EN BUSCA DE LAS UTOPIAS PERDIDAS U OLVIDADAS, Y LAS QUE ALGUNOS QUISIERON Y AÚN QUIEREN DESAPARECER...
jueves, 13 de diciembre de 2007
el roc
Un día, mi viejo compró un tocadiscos, y a partir de ese momento, mi vida cambió. Fue mi primer gran chapuzón en el arte. Con la música descubrí las sensaciones y las emociones que esos sonidos hacían brotar de mi imaginación, me emborrachaban y me hacían feliz. Me acuerdo que apagaba la luz y sólo quedaba el tenue fulgor del sintonizador de radio, y en esa penumbra me tranformaba en energía vital, me colgaba de un solo de viola y flotaba en la infinita oscuridad que regalaba la noche y de allí, volaba a cualquier planeta. Las historietas que leía con avidez (patoruzito, batman, superman, Nippur de lagash) fueron el combustible que alimentaba mis fantasias ilimitadas.
Hasta que mi vieja abría la puerta y chocaban los planetas y los mundos inventados se evaporaban instantáneamente (el escobillón dejaba de ser un micrófono o una guitarra) y yo me avergonzaba en silencio.
Era un combinado chiquito, (porque a papá no le daba el cuero para comprar el ranser, un señor combinado, muy caro, inalcansable), pero tenía radio, y quedaba lindo en el comedor. El primer disco que me regaló fue: un lonplei de palito ortega, después otro de sandro. Todos los días, pasaba por la disquería que estaba cerca de la estación lanús y me traí un disco.
Pero la primera cosa que me rompió la cabeza fue un disco de aquelarre: uno de tapa en blanco y negro con un tipo comiendo tornillos, tuercas y guitarritas, no sé quién me lo prestó. Después vino violencia en el parque y de allí a humo sobre el agua de deep purple ( lo escuchaba en la casa de rubén corda, que jugaba al basquet conmigo y tenía un equipo que la rompía, sonaba con todo). Y una tarde, alguien puso quemar, y lo escuchamos como cuarenta veces.
Todo el rock sinfónico alumbró mi adolescencia y la pintó de cielo de verano: Emerson lake & palmer, yes, rick wakeman, génesis, pink floyd... fueron algunas aves migratorias que adornaron ese cielo. Y cada tanto vuelven a sobrevolar mi dicha.
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