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miércoles, 15 de junio de 2011

FONTEVECCHIA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y DICTADURA






¿Y si no es humano?

Quizá sea como un robot que nunca envejece, que no tiene culpas ─porque las máquinas obedecen órdenes y algoritmos─, y con una cara de niño eterno, vive su vida ficticia de muñequito manejado a control remoto por Héctor Magnetto desde sus oficinas de la calle Tacuarí.

Por eso escribió notas a favor de su Adversario MAGNETTO, aclarando que a pesar de ser su oponente en los negocios cuenta con su solidaridad. Y sostiene: ... para que al lector le quede claro que PERFIL apenas comparte con Clarín la tensión de la competencia...

Bullshit!!!

Quizá fue Fontevecchia y no Pinocchio quien inspiró a Steven Spielberg para su película A.I. Inteligencia artificial.

Lo cierto es que tanto Jorge Alberto Fontevecchia como Samuel Chiche Gelblung fueron 2 de los más comprometidos defensores de la dictadura cívico militar del 76 al 83.

No lo inventamos nosotros: sus escritos y notas en las revistas que dirigían en esa época lo demuestran. Por eso, no tienen autoridad moral para hablar de democracia ni de Periodismo Independiente, en este momento...


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“... Por favor, no nos venga a hablar de campos de concentración, de matanzas clandestinas o de terror nocturno (…) Esta es una fecha clave para defender al Proceso”.

Eran palbras de una editorial firmada por Jorge Fontevecchia, en mayo de 1978, en la revista La Semana, madre de la revista Noticias, ante la inminencia del mundial y para contragolpear lo que llamaban entonces, la “campaña antiargentina” montada por organismos políticos y sociales denunciando a la represión.

Carta abierta a un turista europeo, es el título de la editorial de Fontevecchia, parafraseando, burlonamente, la “Carta abierta a la Junta Militar”, de Rodolfo Walsh, que un año antes escribió en las horas previas a ser desaparecido. Pero claro, uno apoyaba a Massera, el otro lo combatía.

Fontevecchia jamás denunció a la represión, pero denuncia al gobierno (de Kirchner antes, de Cristina ahora) de “autoritario”, y su vocero estrella, Jorge Lanata llegó a comparar al actual gobierno con una dictadura.




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En nuestra nota DECONSTRUYENDO A FONTEVECCHIA decíamos...

    Jorge Alberto Fontevecchia es también paradigmático: el tipo es un empresario que utiliza las noticias como mercancía y fabrica "productos periodísticos" para hacer plata. No le interesa la democracia, ni las instituciones ni la ética; eso es lo que diferencia a anteojito con cualquier militante. Un militante popular tiene compromiso con la verdad y con su pueblo; un empresario quiere engordar sus cuentas bancarias.

    Por eso su editorial publica tantas revistas descartables para peluquerías y consultorios: Noticias | Fortuna | Caras | Hombre | Luz | Mía | Semana | Semanario | Look | SuperCampo | WeekEnd | Parabrisas | Joker /Crucigrama | Neo y LunaTeen. Todos eso productos no aportan al crecimiento simbólico y educacional de los potenciales lectores, sino todo lo contrario, embrutecen y distancian de los verdaderos temas importantes de la vida social.

    Editorial Perfil y sus estúpidas revistas atentan contra la salud espiritual y moral de la sociedad...



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Fontevecchia tiene una tendencia cínica a recordar la revista “La Semana”, sólo durante los últimos años de la dictadura, precisamente luego de la guerra de Malvinas en 1982. Suele olvidar el respaldo que “La Semana” le brindó a la dictadura cívico-militar, por ejemplo, en 1978.

Andrés Cascioli, director de la legendaria revista Humor publicó en 1995 una edición especial de dicho semanario que se tituló “¿Qué hiciste tú en el proceso, papá?”.

Allí, dedicó un capítulo al rol del periodismo titulado “Del elogio a la hipocresía”. En la bajada lo presentó diciendo que “algunos medios y periodistas que, sin arrepentimientos ni autocríticas creíbles, primero apoyaron el golpe de 1976 y ridiculizaron la cuestión de los derechos humanos, y luego hablaron –lo están haciendo hoy mismo-, de ‘crímenes’ y ‘terrorismo de Estado’”.

Allí Cascioli publicó varios ejemplos, la mayoría vinculados a publicaciones de Editorial Atlántida, aunque también incluyó a la revista Extra (dirigida por Bernardo Neustadt) a Clarín, La Nación y Editorial Perfil.

En el relevamiento incluyó también a dos ejemplares de “La Semana”, uno de mayo de 1978 y otro de diciembre de 1983.

Sobre el de 1978, Cascioli incluyó un facsímil de “La Semana”, en el que se observa un editorial titulado “Carta abierta a un turista europeo”.

Allí se lee: “Y, por favor, no nos venga a hablar de campos de concentración, de matanzas clandestinas o de terror nocturno. Todavía nos damos el gusto de salir de noche y volver a casa de madrugada”.

Debajo del facsímil se lee: “En una fecha clave para defender al ‘proceso’ –poco antes del Mundial de Fútbol-, también La Semana intentaba refutar notas publicadas en el extranjero: ‘no nos venga a hablar de campos de concentración…’”.

Sobre el ejemplar de 1983, publicó un facsímil de una publicidad de “La Semana”, en donde se ve la tapa de la revista con el título “Los archivos de los campos de concentración”, bajo el slogan publicitario “Como siempre, decimos lo que todos callan”.

Y bajo la reproducción, acotó: “Cuando decir ‘lo que todos callan’ ya no implicaba riesgos: el Proceso había terminado. Acompañando esta edición de diciembre de 1983, La Semana emitía avisos por TV recordando que los fotógrafos de esa editorial habían sido ‘los más perseguidos por el gobierno militar’. Pero cinco años antes, ‘por favor, no nos venga a hablar de campos de concentración’”.

En su número 1451, el 16 de octubre de 2004, Noticias (también de editorial Perfil), publicó un editorial titulado “Libertad condicionada”. Allí señaló que...

“la mayoría de los medios de comunicación sellaron un pacto no escrito con la última dictadura militar: acordaron un espacio dentro del cual se podía criticar, en una suerte de ‘libertad condicionada’. Se criticaban los baches, las veredas en mal estado y el tendido descuidado de los cables de teléfono, entre otros temas menores. El entonces intendente porteño, Osvaldo Cacciatore, era el receptor privilegiado de esos reclamos y ocupaba su tiempo polemizando frente a todos los micrófonos. El resultado era patético: mientras el Estado secuestraba, torturaba y desaparecía personas, muchos medios miraban para otro lado. Para el lado que el Gobierno quería que se mirara”.

En otro párrafo añadió: “En los últimos tiempos se recreó una suerte de ‘Gran Cacciatore’. Muchos programas de televisión que en otro momento fueron incansables perseguidores de políticos y actitudes sospechosas, hoy disparan sus críticas para revelar la condición sexual de alguien, denunciar lo ruidoso que son los ferrocarriles o el deterioro inadmisible de las plazas”.


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Fontevecchia suele escribir aludiendo a pensadores reconocidos, frases célebres, ideas universales. Es una especie de Mariano Grondona reciclado, menos reaccionario, más políticamente correcto, y por lo tanto, más cínico y perverso. Veamos qué dice en Contraperiodismo...




    (...) En su momento Borges dijo: “Los peronistas son gente que se hace pasar por peronista para sacar ventaja. Detesto a los comunistas, pero, por lo menos, tienen una teoría. Los peronistas, en cambio, son esnobs”.

    En otro, un joven lo ayuda a cruzar la 9 de Julio; en mitad de la avenida, el joven le dice a Borges: “Yo soy peronista”. Borges respondió: “¡No se preocupe!, yo también soy ciego”.

    En el libro El palabrista, el periodista Esteban Peicovich recopiló frases de Borges. Algunas de ellas servirían para responder un imaginario ataque de 6, 7, 8: “No creo en la agresión por cuenta propia. Detesto las polémicas, trato de estar de acuerdo con mi interlocutor. En una reunión, un señor se mostraba continuamente agresivo conmigo. Eso duró media hora. Entonces le dije: ‘Vamos a suponer que usted me ha insultado, que me ha dicho lo que suele decirse de la madre del interlocutor a quien se quiere injuriar. Vamos a suponer que usted me ha escupido. Todo esto lo damos por supuesto. Inclusive que usted me ha abofeteado. Después de esto, ¿no le parece que podemos seguir conversando tranquilamente? Yo he aceptado todas sus injurias, yo no he hecho nada, me he achicado todo el tiempo. Ahora hablemos’”. Recuerdo una historia del doctor Henderson, en el siglo XVIII, creo. Estaba discutiendo Teología en Inglaterra y alguien le arrojó un vaso de vino a la cara. Henderson se enjuagó y dijo: “Esto es una digresión. Sigo a la espera de sus argumentos”.

    ¿Qué clase de periodismo es este contraperiodismo oficialista?

    En
    «Microfísica del poder», Michel Foucault escribió: “La humanidad no progresa lentamente, de combate en combate, hasta una reciprocidad universal en la que las reglas sustituirán para siempre la guerra; instala cada una de esas violencias en un sistema de reglas y va así de dominación en dominación. Y es justamente la regla la que permite que se haga violencia a la violencia, y que otra dominación pueda doblegar a aquellos mismos que dominan.

    En sí mismas las reglas están vacías, son violentas, no tienen finalidad; están hechas para servir a esto o a aquello; pueden ser empleadas a voluntad de éste o de aquél. El gran juego de la historia es quién se adueñará de las reglas, quién ocupará la plaza de aquellos que las utilizan, quiénes se disfrazan para pervertirlas, utilizarlas a contrapelo, y utilizarlas contra aquellos que las habían impuesto; quién introduciéndose en el complejo aparato, lo hará funcionar de tal modo que los dominadores se encontrarán dominados por sus propias reglas”.


    ¿Habrán leído «Microfísica del poder» los estrategas del contraperiodismo?


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Es evidente que Fontevecchia es ilustrado, leído, pero no inteligente. Si él pudo leer «Microfísica del poder», siendo un «periodista militante» del Partido de las Cabezas Colonizadas de un País Dependiente de los Vaivenes del Capitalismo, nosotros también pudimos.

¿Por qué no podríamos leerlo nosotros, cualquiera de los mortales que nos oponemos a la dominación de las conciencias por parte de empresarios gatopardistas de la Comunicación?

¿O es que trae a MICHEL FOUCAULT para decir que quienes defendemos y construímos el Proyecto nacional y popular somos VIOLENTOS?

¿O es que trae a MICHEL FOUCAULT para decir que sólo somos violentos quienes nos oponemos y criticamos a la violencia de los medios hegemónicos de Confusión, pero para su mirada parcializada y falaz, los medios hegemónicos de Confusión son carmelitas descalzas?

¿O es que trae a MICHEL FOUCAULT para decir la mitad de la verdad, analizar la mitad de los hechos, porque mira con un solo ojo (ojo de pirata), o porque leyó sólo medio libro?

¿O nunca leyó «Microfísica del poder» y sólo relojeó el resumen en la contratapa?

Parece que Fontevecchia como los robots, como las máquinas y computadoras, posee una inteligencia artificial que nunca podrá superar a la sensibilidad, la intuición y las emociones de un ser humano, de un pueblo movilizado detrás y adelante de un sueño de Justicia social, Soberanía e independencia.


Daniel Mancuso

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