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miércoles, 1 de junio de 2011

EVITA Y MARILYN






Hoy Marilyn cumplió 85 años.

Está tan linda como siempre.

Hace un tiempo escribí unas líneas sobre 2 mujeres maravillosas.

Eva María Ibarguren tenía 7 años cuando nació Norma Jeane Mortenson. Vivían muy lejos entre sí. Una en invierno, otra en verano, y viceversa.

Cuando Evita murió, Marilyn tenía 26 años. Eran de la misma generación,
vivieron infancias difíciles, tuvieron vidas sufridas y ásperas.

Las dos se encontraron sin papá a edad temprana. Ambas fueron actrices y comenzaron a interpretar pequeños papeles en películas de bajo presupuesto.

Llegaron al pináculo de la admiración popular. Empero, Evita fue amada por Perón, mientras Marilyn no pudo blanquear su amor por Kennedy.

La M y La E fueron y son amadas por millones. Sus fuerzas y sus ternuras vencieron el tiempo y la muerte, que al final, son lo mismo.

La rubia del norte admiraba a nuestra jefa espiritual, la copiaba en cada detalle. Un día la descubrió leyendo The New York Times, y decidió inconcientemente que quería ser como ella. Gastó miles de dólares en tener cerca a la compañera peronista, aunque sea en fotos.

Luego de desclasificar unos archivos secretos de la CIA que se mantuvieron en la oscuridad durante décadas, se descubrió que Marilyn Monroe estaba obsesionada con la joven primera dama argentina y gastó casi toda su fortuna para que un fotografo experto en espionaje industrial, perteneciente a la agencia yanqui, se dedicara a seguir a la esposa de Perón, paso a paso, centímetro a centímetro, día a día.

Fue uno de los capichos que el joven John Fitzgerald concedió, moviendo sus contactos para que la rubia Norma Jeane se diera el gusto. Luego, él, cansado de sus reclamos y las complicaciones, le cortó el chorro, pero ella siguió abonando religiosamente las facturas que llegaban de Buenos Aires. Hasta quizo viajar al Río de la Plata para conocer a nuestra Evita, aunque la trituradora Hollywood no se lo permitió.

M recortaba fotos de revistas lejanas, en un idioma extraño, y las pegaba con una plasticola que no sé como se llama en inglés, en un diario íntimo que fue rematado en Christie's.

Una mañana, M lloró la muerte de su ídola. Y de a poco, casi sin quererlo, su espíritu se llenó de esperanza. Imaginaba una escalera de mármol que subía a la Casa Blanca, del brazo de su nuevo marido, el futuro Presidente de los Estados Unidos de America. Soño muchos años el mismo sueño.

M quería vestirse como E, peinarse como E, sonreír como E. Creía que las formas eran el secreto del éxito y seguía a rajatabla todos los movimientos de la argentina más querida. M no entendió que lo que sostenía a E en la cumbre de los odios y pasiones era su interior volcánico que clamaba justicias colectivas, su amor incondicional a los desposeídos, su desinterés por sí misma, su indignada llama revolucionaria.

Y cuando lo entendió, cuando sintió el vació que le regaló la fama y el éxito fatuos, ya era tarde, y sobredosis de barbitúricos o crimen mafioso mediante (para el caso no importa demasiado) su vida se apagó en una profunda depresión.



























































Evita y Marilyn, dos rubias que no son TARADAS. Las amo profundamente. Son "la mujer" que perseguía en mis sueños adolescentes. Son la antítesis del OBJETO SEXUAL que nos impone la televisión. Tal vez, si tenés más de 35, 40 años, me entiendas.



















Daniel Mancuso






4 comentarios:

Sujeto de la Historia dijo...

Excelente Daniel.
No conocía esta cuestión de Marilyn Monroe respecto a Evita, realmente muy interesante.
Un Abrazo

Daniel Mancuso dijo...

Gracias Sujeto, pero es una ficción muy cercana a la realidad. Abrazo

Anónimo dijo...

Increíble, suponía que no sabían una de otra, sobre todo porque Evita estaba inmersa en una lucha sin cuartel por su pueblo y Marilyn por una lucha sin cuartel por ser feliz, objetivo que Evita sí consiguió. Tampoco sabía de la inmensa admiración de Marilyn por Evita y su deseo de haberla conocido. Triste y emocionante al mismo tiempo. Trágicas y tempranas muertes en los dos casos. Ninguna de las dos será olvidada: las dos por su dulzura. Evita por su fortaleza, Marilyn por su frágilidad emotiva. Las dos por su pasado muy luchado. Gracias, Mancuso. Por favor, no dejes de pasarme más comentarios sobre ellas. Mi correo es maximiliano990@yahoo.comm.ar. Gracias, de nuevo.

Anónimo dijo...

Otra más: Cristina es nuestra Evita y nuestra Marilyn. No la abandonemos. Ella es nuestra Reina Cristina. Acordate: maximiliano990@yahoo.com.ar

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