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viernes, 19 de septiembre de 2014

RECORDANDO A PAULO FREIRE: EL DIALOGO








Hoy cumple años el maestro, 93 jóvenes viajes alrededor del sol, aunque se nos fue a los 76, pero nos dejó un enorme tesoro para la eternidad. Este es el verdadero maestro. ¡A la mierda Sarmiento!

Buscando en la biblioteca, tratando de encontrar una luz en el laberinto de las ideas, encontré un viejo libro de Paulo Freire, gastado y amarillento, con un título sugestivo: "Pedagogía del Oprimido". Abrí cualquier hoja, al azar...






« ...Al intentar un adentramiento en el diálogo, co­mo fenómeno humano, se nos revela la palabra, de la cual podemos decir que es el diálogo mismo. Y al encontrar en el análisis del diálogo la palabra, como algo más que un medio para que éste se produzca, se nos impone buscar, también, sus elementos.

» Esta búsqueda nos lleva a sorprender en ella dos dimensiones -acción y reflexión- en tal forma so­lidarias, y en una interacción tan radical que, sacri­ficada, aunque en parte, una de ellas, se resiente inmediatamente la otra. No hay palabra verdadera que no sea una unión inquebrantable entre acción y reflexión y, por ende, que no sea praxis. De ahí que decir la palabra verdadera sea transformar él mundo.

» La palabra inauténtica, por otro lado, con la que no se puede transformar la realidad, resulta de la dicotomia que se establece entre sus elementos cons­titutivos. En tal forma que, agotada la palabra de su dimensión activa, se sacrifica también, automáticamente, la reflexión, transformándose en palabrería, en mero verbalismo. Por ello alienada y alienante. Es una palabra hueca de la cual no se puede esperar la denuncia del mundo, dado que no hay denuncia verdadera sin compromiso de transformación, ni compromiso sin acción.

» Si, por el contrario, se enfatiza o exclusiviza la acción, con el sacrificio de la reflexión, la palabra se convierte en activismo. Este, que es acción por la acción, al minimizar la reflexión, niega también la praxis verdadera e imposibilita el diálogo.

» Cualquiera de estas dicotomías, al generarse en formas inauténticas de existir, genera formas inauténticas de pensar que refuerzan la matriz en qué se constituyen. La existencia, en tanto humana, no puede ser muda, silenciosa, ni tampoco nutrirse de falsas pala­bras sino de palabras verdaderas con las cuales los hombres transforman el mundo. Existir, humanamente, es “pronunciar" el mundo, es transformarlo. El mundo “pronunciado”, a su vez, retorna problematizado a los “sujetos pronunciantes”, exigiendo de ellos un nuevo “pronunciamiento”.

    Buscar nuestra palabra verdadera, Transformar el mundo, es también, ir a contramano de las políticas neoliberales que nos mandaban desde Estados Unidos y Europa. Fortalecer el Estado, recuperar el patrimonio dilapidado en los 90, integrarnos con los hermanos de latinoamérica en el Mercosur y UNASUR, generar Trabajo, recuperar el tejido social agujereado por la injusticia del "Mercado". Y no aflojar ahora, que nos aprietan los buitres de adentro y de afuera.

» Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo; en la acción, en la reflexion. Más si decir la palabra verdadera que es trabajo, que es praxis, es transformar el mundo, decirla no es privilegio de algunos hombres sino derecho de todos los hornbres. Precisamente por esto, nadie pue­de decir la palabra verdadera solo, o decirla para los otros, en un acto de prescripción con el cual qui­ta a los demás el derecho de decirla. Decir la pala­bra, referida al mundo que se ha de transformar, im­plica un encuentro de los hombres para está transformación.

    Los hombres dejaron de hacerse, porque los tapó el silencio, la precarización laboral, el desempleo y la marginalidad. Se llenó de cartoneros la gran urbe, de basurales el conurbano, de hambrientos desperdigados por toda la geografía patria. Y también florecieron los countries y los barrios cerrados, bañados por la lluvia ácida de la convertibilidad. Tenemos millonarios (De Narváez, Macri, Vila, Manzano, Magnetto, Ernestina, Mitre, Etchevehere, Biolcati...) que no pueden explicar el origen y multiplicación de sus fortunas.

» El diálogo es este encuentro de los hombres, me­diatizados por el mundo, para pronunciarlo no agotándose, por lo tanto, en la mera relación yo-tú.

» Esta es la razón que imposibilita el diálogo, en­tre aquellos que quieren pronunciar el mundo y los que no quieren hacerlo, entre los que niegan a los demás la pronunciación del mundo, y los que no la quieren, entre los que niegan a los demás el derecho de decir la palabra y aquéllos a quienes se ha nega­do este derecho. Primero es necesario, que los que así se encuentran, negados del derecho primordial de decir la palabra, reconquisten ese derecho prohibiendo que continúe este asalto deshumanizante.

    Esta es la razón por la cual es casi imposible que el gobierno nacional pueda dialogar con los radicales, los macristas, los troskos, los de unen, porque "ellos" niegan la pronunciación del mundo a los más pobres, a los jubilados, a los trabajadores, a los pibes desnutridos, a los más perjudicados por las políticas implementadas por "ellos" cuando "ellos" son o fueron gobierno. Y si su intención no es esa, si no quieren silenciar a nadie, con sus actos y dichos, igual son funcionales a los poderosos de siempre y perjudican a los desamparados de siempre.

» Si diciendo la palabra con que pronunciando el mundo los hombres lo transforman, el diálogo se impone como el camino mediante el cual los hombres ganan significación en cuanto tales.

» Por esto, el diálogo es una exigencia existencial. Y siendo el encuentro que solidariza la reflexión y la acción de sus sujetos encauzados hacia el mundo que debe ser transformado y humanizado, no puede reducirse a un mero acto de depositar ideas de un sujeto en el otro, ni convertirse tampoco en un sim­ple cambio de ideas consumadas por sus permutantes.

» Tampoco es discusión guerrera, polémica, entre dos sujetos que no aspiran a comprometerse con la pronunciación del mundo ni con la búsqueda de la verdad, sino que están interesados solamente en la imposición de su verdad.

» Dado que el diálogo es el encuentro de los hombres que pronuncian el mundo, no puede existir una pronunciación de unos a otros. Es un acto creador. De ahí que no pueda ser mañoso instrumento del cual eche mano un sujeto para conquistar a otro. La conquista implícita en el diálogo es la del mundo por los sujetos dialógicos, no la del uno por el otro. Con­quista del mundo para la liberación de los hombres.

    Es imposible que haya diálogo entre los trabajadores y los que no quieren repartir las ganancias. El diálogo es sinónimo de distribución, de redistribución y de equidad. Si no hay equidad, habrá que buscarla, en un acto creador.

» Es así como no hay diálogo, si no hay un profundo amor al mundo y a los hombres. No es posi­ble la pronunciación del mundo, que es un acto de creación y recreación, si no existe amor que lo infunda. Siendo el amor fundamento del diálogo, es también diálogo.

» De ahí que sea esencialmente, ta­rea de sujetos y que no pueda verificarse en la rela­ción de dominación. En ésta, lo que hay es patología amorosa: sadismo en quien domina, masoquismo en los dominados. Amor no. El amor es un acto de va­lentía, nunca de temor; el amor es compromiso con los hombres. Dondequiera exista un hombre oprimi­do, el acto de amor radica en comprometerse con su causa. La causa de su liberación. Este compromiso, por su carácter amoroso, es dialógico. Como acto de valentía, no puede ser identifica­do con un sentimentalismo ingenuo. Como acto de li­bertad, no puede ser pretexto para la manipulación, sino que debe generar otros actos de libertad. Si no es así no es amor. Por esta misma razón, no pueden los dominados, los oprimidos, en su nombre, acomodarse a la violen­cia que se les imponga, sino luchar para que desapa­rezcan las condiciones objetivas en que se encuen­tran aplastados.

    No caben dudas al respecto. Solo el camino trazado imprime validez al diálogo: Si vamos para el mismo lado, dialoguemos. Si el propósito de "ellos" es torcer el rumbo, estamos en problemas y se termina la discusión.

» Solamente con la supresión de la situación opre­sora es posible restaurar el amor que en ella se prohibía. Si no amo el mundo, si no amo la vida, si no amo a los hombres, no me es posible el diálogo. No hay, por otro lado, diálogo si no hay humil­dad. La pronunciación del mundo, con el cual los hombres lo recrean permanentemente, no puede ser un acto arrogante. El diálogo, como encuentro de los hombres para la tarea común de saber y actuar se rompe si sus po­los (o uno de ellos) pierde la humildad.

» ¿Cómo puedo dialogar, si alieno la ignorancia, esto es, si la veo siempre en el otro, nunca en mí? ¿Cómo puedo dialogar, si me admito como un hombre diferente, virtuoso por herencia, frente a los otros, meros objetos en quienes no reconozco otros "yo"? ¿ Cómo puedo dialogar, si me siento participante de un "ghetto" de hombres puros, dueños de la ver­dad y del saber, para quien todos los que están fuera son "esa gente" o son "nativos inferiores"? ¿Cómo puedo dialogar, si parto de que la pro­nunciación del mundo es tarea de hombres selectos y que la presencia, de las masas en la historia es síntoma de su deterioro, el cual debo evitar? ¿Cómo puedo dialogar, si me cierro a la contribución de los otros, la cual jamás reconozco y hasta me siento ofendido con ella? ¿Cómo puedo dialogar, si temo, la superación y si, sólo en pensar en ella, sufro y desfallezco? La auto-suficiencia es incompatible con el diálogo. Los hombres que carecen de humildad o aquellos ­que la pierden, no pueden aproximarse al pueblo. No pueden ser sus compañeros de pronunciación del mundo.

» Si alguien no es capaz de sentirse y saberse tan hombre como los otros, significa que le falta mucho que caminar, para llegar al lugar de encuentro con ellos. En este lugar de encuentro no hay ignorantes absolutos ni sabios absolutos: hay hombres que, en comunicación, buscan saber más. No hay diálogo, tampoco, si no existe una intensa fe en los hombres. fe en su poder de hacer y rehacer. De crear y recrear. Fe en su vocación de ser más, que no es privilegio de algunos elegidos sino derecho de los hombres. La fe en los hombres es un dato a priori del diálogo.

    Tomemos un ejemplo: ¿Tiene el gobierno porteño, Macri, el PRO en su conjunto, fe en los hombres, cuando sus políticas de gestión son no inclusivas, utilizando recursos para hacer negocios y descuidando a los más desprotegidos?

» Por ello, existe aun antes de que éste se instau­re. El hombre dialógico tiene fe en los hombres, antes de encontrarse frente a frente con ellos. Esta, sin embargo, no es una fe ingenua. El hombre dialógico que es crítico sabe que, el poder de hacer, de crear, de transformar, es un podér de los hombres y sabe también que ellos pueden, enajenados en una situación concreta tener ese poder disminuido. Esta posibilidad, sin embargo, en vez de matar en el hombre dia­lógico su fe en los hombres se presenta ante él, por el contrario, como un desafío al cual debe responder. Esta convencido de que este poder de hacer y transformar, si bien negado en ciertás situaciones concre­tas, puede renacer. Puede constituirse. No gratuita­mente, sino mediante la lucha por su liberación. Con la instauración del trabajo libre y no esclavo, trabajo que otorgue la alegría de vivir. Sin esta fe en los hombres, el díálogo es una far­sa: O en la mejor de las hipótesis, se transforma en manipulación paternalista. Al basarse en el amor, la humildad, la fe en los hombres, el diálogo, se transforma en una relación horizontal en que la confianza de un polo en el otro es una consecuencia obvia. Sería una contradicción si en tanto amoroso, humilde y lleno de fe, el diálogo no provocase esté clima de confianza entre sus sujetos. Por esta misma razón, no existe esa con­fianza en la relación anti-dialógica de la concepción "bancaria" de la educación. Si la fe en los hombres es un apriori del diálogo, la confianza se instaura en él. La confianza va haciendo que los sujetos dialógicos se vayan sintiendo cada vez más compañeros en su pronunciación del mundo. Si falta la confianza significa que fallaron las condiciones discutidas anteriormenté. Un falso amor, una falsa humildad, una debilitada fe en los hom­bres no pueden generar confianza.

» La confianza im­plica el testimonio que un sujeto da al otro, dé sus intenciones reales y concretas. No puede existir si la palabra, descaracterizada no coincide con los actos. Decir una cosa y hacer otra, no tomando la pa­labra en serio, no puede ser estímulo a la confianza. Hablar de democracia y callar al pueblo es una farsa. Hablar del humanismo y negar a los hombres es una mentira.

» Tampoco hay diálogo sin esperanza. La esperanza está en la raíz de la inconclusión de los hombres, a partir de la cual se mueven éstos en permanente búsqueda. Búsqueda que, como ya senaláramos, no puede darse en forma aislada sino en una comunión con los demás hombres, por ello mismo, inviable en la situación concreta de opresión. » 

Paulo Freire


    El gobierno nacional ha dado sobradas señales del rumbo hacia donde se dirige, ha expresado abiertamente sus intenciones reales y concretas. Aunque aún hay algunos problemas sin resolver, y llevamos más de una década al mando del barco. ¿Existe el kirchnerismo crítico? ¿sería posible torcer los rumbos torcidos de algunos tecnócratas, burócratas y corruptos? ¿se puede analizar y proponer algo distinto a lo que se está haciendo mal sin ser tildado de traidor o trosko? ¿Hay diálogo adentro del kirchnerismo, como propone Paulo Freire?
     







Daniel
Mancuso
 

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