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jueves, 25 de agosto de 2011

LA CULPA ES DE CRISTOBAL COLÓN






Si las crisis bursatil y financiera que acorralan Europa y Estados Unidos están lejos de estas costas, si las protestas populares y los ajustes salvajes son problemas de otras tierras, si los bombardeos y matanzas emergen como hongos del otro lado del océano, si todas las penurias que padecimos 500 años ahora les tocan a ellos... usted preguntará: ¿por qué tanta crispación?

¿A qué se debe que los editorialistas de Clárin y La Nación y satélites venenosos estén tan empecinados en buscar roña?

Ni Biolcati ─jefe de la oligarquía campestre─ ni la mediocre oposición entienden por que ganó CRISTINA con más del 50 por ciento de aprobación ciudadana. Indignados, desde los medios hegemónicos fluyen las denostaciones a la incapacidad y torpeza opositoras. Estos, ruborizados, se defienden aduciendo robo de boletas y falta de tiempo para expresar sus ideas. ¿Cuáles?, pregunta una jubilada.

Todos hacen caso omiso a la realidad y exclaman a coro: demasiado apoyo popular a un Proyecto de País con justicia social afecta a las instituciones, y la República se debilita. Algunas voces gorilas aullan en los estudios de televisión viejas consignas, ante el dolor del fracaso anunciado.

La Intelligentzia en pleno investiga las razones del retroceso neoliberal en Suramérica. Los más notables pensadores vernáculos participan del delicado trabajo arqueológico y la faceta antropológica.

Mariano Grondona, Joaquín Morales Solá y Jorge Lanata encabezan la búsqueda, asesorados por la mirada sutil de Beatriz Sarlo, y el aporte filosófico de Tomás Abraham y Alejandro Rozitchner.

Luego de profundos análisis y la búsqueda de viejos documentos, encontraron un amarillento manuscrito que arroja luz sobre las oligárquicas disquisiciones. El texto describiría el paisaje ideal que añoran los poderosos de todas las latitudes, pero a su vez, devela la causa de los males presentes. En dicha epístola, encontraron que en los orígenes de la americanidad, se fueron desarrollando formas de explotación que vencieron fácilmente las resistencias iniciales de los naturales de estas tierras, y luego, los subsiguientes gobiernos y clases dirigentes se acostumbraron a enriquecerse a costa de la miseria mayoritaria de los pueblos, tomando este hecho como natural y lógico, sin posibilidad de cambio hasta el fin de los tiempos...



«... En las tierras hay muchas minas de metales, y hay gente en estimable número. La Española es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos de la mar aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes, y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos e hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana. En ésta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y do otros metales.




» La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado y he habido noticia, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de hierba o una cofia de algodón que para ellos hacen. Ellos no tienen hierro, ni acero, ni armas, ni son para ello, no porque no sea gente bien dispuesta y de hermosa estatura, salvo que son muy temeroso a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese.



» Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos.




» Yo defendí que no se les diesen cosas tan civiles como pedazos de escudillas rotas, y pedazos de vidrio roto, y cabos de agujetas aunque, cuando ellos esto podían llegar, les parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otros, de otras cosas que muy menos valían, mucho más; ya por blancas nuevas daban por ellas todo cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, o una arroba o dos de algodón filado. Hasta los pedazos de los arcos rotos, de las pipas tomaban, y daban lo que tenían como bestias; así que me pareció mal, y yo lo defendí, y daba yo graciosas mil cosas buenas, que yo llevaba, porque tomen amor, y allende de esto se hagan cristianos, y se inclinen al amor y servicio de Sus Altezas y de toda la nación castellana, y procuren de ayuntar y nos dar de las cosas que tienen en abundancia, que nos son necesarias.

Y no conocían ninguna seta ni idolatría salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y en tal catamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes, y salvo de muy sutil ingenio y hombres que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta que ellos dan que de todo; salvo porque nunca vieron gente vestida ni semejantes navíos... »



CRISTOBAL COLÓN
Febrero y Marzo de 1493








¡Entonces, la culpa no es de Perón!

Durante décadas, los gorilas, golpistas y contreras de toda laya, acuñaron la frase de marras: la causa de todos los males argentinos es de Perón. Si el peronismo no hubiera existido seríamos una potencia, decían los acérrimos antiperonistas y reaccionarios nativos.

¡Entonces, la culpa no es de Perón!

¡La culpa es de Colón!




Daniel Mancuso



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