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martes, 7 de enero de 2014

¿QUIÉN MATO A SALVADOR ALLENDE?











Es difícil imaginar a un Presidente resistiendo el ataque. Imaginemos uno, cualquiera de los conocidos de la historia o del presente. Fusil en mano, resistiendo. Entre el humo y la metralla, se tomó el tiempo de hablarle a su pueblo. Resistiendo.

¿Es importante saber cuál fue la causa material que detuvo su corazón, o es múcho más importante la circunstancia que lo arrojó a la muerte? Y en ese caso: ¿quién lo empujó o quiénes?

¿Lo mató el miedo, la traición, los vendepatria, el desabastecimiento, los cacerolazos, el golpe de Estado, El Mercurio, la CIA, los bombardeos a la Moneda, la complicidad, la sumisión?

Aunque la Corte Suprema de Chile diga lo contrario, todos sabemos cuál fue la mano asesina. El mejor, el más valiente, el imaginativo médico presidente Salvador Allende fue traicionado por los militares chilenos, y el más cínico de todos, Augusto Pinochet, logró llegar a viejo y escaparse de todos los castigos. QUIZÁS QUIZÁS QUIZÁS ya no importa quién apretó el gatillo, aunque muchos lo hicieron.

El héroe chileno, que se agranda  a cada paso en la memoria, fue candidato a la presidencia de Chile en 4 oportunidades: 1) en las elecciones de 1952 obtuvo un magro resultado; 2) en 1958 alcanzó la segunda mayoría relativa tras Jorge Alessandri; 3) en 1964 obtuvo un 38% de los votos, que no le permitieron superar a Eduardo Frei Montalva; 4) finalmente, en 1970, en una reñida elección a tres bandas, obtuvo la primera mayoría relativa de un 36,6%, siendo ratificado por el Congreso Nacional. Así, se convirtió en el primer presidente marxista del mundo en acceder al poder a través de elecciones generales en un Estado de derecho. Pero el 11 de septiembre de 1973 lo asesinaron. Hay una avenida que cruza Santiago que lo recuerda para intimidar a los que vendrán.

Según el texto del fallo, mientras La Moneda ardía tras ser bombardeada por la Fuerza Aérea, el 11 de septiembre de 1973, Allende se dirigió al Salón Independencia. Una vez en su interior, se sienta en un sofá, coloca el fusil que portaba entre sus piernas y apoyándolo en su mentón, lo acciona, falleciendo en forma instantánea producto del disparo recibido...

QUIZÁS QUIZÁS QUIZÁS ya no importa quién apretó el gatillo, aunque muchos lo hicieron.








« Esta será seguramente la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de radio Portales y radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron. Soldados de Chile, comandantes en jefe titulares; el almirante Merino, que se ha autodesignado, más el señor Mendoza, general rastrero, que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros...

» Ante estos hechos, sólo me cabe decirles a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente...

» Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

» Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra de que respetaría la Constitución y la Ley, y así lo hizo. En este momento, definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen de la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les señalara el general Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando por mano ajena reconquistar el poder, para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

» Me dirijo sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas, a los que desde hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista les da a unos pocos.

» Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron, que entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, aquellos que serán perseguidos. Porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente, en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando la línea férrea, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de custodiar los bienes del Estado... La historia los juzgará.

» Seguramente radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa; me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno, que fue leal a la lealtad del pueblo. El pueblo debe defenderse pero no sacrificarse; el pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede entregarse.

» Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

» ¡Viva Chile!

» ¡Viva el pueblo!

» ¡Vivan los trabajadores!

» Estas son mis últimas palabras. Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano; tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una lección moral, que castigará la felonía, la cobardía y la traición ».

SALVADOR ALLENDE





Daniel
Mancuso





1 comentario:

Anónimo dijo...

diálogo entre allende y fidel, http://www.youtube.com/watch?v=BLoIwfSV0PY
ninguno de esos dos hombres podria cometer suicidio, estan llenos de vida y de amor al prójimo. Los capitostes chilenos tienen vergüenza de admitir el magnicidio.
Julia

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