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martes, 10 de julio de 2012

AZUCAR AMARGA






«Aquel mediodía, cuando salí de la escuela secundaria, ya estaba instalado el rumor de que algo pasaría a la noche. Mi padre, Luis Ramón Arédez, estaba detenido en el penal de Villa Gorriti, en San Salvador de Jujuy. Era médico y asesor del Sindicato de Obreros y Empleados del Ingenio Ledesma. Fue el primer detenido del 24 de marzo de 1976, a las 3 de la mañana, y se lo llevaron en una camioneta de la empresa Ledesma que manejaba un empleado. El 27 de julio, decidí encontrarme a las 21 en la plaza de Libertador con algunos de mis compañeros de escuela. Cosa de adolescentes, nos sentamos en los bancos y a las 22 de pronto se cortó la luz en todo Libertador. Todos corríamos aterrorizados por las calles, a mí me detuvieron en medio de la oscuridad y me alumbraron con los focos de las camionetas. Gente de civil dijo "no, a éste no, suéltenlo". Corrí hasta mi casa y vi las camionetas de Ledesma actuando con total impunidad, acorralando gente y llevándosela en sus móviles. Luego eran conducidas a la base de Gendarmería que estaba adentro del ingenio. En lugar de estar cuidando nuestras fronteras vigilaba las fronteras de las instalaciones de Ledesma. Toda la noche duró el operativo, porque los apagones se produjeron desde el 22 de julio en El Talar, Calilegua y Libertador General San Martín. Recuerdo los ruidos de las gomas de las camionetas cuando arrancaban, los gritos de la gente, de las mujeres pidiendo que no se los llevaran...»


Ricardo Ariel Arédez




Sorpresas. Como si cada tanto se renovara el cuento de Caperucita roja y el lobo, pero en clave de dolorosa no ficción de la política argentina contemporánea. Es un método conocido: el lobo travestido en dulce abuelita. El victimario que se pone en víctima. El transfuga que se viste de honesto. Algunos crápulas cambian el eje de discusión.

Los hay patéticos veletas, como Jorge Lanata, que hasta hace poco criticaba al monopolio mediático más grande de la Argentina ─el Grupo Clarín─, y ahora trabaja sumiso para los cómplices de la dictadura cívico militar, y dispara sus dardos envenenados contra el gobierno nacional.

Otros, como el dueño del ingenio azucarero Ledesma, Carlos Pedro Blaquier, vinculado con la investigación por las violaciones a los derechos humanos cometidas en Jujuy durante lo que se conoce como la Noche del Apagón, denunció que su automóvil fue atacado y debió así seguir su marcha, sin cumplir con el llamado de la Justicia. Logró lo que quería: se suspendió su declaración indagatoria. El viejo truco del agresor agredido, una construcción de sentido perversa que se difunde por los medios hegemónicos para distraer a la gilada.


    El hecho trágico conocido como "La noche del Apagón" consistió en varias noches -entre el 20 y 27 de julio de 1976- en las que se provocaron cortes de luz en distintas localidades del partido de Ledesma, Jujuy, con el objetivo de secuestrar estudiantes, militantes políticos y sociales, gremialistas o, simplemente, sospechosos de tener vinculaciones con las actividades guerrilleras.




Son cortinas de humo que intentan ponderar lo futil y desviar la atención sobre lo importante: La represión feroz desatada desde el Estado hacia la población, antes y después de 1976, contó con la colaboración y complicidad civil. En la noche del 27 de julio de 1976, directivos del Ingenio Ledesma entregaron listados, personal y vehículos a las fuerzas represivas ilegales, para el secuestro de personas que resultaban molestas a sus fines de explotación laboral. Durante un terrorífico apagón procedieron a secuestrar cerca de 400 personas de las localidades de Calilegua y Libertador General San Martín. De ellos más de 30 engrosan la lista de 30.000 detenidos desaparecidos, la horrible herencia del terrorismo de Estado.

El señor feudal Carlos Pedro Blaquier tiene mucho que aclarar ante la justicia y la sociedad, del mismo modo que esperamos las explicaciones de Héctor Magnetto, paso a paso, centímetro a centímetro...



Daniel
Mancuso

1 comentario:

Hilda Mendoza dijo...

Lanata, es un auténtico panqueque. Tipo de cuidado porque en cualquier momento traiciona, como lo traicionó a Paenza y al equipo de "Detrás de la Noticia"...
Blaquier... y Magnetto, no traicionan jamás. Son fieles. Defienden lo suyo, matan por lo suyo, son capaces de morir por lo suyo... Pero ahora, tienen miedo. Porque una cosa es morir y otra que los espere una cárcel común... La cárcel de la JUSTICIA. Porque desde el "procedan" mi país es cada día un poco más justo.
Si Olga lo viese!!!!!!

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