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jueves, 13 de mayo de 2010

MACRI Y LA IDEOLOGÍA



Las ideologías no han muerto, están más vivas que nunca. Aunque Gustave Thibon, desde su prosa mística, intentó fundamentar la licuación ideológica con un texto lleno de lugares comunes y poco profundos, o como el mismo dice ... Este es el defecto de aquellos que, en el colmo de la audacia, tienen pretensiones científicas.

« ... el gran terreno de acción de la ideología, es la política. En la utopía política se pretende reconstruir la realidad a partir de esquemas abstractos, elaborados en cerebros recalentados en su propia fermentación, y hacer brotar realidades sociales como plantas de invernadero. Esta ideología es completamente desmentida por la experiencia, pero la refutación de la teoría por los hechos, carece de todo peso: ¡qué mueran los hombres antes que abandonar el principio! »

(Si bien su texto está dedicado al comunismo, el fascismo y el nazismo, bien podría aplicarse al MACRISMO, ¡Con su permiso Thibon!)

Macri, como un virus malévolo, sostiene en su accionar cotidiano todo las enfermedades que hemos padecido desde la dictaduras hasta el tsunami del 2001: privatizaciones, transas, corrupción, negociados, represión a las manifestaciones populares, la UCEP y el Fino Palacios... sin embargo, en su discurso público dice que expresa "el sentido común de la gente".

Recordemos: en sociología, se llama ideología a todo conjunto más o menos sistemático de creencias que intentan explicar al hombre y el mundo, a la vez que orientar su conducta a partir de ciertos valores aceptados como correctos. En este sentido general, toda teoría del mundo es una ideología: lo es tanto el punto de vista reaccionario como el conservador, tanto el progresista como el radical. En todas las sociedades encontramos teorías del mundo o ideologías puesto que, como señaló Friedrich Engels, "todo lo que mueve a los hombres tiene que pasar necesariamente por sus cabezas". Pero el Marx añade a este concepto general las siguientes peculiaridades:

a) En la Crítica de la economía política nos dice que la ideología abarca el derecho, la política, la religión, el arte, la filosofía, y hasta la misma ciencia;

b) las ideologías no describen al hombre y su situación en el mundo y la sociedad de un modo correcto, sino de un modo deformado, falso;

c) esa deformación en la descripción del hombre es consecuencia del interés de la clase dominante por mantenerse en su situación de dominio; como nos dice en La ideología alemana: “las ideas de la clase dominante, son, en todas las épocas, las ideas dominantes”. La clase dominante dispone de los medios de producción material, pero también del control y producción de los bienes espirituales, de la producción de la cultura, por lo que las ideas que en una sociedad triunfen serán las que la clase dominante quiera que dominen;

d) las ideologías son un “producto social”: los pensamientos de los hombres son conse­cuencia de la sociedad en que viven, particularmente del orden económico vigente...



En su nota Menemismo explícito, Eduardo Fabregat intenta explicar toda la indignación que provoca el alquiler del Teatro San Martín para hacer una fiesta privada...


Dejar caer un ente, empresa, institución dependiente del Estado, vaciarla, subejecutar su presupuesto y no hacer nada con sus urgencias, luego apelar a la necesidad de un aporte privado y que ingresen los amigos a hacer negocios.

¿Suena conocido?

Hay ejemplos más viejos, pero el modus operandi podría definirse como menemismo explícito. Tampoco es la primera vez que se asocia a la administración Macri con los ‘90, y ésta es una nueva certificación. El hecho es tan notorio que obliga a preguntarse si es posible: el Gobierno de Buenos Aires permitió que se alquilara el Teatro San Martín para una fiesta privada.

“Sólo” hubo que suspender funciones en la Sala Cunill Cabanellas y la Casacuberta, y a cambio se obtuvieron 80 mil dólares para invertir en equipamiento. Negocio redondo, todos contentos.


¿Todos contentos?

El punto es que –resulta extraño que haya que recordárselo a los dirigentes– las cosas no funcionan así. No deberían, al menos. El año pasado, los actores del Complejo Teatral divulgaron desde el escenario sus dificultades para cobrar, la reducción presupuestaria que acosaba a los teatros, sus empleados y contratados artísticos.

La solución macrista no fue respetar el presupuesto que la cultura debe tener, sino generar un escenario en el que la dádiva de un empresario sea naturalizada, vista como un encomiable aporte a la cultura, un recurso pragmático a defender.

“¿Qué tiene de malo?”, se preguntará más de uno, amparándose en las cositas que recibió el teatro. Después de todo, ya sucedió algo similar con el Centro de Experimentación del Colón, alquilado a Converse para un show de Marky Ramone a cambio de indumentaria para el cuerpo de ballet. Después de todo, a la plaza de la esquina también la cuida una empresa privada, y el Opera sigue llevando el logo del Citi en la marquesina aunque diga “Opera” allá arriba, donde casi nadie mira.


Semejante bastardización de la cultura resulta asombrosa, aun para un gobierno que se concentra en megaeventos mientras socava las pequeñas expresiones. La fiesta de Von Buch puede inaugurar una lista de precios para que un empresario cualquiera (en rigor, no cualquiera: uno bien relacionado) haga su aporte. A cuánto dos salas del San Martín, una coreografía del cuerpo de danza y el monólogo de un actor al que se le deben cuatro meses. Cuánto la función privada en el Teatro Sarmiento con paseo por el Zoológico. Cuánto el paquete turístico, visita a la Bombonera y cena-show en el Teatro de la Ribera. Vamos, todo vale, que hay que salvar a los teatros en peligro. Y, sobre todo, “salvarlos” dejando en las sombras a los responsables de que esos teatros estén en semejante peligro.

Macri lo hizo.


Otra vez, aparece la discusión por los modelos. Desde 2003, la política ha recobrado el protagonismo perdido en la segunda década infame (los 90). De nuevo hay dos modelos en cuestión: uno que piensa en todos los argentinos con un Estado presente que regula las relaciones entre los hombres; Otro que quiere al dios MERCADO ordenando las barajas y el juego libre. Grecia y España muestran en estos días qué sucede cuando gana este último.

Lo que está en discusión es la falta de presupuesto para el Arte y la Cultura, la Salud y la Educación, la Vivienda y el Transporte, el mal uso de los recursos públicos, la ideología neoliberal que el menemismo y la Alianza de De la Rua supieron aplicar y que tanto mal nos hizo. Ahora Maurizio, a contramano de lo que sucede a nivel nacional, insiste en restaurar una política y una ideológia que el pueblo argentino ya dejó atrás.

Daniel Mancuso

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