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martes, 12 de enero de 2010

LAS CLAVES DEL ODIO



La victoria más aplastante que obtuvo la dictadura genocida del '76 no fue el tendal de muertos y desaparecidos que hirió salvajemente nuestra historia reciente, sino el miedo recurrente que impregnó de desconfianza e individualismo corrosivo a la sociedad toda.

La batalla sicológica se inició en sincronía con los cuerpos mutilados por los bombardeos de la Plaza de Mayo. Las secuelas autoritarias y fascistas de los golpes de Estado siguen haciendo estragos en la sociedad argentina, a pesar de los años transcurridos.

La defectuosa democracia posterior, manchada de neoliberalismo e injusticias flagrantes terminó de deshilachar la trama social de una Argentina repleta de problemas sociales irresueltos. Del no te metás pasamos al nihilista que se vayan todos. Luego de varios años de recuperación inconclusa, y a pesar de innegables logros sociales y económicos, se alzan algunas voces disconformes: andate conchuda... gritan azuzados por los opinadores del establishment y los malos augurios de los mediocres.

Constante bombardeo calamitoso, malas noticias a troche y moche: Es defícil resistir si no se tienen elementos sólidos de formación política, social e intelectual para contrarrestar la mala leche desinformativa. Si no estás confundido es porque la tenés clara o sos sordo y ciego.

Entonces, superando la ficción de los culebrones caribeños, una parte de la sociedad ve con malos ojos la protesta social, los reclamos gremiales, la intervención del Estado en zonas acaparadas por la garra privatizadora, la imagen del gobierno. La mentira se enseñorea de las conciencias tilingas.

La oposición política hace muchos años, desde 2003, intenta encontrar una hendija por donde debilitar la política oficial. Como no tiene propuestas superadoras, pergeña una destitución "democrática" aprovechando la furia clasemediera, arman operaciones políticas destituyentes, unen fuerzas con los multimedios, los sectores corporativos, agrogarcas, golpistas, cipayos advenedizos y lamebotas miserables.

¿Qué le pasa a la gente que sostiene a un vicepresidente traidor adentro del gobierno? ¿Cómo bancan al jefe de la oposición boicoteando a la Presidenta desde adentro? ¿Sería posible un caceroleo intimando a Cobos a que renuncie? NO POSITIVO.

¿Qué pasa dentro de la cabeza de esa señora que pide pena de muerte para los ladrones adolescentes? ¿Odio, resentimiento, miedo?

¿Es una buena madre quien declara en una nota callejera: "deberían haberlos matado a todos"? Pero señora, ¿usted se refiere a la dictadura? "NO, no fue una dictadura, fue una guerra, dictadura es ahora, con ésta que tenemos...".

Lo peor de todo es que ¿uno se acostumbra?, en el barrio, el colectivo, un negocio cualquiera: "otra vez esta...", iba a decir guacha, turra, hija de puta, pero se contuvo porque estaba yo (un cliente), cuando apagó la radio de su ferretería para no escuchar a la Presidenta.

¿Reaccionaban igual con Cavallo, con Menem? No, a ellos los escuchaban, pará pará a ver qué dice el ministro, pará pará que dirá el tipo más piola de la Argentina... con vaselina y una sonrisa ¿nos cojieron y no nos dimos cuenta?

La clase media no repara en que los opositores que hablan por televisión y critican y critican ya fueron gobierno, se tuvieron que ir antes de terminar el mandato y remataron el país, hicieron todo mal. Hay una aceptación pasiva de los mensajes, informes y conclusiones que ven y escuchan a través de los medios de comunicación.





Desde el punto de vista económico, la clase media es un bocado apetecible para los medios, la publicidad y las empresas, en síntesis: el mercado...

« ...En las conclusiones de un documento del Grupo CCR se enfatiza la importancia de "recuperar el imaginario de clase media", como estrategia de marketing para el diseño y la comercialización de productos, dado que —recalca— "la clase media es parte sustancial en la construcción de la identidad argentina" y "está en el ADN de nuestra sociedad".

» Con respecto a la trasposición de clases, tiene dos observaciones para explicarla: "la autoclasificación como clase media es una constante aun en tiempos de crisis y especialmente en estabilidad"; y "el capital cultural sobrevive a la pérdida del capital económico".

» Esto último alude particularmente a la crisis de 2001 y sus efectos sobre la sensibilidad del colectivo social. Y a este respecto tiene frases significativas: "En la Argentina, dejar de ser de clase media, implica prácticamente dejar de ser" y "esto explica el caracter de ruptura que tuvo la crisis de 2001".

» Es así, en razón de que "al caer el paradigma de la movilidad social, caía gran parte de la identidad de nuestra sociedad". Ello "marca claramente la profundidad de la desesperanza" ya que son "casi extranjeros en su propia tierra"... ».


Quizás haya otras explicaciones, algún indicio que nos permita ver la luz. Ezequiel Martínez Estrada decía en La Cabeza de Goliat, de 1940:

« ...En vano se ha dejado para desahogo de la conciencia, más bien que para respiración de las construcciones, esos pedazos de plazas y parques como ofrendas a la naturaleza. Esa naturaleza en la ciudad es de la misma calidad de nuestra esclavitud y lo que el pájaro en la jaula: un simulacro de verdad y de la gracia. En perpetua propensión a la demolición y a la fuga, el hombre urbano que es por excelencia el cazador, el destructor de vida, obedece a su viejo, inextinguible instinto depredatorio.

» Pero también la ciudad puede haber sido una invención saludable, especie de trampa contra la fiera peligrosa. El ansia de extinción y crueldad que hizo a las ciudades, allí mismo se apacigua. Las ciudades, como el mar, son cazadoras de hombres tremendos. Gracias a las ciudades la humanidad ha podido seguir existiendo, como gracias a las cárceles se vive en relativa tranquilidad. Por lo menos se confía en que en las cárceles están los criminales y en los manicomios los locos. Suelto, en una vida libre, en la de la Edad del Bronce, por ejemplo, el ulterior zoo político habría necesitado apelar a formas de violencia inauditas. Habría atentado contra la especie, mientras que con la formación de las ciudades sólo atenta contra las poblaciones. La ciudad le suminstra el alimento cotidiano para saciar su sevicia. En una gran ciudad hay diez mil pararrayos en qué descargar la crueldad. Si tiene pájaros en su jaula, y si vive en una casa de muchos departamentos; si en su oficina hay muchos hombres como él, atados de pies y manos; si sus hijos van a la escuela y si el gato deja que jueguen con él, puede llegar a ser un ciudadano pacífico, de orden, feliz.

» Y es que la ciudad, la cárcel que él inventó como un acto de cautividad inconsciente de una vez y para siempre, para sus enemigos y para todas las generaciones de sus enemigos, lo atrapó a él y a sus descendientes. La ciudad crea ciudadanos y no hombres, como la selva pájaros y no jaulas. Una forma de pensar, sentir y obrar tiene la forma de la ciudad, que ha devenido un claustro materno en que se gesta la vida. Hay hijos legítimos e hijos bastardos de la ciudad.

» Pero el ciudadano conspicuo, el hijo legítimo de la ciudad, ¿no es el destructor por excelencia, terrorista y tirano? ¿No salen de ahí los operarios del diablo, que trabajan para la guerra? ¿No quieren matar a sus progenitores? Acaso lo que buscan es, simplemente, la destrucción de la ciudad y de los seres civilizados en un rencor tan viejo como las viejas ciudades, contras su padres arcaicos, los constructores de recintos amurallados. La guerra actual lo demuestra. Así la ciudad, después de haber absorbido al "hombre terrible en libertad", mata al "hombre terrible en cautiverio". Toda ciudad desea su propio fin, y la vesania de la guerra, que nace en las ciudades perfectamente disciplinadas, es el corolario de la vida cotidiana, de guerra en la paz.

» ¿Y qué seres se habrían salvado en virtud de ese suicidio de los presidiarios?, ¿la humanidad, la civilización?

» Ahora cae la noche y han encendido lámparas en las casas de enfrente. La sombra de la ciudad penetra hasta mí. Siento soledad alrededor, también un poco de frío » .





Hubo un tiempo en que los hijos de la clase media ofrecieron su amor y su vida para cambiar las cosas que estaban mal y construir un mundo mejor, querían subvertir lo podrido. En algunos casos, a pesar de la oposición de sus propias familias, esos héroes anónimos intentaron remar contramarea. Sufrieron cárcel, torura y muerte. Sin embargo el sentido de sus ideas, actos y emociones sigue intacto. Hoy, la corriente opositora quiere llevarse todas las conquistas alcanzadas con tanto esfuerzo, quiere arrasar y disciplinar las conciencias. Habrá que evitarlo para no volver a los infiernos conocidos. Es la deuda que tenemos con los que no están, es el compromiso para con los que vienen...



Daniel Mancuso


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por Dios, me quedo mirando ese cartel y realmente que se puede comentar, ¿es que algo podemos esperar de esa gente,? de esa niña tan fina que lo sostiene, ¿sabrá quién es Chavez? o se deleita en la otra palabrita, seguramente que en su casa se habrá cansado de escuchar como sus papitos descalificaban a Maradona por lo grosero que fué.
¡que barbaridad! esa vaquita pintada deberían cambiarla por un burro. que es lo que mejor los representa.

Anónimo dijo...

Si, Mancuso, y es el mas grande compromiso con nosotros mismos, nadie hará por nosotros nada mejor que nosotros mismos, el que tiene convicción no es fácil de engañar pero si es engañado, más temprano que tarde tendrá su recompensa,dijo Jesús pobre del que haga tropezar a uno de los míos, así debemos de proceder, y al que no quiere escuchar que no escuche, y el que no quiera ver que no vea, pero si así procede, mejor que se calle la boca y no hable pavadas. Solamente que deje hacer a los que saben,y se esfuerzan y producen. un abrazo.

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