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martes, 1 de febrero de 2011

VIOLENCIA ESTRUCTURAL Y MENORES DE EDAD





Un menor, un arma, un muerto y otra vez las proclamas sobre la conveniencia de bajar la edad de imputabilidad. Un debate inconducente, una dialéctica recurrente, un reduccionismo inaceptable, un producto de consumo mediático-político que procura satisfacer las “legítimas” expectativas del “pueblo”. Es decir, a la clase media propietaria que se siente amenazada con estos pibes que “salen a robar y a matar”.

Desde la entraña de aquellos sectores medios, que otrora portaban cacerolas preocupados tan sólo por la defensa de su patrimonio mientras once millones de argentinos se hundían en la pobreza, surge ahora este neofascismo que reclama y proclama el linchamiento social de quienes –se supone– son los responsables de esta parcialidad delictiva.

No importa la inseguridad habitacional, alimentaria, sanitaria, educativa o laboral. Eso es cosa de pobres, estos enemigos reales o potenciales que amenazan “nuestra” seguridad personal. Estos sectores marginados no se identifican con su reclamo: quien no tiene nada que perder, nada tiene que temer. Tampoco importa la delincuencia de guante blanco, la criminalidad política o el narcotráfico, mientras no trasponga la reja de “nuestro” jardín.

Son estos sentimientos individualistas los que terminan legitimando la implementación de políticas de corte represivo y de abandono social, que derivan en violencia sistémica o estructural hacia los sectores más vulnerables. Es de esperar entonces que aquellas políticas desarrolladas en las últimas décadas derive en episodios de violencia interpersonal, porque –como es sabido– la violencia engendra violencia.

En esta ocasión, el debate público ha centrado su análisis en la órbita del derecho penal, desde donde se intenta brindar una solución punitiva al creciente reclamo de seguridad. Si embargo, esta situación constituye tan sólo un epifenómeno de una realidad social mucho más compleja que nos negamos sistemáticamente a reconocer.

Es preciso advertir que los países cuyos indicadores sociales revelan profundas desigualdades, poseen elevadas tasas de criminalidad. En el caso de América Latina, las estadísticas oficiales y las investigaciones de expertos corroboran una tendencia ascendente a partir de la década del ‘80 que coincide cronológicamente con el deterioro social derivado de la aplicación de las políticas económicas del Consenso de Washington, con un evidente abandono del Estado de Bienestar.

A fin de apartarnos de esa parcialidad reductiva, la primera labor que se impone, es “descriminalizar” la situación, tarea que se presenta un tanto difícil si tenemos en cuenta el constante fogoneo de los comunicadores sociales, del poder político y de algunos penalistas, que han monopolizado el debate. Habrá que esperar entonces la modificación de la ley que disminuya la edad de imputabilidad de los jóvenes, aunque más no sea para demostrar que fue éste debate estéril e inoficioso, y enarbolar otro discurso, donde podamos hacernos cargo definitivamente, como sociedad y como Estado, de las consecuencias derivadas de la violencia estructural que hemos impartido a estos jóvenes nacidos en los ’90.


Luis Federico Arias
juez de La Plata




La PARANOIA es un fenómeno de ciertas clases medias urbanas y afines, producto de las noticias distorcionadas, insistentes, manipuladas y parciales que emiten desde hace años los medios de confusión masiva...

En Argentina, todavía, no somos todos iguales. Es la gran deuda que la democracia tiene con todos nosotros. No es lo mismo un rico que un pobre, un blanco agrosojero que un negro de mierda. No es lo mismo Alfredo De Angeli cortando rutas que un pibe de Retiro cortando la avenida. Siempre es lo mismo, POBRES VICTIMAS POBRES...

La victoria más aplastante que obtuvo la dictadura genocida del '76 no fue el tendal de muertos y desaparecidos que hirió salvajemente nuestra historia reciente, sino el miedo recurrente que impregnó de desconfianza e individualismo corrosivo a la sociedad toda. Allí están LAS CLAVES DEL ODIO


Daniel Mancuso

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mancuso

Muy buena la Nota sobre Mladic, pero le vendría bien un poquito de humildad: aca mismo ya escribe usted MUCHAS ESTUPIDECES

Gracias

Edgar Acher

Daniel Mancuso dijo...

Edgar,
Como usted es un hombre INTELIGENTE, sabrá separar la paja del trigo,
saludos

aguantan

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