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martes, 29 de septiembre de 2009

Lucas Llach: "ME QUEDO CON EL MERCADO"





El diario La Nación está en contra de la Ley de Medios. No es una novedad. Junto con Clarín y otros medios de confusión mienten e inventan realidades falaces cada día. Lo bueno de este momento, es que se cayeron las caretas, no pueden ocultar sus intereses y los exponen a la vista de todos, en forma impune, desvergonzadamente...



 Rosarino, soñó con ser futbolista profesional pero padeció el destino de ser economista. Sus intereses giran en torno a la economía, la historia económica y las políticas públicas. Sobre esos temas enseña en la Universidad Torcuato Di Tella.

Así se presenta en La Nación, mirá lo que escribió sobre la ley de medios que todavía está en el Senado...





¿Qué tiene de malo la ley de medios? (II)


« Seguimos con el pequeño análisis sobre la ley de medios que iniciamos ayer. Al final opinaré sobre seis temas: dos ayer, dos ahora, dos mañana, vamos de a poco.

» 3. Proteccionismo. El Capítulo V de la ley votada por diputados se llama “Contenidos de la programación“. Tiemblo, pero se trata sobre todo de un voluntarioso proteccionismo: fomentar la producción local de contenidos audiovisuales. La ley votada por diputados incluye varias disposiciones para favorecer:
(i) las producciones nacionales y, dentro de estas,
(ii) las producciones “independientes”. Por ejemplo: las radios tienen que tener un 30% de música nacional, “repartida proporcionalmente a lo largo de la programación”, y la mitad de ese porcentaje debe corresponder a “música producida en forma independiente”.

» La TV abierta también tiene porcentajes de producción local, y dentro de estos una cuota de independientes. Debe, asimismo, poner en pantalla una cierta cantidad de estrenos nacionales (¡no, please!). ¿Sorprende que los actores estén a favor? Si pusieran un apartado obligando al pueblo a leer La Ciencia Maldita yo también que me hago kirchnerista, o hago que me hago.

» Vale la pena notar que el proteccionismo es mercosuriano: las señales de cable tienen que tener “un mínimo de canales originados en países del Mercosur…”. A los fines de la comunicación intra-Mercosur estaría bueno, antes que nada, mandar liberar el puente con Uruguay, y en todo caso después vemos si ponemos en la grilla Charrúa TV.

» VEREDICTO: es triste el destino que tendrán estas disposiciones. Si llegan a ser cumplidas –cosa que me permito dudar– ocurrirá que todos estos contenidos forzosos se pondrán en los peores horarios, o mientras pasan en otro canal un partido del Mundial. Además, lo más probable que una teta de la Coca Sarli sea más redituable que el folklore yamana que estaría más en el espíritu fervientemente moralista de la ley, y sin embargo nada hay en este rubro que ponga en ventaja a este último. Para folklore yamana hay que apelar a las disposiciones en favor de los PP.OO.

» 4. Hablemos todos. Hasta ayer, antes de leer a Pagni hoy (tema que desarrollaré mañana en el punto 5), me parecía lo único verdaderamente lamentable de la ley. Me refiero al sistema propuesto para adjudicación de licencias y, sobre todo, los obstáculos para la venta o “alquiler” de licencias. En su caudalosa confianza en la naturaleza humana, la ley de medios postula que no deben tener licencias quienes más estén dispuestos a pagar por ellas sino –ya que para *todos* no hay lugar– quien tenga algo mejor para decir. Mejor desde el punto de vista de la “Autoridad de Aplicación”, claro está. Esto incluye el famoso tercio para las ONGs,

» “El treinta y tres por ciento (33%) de las localizaciones radioeléctricas planificadas, en todas las bandas de radiodifusión sonora y de televisión terrestres, en todas las áreas de cobertura para personas de existencia ideal sin fines de lucro”, pero, sobre todo, pensemos que todas las licencias de radio y televisión son decididas por el Estado. Se dirá que ahora también es así; pero la diferencia es que ahora las licencias pueden transferirse, mientras que con la nueva ley está terminantemente prohibido.

» El tema de la tranferencia de licencias es crucial, porque daría una rendija para ingresar a los medios audiovisuales a quien quisiera hacerlo pero no fuera elegido en los “concursos públicos abiertos y permanentes” (art. 32), cuyos criterios para la elección de licenciatarios son diez, incluyendo por ejemplo “el desarrollo de determinados contenidos de interés social” (art. 34, inciso (g)). Es decir: si el gobierno no quiere darme una licencia, no me la da, lo cual no es novedad. Lo que sí es novedad es que ”las autorizaciones y licencias de servicios de comunicación audiovisual son intransferibles” (art. 41) y que la “delegación de explotación” (que incluye ceder espacios a terceros en forma parcial o total, celebrar contratos de exclusividad con organizaciones productoras de contenidos, etc.) será considerada falta grave” (art. 44).

» Tengo claro que la opción es entre dos situaciones lamentables: que el Estado elija o que el mercado elija. En este país, si elige el Estado elige el gobierno (¿Algún contraejemplo?). Si elige el mercado, las licencias irán a quienes más estén dispuestos a pagar por ellas, que normalmente serán quienes más piensen recaudar con ellas, que normalmente serán quienes logren captar una mayor audiencia. En ningún caso tendremos la mejor comunicación audiovisual posible, esto es, la que considera más apropiada usted, amig@. Pero entre las dos situaciones lamentables, ninguna de las cuales lleva a mi programación de televisión ni de radio favoritas, me quedo con el mercado.

» ¿Cómo poner el argumento de manera democrática? A ver este intento, aun concediendo que los medios terminaran en poder de Big Money, y no sencillamente –como creo yo que ocurre, al menos en cierta medida– de los Tinelli, los Suar y los Pergolini (esto es, los que tienen talento empresario para producir contenidos exitosos). Por más inequitativa que sea la distribución de la riqueza, sigue estando mucho, muchísimo más repartida que el poder político. El matrimonio Kirchner ha tenido, por decir una cifra, el 70% del poder político de este país. La persona más rica de la Argentina no creo que llegue al 3% de la riqueza nacional: los argentinos tenemos 150.000 palos de riqueza puramente financiera; ¿alguien tiene 5 mil palos guardados?. Si decide el Estado (es decir, en tanto persista nuestro subdesarrollo institucional, el poder político mayoritario) decide uno solo; si decide el mercado, el poder sobre los medios está mucho más disperso.

» VEREDICTO: Esto sí me parece grave, siempre y cuando tengamos la idea de cumplir la ley. ¿Podemos hablar de libertad de expresión cuando, por ejemplo, un grupo formado por el 80% de la población que quisiera tener una radio no podría hacerlo si el gobierno no lo deseara? Felizmente, esta ley aparece en el crepúsculo del poder kirchnerista. Pero vendrán nuevos gobiernos y, a derecha o izquierda, no me puedo imaginar uno que, pudiendo optar por darle la licencia a un amigo, decidiera dársela a un adversario. Hoy es igual, pero con la pequeña gran diferencia de que el amigo puede vendérsela al adversario ».



¿Y? ¿Qué te parece? ¿Lucas quiere al mercado más que al Estado? Parece que ganó el Neoliberalismo en la cabeza de muchos intelectuales vernáculos. Yo no quisiera un yerno así en mi familia, lo sacaría a patadas a este pelotudo derechoso y chetísimo.


Daniel 
Mancuso







4 comentarios:

guille dijo...

Hijo e¨tigre!!! jajajaja

Anónimo dijo...

jajaja que manera de distorsionar el texto, flaco.

Anónimo dijo...

"neoliberal, derechoso y chetísimo".

loco...con amor... ustedes tienen menos argumento que una pelicula porno.

Anónimo dijo...

no me censures facho!!

aguantan

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