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lunes, 24 de marzo de 2014

24 de MARZO







 El otro día, en el consultorio del médico, un paciente le preguntaba a la secretaría por qué era feriado el 24, ella dijo que no sabía, un tercero dijo que tampoco, me metí en la conversa y explqué: la memoria, es el día de la memoria... vaya paradoja de algunos distraídos.


Pensaba escribir algo para este 24, pero antes fui a leer al archivo del blog lo que había escrito hace un tiempo; vi que los sentimientos son los mismos cada marzo, cada día, cada recuerdo, asi que, decidí compartir de nuevo estas palabras...



En algún momento, se nos cruzó la imagen por delante de la zozobra: ¿De cuántas maneras se presentará la muerte? ¿Cuál será la que nos toque?

La dictadura cívico militar congeló esa angustia colectiva en un sinnúmero de colores gastados: el verde oscuro de los falcon tenebrosos que chupaban compañeros, el gris de los camastros metálicos improvizados como mesa de torturas, el amarillo de los ladrillos de vidrio para confundir a los prisioneros con la luz de una lamparita, el marrón de las aguas del río que tragaba los cuerpos arrojados desde las nubes, el rojo de la sangre parturienta de las mazmorras, el miedo blanco, adentro y afuera, las lágrimas plateadas de impotencia.

La violencia genocida condensó todas las muertes en una figura insustancial, los desaparecidos. Y el terror enfermó la patria. La garra autoritaria le escupió la cara y la violó a piacere y le dijo: callate puta, no te das cuenta que te estoy defendiendo, carajo.

Algunos días caminamos las calles resignados, esperando la frenada artera. Mirando para atrás, para el costado. Simulando coqueterías, buscábamos el reflejo en las vidrieras para descartar sospechosos seguimientos. Algunas noches pintamos libertades a pesar del temor al patrullero sorpresivo. A veces, creímos morir en esa pesadilla interminable. Se llevaron a fulano y a mengano, una y otra vez. El cerco nos robaba el sueño, el aire.

Ese 24 de marzo comenzó una vergüenza que se hizo grande como una bola de mierda cada marzo posterior, hasta que ya no hubo más lugar para el espanto, y las conciencias se mancharon de oprobio. No pagaron su culpa los traidores. Los asesinos tomaron sol en las playas de la impunidad. Los políticos mediocres perdonaron, indultaron y olvidaron la decencia.

Pasaron los años. Pasaron curas, obispos, jueces, delatores, camaristas, infiltrados, cómplices, panqueques, ideólogos, gerentes, empresarios, amanuenses, ortibas y canallas varios. Se reciclaron, se mezclaron, reiniciaron una nueva vida escondiendo las manos manchadas. Tiran piedras desde el balcón de la tilinguería, baten cacerolas y hacen el lock out de la abundancia. Evaden. Evaden culpas, evaden impuestos, evaden responsabilidades, evaden la cárcel.

Nosotros resistimos. Reivindicamos, recordamos a nuestros compañeros. Recuperamos la alegría. Y seguimos peleando, imaginando futuros felices, justos, dignos, a pesar de las zancadillas cotidianas.

Lo peor del caso es que sigue habiendo resabios dictatoriales atravesando el eter, sobreactúan desparramando pamplinas y lisonjas para formatear cerebros distraídos, pusilánimes, tontos.

Las madres parieron batallas silenciosas, devinieron en abuelas que parieron nietos recuperados. La democracia chueca tiene carroña todavía. Tienen poder, dinero, influencias, jueces, escribas, adulones y cipayos. Nunca estuvo más claro que ahora la oportunidad de elegir de qué lado estar. La libertad, dicen, es poder elegir. O te quedás con los demagogos de lagente, chantas, vendidos, caretas, sanateros, blabletas y mangiapapeles o te venís con nosotros.

Somos de abajo. Somos memoria y lucha. Somos trabajadores de una patria en ciernes. Aprendamos a compartir, empecemos a condolernos del dolor ajeno y dejar el ombligo para el nunca más, que no se puede pensar en todos desde un espejo.

Y después, un abrazo y caminemos hacia adelante. Bienvenido hermano, compañero, próximo, desconocido, autoconvocado que alguna vez pensaste que la política era cosa fea y hoy fuiste a la plaza, bienvenidos todos los que queremos una patria libre, justa, soberana.



Daniel 
Mancuso

4 comentarios:

Sujeto dijo...

Hermoso lo que escribiste, Daniel. Con las tripas.
Un Gran Abrazo, y a seguir por este camino, que es la única manera de realizar el Nunca Más.

Unfor dijo...

Y la verdad, es un postazo, Mancu. Que comparto de la primera a la última palabra.

Anónimo dijo...

COPIE Y PEGUE EN MI FACE, EN RALIDAD ROBE JA JA... ROBERTO DE ING.HUERGO RIO NEGRO..

Anónimo dijo...

Lo leí con la garganta apretada pero con el corazón esperanzado porque mientras palabras como las tuyas nos refresquen la memoria y la sensibilidad tenemos futuro.
Un abrazo
Marta

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