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miércoles, 1 de julio de 2009

EL VIEJO



El año pasado escribí lo que sigue (hasta que no se me ocurra otra cosa, cada 1 de julio, haré el ejercicio de cambiarle la fecha y re publicarlo) y quiero compartirlo...

Ese lunes, 1 de julio de 1974, estaba nublado. Esperábamos, en nuestra aula del segundo piso de la escuela nacional de educación técnica nº1 de Lanús, que llegara el profesor de no me acuerdo qué materia. Volaban algunas tizas de adelante hacia el fondo y viceversa, era una batalla muda desatada por los resultados del futbol del fin de semana: a cada burla de un lado, un misil desde el otro, para dirimir rivalidades irreconciliables. Marcelo, el preceptor, llegó y nos dijo que nos fuéramos a casa, que no habría más clases porque había muerto Perón. No hubo festejos por rajar antes, nadie dijo nada, agarramos las cosas y salimos.

Con mis coloridos 14 años, mis carpetas y mi regla T ( y mi saco blanco tiza con cuadritos negros, corbata de distintos tonos de verde con arabescos, un pantalón oxford piel de durazno rosa pálido y zapatos con plataforma marrones con puntera negra), como el resto de mis compañeros del industrial, fuimos bajando las escaleras en silencio, respetuosamente, porque intuíamos que ese nombre que no se podía nombrar delante de algunos profesores, esa palabra prohibida (que despertaba tanto odio en unos y tanta admiración, amor, respeto en otros) era algo importante.

El presidente fallecido no era cualquier presidente. Fue 3 veces elegido por su pueblo. El muerto no era cualquier muerto. Era la mitad de "Perón y Evita", las patas en la fuente, cabecitas negras y descamisados emergiendo del subsuelo de la patria sublevado, dignidad y trabajo para los olvidados, bombardeados en la plaza de Mayo, fusilados en un basural, perseguidos y proscriptos, 18 años de exilio y un retorno anhelado. Dicen los privilegiados: "es el culpable de todos los males argentinos". Dicen los humildes: "el responsable de los mejores años de nuestra vida de laburantes".

¿Se puede ser tan malo y tan bueno a la vez? ¿Por qué millones lloraron con su regreso? ¿Por qué millones lloraron por su viaje sin regreso?

Todo era silencio, las calles enmudecieron, los pájaros dejaron de cantar, los colectivos nos dejaron a pata. Fui con algunos compañeros hasta la estación, crucé las vías y llegué a casa veinticinco cuadras después. En el trayecto pensaba en mi tristeza nueva, en los pobres que lo tenían colgado en un cuadrito arriba de la cama, en mi profesora de inglés que amenazó con un uno a quien osara pronunciar la palabra maldita en su clase, en mi viejo inmigrante pobre devenido en ferroviario honorable en tiempos de juan domingo, en la marcha peronista que me ponía la piel de gallina cuando Hugo del carril aparecía en el aire del barrio, en los paredones pintados con su nombre que siempre "vuelve", en la magia poderosa de 5 letras que millones de compatriotas cantaron con el acento cambiado, hombres y mujeres simples, que lo quisieron como a un padre, vivieron y laburaron con su voz brújula señalando el porvenir deseado, murieron con su fidelidad sin fisuras en manos de los "deslibertadores" asesinos y sus intolerantes discípulos posteriores...

Mamá se extrañó al verme y su mirada preguntó qué hacía yo tan temprano. La italiana de cara buena me escuchó con atención: le conté la noticia, le expliqué la tragedia, le dije que se había apagado una esperanza, un símbolo, una bandera, que muchos argentinos hicieron volar con orgullo y por defenderla de la traición regaron antes y después con su sangre sufrida nuestra querida tierra maltratada. Me dijo, nene, yo viví esa Argentina, yo sé de qué se trata.

El "viejo" era contradictorio. Pero como Gardel, Yrigoyen o San Martín fue más que un tipo que hizo cosas para todos nosotros. Él era "el general", "el macho", "el lider", "el primer trabajador". Gobernante, estadista, procer, faro: síntesis de la historia y la política de nuestro pueblo en el siglo xx, que durante décadas nos atravesó por el medio del alma y nos dejó una huella indeleble, un resumen de la patria hecho mito, o como diría mi amigo Gustavo, "la argentinidad al palo".

Murió el viejo, y dicen que cuando muere el viejo de uno, el querido referente, la estanteria se nos tambalea y tenemos que reencontrar el camino. Hace tiempo que andamos detrás de su huella...


1 comentario:

Anónimo dijo...

conmovedor, no vivi esa época, pero es como que la vivo en tus palabras. que grande debe haber sido vivir en la época que las mayorias eran felices. gracias por compartir. saludos.
Sil.

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