Era 1993. Ya veníamos de la experiencia de "La hija del Capitán" de Valle Inclán y el grupo había demostrado que tenía mucha polenta y talento. Roberto Castro era uno más, compinche y divertido. Él sabía conducir a esa banda de delincuentes y nos propusimos hacer esta obra hiper difícil de Shakespeare. Salió bien.

Con Tamora, nuestra madre, (Norma Gagliardi), teníamos un edipo no resuelto, y eso era un condimento indispensable para componer ese trío patético.

Cón Diego Serra, mi hermanito en la obra, hicimos una dupla incríble, había escenas de mucha violencia pero nos entendíamos sin hablarnos. Nos hicimos buenos amigos.




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