor que me ALEGRA EL ALMA. Una confidencia familiar, tengo parientes que hablan lo que este sorete pregona, y uno los ve tan grises, tan llenos de moho, que la verdad da un poco de cosa (uno tambien es un poco sensible, che!!!), pero al instante pienso ellos se la buscaron ¡¡JODERSE!!, escuchar a grondona es morir en el intento lo siento por ellos y por tantos otros. Lo unico que pido a dios, que siempre este en la otra orilla, Y QUE SEA MI ENEMIGO.

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