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domingo, 16 de noviembre de 2008

LOS MAPUCHES








“Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.”

Artículo 75, Inciso 17 de la Constitución Nacional.


Todos sabemos que el artículo 75 de la Constitución Nacional no se cumple, al igual que muchos otros... y ese es un problema grave.



Sin dudas, que la opinión de los mapuches hará ruido en nuestras conciencias, porque a veces, nos ponen a todos como enemigos de su tierra y su cultura. Si yo fuera mapuche pensaría lo mismo: "Llevamos casi 200 años contra este Estado racista y opresor. Invisibilizar nuestra existencia, nuestra cultura, nuestros derechos y nuestra lucha, ha sido siempre política de Estado, en una Argentina enteramente eurocentrista" afirman. Sin embargo hay muchos puntos de contacto entre ellos y nosotros. ¿Podrá llegar el día de una convivencia armónica entre culturas tan diferentes?


Carta del
Frente de Lucha Mapuche y Campesino
al Periodista Eduardo Aliberti
:

lunes, 28 de mayo 2007


A PROPÓSITO DEL CONFLICTO DE REPRESAS EN EL RÍO CORCOVADO, Y EL RECLAMO DE RESTITUCIÓN DE LA VERANADA COMUNITARIA Y OPOSICIÓN AL TRAFIPÁN 2000 EN LA LOCALIDAD DE RÍO PERCEY.

Reciba nuestros cordiales saludos desde las comunidades mapuches y campesinas que conforman nuestro Frente de Lucha. Hemos escuchado con mucha atención el desarrollo del programa que se trasmitió en el estudio de Radio Nacional de Esquel el pasado 19 de mayo (2007), en el que pudimos comprobar una vez más, a lo largo de nuestra historia, cómo se deslegitiman nuestros reclamos, y cómo todas las voces del oficialismo están ocupando lugares estratégicos en la comunicación, confunden, mienten y esconden, irrefutables verdades, tal cual les manifestó el señor Luis Levilao, cuya ambigüedad periodística, favorece a los gobiernos locales de turno. Refiriéndose al conflicto Paillacan-Tinelli, “hay verdades a medias”, dijo.

Las mentiras son construidas y sostenidas desde el poder. Es por eso que deseamos aclarar de qué se trata este conflicto, quiénes son los protagonistas, y cómo se siembran dudas, en donde sólo hay certezas, y cómo afirman mentiras disfrazando las verdades.

PRIMERO. La comunidad Paillacán se asienta en lo que hoy se conoce como Río Percey hacia finales de 1800. Una vez intalados allí, comienzan a refugiar a otras familias mapuches perseguidas durante el genocidio por parte del Estado Argentino sobre nuestro pueblo. Llegan pidiendo lugar en el lof, los Trafipán, Millacán y otros. Pero también llegan criollos, tales como las familias Fonseca, Díaz, Cifuentes, todos ellos reciben la hospitalidad de los Paillacán, quienes les permiten ocupar las tierras. Con el correr del tiempo la población se multiplica y la comunidad define un perfil campesino, desdibujándose su identidad. Sin embargo, a pesar de la pérdida de su cultura, la raíz y la memoria histórica de quiénes son, y de dónde descienden, no se ha perdido.

Desde allí se paran como mapuches, a exigir la restitución de sus tierras. ¿Puede alguien negar su derecho a la autoafirmación de su identidad y por ende, sus derechos ancestrales sobre las tierras? Tierra que hoy está en manos de un funcionario alemán, Gunter Bessold con 2500 hectáreas, y del empresario argentino Marcelo Tinelli, con otras 2500 hectáreas.

SEGUNDO. Estas tierras que reclaman los Paillacán son veranadas de uso colectivo. Allí pastorean los animales. Cuando el historiador local Jorge Oriola, asegura que nunca hubo acceso a estas tierras, muestra un total desconocimiento de la historia de este lugar. Siempre usaron estas tierras, no sólo en el acopio de la leña, sino también en el pasaje de los animales, ya que es imprescindible rotar y dejar descansar la tierra para no agotarla. Esto también es sabiduría de nuestro pueblo.

TERCERO. Cuando Luís Levilao asegura, casi desdeñando el reclamo, que allí nunca vivió nadie, es una obviedad, ya que son tierras altas, y permanecen gran parte del año cubiertas de nieve. La comunidad no las reclama para hacer viviendas sino para pasar animales. Es una forma de estar en armonía con la mapu. Si no hay tierras para cultivo y para el ciclo rotativo, las tierras bajas, en donde la comunidad tiene su vivienda y animales, se agotan, se empobrecen. Lo que se traduce como un lento exterminio social, económico y cultural tal cual se ve, hoy en día, en Río Percey, donde la población tan amontonada parece más un barrio marginal, que una comunidad rural, sin perspectivas de futuro para los jóvenes.

CUARTO. En cuanto al Trafipán 2000, el pretendido mega proyecto turístico, está plagado de interrogantes que el Gobierno prefiere ocultar. Si es verdad que el señor Marcelo Tinelli no tiene participación directa o indirecta en el mencionado proyecto, en el caso de llevarse adelante, ¿a qué arreglo llegarán con el empresario?, ya que se vería afectado por ser habitante de la superficie afectada. Él es el único privilegiado con título de propiedad, mientras que la comunidad espera, gobierno tras gobierno, que algún funcionario tras más de un siglo de asentamiento, les reconozca sus tierras y les entreguen título de propiedad. Él, como poseedor puede oponerse jurídicamente al proyecto, su campo sería el acceso necesario para llegar al Centro de Esquí, los fiscaleros, a la hora de hacer valer sus derechos, quedan desprotegidos.

QUINTO. Si en verdad ya el proyecto no existe, solo anida en la imaginación y en los miedos de un puñado de pobladores, ¿por qué el Estado Nacional y Provincial rápidamente se organizan tras la denuncia pública del problema, invadiendo la comunidad con el desarrollo económico basado en el turismo? Una comunidad históricamente agrícola y ganadera es incentivada al nuevo espejito de colores, “el turismo”. Los jóvenes de la comunidad en la escuela reciben capacitación, becados previamente, para convertirse en futuros guías de turismo, las mujeres son incentivadas para fabricar dulces y más productos de futura venta al turismo. Todos los organismos del Estado están articulados para generar disolusión del conflicto, con cómplices necesarios, como el Programa Social Agropecuario, el INTA, la Municipalidad, Turismo y otros, persuadiendo a la comunidad y fragmentándola.

Por supuesto, los medios de comunicación locales han cumplido una función cómplice con el poder. Jamás han entrevistado a los protagonistas. Sólo se escuchan las voces oficiales. Nunca han hecho una investigación sobre el tema con testimonios de la gente involucrada. Es censura y proscripción solapada hacia algunos luchadores mapuches de nuestra organización. Tampoco se ha informado sobre el impacto social, ambiental, económico y cultural que traería un proyecto como éste. Lamentablemente, Radio Nacional Esquel es el único medio radial que se escucha en la zona, reproduciendo una mirada hegemónica de los acontecimientos. Hay mucha más información que desearíamos proporcionar, sin embargo esta carta sería extensísima.

El otro tema que nos preocupa e indigna, de cómo fue tratado en su programa, es el conflicto de represas en la localidad de Corcovado, ya que seremos los damnificados directos por el proyecto. Hemos caminado la zona por donde se hará La Elena, la primera de las seis represas, que aunque el Gobierno lo niegue pretenden hacerlas. ¿De dónde sacó Levilao la mentira que es una zona árida y pedregoza? Es obvio que no ha estado jamás en el lugar, que repite los dichos al intendente de Corcovado, principal interesado en que el proyecto se haga. Afortunadamente, contamos con varios informes elaborados por distintos sectores que acompañan nuestra activa defensa del río, entre ellos, académicos de la Universidad del Comahue, quienes sí visitaron junto a nosotros el lugar afectado, también se ha elaborado un artículo en la revista “Energía que destruye”, de la Coalición Ríos Vivos, Programa Argentina Sustentable y Cono Sur Sustentable, y un informe especial sobre el tema, de la organización Amigos de la Tierra Argentina. Ponemos a su disposición este material como los contactos que crea conveniente para nutrirse de información.

Finalmente lamentamos, que su programa haya contribuido a seguir reproduciendo las voces oficiales, y que la producción de su programa no se haya esforzado en sentar frente al micrófono a los verdaderos protagonistas de las luchas de los conflictos que hoy se están dando en esta Patagonia ya casi rematada, asumiendo como interlocutores a estos varios verdaderos camaleones de la comunicación, ayer menemistas y hoy devenidos a kirchneristas. No se engañe. La libertad de espresión en los medios locales no existe. Los que luchamos lo sabemos bien. Un periodista que desconoce un tema y opina de él, es un irresponsable. Invisibilizar nuestra existencia, nuestra cultura, nuestros derechos y nuestra lucha, ha sido siempre política de Estado, en una Argentina enteramente eurocentrista. Llevamos casi 200 años contra este Estado racista y opresor. Todos sus artilugios comunicacionales no les servirá para ocultar la esperanzadora insurgente rebeldía del pueblo, el heroico pueblo mapuche, que no solo es palabra, es acción, dignidad, memoria, dolor, valor y vida.

Por eso decimos No al Trafipán 2000. No a las represas en Corcovado. Pero estos No, albergan los muchos Sí con que nuestro pueblo defiende la vida, la relación circular y armónica con la naturaleza, la autoafirmación de nuestra identidad, el derecho al territorio y la reconstrucción de nuestra cultura.

Desde la Cordillera Sur. Por Territorio, Justicia y Libertad.

¡Marici Weu!
Por cada uno que caiga, diez se levantarán.

Frente de Lucha Mapuche y Campesino.
frentemapucheycampesino@yahoo.com.ar






Ser Mapuche:

27-06-04
Por Miriam Libertad Djeordjian


"Ser Mapuche es aquel que vive la tierra desde la pertenencia a ella". Moira Millan.

Así es casi siempre. Entrevistas, llamados, encuentros, reuniones... Aprovecha cada segundo de su tiempo en la gran ciudad antes de volverse a su amenazado paraíso en la cordillera patagónica. Entre denuncias y declaraciones, también se hace un rato para resolver asuntos de la cotidianidad, como proveerse de cereales y legumbres para tener en la despensa comunitaria. Así nos encontramos con Moira, después de unos días compartidos en el Primer Congreso de Educación Ambiental, no ya en Embalse, Córdoba, sino por el barrio de Liniers, y mezclando un poco de luchas, granos, complicidades, especias y sueños.

-Estamos con Moira Millán, "Mapuche, sexy y combativa"...

-Bueno... ¡empezamos muy mal la nota!

-¡No te enojes! Te traigo el título desafortunado y sexista que "Hecho en Buenos Aires" puso en tapa al publicar la entrevista que te hicieron...

-Esa nota, en realidad la hizo una chica que está muy comprometida con la lucha mapuche o al menos eso parece. Ella estuvo viviendo en nuestra comunidad, y me pidió permiso para publicar la nota en "Hecho en Buenos Aires". Yo vivo a miles de kilómetros de Buenos Aires, a 100 kilómetros de la ciudad donde puedo acceder a una revista y enterarme de lo que pasa con las entrevistas que doy. Vivo en medio de la cordillera y me vine a enterar dos meses después que esta revista había largado como título de tapa eso de "Sexy y combativa". Me pareció una degradación de mi persona, me dolió, me ofendió, le vació sentido a la entrevista. Ya de entrada la tapa lo que hace fue frivolizar algo que es muy profundo y trascendente. Y además quiero que alguien me explique lo que es ser sexy, porque no lo termino de entender. Creo que se trata de cosificar a las mujeres y convertirlas en un producto vendible en las estanterías del mercado. Y una, justamente lucha por destruir ese estereotipo, y más desde la tierra y desde mi identidad como mujer mapuche. Para mí es repudiable la tapa de esa revista. Espero que los buenos lectores hayan sabido discernir entre la tapa y el contenido de la nota.

-¿Como es hoy en día ser mapuche?

-Mapuche significa "gente de la tierra" y ser mapuche es ser parte, pertenecer a la tierra. Y a partir de ello se desarrolla el pensamiento filosófico de nuestro pueblo, esa relación armónica y comunitaria con la naturaleza. La palabra mapufungun, en el habla de la tierra, significa todo el vínculo comunitario que no se extiende sólo a la familia, sino también al árbol, al río, a la montaña, porque ellos son parte de la comunidad, son elementos con los que se convive, que serían nehuenes, fuerzas, y el mapuche es una fuerza más. Entonces, ser mapuche es aquel vive la tierra desde la pertenencia a ella. Antes ser mapuche era solo pertenecer a un pueblo, ahora se ha convertido en toda una ideología.

-Desde esto que expresas, me gustaría que nos cuentes sobre la reciente formación del frente de lucha campesino-indígena, porque desde esta concepción un campesino puede llegar a ser "gente de la tierra" aunque no haya nacido en la Araucania.

-Ahora hay muchos mapuches escandalizados por esto del Frente Mapuche-Campesino porque dicen que están fragmentando al pueblo mapuche entre urbanos y campesinos, y otros dicen "la lucha campesina nada tiene que ver con la mapuche", o que abrazar la lucha campesina es restarle identidad a nuestra lucha como pueblo ancestral...

Este frente y lo que planteamos no tiene que ver con este paradigma. Nosotros, el pueblo mapuche, milenario, con toda nuestra identidad cultural, nuestra espiritualidad, con nuestro mapufungun, se reafirma y se asume en esa pertenencia a la tierra y en esa pertenencia cultural. Pero empezamos a ver la necesidad de amalgamarnos con otros pueblos, otros hermanos, con los que no son mapuches, pero que son gente de la tierra, y que también desarrollan una toda filosofía en torno a ella. Entonces distinguimos entre campesino y pequeño productor.

-¿Cual sería la distinción?

El pequeño productor produce de la tierra según la demanda del mercado, cultivando intensamente: puede ser soja, fruta fina, tulipanes y no piensa si los fertilizantes o pesticidas le hacen mal.

-Esto sin importar si es una hectárea o son mil...

No, claro, es la forma de operar y ver la tierra como mercancía utilitaria calculando la rentabilidad es una misma. Ese pequeño productor mañana se puede convertir en un gran productor o un montsanto; hoy no lo puede hacer porque su situación es otra, pero aspira hacia ello. Mientras que el campesino tiene una relación más de autosuficiencia, más armónica, de diálogo, más filosófica... Un campesino no responde a las necesidades del "mercado" para adquirir dinero, sino a la necesidad de su propia subsistencia, y al mismo tiempo su vida se plantea a partir del respeto al lugar donde está. Cría algunos animales, tiene diversificación de cultivos, hace trueque con otros campesinos, con los mapuches. Hacemos esta salvedad porque son diferentes y ahí es que nosotros creemos posible amalgamarse, que es posible luchar y plantear un nuevo pensamiento.

Mientras hablabas, pensaba en que varias teóricas feministas y mujeres de la espiritualidad femenina, establecen un quiebre histórico en el momento en que el ser humano se empezó a pensar como distinto de la naturaleza, ya no como parte, dejando de ver a la naturaleza como una "madre nutricia" sino como una "amenaza", como fuerzas indomables que se debían someter, y en los últimos siglos, como una fuente de recursos y pura mercancía. Y con esto las ecofeministas establecen un paralelo simbólico entre este proceso con la naturaleza y la dominación de las mujeres por los varones, pensadas como parte de esa naturaleza a someter. Desde acá te pregunto, ¿cómo ves la relación entre varones y mujeres dentro de la comunidad entre mapuches?

Primero, antes de contarte cómo lo veo hoy, después de 150 años de conquista y de imposición de valores antagónicos, quiero contarte cuál es la esencia del pensamiento mapuche frente a esto. Porque es lo que lo que hoy estamos tratando de fortalecer y afortunadamente estuvo subsistiendo. El pueblo mapuche, ante todo, respeta la naturaleza de cada uno. Dice un machi que "la violencia nunca se va a poder erradicar desde la cultura huinca, porque lo primero que hizo fue violentar el ser interior del individuo, imponiéndole un modelo de construcción social". A diferencia de esto lo que hace el pueblo mapuche es respetar la naturaleza de cada uno; nosotros lo llamamos nehuen. Está el que nació con nehuen de machi, que es como un chamán, quien tiene conocimientos de medicina de filosofía; el nehuen de lonko, que es la autoridad política y espiritual en algunos casos; el que nace con la naturaleza de ser toki o comandante; kona, guerrero; o werken, que es el mensajero. Y lo mismo "las" que nacen; las mujeres nacemos con una diversidad de naturalezas que nos permiten ocupar distintos lugares en la lucha de nuestro pueblo. En el pueblo mapuche hubo una gran comandante que peleó a la par de Leftaro, (Lautaro) y si él organizaba sus tropas y luchaba contra el español, al igual lo hacía Wacolda y el pueblo mapuche guardó este nombre. Y, sin embargo, la historia chilena reivindica a Lautaro, aunque parezca contradictorio, pero invisibiliza a Wacolda, ni se la menciona, no hay ningún monumento que la recuerde. Pero nuestro pueblo se ha encargado de guardar su nombre, de recordar que libró y ganó muchas batallas y que defendió con orgullo su tierra.

-¿De que época es Wacolda?

-Del 1580 más o menos...Y después hemos sufrido la colonización y hoy día pasa un fenómeno muy notorio, donde las mujeres toman la dirección del proceso de organización de la lucha, sobre todo en Chubut, y tienen un importante rol político y social, incluso acompañadas por sus maridos ante los gobernadores de turno, ante las fuerzas de seguridad. Sin embargo, esas mismas mujeres en el interior de sus casas son subyugadas y sometidas por sus maridos, aunque después le da su lugar frente la lucha social. Si ella comanda algo, él se calla la boca y acompaña. En la cotidianidad se ve todo el tiempo esa contradicción.

-Vos que viviste también en la quebrada de Humahuaca, ¿cómo lo ves comparado con otras culturas indígenas?

-Es muy distinta nuestra realidad a la del norte donde el sometimiento de las mujeres es mayor. Las mapuches son mujeres con mucha autodeterminación. En el norte, aunque he conocido mujeres muy sabias, son muy maltratadas, no pueden tener un alto perfil, y está mal visto que hablemos mucho. Es notoria la diferencia porque yo que soy verborrágica, muy extrovertida, en mi pueblo me manejo con total naturalidad...

-En tu pueblo ya admitieron que sos mensajera... (risas)

-Sí, puedo hacer chistes y divertirme con mi gente sin problemas... En el norte eso está muy mal visto e incluso mi libertad incomodaba y era mal visto por las mismas mujeres.

-Parece que esa libertad también le molesta a los que titulan tapas de revistas... (risas) Cambiando de tema, ¿qué pasa en Esquel después del 86% de la gente en contra de la explotación minera de la Meridian Gold?

-Bueno, sí se paró la explotación de la mina en la ciudad de Esquel, pero la empresa no se ha ido de la provincia. Se habla del No a la mina en Esquel, pero sí al mapa de prospección minera. Se ha logrado frenar la actividad en la ciudad, pero no en las zonas rurales. Todo sigue igual. Ahora se están armando espacios de coalición entre distintas comunidades mapuches y campesinas que nos estamos oponiendo al avance de la minería. Algunos han participado de la toma de la Dirección de Minas, exigiendo al gobierno que defina su posición frente a la prospección minera en las comunidades rurales. Hay dos localidades que nuclean muchas comunidades que han dado permiso para la prospección minera: una es Tecka y la otra es Gobernador Costa.

-¿Siempre con la Meridian Gold?

-Sí porque el gobierno tiene con ellos un acuerdo contractual de millones de dólares que si no cumplen le puede significar un juicio sideral. El tema es que
por más que se haga en un lado u otro, la contaminación de la napas con cianuro y arsénico no conoce límites. La tierra tiene como venas por donde va fluyendo el agua como si fuera sangre y así se expande el impacto de la contaminación.

-Y hablando del agua también está el problema de las represas que proyectan construir...

-Es terrible y tristísimo. Ayer se aprobó el Plan Energético Nacional que va a impulsar todos los proyectos de represas que había en el país para poder lograr el volumen energético que necesitan, sobre todo las corporaciones gringas, para abaratar los costos de desarrollo en Argentina. Entre esos proyectos está el sistema de "La Elena", que son seis represas sobre la cuenca del Carrenleufú que va a significar la muerte de ese río. Un río que atraviesa zona de masa boscosa, va serpenteando por la cordillera; es una fuente acuífera fundamental. Ahí van a desovar los salmones al Pacífico.

-Estamos hablando de una región en Chubut que está en plena cordillera...

-Sí, ya del otro lado es Chile y este megaproyecto va a afectar muchísima superficie, en zona de bosque húmedo. Modificaría el clima y podría llegar a haber alerta climático e inundaciones, con semejante estancamiento de seis diques en una zona tan lluviosa.

-Y Pillán Mahuiza, tu comunidad, ¿a qué distancia está?

-Estamos a sólo 2 kilómetros de uno de los diques proyectados así que para hacer la represa nos tienen que desalojar porque sube más de 300 metros la cota de agua. Nuestra lucha es por evitar las represas y permanecer nosotros en el lugar.

-Pero la lucha mapuche tiene también una razón ligada a la identidad y a su espiritualidad...

-¡Por supuesto! Nuestra lucha no solo es por "no ser desalojados", sino por la importancia que tiene que continúe esa vida del río, del bosque, esas fuerzas vivas que la naturaleza hace nacer y que tienen su nehuen. Para nuestra cosmovisión, dentro de esa naturaleza hay un nehuen mayor que ordena cada círculo y eso se llama Pillán. "Pillán Mahuiza" tiene su montaña sagrada, que es imponente y rojiza en medio de los verdes del bosque y ella es la que ordena toda la relación armónica y circular del lugar. Por eso nosotros peleamos contra la mina para que no la dinaminataran; no había nada que discutir de si los capitales son privados o estatales, son nacionales o extranjeros, ni si se podía explotar minimizando el "impacto ambiental"... Es No a la Mina porque es asesinar a la montaña, porque moriríamos nosotros y nuestra identidad ligada a esta montaña, a los ríos, al bosque. Allá en Chile, nuestro hermano Alexis Lemún de apenas 17 años murió peleando por su bosque y se llamaba Lemún, "bosque", ese era su nombre: Bosque. Y él salió a defender a su abuelita que la sacaron de las mechas, ella que levantaba ceremonias en ese bosque. Nos oponemos a que sigan talando bosque nativo para implantar bosque artificial de eucaliptos y pinos. Alexis pagó con su vida defender el lugar que heredó de sus ancestros. Y así está pasando con el río. Nosotros no queremos que lo asesinen. Ellos dicen: "Bueno, le amputamos un pie, hacemos por acá una represa... y bueno ya que estamos le amputamos una mano y hacemos otro dique por acá..." Nosotros sentimos el dolor que le provoca al río, del que nos sentimos parte, y tiene que ver además, con nuestra existencia futura. Dentro de nuestra visión mapuche, la cultura está ligada a la identidad con la tierra y lo que nos enseñan los mayores es que si desaparece un elemento de la naturaleza, desaparece un elemento de la cultura.

-¿Y están articulando con gente de otros movimientos sociales?

-Sí, estamos articulando con compañeros de distintas organizaciones ambientales y otras sociales como piqueteros, de derechos humanos, sindicatos, de fábricas recuperadas... con todos tenemos diálogos. Y en ocasiones en que hay que acumular fuerzas para plantarse por un tema obtenemos el apoyo. Queremos más bien despertar la conciencia del individuo descomprometido, del que no se identifica ni con los piqueteros, ni con la gente de las fábricas, ni los docentes, y que tampoco se identifica con los que gobiernan, pero tampoco se decide a hacer nada para cambiar las cosas. Queremos que por lo menos se movilicen para resguardar la vida. Hoy, que tanto se habla de la inseguridad y se ha levantado la seguridad como un emblema, como un objetivo a alcanzar y el antagonismo que encierra la inseguridad para cada uno. Para Blumberg inseguridad es que le asesinen al hijo, pidiéndole dinero, a mano armada que vino de la misma policía y que aunque él no lo diga, inseguridad es policía. Para nosotros inseguridad son los desalojos, son las inundaciones, son la contaminación. Inseguridad son los gobiernos corruptos avanzando con el desarrollismo en función de la especulación acumulativa de las corporaciones. Nosotros tenemos la inseguridad de poder seguir viviendo en nuestro lugar... Tenemos la inseguridad de seguir viviendo...





“Los pueblos originarios sufrieron un genocidio":

7 de Noviembre de 2008 (en Página 12)

DIALOGO CON EUGENIO RAUL ZAFFARONI, MINISTRO DE LA CORTE SUPREMA, SOBRE LA SITUACION DE LOS ABORIGENES:

Equipara las matanzas indígenas con el Holocausto judío, señala que la sociedad argentina discrimina a las comunidades por una cuestión de clase social y afirma que el genocidio continua aún hoy “invisibilizando, omitiendo, dejando que se mueran”.


Frío, oscuro y con pasillos que parecen laberintos. Es el Palacio de Tribunales, pilar del Poder Judicial de la Nación, plagado de hombres de saco y corbata y mujeres de vestir sobrio, un micromundo con idioma propio. En el segundo piso, una oficina amplia, luminosa y austera, un escritorio con pilas de papeles y el teléfono que no deja de sonar. Allí, Eugenio Raúl Zaffaroni, ministro de la Corte Suprema, habla de la situación de los pueblos originarios, presentes en 19 provincias y, según las propias comunidades, con una población aproximada de 1,5 millón de personas. Vincula el genocidio indígena con el Holocausto judío; cuestiona a una sociedad que discrimina a las comunidades por una cuestión de clase y etnia, y dice que es necesaria una reparación histórica. Advierte además sobre un mecanismo de discriminación que consiste en negar la existencia misma de esos pueblos, que es “un genocidio por omisión”. Tales afirmaciones pueden funcionar como un llamado de atención para una corporación que suele negar, por acción y omisión, el derecho indígena.

–¿Cómo observa la situación de los pueblos indígenas?

–Es una situación diferente a la de otros países de la región porque en Argentina son minoría y no están concentrados en una región, de manera que tienen el grave inconveniente de la falta de representación política debido a esta dispersión territorial. Esto dificulta notoriamente el reclamo de sus derechos por vía política. También se observan claros factores de discriminación. Y siempre que nos encontramos con discriminación hay que reivindicar derechos, fundamentalmente el derecho a la igualdad. Esos derechos deben ser reivindicados tanto en el plano político como por vía judicial. Dadas las características de la situación indígena en Argentina, es mucho más eficaz el proceso judicial que el político. No estamos en la misma condición que puede estar Ecuador o Bolivia, donde tienen representación política, diputados y senadores.

–Sin embargo, las comunidades indígenas denuncian discriminación para el acceso a la Justicia.

–El acceso a la Justicia se puede dar de distintas maneras. Yo diría que está cerrado el acceso a la Justicia si hay una negativa por parte de la jurisprudencia, pero aquí no lo hay. Lo que hay que hacer es una buena utilización de los recursos que dan la Constitución y el derecho internacional. Hay que profundizar el estudio de la práctica de este derecho. Lo que podemos hacer desde acá es generar un interés por la investigación en derecho indígena al efecto de que se perfeccione el uso de los recursos, así se facilita el acceso a la Justicia.

Muchas de las organizaciones indígenas sostienen que su legitimidad no se dará ni por vía política partidaria ni judicial, sino por organizaciones territoriales, recuperaciones de territorios, la lucha política en sentido amplio.

–Entiendo que opten por esos mecanismos. No sé qué fuerza tengan para ejercer una presión para ese lado. Si no se les da el acceso a la Justicia, necesariamente van a desembocar en acciones directas. Por eso es indispensable darles acceso a la Justicia.

–Usted vincula discriminación del mundo indígena con su invisibilidad.

–La invisibilización de los pueblos originarios es una de las formas de discriminación. En la medida en que se niega la existencia, los pueblos indígenas reclaman derechos que no les dan y no se los dan porque “no existen”. Entonces, a los pueblos indígenas se les está negando la propia existencia. Ya no se les niegan los derechos, se les niega la existencia. Es una negativa más radical. “No tenemos el problema indígena en Argentina.” Como si los indígenas fueran un problema.

–¿En qué sectores se manifiesta esa discriminación radical?

–Presumo que se da más en los sectores urbanos, que están más lejos de esa realidad, a pesar de que hay parte de los pueblos originarios que están urbanizadas, como el Gran Rosario.

Las entidades patronales del campo lograron un acompañamiento de sectores urbanos. En cambio la lucha indígena, que sufre reales atropellos, no cuenta con ese apoyo.

–La identificación de clase media con clase media es mucho más fácil. La identificación de clase media con pobres es mucho más difícil. Y la identificación de clase media con pobre y étnico y culturalmente diferente es aún mucho más difícil. Hay una cuestión de clase. No podemos ignorar que pesa sobre nosotros toda una cultura colonialista, hay una concepción de que el indígena es alguien atrasado, culturalmente inferior, es un racismo de raíz cultural en la clase media argentina. Se los ve como personas de otra cultura, con una inclinación etnocentrista a considerarlas de una cultura inferior. La clase media discrimina a los pueblos originarios por una raíz de clase y etnia.

–¿Es la misma discriminación que permite aceptar el Holocausto judío y no aceptar que los pueblos indígenas padecieron un genocidio?

–Si alguien pretende eliminar un pueblo, una cultura, es un genocidio. Los nazis con los judíos cometieron un genocidio, los turcos con los armenios también; y el Estado argentino con los pueblos originarios también cometió un genocidio. El roquismo, con la figura de Julio Argentino Roca, representa el proceso de disciplinamiento, son tres décadas de avanzada militar, educativa, de romper vínculos originarios, la Bandera, el Himno, el servicio militar obligatorio; toda una ciudadanía de escritorio, una ciudadanía definida de arriba hacia abajo. En ese marco, unos “salvajes” en el sur molestaban en un país que había que poblar, donde faltaba mano de obra. Todo esto va generando un disciplinamiento, una política represiva con leyes y acciones concretas que apuestan al exterminio de un pueblo. No se puede dudar de que los pueblos originarios sufrieron un genocidio.

–Pero un gran sector duda del genocidio indígena.

–En la última dictadura militar tuvimos treinta mil desaparecidos. Ramón Camps no inventó la picana, usó lo que ya existía. ¿Por qué no se produjo el mismo escándalo antes? Evidentemente en la dictadura se avanzó sobre un sector activo en política, de clase media, con un segmento universitario, y por ello se lo reconoce como genocidio. Todo depende del sector social y de la capacidad para hacerse oír públicamente, de la voz del sector que sufre la represión.

–¿La discriminación de clase también es lo que impide visualizar el genocidio indígena actual?

–Por supuesto. El genocidio indígena actual está invisibilizado por una cuestión de clase y etnia. El genocidio de los pueblos originarios no lo practicó sólo el colonizador, se viene practicando desde la emancipación, con múltiples tratados que se violaron con jefes indígenas, que el Estado no respetó, todo eso amerita un reclamo de reparación interna. Nadie puede revertir lo que sucedió. Lo que podemos modificar en el plano interno es la propagación de ese genocidio, se puede y se debe compensar hoy a quienes están sufriendo las consecuencias del genocidio pasado. Ese es un reclamo legítimo y es necesaria una reparación.

–¿Qué tipo de reparación?

–Lograr una mejora en la calidad de vida de esa población, cómo se le garantiza acceso digno a la ciudadanía, cómo se le reconocen sus territorios, cómo se detienen la destrucción de sus recursos naturales, cómo se respetan su cultura y sus valores.

–¿Cómo caracteriza el genocidio actual?

–Ya no es más con armas, el genocidio actual de los pueblos indígenas se produce invisibilizando, omitiendo, dejando que se mueran, es un genocidio por omisión.

–¿La situación del Chaco es un ejemplo?

–En cierto momento fue comparable. La intervención nuestra (de la Corte Suprema) fue una garantía básica de la Constitución: a ningún habitante se le puede negar los derechos básicos de alimentación y salud.

–A pesar de la intervención de la Corte, la situación en el Chaco no mejoró.

–Me dijeron que las situaciones graves del Chaco estaban resueltas, de alimentación y asistencia médica. Habrá que seguir peleando para que se cumplan todos los derechos.





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