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martes, 4 de noviembre de 2008

Patriotismo argento



¿Será posible que algún día, la bandera celeste y blanca, con el sol en el medio, flamee en todas partes? Si cuando enciendo la tele, me bombardean con sus gaseosas y sus hamburguesas, con su música y sus costumbres, y en cuanta película que encuentro aparecen las rayitas rojas y blancas y las estrellitas azules hasta en los inodoros; si me impusieron los shoppings, los parkings, el zaaping, Halloween y San Valentin; ¿debo entonces permanecer como fumador pasivo de la historia? No.

Porqué no imaginar un día en que al abrir la heladera, las manzanas me muestren la escarapela, la leche y el yogur vestidos con botellas azul cielo, y los huevos con gorritos albicelestes para alegrar los corazones. Los cielorrasos en los hospitales ya no serían tan aburridos sino a tres bandas, así estar internado mutaría en fiesta, con la bandera acompañando los sueños de los convalecientes, inaugurando un nuevo paradigma de la medicina: las terapias patrióticas. Los dentífricos bicolores harían las delicias de los niños, y ya no serían de frutilla sino con gusto a mate cocido.

Que los pareos de moda de las chicas en Villa Gesell sean banderas argentinas que transparenten sus biquinis calientes. Que los condones se alegren con los colores del cielo (con el sol en la puntita que se agrande, dependiendo de cada caso). Que inventen en El Bolzón una variedad de arándanos que se llame Skyblueandwhiteberry ¿No sería maravilloso ver los culos de las bailarinas de Tinelli haciendo patria, con soles y banderas argentinas adornándoles los cachetes para deleite de todos los adictos a las siliconas?

Pero no me refiero a la simple ilustración visual de la argentinidad. Eso es sólo la punta del témpano nacional, de un sentimiento profundo que navega las heladas aguas de la globalización y está sumergido porque le ponen la pata encima. Hay que desentrañar la maraña oscura que boicotéa nuestros sentimientos para con el país y su gente, el pueblo, nosotros.

En una Argentina llena de patriotas, ya no se escucharían pavadas por televisión; ni discursos vacios de chacareros chabacanos, (enriquecidos por alquilar sus tierras a pooles sojeros); ni al presidente de Sociedad Rural, dando cátedra de honestidad ciudadana; ni empresarios devenidos en funcionarios políticamente correctos, económicamente incorrectos, éticamente nefastos.

Los cabecitas negras no serían acusados de delincuentes por tener piel oscura. Los blancos europeos de clase media no saldrían a cacerolear para defender sus privilegios porque ya no habría privilegiados ni jubilaciones de privilegio. Todos los crápulas estarían en cana y los jueces tendrían una disyuntiva: hacer juicios justos o acompañar a los crápulas en largas vacaciones.

Los diputados y los senadores, no harían roscas ni rosquitas, y con asistencia perfecta, se agarrarían a las trompadas por demostrar quién presentó el proyecto más beneficioso para más personas, a sabiendas de que la bronca popular empieza con un huevazo y termina como en 1789.

Es cierto, los tipos hicieron un buen trabajo. Durante años nos lavaron el cerebro para que pensemos que lo nuestro es peor que lo de afuera. "Lo importado es bueno, lo de acá, berreta". Lograron que una película pedorra de Hollywood, llena de efectos especiales, se afane miles de espectadores, y una buena producción nacional se quede sin sala por falta de ellos. En esta patria sin patriotas, se llevan el cuero y nos venden los zapatos.

Al fin, como me hicieron pensar que lo público era mala palabra, dudé y fui al diccionario de la lengua española para ver de qué se trataba, encontré esto:


público, ca.

(Del lat. publĭcus).

1. adj. Notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos.

2. adj. Vulgar, común y notado de todos. Héroe público

3. adj. Se dice de la potestad, jurisdicción y autoridad para hacer algo, como contrapuesto a privado.

4. adj. Perteneciente o relativo a todo el pueblo.

5. m. Común del pueblo o ciudad.

6. m. Conjunto de las personas que participan de unas mismas aficiones o con preferencia concurren a determinado lugar. Cada escritor, cada teatro tiene su público

7. m. Conjunto de las personas reunidas en determinado lugar para asistir a un espectáculo o con otro fin semejante.

dar al ~.
1. loc. verb. publicar (‖ por medio de la imprenta u otro procedimiento un escrito).

de público.
1. loc. adv. Notoriamente, públicamente.

en público.
1. loc. adv. Públicamente, a la vista de todos.

sacar al ~ algo.
1. loc. verb. Publicarlo.



Todo lo que era patrimonio público, se evaporó al calor de la mundialización capitalista que se venía deglutiendo las nacionalidades, las identidades. Nos privatizaron el agua, la luz, el gas, los aviones, el petroleo, los teléfonos, el correo, las rutas, las playas, la tierra, todo lo que pudieron pasar a manos empresarias (y si extranjeras mejor) para dejarnos en pelotas. Los espejitos de colores que Colón supo usar con nuestros ancestros siguen siendo efectivos.

En contra del sentido común, entramos al primer mundo por la puerta de atrás, con Menem, Cavallo y Neustadt como guías turísticos. Gracias al "deme dos" o el voto licuadora o la convertibilidad (que nos hipnotizó haciéndonos creer que un peso era igual a un dolar) tuvimos relaciones carnales con el imperio y nos violaron como a Maria Soledad. Gracias a los millones de votos que nadie sabe de dónde vinieron tuvimos un remate generalizado de todo lo que era nuestro. ¿Dónde están los que votaron a Menem, los que lo re votaron, los que lo re re votaron en 2003? ¿Y los que votaron a De la Rua? ¿DÓNDE ESTÁN?


ALLA POR EL FINAL DEL SIGLO PASADO, HABIA NO SÉ CUÁNTAS MONEDAS y CUASI MONEDAS y PATACONES y CLUBES DE TRUEQUE... TODO SE DESMORONABA, EL PAÍS ERA UN CAOS Y TUVIMOS 5 PRESIDENTES EN UNA SEMANA ¿TE ACORDÁS? ¿DÓNDE ESTABA ELISA CARRIO? QUIZÁS TROCANDO UNO DE SUS CRUCIFIJOS POR UN SANGUCHE DE MILANESA...


Para no ir muy atrás: cuando Francis Fukuyama inventó desde el Pentágono "el fin de la historia", a caballo de la caída del bloque soviético, dando origen al pensamiento único que supieron imponer desde la gran manzana a todos los rincones del planeta, no imaginó que su teoría tendría unos aliados de lujo, los secuaces de acá. O por lo menos no los nombro abiertamente, a la hora de escribir su pasquín con pretenciones académicas.

Los secuaces de acá, son unos malditos hijos de puta que hacen la suya y no les importa nada ni nadie. No tienen país, patria, bandera, principios, moral, ética, valores, vergüenza, escrúpulos, lástima... Tienen guita y quieren toda la que puedan acaparar.

Hoy como ayer, tienen distintos nombres: son los individualistas, capitalistas, neocolonialistas, neoliberales, PRO, imperialistas, fachos, derechistas, golpistas, latifundistas, oligarcas, rentistas y otros muchos. Son ideólogos, socios, empleados, amigos, devotos, hijos, nietos: de la oligarquía ganadera, de la guerra de la triple alianza, de la campaña del desierto, de la década infame, de los ingleses, de los banqueros, de las dictaduras militares asesinas, de las democracias vendepatria, de los intereses norteamericanos, del imperialismo transnacional...

Los aliados, los secuaces de acá, son los herederos de los Martínez de Hoz, Bernardino Rivadavia, Bartolomé Mitre, Julio A. Roca, José E. Uriburu, Pedro E. Aramburu, Jorge R. Videla, Carlos Menem, Domingo Cavallo... (siguen las firmas...)

Cuando en 1989, nació el Consenso de Washington, estaba previsto que el bebé tendría todo lo que necesitara en nuestros pagos para crecer sano y robusto. Los intelectuales, políticos, economistas y dirigentes más encumbrados apoyaron las políticas y las órdenes que llegaban desde el norte para condenarnos al subdesarrollo, no, a la miseria.

Hace ya mucho tiempo, Arturo Jauretche identificó a la política nacional como aquélla que buscaba el bien del país, que no era otro que el bien de la mayoría, de los sectores populares. Cuando realizaba su propuesta de utilizar debidamente el intelecto, se refería a no quedarse en un puro filosofar, sino en hacer la actividad intelectual para encontrar soluciones a los problemas nacionales.

«...Jauretche navegaba en la corriente del nacionalismo popular o revolucionario, nacido contra las corrientes liberales y conllevando una reinterpretación de la historia. Muy significativo en Argentina, incluyó un rechazo de las ideas extranjeras y los intelectuales de pretendida orientación universalista, criticando por igual a los postulados liberales, la oligarquía , el socialismo y el comunismo, basándose en el hecho de que ninguno de ellos había comprendido al país. Ese nacionalismo popular que se encarnó en FORJA y al que Jauretche se mantuvo fiel, proclamaba una posición nacional y popular que pretendía reinstalar al pueblo como el centro del acontecer político, y se empeñaba en entender la historia como el desarrollo de una antítesis pueblo-oligarquía, y a esta última como instrumento del imperialismo inglés. El sistema era considerado como una seudodemocracia, en la cual el estado era formalmente soberano, pero en realidad no lo era por su dependencia económica de los centros del poder mundial. Había creado una estructura jurídica e institucional al servicio de los intereses imperialistas, la cual fue denominada por Jauretche y el grupo de FORJA como “estatuto legal del coloniaje”. Esto ubicaba al país en una categoría semicolonial, que debía ser superada para cumplir el sueño de todo nacionalista, el de una Argentina libre

Sin embargo, durante décadas se silenció a los pensadores nacionales, a los "Malditos" de la historia (Norberto Galasso se refiere a Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Manuel Ugarte, Hernández Arregui, entre otros, bautizándolos como los “malditos” de la historia, para describir a aquellas figuras que fueron intencionalmente silenciadas por la Historia Oficial). Aún hoy, en los colegios se estudia la historia liberal, sesgada, compartimentada, incompleta, falaz.

Hoy en día, se escuchan voces destempladas y diatribas contra el gobierno y su intención de desactivar a las AFJP (o la estafa legalizada más grande de nuestra historia, junto al emprestito Baring Brothers o la Deuda Externa). "Dame tu plata que yo te la cuido y me cobro una comisión por ello y cuando te toque jubilarte, dentro de treinta años andá a cantarle a Gardel".

Hoy, Quienes defienden la jubilación privada e individualista, quienes defienden los intereses de los bancos y financieras, quienes desde los medios tergiversan la información y confunden a la gente. A pesar de sus discursos mentiroso en favor de la trasparencia y la democracia, estos secuaces de acá están trabajando, militando, complotando para la Dependencia.

Daniel Mancuso







« Antes no había nada de nada, ni dinero, ni indemnizaciones, ni amparo a la vejez... y vos no decías ni medio, vos no protestabas nunca, vos te conformabas con una vida de araña. Ahora ganás bien, están protegidos vos y tus hijos y tus padres. Sí, pero tenés razón, ¡no hay queso!... Vos, el mismo que estás preocupado porque no podés tomar te de Ceylán... ¡Y durante toda tu vida tomaste mate. No! No! A mí no me la vas a contar!...

»... Vos siempre viviste sin la angustia del peso que falta y nunca llegaba hasta tu mundo el rumor doloroso de las muchedumbres explotadas. Entendés, Mordisquito? No. A mí, no me la vas a contar ».
ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO.




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