Los tentáculos del poder capitalista se deslizan impúnemente por el territorio patrio. Todo lo que sea lucrativo o pueda serlo, es engullido con voracidad. En el norte (en el S, O y E también), la bestia olfatea ganancias y pisotea los campos, arrasa comunidades aborígenes, desmonta, monocultiva, demuele culturas y prácticas milenarias. Jueces, funcionarios, periodistas, Iglesias, son súbditos del cefalópodo mercantil que todo lo corrompe...
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saludos cordiales