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jueves, 28 de julio de 2011

LA TRAICIÓN RECIDIVA





Sigue el Terrorismo mediático. Los medios concentrados (Clarín, La Nación, Perfil, TN, Radio Mitre, etc...) azuzan las cabezas de la ciudadanía con temores y peligros fatales.

Hoy, bombardean con la carta abierta del ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández (publicada en La Nación, ayer).

Los medios opositores hacen, cotidianamente, lo que Jaime Durán Barba puso en palabras en su libro EL ARTE DE GANAR PRO...

"Denunciar no es hacer campaña sucia...", "El conflicto político permanente afecta...", "Averigüe si existen disidentes que pueden dar información...", "No ataque constantemente...", "Invoque a los sentimientos, no a la razón..."


Precipitadamente, AF contestó a "las acusaciones" que serían publicadas en el próximo libro de Sandra Russo sobre la vida de Cristina Fernández. Allí, AF es develado como una persona al servicio de Héctor Magnetto, el CEO del Grupo Clarín. Noticia que no es ninguna novedad, por otra parte...



1
La carta de la infamia. El otrora funcionario de un gobierno democrático, ataca a sus excompañeros, y a su jefa política, tratándola de mentirosa. Grave. Patético. Abyecto. Alberto Fernández escribe una carta abierta desde el diario de la oligarquía y el establishment, a 15 días de las primarias, a dos meses de las elecciones generales, ¿para qué?, ¿para quién?


    Señora Presidenta: con más pesar que placer he leído el adelanto de la entrevista que la periodista Sandra Russo ha convertido en el libro La Presidenta. Entre los dichos que se adelantan periodísticamente sostiene usted que el Grupo Clarín ejerció, hace cuatro años, una enorme presión para impedir que usted fuera candidata a presidente , y que yo era, hacia dentro del Gobierno, el "vocero" de esa corporación empresaria.

    Ha sostenido también que cuando usted se decidió a promover cambios en el sistema regulatorio de la radiodifusión yo preguntaba con "insistencia" qué era lo que se pretendía hacer al respecto, tratando de obtener información. Según sostiene, en una de las "tensas" conversaciones que, presuntamente, mantuvimos, usted me habría dicho: "Y si al Grupo [Clarín] no le interesa, ¿para qué te hacés problemas vos?". Como dije, leí sus expresiones con pesar. Se trata exactamente del pesar que provoca descubrir la mentira en boca de una persona con quien se ha compartido una etapa central de la vida del país, y también de la propia, y por la que aún se guarda consideración.

    Aunque nunca creí que fuera necesario hacerlo, déjeme informarle que no tuve ni tengo vínculos políticos, profesionales o económicos con el Grupo Clarín. De buena fe, usted lo sabe. También sabe, por la relación que alguna vez tuvimos, que jamás me ocupé de defender los intereses de ese grupo económico. Por lo tanto, decir que fui "vocero" de esa empresa en el Gobierno no sólo afecta mi integridad ética, sino que ensucia mucho su propia credibilidad.

    Yo ya acompañaba a Néstor Kirchner cuando en el país sólo un escueto 2% de argentinos sabían de él. Confié en sus ideas y en su conducta. Lo ayudé a alcanzar la presidencia de la Nación con toda honestidad y lealtad. Lo hice cuando muchos creían que todo nuestro esfuerzo era en vano. Usted misma, a veces, se reía de nuestra obcecación diciendo que nos habíamos embarcado en una "loca aventura".

    Cuando Kirchner me confió la Jefatura de Gabinete , sólo respondí a sus órdenes y no defendí ningún otro interés que no tuviera que ver con sus decisiones y, por supuesto, con el bien común. Si de alguien oficié de "vocero" en ese lapso, fue del gobierno que condujo ese gran presidente que fue su marido. Usted era también protagonista principal de esa etapa. Sabe, por lo tanto, que esto fue así y de ello dieron cuenta todos, absolutamente todos los comunicadores en esa época.

    Precisamente, en cumplimiento del rol que me fuera encomendado, y al depender de mí la Secretaría de Medios, tuve que vincularme con todos los medios de comunicación. He tenido así las relaciones tensas que habitualmente se establecen entre el poder y la prensa. Guardo la íntima tranquilidad de haber actuado siempre preservando los intereses que debía representar: los del gobierno que eligieron los argentinos.

    Permítame recordarle algunos de esos momentos de tensión, por si los hubiera olvidado. Fui yo el único funcionario que imputó públicamente al diario Clarín el haber llevado adelante una operación periodística contra una secretaría de Estado. Y también fui el único director de Papel Prensa que -sin guantes de boxeo- logró que los socios privados invirtieran más de ocho millones de dólares para combatir la contaminación que la planta fabril causaba en su proceso productivo. Vale la pena recordar que, siendo un abogado recién recibido, yo ya denunciaba la complicidad intelectual de ciertos medios con la dictadura militar que asaltó el poder el 24 de marzo de 1976 y que a algunos de esos personeros los llevé con pruebas ante los estrados judiciales sin otra intencionalidad que no fuera la búsqueda de la verdad.

    Su conciencia conoce que con el Grupo Clarín no tuve más relación que la que Néstor Kirchner dispuso que tuviera. Con sus directivos almorcé tantas veces como lo hizo usted y en ninguna de esas ocasiones observé algo impropio. Debe saberlo bien, porque todas las comidas fueron en la residencia presidencial de Olivos y siempre contaron con su presencia. Supe además que, habiendo dejado yo mi cargo en el gobierno nacional, usted siguió frecuentándolos en más de una oportunidad, con lo cual es evidente que nunca necesitó de mí para mantener ese vínculo.

    Según dice usted, los directivos del Grupo Clarín le transmitieron directamente a Néstor Kirchner su oposición a la idea de que usted fuera la candidata presidencial. Si así fue, yo ni me enteré. Queda claro, según evidencian sus propias palabras, que en semejantes conversaciones no era necesaria mi presencia. Pese a todo, sí me asombra descubrir que usted no supiera lo que era conocido por todo el Partido Justicialista y la mayoría de los argentinos: que fui yo un sincero impulsor de su candidatura. Miles de testigos e incontables registros gráficos y televisivos confirman esa obviedad. Yo sé que no necesita chequearlos simplemente porque le consta.

    Permítame recordarle algo más. La denominada ley de medios fue hecha pública ocho meses después de mi renuncia; fue elevada al Congreso Nacional un año después de mi alejamiento del Gobierno (tras la elección de 2009 ) y promulgada tres meses más tarde. Hasta donde yo recuerdo, la última vez que cruzamos palabras usted y yo fue justamente el día en que mi sucesor asumió en mi reemplazo. No es verdad que yo estuviera preocupado por esa ley, sencillamente porque en esa época ese tema no estaba en la agenda suya como presidenta y porque tampoco usted mostraba interés en cambiar esa norma. Nunca hablamos sobre la modificación de la ley de medios, simplemente porque usted no la tenía en carpeta.

    Los argentinos sabemos de sus cruzadas. Algunos, incluso, la hemos acompañado en muchas de ellas. Créame que no hace falta fabular batallas para parecer heroica.

    La novela de George Orwell 1984 transcurre en un Estado en el que existe un "Ministerio de la Verdad" dedicado a manipular o destruir los documentos históricos, para que las evidencias del pasado coincidan con la versión que de la historia quiere imponer el gobierno en cada coyuntura. Tal vez sus aseveraciones pueden entenderse como un intento de trastocar lo ya sucedido y construir una historia que, acomodada a sus actuales conveniencias, le haga más llevadero aquello que le resulta difícil de explicar.

    Yo sé bien que usted cree en la necesidad de construir un relato propio sobre la realidad que ampare el mundo dual en el que vive. Seguramente por eso trate de emularlo a Orwell. Pero a mí difícilmente me convenza. He sido un testigo privilegiado de ese tiempo y no voy a poder dar por cierta la historia novelada que nos propone como verdad absoluta.

    A diferencia de usted, suelo observar el pasado con la mayor asepsia. Sólo de esa manera logro hacer fructíferas las experiencias que ofrece la historia, aun cuando parezcan muy dolorosas.

    Hubiera preferido no leer sus quimeras y hubiera preferido no tener que hacer públicas estas aclaraciones. Pero un viejo adagio popular enseña que el que calla otorga, y yo no quiero dar pie a que mi silencio haga parecer consentidas sus ficciones.

    Además, también es necesario advertirle a usted sobre sus desaciertos, aunque no le guste que así se haga. No es bueno estigmatizar a ciudadanos con falsedades. Mejor es hacer frente a la verdad, con las buenas y malas cosas que ella nos ha deparado. Siempre la verdad es mejor para ejercer el gobierno y también para la calidad de nuestra democracia.


Alberto Fernández la trata de mentirosa a la Presidenta de la Nación. ¿Desde dónde? ¿desde adentro? NO, desde afuera. Seguramente "Desde el Llano" de Joaquín Morales Solá, o desde el "Código Político" de Blanck y van der Kooy.

¿Quiénes se ponen contentos con las declaraciones de AF? ¿Sus excompañeros? No, los enemigos de la democracia, la corporación mediática y política destituyente que raspan, oradan, liman, arañan, lastiman... todos los días la convivencia social con malas noticias, y mala leche.

Lo que buscan Clarín y La Nación es mostrar al gobierno nacional, al kirchnerismo, y a la Presidenta, como lugares no permeables al disenso, la crítica o la opinión disonante. "Todo lo K es intolerancia y autoritarismo", repiten y repiten sus falacias para que los tontos aprendan de memoria y lo vuelvan a repetir, como loros...


2
Anibal Fernández, jefe de Gabinete del Gobierno Nacional, le responde inteligentemente al ¿empleado? del Grupo Clarín...



    Alberto Fernández trata de desmentir, en una carta llena de agravios a la Presidenta, lo que no se ha cansado de confirmar en su constante trajinar mediático: que es una persona al servicio de Héctor Magnetto [CEO del Grupo Clarín]. Esa carta sirve para ver en toda su dimensión el accionar del ex jefe de Gabinete. La agresividad para con Cristina, la viuda de quien él llama su "amigo", es el rasgo distintivo. La mujer que desde el dolor más profundo no pudo ni siquiera llorar tranquila y cuando tuviera ganas, porque más que nunca tuvo que ponerse, literalmente, el país al hombro. ¿Se acuerda del... "sola no va a poder"?

    Puede ser que haya acompañado -según él dice- a Néstor Kirchner desde cuando sólo un 2% de los argentinos sabían de él, pero no nos olvidemos de que antes fue un soldado incondicional de Domingo Cavallo, a quien conocía el 100% de los argentinos, y por políticas que estaban precisamente en las antípodas de la visión de gobierno de los Kirchner. ¿Se acuerda de que fue diputado por la lista de Domingo Cavallo? Como era de esperar, lo abandonó cuando perdió la elección en la ciudad de Buenos Aires. Como supo decir Groucho Marx: "Estos son mis principios, pero si no les gustan tengo otros". Me pregunto: ¿a qué se debe tanta desesperación por negar cualquier participación en la discusión sobre la actual ley de medios audiovisuales? ¿Por qué dice que ese tema no estaba en la agenda de la Presidenta? ¿Por qué dice que Cristina no lo tenía en carpeta?

    ¿No recuerda que cuando era jefe de Gabinete se llevaron a cabo muchas reuniones, a metros de su despacho, con la presencia de la presidenta de la Nación para discutir el tema de la modificación de la entonces ley de radiodifusión? ¿No se acuerda de que el miércoles 16 de abril de 2008 Cristina recibió al colectivo Coalición por una Radiodifusión Democrática? Lo recibió en el Salón Norte de la Casa de Gobierno, donde le entregaron la lista de los veintiún puntos. Suena raro su olvido.

    ¿Tampoco estaba el 22 de abril de 2008 cuando recibió a sindicatos y federaciones vinculadas con los medios de comunicación? ¿Y el 25 de abril del mismo año, cuando recibió a las entidades empresarias de medios de comunicación? ¿O el 29 de abril de 2008, cuando recibió a 37 universidades, siempre sobre el mismo tema? ¿O el 5 de mayo de 2008, cuando se entrevistó con productores y entidades de los medios de comunicación? ¿O el 6 de mayo de ese año, cuando lo hizo con entidades gestoras de derechos artísticos e intelectuales como Sadaic y Argentores? ¿O el 29 de mayo, cuando se encontró con el sector cooperativo en materia de comunicación?

    Suena raro, ¿no? Tanta gente dando vueltas por la Casa de Gobierno durante tantos días y que el jefe de Gabinete no se enterara.

    Pero, sin lugar a dudas, lo que más le molesta y lo saca de quicio es cualquier mención sobre la "particular" relación que conserva desde entonces con el Grupo Clarín. Clarín embate contra la juventud, Alberto embate contra la juventud. Clarín dice que Papel Prensa fue bien adquirida mientras brindaban con la dictadura y Alberto dice que Papel Prensa estuvo bien adquirida. Clarín se queja de la ley de medios audiovisuales, Alberto también. Clarín no está de acuerdo con la recuperación de los fondos de los jubilados y Alberto tampoco. Clarín miente y Alberto? también.

    Por favor, no hable en nombre de Néstor cuando usted excedió su relación con Clarín más allá de lo dispuesto por Néstor. Por favor, no hable de lo que hubiera hecho Néstor o de lo que no hubiera hecho. Debería tener un poquito de vergüenza. No mucha, tan sólo algo. Alguito?

    A veces pienso que Alberto, el hombre que vive la realidad, debería ser candidato. Es raro que no lo sea, siendo que se atribuye la fundación y la interpretación de lo que piensa "la gente". Sacaría cientos de miles de votos, pero, como entre sus hipervirtudes figura la de tiempista, debe estar esperando el momento.

    Alberto Fernández, ¿por qué no cuenta la verdad? ¿Por qué no dice que cuando ya estaba definitivamente decidido que Cristina fuera la candidata, usted cambió de estrategia y se planteó: si tenía capacidad para influir en ciertas decisiones al lado de Néstor, ¿cómo no iba a poder hacerlo cuando la presidenta fuera Cristina? Por supuesto que un cachito de misoginia a nadie le sienta mal.

    Usted estaba seguro de que, imperiosamente, Cristina necesitaría de su persona para resolver cada uno de los problemas del país; ergo, así incrementaba la ya mencionada y para nada despreciable cuota de poder. A mí en persona supo decirme: "Antes de hablar con Cristina, me contás las cosas a mí". De más está decir que, con la disciplina que me caracteriza, jamás le di pelota.

    Sin embargo, no pudo con ella. Comenzó a ver día a día que la pretendida influencia sobre la Presidenta no sólo no se incrementaba, sino que se hacía muy difícil influir en las decisiones de una mujer muy formada, decidida y blindada contra alcahuetes y falsos influyentes.

    Eso fue lo que lo llevó a tramar la farsa de la renuncia. Estuvimos juntos la noche anterior y nada dijo. Claro, no podía decir nada ya que tenía pensado entregar a primera hora el texto de la renuncia a los medios, un tiempo antes de que pudiera enterarse la propia presidenta de la Nación.

    Uno siempre supone que los hombres manejan estas cosas con el cuidado y el respeto del caso. Ello no sucedió, ya que su vocación no era irse del Gobierno, sino que la propia Presidenta sucumbiera ante la preocupación por su partida y le permitiera determinadas acciones, lo que se leería como un triunfo político para él, únicamente para él porque, desde cualquier lugar que se lo mirara, no tenía razón de ser.

    En cambio, y contra sus planes, la Presidenta lo recibió por teléfono, notificándole que estaba decidido su reemplazo. Entiendo que llega la hora de terminar con tanta mentira y desparpajo. Piedra libre para Alberto Fernández. Lo descubrieron. Te descubrimos. Ya está, aflojá.

    Ah? es imperioso aclarar que ninguno de nosotros comparte su visión de que alguien quiera parecer heroico, aunque está bien que usted lo vea así. Usted, vivito y coleando, interpretando al muerto mientras degusta almuerzos con Van der Kooy. De corazón? ¿no le da cosa?

    Pero bueno, para Alberto, cualquier clase de votos siempre fueron secundarios. Y eso que su "amigo" Néstor siempre le dio toda la libertad política en la ciudad autónoma para construir. Gracias a Alberto, el hombre que vive en la realidad, Filmus y Telerman fueron por separado. Porque Alberto prometió y mintió y Néstor creyó.

    Pero bueno, no es cosa de ahondar donde no hay profundidad. Y es que Alberto Fernández se muestra solo. Está claro que si su "amigo" está o no está le da lo mismo. Está claro a quién sirve. Como está claro que si él estuvo con Néstor desde que medía 2%, Cristina, la del mundo dual -como dice Alberto-, estuvo con él desde siempre. Tanto estuvo que, hasta alguna vez, los metieron presos juntos.

    En pocas palabras, por favor no lo llame amigo, porque los pocos amigos que se tienen en la vida se acercaron a la familia más allá de la coyuntura política. Porque un amigo no escribe lo que usted escribió.

    La verdad es que da pena que de jefe de Gabinete de Néstor Kirchner termine de operador de Héctor Magnetto. Da pena. Porque, ¿sabe qué?, en la vida lo más importante no es cómo se comienza, sino cómo se termina.

    Por último, ésta será la única vez en la que me referiré a esta penosa cuestión. Sentí la obligación personal de no callarme.


3
La historia argentina está llena de traiciones. Las últimas son notables pero tan crueles como todas. Cristina tuvo que soportar la primera, la de su vicepresidente, Julio César Cleto Cobos, quién le puso el cuerpo al DIA DEL TRAIDOR, un 17 de julio de 2008.

Pocos días depués, el 23 de julio de 2008, Alberto Fernández abandonó la jefatura de gabinete para poder intrigar más relajado. Y tardó muy poco en demostrar de qué lado estaba.

Si como dijo Jorge Coscia: "Fernández aportó mucho y fue un hombre clave en la primera etapa del kirchnerismo en el poder, pero es lamentable que como ex funcionario cierre su ciclo en el proyecto nacional y popular con una acto de definitivo transfuguismo político..."


Entonces, trataremos de comprenderlo. Traemos desde la memoria de los 70, las palabras de un revolucionario que peleó contra la dictadura y murió asesinado por ella. Julio Roqué decía ─con una mirada profundamente comprensiva─ que los seres humanos no somos del todo buenos ni del todo malos...

    «... Ser revolucionario es un combate cotidiano, no una patente vitalicia. En cada nuevo enfrentamiento ─y la tortura es uno de los más difíciles─, se define el ser revolucionario o el dejar de serlo. La traición que interrumpe una trayectoria tampoco puede entenderse como desvalorización de todo lo hecho... Hasta ese momento fue un revolucionario, a partir de la traición dejó de serlo».


AF pudo haber sido muy útil en algún momento, pero ahora se pasó al bando del enemigo.

Y "esa carta" le hace mucho mal a la democracia.


Daniel Mancuso

1 comentario:

Anónimo dijo...

excelente Anibal! Alberto traidor.

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