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domingo, 3 de abril de 2011

LACLAU Y LA LIBERTAD DE PRENSA









Haciendo un alto en sus ciclos de conferencias, que por estos días lo encuentran en Chicago, Ernesto Laclau concedió una entrevista a Tiempo Argentino para analizar la actualidad política de este año electoral y la reacción que provocó el conflicto gremial en el Grupo Clarín...


    –¿Qué opinión tiene sobre lo sucedido en la planta del medio monopólico Clarín? ¿Es como lo quieren presentar ellos, un atentado a la libertad de prensa?

    –Yo creo que las declaraciones realizadas por el ministro Carlos Tomada han estado muy adecuadas. Este es un problema de carácter sindical, de un conjunto de empresas que no están respetando una serie de principios legales establecidos (vea los DESPEDIDOS de CLARÍN).

    A este proceso de protesta se le está tratando de dar un tinte político e ideológico con toda esta historia de que la libertad de prensa está puesta en cuestión, lo cual es absurdo. La libertad de prensa en la Argentina es total.

    Pero además, la libertad de prensa en otros países donde la gente dice que está cuestionada, también es muy grande. En Venezuela, que generalmente es el blanco de los ataques, hay que ver que lo que ocurrió fue que no renovaron la licencia de un canal de televisión para salir al aire, aunque ese canal puede seguir difundiendo en cable y en otras formas, y lo sigue haciendo.

    Ahora, lo que no se dice es que ese canal de televisión había apoyado abiertamente el golpe de 2002. Ahora se imaginan si en los Estados Unidos el Washington Post apoyara un golpe de Estado, hubiera sido cerrado inmediatamente y nadie hubiera argüido nada sobre la libertad de prensa.

    –¿Qué análisis le merece el actual discurso de la derecha?

    –El discurso de la derecha es tratar de oponer la movilización popular a las instituciones y presentar toda movilización popular como potencialmente autoritaria y opuesta al orden institucional dado. Lo que nunca aparece es una reflexión acerca de por qué el orden institucional es como es, por qué este orden no es neutral y sólo refleja el equilibrio de fuerzas sociales en un país determinado. La cuestión es que si uno quiere un proceso de cambio, necesariamente va a tener que alterar la formas institucionales vigentes. No alterarlas de una manera autoritaria ni antidemocrática, pero sí ponerlas en cuestión tal como existen.

    En la Argentina ha existido por muchos años un régimen clientelista de tipo conservador en el que los caudillos locales manejaban a las masas sin darles ninguna participación. Entonces, cuando se produce ese levantamiento de masas empiezan también a alterarse las formas institucionales que habían existido hasta ese momento. Ahora, todo el juego del discurso de la derecha es plantear que las instituciones tal como existen son el orden institucional sagrado de la sociedad, y que entonces todo proceso de cambio puede ser dejado de lado con una tendencia populista de carácter autoritario. Pero a ese juego ya estamos acostumbrados.

    –El dirigente ruralista Mario Llambías dijo que se quiere cambiar la bandera por « un sucio TRAPO ROJO ». ¿Cómo se puede interpretar esta afirmación?

    –Este señor, al que conozco, es un reaccionario extremo. Aunque no debemos olvidar que hay otros que tienen un discurso un poco más sofisticado, más complejo, que sin embargo llegan a lo mismo.

    –¿Cuál es su opinión sobre las elecciones en Chubut, con las irregularidades que se descubrieron en el escrutinio?

    –Yo creo que es importante lo que ha sucedido en Chubut porque refleja una orientación nacional del electorado. La gente votó en Chubut no sólo pensando en problemas de la provincia, sino también en opciones nacionales. Antes de Chubut fue Catamarca. En un momento dado estaba la línea de MARIO DAS NEVES 30 puntos adelante del candidato kirchnerista y se llegó a la elección con este resultado que aún no se sabe que va a pasar. Si llegara a imponerse la línea de Das Neves por unos pocos votos será una derrota mayúscula de la oposición.

    –¿Vislumbra alguna tendencia electoral de cara a octubre?

    –Las próximas elecciones provinciales se realizarán en Salta, donde creo que va a haber un triunfo del kirchnerismo. Creo que hay una buena opción de que se pueda ganar también con Agustín Rossi en Santa Fe. La cuestión en la Capital va a estar reñida, pero creo que la línea general es que el espectro electoral está perfectamente claro hacia el Frente para la Victoria.

    –¿Cómo ve posicionado al país?

    –Creo que la situación del país es muy buena, en lo económico estamos frente a una etapa floreciente. Los efectos de la crisis, como decíamos antes, no se han sentido. Hay una voluntad colectiva de defender los Derechos Humanos, de oponerse a todo el pasado de la dictadura, y al mismo tiempo hay un fervor popular acerca de posibilidades de cambio, que son reales y que no se habían planteado en los mismos términos desde hacía tiempo.

    –Otra vez la sociedad se moviliza y expresa. Los jóvenes tienen otra presencia en la esfera política. ¿Estas ganas de participar se la debemos al kirchenerismo?

    –En efecto, esta es una de las grandes victorias del kirchnerismo. Frente a los que dicen que se ha tratado de un autoritarismo que manipula a la voluntad popular, se produjo la incorporación de varios sectores al quehacer colectivo. Hay un populismo en el buen sentido del término, es decir, la creación de una identidad popular global, pero al mismo tiempo esto se hace a partir de una pluralidad de procesos de participación que son profundamente autónomos.

    –A veces se suele malinterpretar el concepto “populismo”.

    –Si uno busca ejemplos en otros países existen populismos autoritarios, pero son cada vez menos populistas. Por ejemplo Zimbawe, con Mugabe, es un régimen que usa lemas populistas, pero lo único que movilizan son grupos armados de pandillas ligadas al Estado. La participación popular es mínima. Por otro lado, en África hubo otros procesos de un populismo más auténtico, donde la voluntad popular se ha multiplicado y se ha expresado, por ejemplo el régimen de Nyerere en Tanzania. Y cuando uno ve este tipo de alternativas, decir que en la Argentina hay un populismo autoritario es tan absurdo como sostener que los marcianos gobiernan Washington.




2
En agosto del año pasado, estuvo en el Congreso Internacional de Ciencia Política, en la provincia de San Juan, donde compartió una charla con Néstor Kirchner y partició de conferencias, reconocimientos y cenas.

Escucharlo o leerlo es fácil y gratificante, ACLARA ERNESTO LACLAU...


    –¿A qué se refiere al plantear que el kirchnerismo es un significante abierto?

    –Es un significante abierto en el sentido de que todo lo que empezó a surgir en el 2003 recién comienza a tomar una cierta imagen. En el 2003 era poca cosa: Kirchner salió elegido candidato por uno de esos movimientos internos casi incomprensibles del peronismo y empezó a fijarse en el imaginario colectivo con una cierta idea de unidad o de acuerdo, dado que tiene que representar un arco bastante amplio de fuerzas. Afortunadamente, su núcleo político es lo suficientemente razonado como para no hacer la ingenuidad de lanzarse a conducir un partido exclusivamente ideológico. La incorporación de las distintas fuerzas que se unieron bajo la denominación de “kirchnerismo” es la misma política que ha hecho Lula en Brasil. El Partido de los Trabajadores es ideológicamente muy limitado, pero cuando llegó al Gobierno tuvo que generar una política basada en la transversalidad con grupos de centroizquierda. Las alianzas son otras, y no necesariamente tienen que competir entre ellas. Además, tienen una excelente presidenta del Banco Central, que esperemos que pueda seguir, y un papel político perfectamente claro.

    –¿Por qué dice que la división entre Estado y sociedad civil se está borrando?

    –Porque hubo una politización de una cantidad de sectores de la sociedad civil. Hace 40 años, si uno pensaba cuáles sectores de la sociedad estaban politizados, tenía que decir: los sindicatos. Pero hoy, junto con los sindicatos hay otro tipo de organizaciones. Después de 2001, empezaron las fábricas recuperadas, los piqueteros, movilizaciones en la sociedad que necesariamente conducen a la ampliación del espectro democrático. Estas organizaciones son cuasiestatales: participan activamente de la esfera política, varían en el tiempo y empujan cada vez más límites. El kirchnerismo se ha favorecido por el desarrollo de esos movimientos...



3
En su libro La razón populista (Fondo de Cultura Económica), Laclau rompe con el análisis micropolítico al que últimamente se han limitado muchas investigaciones de ciencias sociales (ceñidas al pequeño fenómeno, al tema puntual, al matiz imperceptible) y se plantea un objetivo ambicioso: redefinir el populismo como parte de un enfoque, más global, sobre la discusión teórica de la izquierda. El libro concluye con una demoledora crítica a Michael Hardt y Toni Negri.

Pero Laclau no se limita a polemizar con los autores de Imperio: va más allá, y arremete contra el esloveno Slavoj Zizek –a su vez uno de los críticos más despiadados de Hardt y Negri–, a quien acusa de encarar todo tipo de “contorsiones inverosímiles” para compaginar diferentes teorías en un todo más o menos coherente. “Tiene una posición ambigua”, explica Laclau.



4

Ernesto Laclau es uno de los más reconocidos filósofos políticos argentinos. Es investigador, docente y escritor, una de las grandes voces de la teoría política.

Se graduó en Historia en la UBA, trabajó junto a Gino Germani y José Luis Romero, y militó en la izquierda nacional de Jorge Abelardo Ramos hasta que en 1969 fue convocado por el historiador británico Eric Hobsbawm, quien apadrinó su ingreso a Oxford.

Laclau se quedó a vivir en Inglaterra, donde escribió libros como Emancipación y diferencia y Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo. Con su teoría de la hegemonía, Laclau fue creando una originalísima reflexión política, muy difícil de encuadrar, que abreva en el marxismo de Gramsci y Derrida y en el psicoanálisis de Lacan, y que subraya el aspecto discursivo de los fenómenos sociales.

Recorrer su obra es internarse en un universo de agudas interpretaciones de los procesos políticos contemporáneos: Política e ideología en la teoría marxista: Capitalismo, Fascismo, Populismo (1977); Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo (1990); La razón populista (2005); Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia, escrita junto a Chantal Mouffe (1985); y Hegemonía, contingencia y universalidad (2000), junto a Judith Butler y Slavoj Žižek.



Daniel Mancuso

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