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jueves, 2 de octubre de 2008

La Revolución Francesa

"La Libertad guiando al Pueblo" ( Delacroix, 1831 )




Con la Revolución Francesa, los franceses se levantaron en contra del reinado de Luis XVI y sus nobles. Comenzó con la Asamblea de los Estados Generales en 1789 y terminó con El Directorio en 1799, cuando Napoleón Bonaparte dio un golpe de Estado y se apoderó del gobierno. Fueron diez años de violencia e inestabilidad, en nombre de la igualdad, fraternidad y libertad. Durante ese tiempo, no sólamente eliminaron cualquier destello de monarquía en Francia, sino que Europa fue invadida, porque consideraron que las naciones vecinas eran un peligro para la Revolución.




La Revolución francesa fue un proceso histórico que se desarolló entre 1789-1799 que destruyó las bases económicas y sociales del antiguo régimen y eliminó la monarquía absoluta. El eco de la Revolución francesa resonó con fuerza en Europa y en el resto del mundo.

En la segunda mitad del siglo XVIII, Francia era un país con una economía en expansión, tenía una estructura social conflictiva y un estado monárquico en crisis. Existía una oposición generalizada contra las reglas económicas y sociales que favorecían a los estamentos privilegiados. El Estado francés padecía una grave crisis financiera (gastaba mucho más de lo que ingresaba) y a menudo se encontraba fuertemente endeudada.

Los primeros ministros de la monarquía (Turgot, Calonne, Necker) no consiguieron que los estamentos privilegiados pagaran impuestos. Así los Notables exigieron que se reunieran los Estados Generales del Reino, que eran unas asambleas de origen medieval en la cual, los estamentos se reunían por separado (Clero, nobleza y el tercer Estado) para dar su consentimiento a las propuestas reales (se convocaron el 1 de mayo de 1789).

En 1789 estalla la Revolución. Una auténtica fiebre electoral recorrió Francia pues tenían que elegir a sus representantes del tercer Estado. Los electores entregaban sus quejas y reivindicaciones. Los elegidos llegaron a Paris con unas 60.000 quejas que coincidían en el rechazo al pago de los diezmos y los demás impuestos federales. El 27 de junio Luis XVI ordenó unirse al tercer Estado a quienes todavía se resistían, sin conseguirlo, así que el 7 de julio, Francia dispuso de una Asamblea Nacional Constituyente. El rey y los sectores más conservadores se negaron a aceptar la liquidación del absolutismo. Las tropas reales se hicieron más presentes y comenzó una revuelta popular en las calles de Paris.

El 14 de julio, la multitud fue en busca de armas y pólvora a la fortaleza de la Bastilla (símbolo de poder absoluto), demoliendola en dicho proceso. La revolución se fue extendiendo por ciudades y pueblos, además de crearse nuevos ayuntamientos que no reconocían otra autoridad que la Asamblea Nacional. Los campesinos dejaron de pagar impuestos y destruían castillos y todo lo que simbolizara al feudalismo. La Asamblea Nacional ante los nuevos acontecimientos suprimió las servidumbres personales (abolición del feudalismo) y los diezmos además de abolir las justicias señoriales instaurando la igualdad ante el impuesto, ante penas y acceso a cargos públicos. La Asamblea elaboró la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, que proclamaba la libertad, la igualdad y fraternidad entre los hombres y la soberanía Nacional.

Después de esto, hubo una etapa moderada en la que se creó la Constitución de 1791. Esta constitución se propuso el 14 de septiembre de ese año y en ella se estableció una monarquía constitucional fundamentada en la división de poderes (el rey disponía de un poder ejecutivo limitado y la Asamblea Nacional tenia todo el poder legislativo). El sistema electoral era censitario (es decir sólo podían votar aquellos ciudadanos varones que tuviesen un mínimo de riqueza). Dos cuestiones que tuvieron una fuerte repercusión en la población fueron el problema religioso y la actitud de Luis XVI. La Asamblea Constituyente suprimió los impuestos indirectos y estableció un sistema de impuestos directos igual para todos, además de nacionalizar los bienes del clero. La familia real intentó huir pero fueron detenidos y encarcelados.

Entre 1791 y 1792, actuó en Francia la Asamblea Legislativa. Se organizaron elecciones según la constitución de 1791, y de estas salió un gran número de diputados que formaron la Asamblea Legislativa. Este gran número de diputados dio lugar a los partidos políticos o clubes. El más celebre de estos fue el partido de los jacobinos, dominado por Robespierre. A la izquierda de este partido se encontraban los cordeliers, los cuales defendían el sufragio universal (derecho de todos los ciudadanos al voto). Los cordeliers querían la eliminación de la monarquía e instauración de la republica. Estaban dirigidos por Jean-Paul Marat y Georges Danton, representando siempre al pueblo más humilde. El grupo con creencias más modernas eran los girondinos, que defendían el sufragio censitario y propugnaban una monarquía constitucional.

Mientras tanto dos potencias absolutistas Europeas: Austria y Prusia se dispusieron a invadir la Francia revolucionaria y esto hizo que el pueblo francés se convirtiera en un ejercito nacional dispuesto a defender y a difundir el nuevo orden revolucionario por toda Europa. Durante la guerra, la libertad de expresión permitió que el pueblo manifestase su hostilidad hacia la reina Maria Antonieta (llamada la "austriaca" por ser hija de un emperador austriaco) y contra Luis XVI que casi siempre se negaba a firmar leyes propuestas por la Asamblea Legislativa.

Las masas asaltaron el palacio real de las Tullerias y la Asamblea Legislativa volvió a suspender las funciones constitucionales del Rey. La Asamblea acabó convocando elecciones con el objetivo de configurar (por sufragio universal) un nuevo parlamento que recibiría el nombre de Convención. Aumentaba la tensión política y social en Francia y la amenaza militar de las potencias europeas. El conflicto se planteaba así entre una monarquía constitucional francesa en camino de convertirse en una democracia republicana y las monarquías europeas absolutas. El nuevo parlamento elegido en 1792 abolió la monarquía y creó un nuevo calendario según el cual el año 1 de la nueva era sería el 1793.

El mismo día en el que se reunió la Convención, todas las tropas francesas (formadas por tenderos, artesanos y campesinos de toda Francia) derrotaron por primera vez a un ejército prusiano. El ambiente de guerra civil y la extensión de las guerras exteriores (ahora contra España y Gran Bretaña) radicalizaron la situación. Se acusó al rey de colaborar con los enemigos de Francia así que fue juzgado, condenado a muerte y guillotinado en 1793.

La revolución cambió profundamente la política interior, llevándola a la dictadura de Robespierre y a la practica del terror (16.000 guillotinados). La revolución también dio un salto adelante en el escenario europeo y tras la muerte de Luis XVI, los países europeos intervinieron, atacando a Francia por el norte y por el sur, pero el nuevo ejército francés derrotó a Austria, Holanda y las tropas españolas. El pueblo había salvado la revolución y en julio de 1794 se produjo una reacción contra los excesos del terror. Con el ejército se aniquiló a la república igualitaria y jacobina (Robespierre fue ejecutado), pasando a gobernar los girondinos, quienes elaboraron una nueva constitución en la cual se mantenía la república, se imponía el sufragio censitario y el poder ejecutivo era entregado a un Directorio formado por cinco miembros, acabando aquí el proceso revolucionario.



Consecuencias de la Revolución Francesa:

1-Se destruyó el sistema feudal

2-Se dió un fuerte golpe a la monarquía absoluta

3- Surgió la creación de una República de corte liberal

4- Se difundió la declaración de los Derechos del hombre y los Ciudadanos

5- La separación de la Iglesia y del Estado en 1794 fue un antecedente para separar la religión de la política en otras partes del mundo

6- La burguesía amplió cada vez más su influencia en Europa

7- Se difundieron ideas democráticas

8- Los derechos de los señores feudales fueron anulados

9- Comenzaron a surgir ideas de independencia en las colonias iberoamericanas

10- Se fomentaron los movimientos nacionalistas



Actualidad de Robespierre


Robespierre, el incorruptible, murió a finales de julio de 1794. Junto al abogado de Arrás, encontraron la muerte otros 21 destacados revolucionarios. Saint-Just -no había cumplido treinta años- estaba entre ellos.


La burguesía liberal, encabezada por sus representantes girondinos, consiguió alterar, una vez más, el curso de historia revolucionaria. El poder sobre los asuntos de Estado estaba en juego. La democracia frente a los privilegios de clase, frente a la propiedad y la posesión. La cuestión del reparto equitativo de la riqueza, de la felicidad y la libertad, servía de inspiración a todos los decretos del gobierno y a los discursos ante la Convención. Un gobierno popular, democrático, amenazaba la tradicional maquinaria de opresión de las clases dominantes.

Se lo dura que es mi franqueza; pero el único consuelo que puede quedarle a los buenos ciudadanos en medio del peligro en que esos hombres han puesto a la cosa pública, es juzgarlos de forma severa. Así hablaba Robespierre, 1791, en la Asamblea Nacional. Tres años después, antes de su caída y asesinato, hubiera dicho lo mismo.

La revolución socialista se enfrentaba con ejemplar violencia a sus enemigos. Saint-Just defendía los progresos sociales, aplicaba duros impuestos a los terratenientes y grandes fortunas de Francia y luchaba, manu militari, contra la subversión golpista. Robespierre tenía, desde joven, mala salud. Su vida, hombre de acción, tampoco fue fácil. Se ha dicho muchas veces, y otras tantas se interpretará de forma incorrecta: la democracia, es decir, el libre ejercicio efectivo de todos y cada uno de los derechos individuales y colectivos recogidos en la Constitución es el comunismo. Robespierre y Saint-Just hubieran estado de acuerdo. Separadas las cabezas de los troncos, sus cadáveres fueron enterrados en una fosa común, cubiertos de tierra y cal, cerca de Errancis. En 1840, en plena batalla por la libertad y la memoria histórica, un grupo de jacobinos buscó los restos. No se encontró nada. Sería por la cal. No existe libertad posible fuera de las leyes del Estado, repetía Spinoza.


Por la felicidad y por la libertad, es el título de una recomendable selección de discursos de Maximilien Robespierre publicada por El Viejo Topo en 2005 siguiendo la edición francesa (2000) de La fabrique. Los nombres de las dos editoriales tienen fuertes resonancias. Resonancias. El pasado. “Hasta aquí, el arte de gobernar no ha sido otra cosa que el arte de despojar y dominar a la mayoría en provecho de la minoría, y la legislación, el medio de convertir estos atentados en sistema. Los reyes, los aristócratas han hecho muy bien su trabajo: ahora debéis hacer el vuestro, es decir, hacer libres a los hombres mediante las leyes”, Discurso en la Convención, mayo de 1793.

Robespierre sufría fuertes dolores de cabeza, trastornos gástricos y apenas dormía. Por la noche escribía discursos, organizaba la República, recibía informaciones de todos los territorios y se reunía con los colaboradores más cercanos. Semanas antes de morir, su salud se fue deteriorando. La corrupción galopaba por todas las administraciones minando la credibilidad del Estado: “El principio de responsabilidad moral exige además -argumentaba en 1793- que los agentes del gobierno rindan, en épocas determinadas y con bastante continuidad, cuentas exactas y circunstancias de su gestión. Que las cuentas sean hechas públicas por la vía de la impresión y sometidas a la censura de todos los ciudadanos. Que sean enviadas, en consecuencia, a todos los departamentos, a todas las administraciones y a todas las comunas”.


Han pasado muchos años grises desde la muerte de Robespierre. Muchos años y muchos muertos. La mayoría, anónimos, han quedado arrinconados en los márgenes de la Historia. Ya nadie lee los discursos pronunciados en la Convención. Quizá este libro de El Viejo Topo, sirva para levantar el inmenso manto de desconocimiento que cubre la figura de este abogado. “La revolución es la guerra de la libertad contra sus enemigos: la constitución es el régimen de libertad victoriosa y apacible”. Cerca de Errancis, abono para la leyenda, su cabeza perdida, enterrada en cal, todavía recuerda el instante de su muerte.






Maximilien de Robespierre
(Arras, Francia, 1758-París, 1794)

Político y revolucionario francés. Primogénito de un abogado, quedó huérfano de madre a los nueve años. Poco después, su padre emigró a América, dejándolo al cuidado de unos parientes, junto a sus otros tres hermanos. Protegido por el obispo de su ciudad, estudió con una beca en el colegio Luis el Grande, donde tuvo como condiscípulos a Desmoulins y Fréron. Tras graduarse en derecho en París, en 1781 regresó a Arras, donde ejerció la abogacía. Afín a las ideas liberales y al pensamiento de Rousseau, criticó el sistema judicial y el absolutismo monárquico y abogó por los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

En abril de 1789 fue elegido diputado por el tercer estado de Artois en los Estados Generales y, venciendo su timidez, se reveló en la Asamblea como un elocuente y fogoso orador. Defendió la concesión de los derechos políticos a todos los ciudadanos, el sufragio universal y directo, las libertades de prensa y reunión, la educación gratuita y obligatoria y la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte.

Su fama de hombre íntegro y de costumbres austeras le ganó el favor de las gentes, que comenzaron a llamarlo el Incorruptible. Durante el período legislativo afirmó su ascendencia en el Club de los Jacobinos, si bien su oposición a la guerra, por considerar que favorecía a la causa contrarrevolucionaria, lo enfrentó a los girondinos. Tras la insurrección de la Comuna en 1792, fue elegido miembro de la misma y desde ella promovió la sustitución de la Legislativa por la Convención, constituida finalmente el 20 de septiembre. Elegido diputado por París y convertido en uno de los principales dirigentes del partido de la Montaña, utilizó su tribuna para atacar a los girondinos y buscar su exclusión de la Convención, sobre todo después de la traición del general Dumouriez. Conforme se aceleraba el curso de la Revolución, defendió al Comité de Salvación Pública, del cual entró a formar parte en julio de 1793, y la institución de una dictadura para lograr la unidad de la República ante sus enemigos tanto extranjeros como interiores, así como también para afrontar la falta de recursos.

Convencido de que el orden constitucional, al que aspiraba la Revolución, era distinto del orden revolucionario que debía llevar a él, instituyó el terror como mecanismo para construir una sociedad transparente y sana. Con este propósito eliminó a los «radicales» (hebertistas) y girondinos en marzo de 1794, con el apoyo de Marat y Danton, y en abril, a los «indulgentes», entre ellos el propio Danton, aunque no sin vacilaciones. Acumuló entonces todo el poder en sus manos, junto con Couthon y Saint-Just; en marzo, intentó una redistribución de las riquezas (decretos de Ventose) y trató de restaurar la religión como pilar del Estado y de la moral, para lo que estableció el culto al Ser Supremo, cuyo apogeo fue la fiesta del Ser Supremo, celebrada el 8 de junio. Ese mismo mes llevó todavía más lejos la represión, suprimió las últimas garantías procesales que les quedaban a los acusados e incluso amenazó la inmunidad de los diputados, lo cual le sustrajo sus principales apoyos, incluido el popular, muy afectado por las medidas económicas. Su posición y la del grupo que lo alentaba se convirtió en insostenible a partir del momento en que la situación militar de la República se consolidó, gracias a la victoria de Fleurus (26 de junio). Una alianza de opositores, entre ellos Carnot, Fouché, Tallien, Fréron y Billaud-Varenne, logró el control de la Convención, que ordenó su detención y la de sus más próximos partidarios. La sublevación de la Comuna en su favor no impidió su arresto –tras un fallido intento de suicidio de un pistoletazo– y su posterior ejecución en la guillotina el 28 de julio, 10 de Termidor, junto a Couthon y Saint-Just.



ROBESPIERRE

audio del programa "soltando pájaros" (por Radio Nacional A.M. 870) charla entre Atilio Bleta y el profesor Alberto Lettieri. (28/10/08)

Boomp3.com


Boomp3.com


2 comentarios:

Anónimo dijo...

La Revolución francesa, un hecho de profunda connotación histórica, y desde luego socio política ha sido la inspiración para que muchos aventureros y sicópatas traten de emular situaciones con un enfoque mesiánico destructivo, apuntalando acciones en la masa ignorante y excerbada.

Daniel Mancuso dijo...

siguiendo en esa línea, podríamos afirmar que muchos aventureros y sicópatas han tratado de emular situaciones con un enfoque mesiánico destructivo... también en las revoluciones siguientes y en las dictaduras y hasta en las democracias occidentales. Hay unos cuantos aventureros y sicópatas por ahí.

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