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domingo, 30 de noviembre de 2008

Lucha contra el SIDA



El día 1 de diciembre se celebra el día Internacional de lucha contra el SIDA. Desde su aparición en los años ´80, la enfermedad provocó más de 25 millones de muertos. Cada 60 segundos = 1 minuto, el VIH infecta a 6 menores de 25 años. Cada año, en el mundo, más de la mitad de las personas que contraen esta infección tiene entre 15 y 24 años. La mayoría de las personas inicia su vida sexual a esa edad.

Mientras, el constante bombardeo que sufren los jóvenes en sus cabezas es arrollador y permanecen expuestos, sin red, al sexo indiscriminado, chabacanizado, desamorado, mecánico, frío, comercial. Desde los medios masivos de difusión se envían todo el tiempo mensajes groseramente nocivos al aire planetario, y habría que vivir con una escafandra para no ser infectado por esa "propaganda estupidizante".

La Televisión, las revistas, el cine, internet, los celulares: están mostrando a la mujer, la fémina, en forma compartimentada, disociada de su totalidad humana, desintegrada de su propia humanidad. Culos, tetas, culos, tetas.

(Tal vez, por eso no se bancan a Cristina, porque esta sociedad lobotomizada y machista no escuentra los íconos de la feminidad en su presidenta, encuentra ideas, pensamientos, inteligencia, y eso no concuerda con la imagen de mujer que tienen incorporada en sus mentes domesticadas).

Desde los medios de difusión se envían mensajes confusos a la juventud. A los chicos se les advierte del SIDA y de las enfermedades sexualmente transmisibles con cuentagotas, pero a la vez están expuestos diariamente a la lluvia radioactiva de la televisión e Internet, que es como sentar a un diabético en una chocolatería.

La búsqueda de nuevas sensaciones y experiencias, el sentimiento de invulnerabilidad frente a los peligros o la muerte, y la inmadurez característica de la adolescencia, exponen especialmente a los jóvenes a la infección por el VIH. No puede combatirse aquello que no se conoce. Los jóvenes no tienen todos los elementos para poder preservarse del VIH.

Hoy en día, los adolescentes tienen su iniciación sexual mucho antes que en otras épocas. Esto es peligroso para ellos, pues aún están en desarrollo y no están preparados para las consecuencias emocionales de la sexualidad. La falta de educación sexual y de información sobre el VIH, así como las dificultades de acceso a programas y medidas de prevención, contribuyen también de forma decisiva a la diseminación de la infección por VIH entre los jóvenes y es sobre estos factores sobre los que se puede y se debe intervenir.


Debemos pelear contra el Neoliberalismo de los `90, tambien en lo cultural y educacional. Las pautas culturales se vieron degradadas en esa "década infame". Se profundizó el agujero negro que se chupó los valores más elementales en una sociedad democrática: la solidaridad, el trabajo, el ahorro, el respeto al prójimo, la conciencia del otro. Durante años, se les ha dicho a los jóvenes lo que deben y no deben hacer, en lugar de ayudarles a comprender los "porqué", y no se les ha implicado en la toma de sus propias decisiones.

La escuela debe desempeñar un importante papel en la promoción de actitudes responsables y conductas saludables entre los niños y adolescentes. Debe colaborar con la familia en la promoción de valores como el respeto, la igualdad entre sexos y los derechos humanos. La educación sexual contribuye a aplazar la edad de inicio de las relaciones sexuales y, en los adolescentes sexualmente activos, ayuda a disminuir los embarazos no deseados y la infección por VIH y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS).

Los programas de prevención serán un fracaso si sólo tienen en cuenta una forma de prevención, como la abstinencia o la fidelidad, y no se enmarcan en el contexto de la vida actual. La Iglesia colobora con el fracaso si en las sociedades hay pocas o ninguna oportunidad de hablar de sexo y de la sexualidad, ya sea en público o en la privacidad del hogar.

En nuestra sociedades, los niños y los adultos no reciben educación sexual (y cuando la reciben no es suficiente). Se argumenta desde los sectores de derecha y religiosos, frecuentemente, que la educación sexual empuja a los jóvenes a iniciarse en el sexo a una edad temprana. Sin embargo, las investigaciones serias sobre educación sexual, en el mundo, confirman todo lo contrario.

La falta de oportunidad de hablar sobre el sexo lleva a propagar la ignorancia y a las falsas percepciones. En muchos países, la posibilidad de los gobiernos de proveer a sus poblaciones de información y consejos clarificadores, ha sido fuertemente limitada por la influencia de organizaciones como la Iglesia católica y grupos reaccionarios.

La desinformación y la desidia, en materia de salud, son las mejores aliadas de la enfermedad. Lo más frecuentes con el SIDA, es no estar al tanto de las vías de transmisión y contagio. Desconocer cómo opera el virus y cómo puede dársele batalla, es una de las lagunas culturales más habituales de los argentinos.

Hay que difundir, informar, educar, insistir, proteger, para que cada uno de los integrantes de nuestra sociedad tome conciencia de este flagelo. Aun en personas enfermas, las acciones positivas, inspiradas en la solidaridad y el compromiso social (pese a la prevalencia de una sociedad consumista e indiferente), son las que retardan la aparición de los síntomas y signos del SIDA, así como también disminuyen las patologías colaterales y las infecciones oportunistas.

Algunos países desarrollados han aplicado programas educativos de salud pública para enseñar a la gente cómo el virus se disemina y cómo hay que evitarlo. Pero estos países todavía deben enfrentar conductas sexuales profundamente arraigadas y rígidas tradiciones culturales que han contribuido a diseminar la enfermedad.

El trabajo eficaz con respecto del SIDA depende, del entorno social y político, y sólo es posible en donde se acepte la diversidad de comportamientos y valores, y donde exista la posibilidad de una verdadera organización comunitaria y de un apoyo gubernamental frente a la acción de grupos o manejo de programas.

La transmisión por VIH, al igual que muchos problemas de salud son producto de muchos factores que operan a múltiples niveles: el comportamiento personal, las relaciones familiares y con amigos, la cultura de la comunidad, el acceso a cuidados médicos y las leyes locales tienen efectos sobre las tasas de infección por VIH. Para la prevención del SIDA es necesario que los programas traten el factor de riesgo en todo nivel: individual, familiar, parejas o amigos, comunitario, médico y legal.

La evolución irrefrenable del SIDA ha llamado la atención de los líderes políticos y de los medios y comunidades de todo el mundo frente a los efectos devastadores en la salud y las vidas de los jóvenes. El rumbo que tome la epidemia del SIDA, en el futuro, dependerá, en gran medida, de asegurar que se protejan los derechos de los niños y los jóvenes: no sólo para que reciban asistencia y apoyo, sino también que puedan acceder a la educación y a la información.

El SIDA no es una enfermedad que se limite a un contexto en particular, una clase social o grupo etáreo. ¿Qué es el SIDA? Es una infección en etapa avanzada provocada por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Un retrovirus que ataca las defensas del organismo y altera la capacidad para defenderse de las enfermedades ocasionadas por otros virus, bacterias, parásitos y hongos. El sistema inmunológico agrupa diversos tipos de células, entre otras los glóbulos blancos encargados de luchar contra los agresores externos. Pero por sobre todas las cosas es consecuencia nefasta de la ignorancia y la falta de educación en nuestra sociedad.

La difusión del SIDA (como la batalla en su contra) depende de realidades culturales, sociales y económicas muy complejas.


Los Medios de comunicación
(y sus directivos, empresarios, accionistas), desde hace tiempo, especialmente dedicados a hacer terrorismo informativo, sembrando la duda y la desconfianza, vendiendo espejitos de colores y cuerpos siliconados, lucrando siempre a través del "rating," podrían ser una excelente herramienta de concientización para paliar los efectos de esta pandemia, si consideraran que nadie está excento de contraer la enfermedad. Pero los intereses económicos prevalecen por sobre los humanos.

La Iglesia debería ponerse a la altura de los tiempos, rever su política retrógrada, cuestionar seriamente su propio papel en el desarrollo y difusión de la enfermedad, y desafiar a sus propios miembros y a la sociedad para tomar medidas que eliminen actitudes de discriminación y acciones prevalentes en la sociedad.

La discriminación tiene muchas facetas: Inadecuado cuidado profesional para las personas que son VIH positivos; Estigmatización y aislamiento de la familia, del contexto social, de la comunidad y de la Iglesia; Perdida del empleo; Violencia física y/o psicológica contra personas de orientación homosexual, prostituidos y drogadictos; Restricciones de viajes; Presiones familiares y sociales sobre lo que brindan ayuda para que no cuiden a las personas infectadas con el VIH; Negativa a brindar cuidados sanitarios básicos y seguros de vida o salud; Registros obligatorios; Rechazo a brindar alojamiento; Actitud negativa para brindar acceso a la educación, especialmente a los niños; Análisis obligatorios sin consentimiento; "chivos expiatorios"; Exclusión de personas, tales como refugiados y estudiantes procedentes de áreas altamente endémicas.

Las empresas capitalistas transnacionales, la corporaciones, con sus negocios en el mundo, promueven la pobreza de grandes sectores de la población, en comunidades y paises, en continentes enteros, haciendo más vulnerables al SIDA a aquellos que no tienen privilegios, los más, los marginados. La lucha contra el SIDA, contra el mal de Chagas Maza, el cólera, la tuberculosis, la desnutrición... es por lo tanto una lucha contra la pobreza, el analfabetismo, la prostitución, la drogadicción y todas las formas de desigualdad social. La falta de información veraz, la distorsionada y tendenciosa, también contribuyen a la discriminación, a la ignorancia, a la enfermedad y la muerte. La presencia del Estado es fundamental para elaborar y poner en acción medidas efectivas contra los padecimientos en la salud y la vida de nuestro pueblo.



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