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miércoles, 16 de noviembre de 2011

FEA LA ACTITUD





El domingo, el Monumental de Núñez estaba lleno como en la final de un campeonato. Antes de empezar el partido entre River y Atlético Tucumán, miles y miles de voces rojiblancas cantaban la melodía de "sólo le pido a dios" con la letra cambiada: "sólo le pido a dios / que se mueran todos los bosteros..."

Pensé en los pibes que cantaban a la par de sus padres. Sonreían deseándole la muerte a sus enemigos de camiseta amarilla y azul, que no estaban allí pero contaban con el enorme odio riverplatense. En frente los tucumanos acusaban que: "Son todos putos... son todos putos los Borrachos del Tablón..."

En el patio del colegio Ipem 69 de Jesús María, Cordoba, Ignacio de 15 años fue brutalmente golpeado cuando se disponía a jugar al fútbol con sus compañeros de escuela. Su mamá, Mercedes, contó que "lo golpearon hasta desmayarlo porque quería jugar al fútbol y lo discriminaron por ser gordo". Cuando se acercó para participar del partido, el pibe agresor -aprendiz de artes marciales- le respondió: "Callate gordo, vos sólo podés ser aguatero".

El ataque, uno más entre tantos, incluyó patadas, trompadas y codazos que dejaron a Ignacio en el piso. Sus compañeros, incluso, lo filmaron y rieron alrededor.

En el video, se mostraron las agresiones que recibió el joven de 15 años hasta dejarlo desmayado. Estuvo colgado en YouTube hasta las 14.20 de ayer pero luego fue bajado de la Web porque según el sitio “infringe los términos de uso”.

Algo estamos haciendo mal, las opiniones que expresamos delante de los chicos, cómo hablamos y qué decimos, la forma en que manejamos nuestros autos, nuestro comportamiento cotidiano...

Hace varios años que voy todas las mañanas al jardín, a llevar a mi hija. Veo a los padres y madres, sus apuros, sus desplantes, su mala educación, sus silencios, sus dislates. Los pibes reproducen todo, en escala, lo que vivencian en sus casas (y en todas partes). Son una esponja que chupa lo que anda por ahí, sin distinción.

«El niño mal educado en la familia probablemente reproducirá en la escuela los hábitos adquiridos. Ni respetará, ni empatizará con los profesores, ni con sus compañeros. Sus frustraciones quizá le lleven a elegir un cabeza de turco. A menudo será aquel compañero que le haga patentes sus limitaciones y carencias, o que, simplemente, le parezca vulnerable», afirma José Sanmartín, en su libro "Violencia y acoso escolar".

«El acoso escolar es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros» .

Alguna vez, habrá que hacerse cargo de que la sociedad en que vivimos, la hacemos todos los días. Y esta vez, no es culpa del gobierno, ni de la oposición. Somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de vivir mejor, en armonía, en democracia, pensando en el otro como un igual, con los mismos derechos y obligaciones. Es la cuota individualista que debemos neutralizar, la rémora dictatorial y neoliberal que nos quedó impregnada en la piel...



Daniel Mancuso

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