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domingo, 4 de julio de 2010

EL INFIERNO DE CLARÍN



Un Reliverán ® Sublingual y adelante. Leemos Clarín con nausea y tristeza, pero es el deber patriótico que nos mueve a desenmascarar la ignominia monopólica.

¿Cuánto gana Eduardo Van Der Kooy? Debe ser una cifra envidiable la que paga el Grupo Clarín al conocido periodista estrella. Sin embargo, a pesar de la cifra bochornosa que recibe, sus notas son de una muy baja calidad intelectual, poca investigación y muchas palabras clave, muletillas impuestas desde el Monopolio para denostar al gobierno nacional, y poca imaginación.

Escribe lo mismo que Ricardo Kirschbaum, Editor General de Clarín: quien titula: Entre derrotas y presiones. Idénticos adjetivos, los mismos sustantivos. Una matriz estipulada desde el bunker de la calle Tacuarí para bombardear a mansalva la "opinión pública", intentando domesticarla. Desesperación corporativa.

Son las mismas "ARMAS" las que empuña Julio Blanck, que titula su libelo: De las palizas en el Congreso a la débil guerrita con Sarkozy. Todos términos militares. Todo batalla comunicacional.


Volvamos al holandés Van Der Kooy, contemos los términos beligerantes y negativos de su prosa "desinteresada" e "independiente" que lleva como encabezado: Derrotas y decepciones para los Kirchner...
















  • Eduardo Fellner es un hombre agobiado. El titular de la Cámara de Diputados estuvo al borde del llanto cuando la sesión del miércoles se convirtió en un infierno a raíz de la pelea por difundir o no el testimonio del ex embajador en Caracas, Eduardo Sadous.

    Agustín Rossi, el jefe del bloque kirchnerista, ha dejado de ser el hombre medido y respetado, incluso por sus adversarios. Anduvo vociferando contra la oposición, fuera de sí, a la que acusó de trabajar a sueldo del diario Clarín. Cuentan en el Senado que Miguel Angel Pichetto, también jefe kirchnerista, está irascible e intratable y que repite argumentos políticos que ni sus pares suponen fiables.

    Es cierto que el oficialismo está atravesando semanas difíciles en el Congreso, pero aquellos dirigentes tienen la piel bien curtida como para perder las chavetas por una derrota más o un triunfo menos. Tal vez al desborde temperamental haya que explicarlo desde otro lado: Néstor Kirchner, sobre todo, y Cristina someten a aquellos kirchneristas a un suplicio cotidiano. El modo en que fue despedido del Gobierno Jorge Taiana, acusado por la Presidenta de deslealtad, caló fuerte en el ánimo de ministros y legisladores.

    Muchos kirchneristas se trastornan porque no logran quebrar la dependencia psicológica con el matrimonio o porque, a esta altura, ya consideran hipotecados sus propios capitales en la plaza política de los Kirchner. Aníbal Fernández, en cambio, se sostiene como una excepción dentro de aquel clima enturbiado. Repite como un parlanchín, anclado en su convicción rastrera, aquello que sólo agrada a los oídos de los Kirchner.

    Fellner se vio forzado desde Olivos a ensayar un ardid con Rossi para intentar desbaratar los planes de la oposición. Incluyeron de prepo en la agenda parlamentaria del miércoles pasado un debate acerca de si el testimonio de Sadous debía ser divulgado, como reclamó Héctor Timerman. De paso, persiguieron otro aplazo para la sesión del Consejo de la Magistratura. Nada de todo eso salió bien. Después de una batahola verbal, la oposición resolvió enviar a comisión el pedido del canciller tras ganar la votación. Por un amplísimo margen, también, se otorgó media sanción a la reforma de la Magistratura.

    Los Kirchner bramaron por esos traspiés. Se habían habituado, aún en la desventura, a forzar o a trabar al Congreso. Basta recordar la cantidad de leyes que hicieron sancionar luego de la derrota legislativa del 2009, entre junio y diciembre, cuando recién se cristalizó el cambio de mayorías en Diputados y el Senado. En los primeros seis meses del 2010 lograron sacarle jugo a la impotencia de la oposición. Pero una sucesión de leyes aprobadas, o medias sanciones, está empujando al matrimonio hacia el rincón menos deseado: la aplicación, quizá, de los vetos.

    A lo que mas temen, es a un par de proyectos que la oposición parece tener entre ceja y ceja. Uno es el 82% móvil para las jubilaciones mínimas. Más allá de la consistencia que pueda tener la propuesta, al Gobierno le costará explicar una cosa: cómo argumenta que no tiene fondos mientras con frecuencia mete mano en la ANSeS para financiar sus políticas.

    La otra amenaza apunta sobre el INDEC. Aquí habría una triple mala noticia para el Gobierno. La oposición impuso el dictamen que impulsa la normalización del organismo en 150 días. Sucedió en el Senado, donde el kirchnerismo tiene mayor margen de acción que en Diputados. La firma decisiva para imponer aquel dictamen correspondió a la senadora Adriana Bortolozzi, que cada día parece más lejos de las orillas oficiales. El INDEC es un bastión del relato económico que hacen los Kirchner.

    La presión opositora, sin embargo, no está induciendo al matrimonio a buscar otros caminos que no sean los de la confrontación. El ex presidente ha dicho que si es necesario vetar leyes, se vetarán. En esa carrera descontrolada continúan sin respetar límites ni escrúpulos.

    La Cámara Comercial anuló una resolución de la Comisión Nacional de Valores contra Papel Prensa en la cual denunció supuestas irregularidades. La CNV está manejada por Guillermo Moreno. Aquella resolución apuntaba a convertirse en fundamento para que la Justicia actuara contra directores de la empresa y directivos de los diarios La Nación y Clarín. Con ese propósito no dudaron en embretar, incluso, a funcionarios que representaron al Estado en Papel Prensa. A Alberto Fernández, el ex jefe de Gabinete, que renunció en el 2008. Al todavía ultrakirchnerista Dante Dovena y a Beatriz Paglieri, que responde al secretario de Comercio, y actuó como policía política cuando el Gobierno se apoderó del INDEC.

    La fobia contra el periodismo podría terminar estropeando algunas causas de valor que la Argentina ha sabido construir una vez que desanudó la dictadura. Resulta difícil rebatir que la política de derechos humanos, con avances y retrocesos lógicos de cada circunstancia, es uno de las pocos asuntos de Estado que no se desvanecieron después de que Raúl Alfonsín le dio en 1983 el primer envión con el juicio a las Juntas.

    Aquellas dudas afloran por el sesgo que toma el caso de los hermanos Noble Herrera, los hijos de la directora de Clarín. La utilización política de ese caso comenzó en los 90, durante la presidencia de Carlos Menem. Pero cobró una intensidad llamativa desde que Cristina arribó al poder.

    El Banco Nacional de Datos Genéticos, que depende de la Presidencia, informó la semana pasada que no pudo determinar el ADN de los hermanos Noble Herrera, en la causa donde se investiga si son hijos de desaparecidos. Y que, por tal motivo, no puede proceder a la comparación con la base de datos.

    La crónica del caso señala que los Noble Herrera se sometieron a una extracción voluntaria de sangre por parte de los peritos del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema. Luego los jóvenes debieron entregar efectos personales tras un sorpresivo allanamiento judicial en sus casas. En otra ocasión, después de una insólita persecución policial dispuesta por la jueza Sandra Arroyo Salgado, fueron llevados hasta la casa materna, donde debieron entregar su ropa, también la íntima, a peritos del BNDG.

    Resultaría difícil desprender de esa descripción muchas conclusiones. O habría una marcada ineptitud del BNDG en la administración del caso o, tal vez, se estaría tratando de ocultar la ausencia de coincidencias con los mapas genéticos de familias de desaparecidos.

    Las reacciones del Gobierno estarían intentado disimular que algo pudo haber fallado. Florencio Randazzo habló de negación de los Noble Herrera a que se tomen muestras de ADN cuando, en verdad, accedieron en tres oportunidades. Julio Alak mencionó la falta de una prenda interior de uno de ellos como determinante de la imposibilidad de establecer la matriz genética. Todas las demás prendas íntimas les fueron retiradas a los hermanos y no se logró reconstruir el mapa de ninguno de los dos. El más fabulero fue, como siempre, Aníbal Fernández. Explicó que la ropa de los Noble Herrera habría sido usada por otras personas para contaminarlas, en una maniobra por convertir a los hermanos en culpables cuando son víctimas de un caso político.

    La disputa con los medios de comunicación es la prioridad de los Kirchner en este tiempo. Se entienden las tensiones y refriegas de una convivencia traumática entre el periodismo y el poder, aquí y en el mundo. Pero la intención de los Kirchner pareciera ser la de homegeneizar el pensamiento oficialista y devastar el resto. Una lógica parecida a la que imprimieron, en su momento, a la puja con el campo que diezmó su poder y abrió una gran brecha con la sociedad.

    Esa brecha significa ahora para el matrimonio un dilema. ¿Cómo podrá superar el 25% de intención de voto que exhiben todas las encuestas? ¿Cómo podría escalar hasta el 40% y especular con 10 puntos de ventaja sobre el segundo para evitar el balotage fatal? Kirchner hace esfuerzos para reagrupar al peronismo firmemente desmembrado.

    Esa carencia ayuda a explicar, en gran medida, la decisión de Cristina de confirmar las elecciones internas abiertas y simultáneas que aprobó el Congreso el año pasado. Ahora falta su reglamentación, en la cual podrían tramarse emboscadas. Kirchner necesita que el PJ participe de esas elecciones para alimentar el sueño de aquel 40%.

    Los disidentes desconfían, al margen de gestos y correos especiales que despacha el matrimonio. Ese peronismo prefiere evitar, por ahora, una definición. Antes de resolver su participación en internas debe definir candidaturas y alianzas. En un mismo campamento están Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Mario Das Neves y Francisco De Narvaéz. En un campamento aledaño aguarda Mauricio Macri.

    Ocurre además una contradicción que los ahuyenta. Kirchner amaga con abrirle sus brazos. Pero enseguida los maltrata. Duhalde, dos veces, y Solá padecieron escraches promovidos por huestes kirchneristas.

    Kirchner, aún en la necesidad, no logra concebir a la política huérfana de la prepotencia.



Los 3 editoriales clarinistas del domingo desinforman. Omiten información veraz, tergiversan datos e invisibilizan hechos. Tres baldes de basura periodística en la cloaca mediática de la corneta que agoniza. Un sinnúmero de palabras soeces que transforman la lectura en una enfermante tortura. Sobreactúan en una película de terror clase B que no asusta a nadie. Alguien, por favor, que les avise que el Tren Fantasma era más excitante que sus editoriales de cuarta.

Los 3 son soldados de Magnetto y Ernestina Herrera viuda de Noble. Los 3 son cómplices del horror. No los vamos a olvidar...

Daniel Mancuso

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